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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Sacerdote en Centroáfrica recibe premio de Human Rights Watch, por José Carlos Rodríguez Soto

23 de septiembre de 2014.

El sacerdote Bernard Kinvi ha sido galardonado con el Premio Alison Des Forges correspondiente al año 2014. Se trata de una distinción que concede la organización Human Rights Watch a personas que han destacado por su defensa de los derechos humanos. El padre Kinvi, religioso de la orden de los Camilos, es director del hospital de Bossembelé, en la República Centroafricana, y durante los primeros meses de este año salvó la vida a cientos de musulmanes jugándose de forma muy seria la suya.

“Soy religioso Camilo y he hecho un voto de socorrer a los enfermos y personas necesitadas aún a riesgo de perder mi vida”. Así se expresa en padre Kinvi en una reciente entrevista
« Tengo que confesar que soy bastante miedoso… pero en la situación en la que nos encontrábamos sentí una fuerza excepcional que me empujaba a seguir adelante, a no abandonar a los herido, los refugiados, a ir a buscar a las personas que estaban en peligro. Y pude hacer todo esto gracias al apoyo de mis hermanos de comunidad, y la ayuda excepcional de las hermanas carmelitas de la zona. Es decir, nunca me sentí solo en esta obra y todo el grupo me dio la fuerza de continuar a pesar de las amenazas de muerte”.

Amenazas de muerte que venían de las milicias « anti-balaka », un grupo que a menudo se ha descrito erróneamente como “milicias cristianas”, y que surgió el año pasado en Centroáfrica como un conglomerado de personas cuyo objetivo inmediato era combatir los rebeldes musulmanes de la Seleka, y por extensión, atacar a toda la población musulmana. En numerosos lugares del país los anti-balaka han cometido innumerables masacres contra barrios y poblados habitados por personas de esta religión. Se calcula que en Bangui había, antes de diciembre de 2013, unos 100.000 musulmanes y después del acoso que sufrieron por parte de estos milicianos, apenas quedan 5.000. El padre Kinvi llegó a ser detenido (o más bien secuestrado) por los milicianos anti-balaka, quienes se comportaron con él de forma muy agresiva y le amenazaron con matarle por proteger a cientos de musulmanes en el hospital del que es director en Bossembelé. A pesar de todo, los religiosos no cedieron a las amenazas y salvaron la vida a los musulmanes hasta que las fuerzas multinacionales de la MISCA llegaron y pudieron evacuarlos a Camerún.

El caso del padre Kinvi no es el único en la República Centroafricana. En la parroquia de Boalí, su párroco, un joven de 28 años recién ordenado que se llama Xavier Arnauld Tagba, tuvo el coraje de presentarse en el barrio musulmán de esta ciudad un día de enero cuando acababa de oir que los anti-balaka habían planificado un ataque para matar a todos sus moradores. A toda prisa, consiguió convencerlos para que fueran con él a la iglesia y allí los tuvo cobijados durante varias semanas a pesar de las amenazas de muerte de los milicianos. Más al sur, el comboniano español Jesús Ruiz estuvo a punto de ser eliminado por los mismos anti-balaka cuando intentó evitar que destruyeran la mezquita y guardó en la parroquia los ejemplares del Corán que el Imán de Mongoumba, donde trabaja, le confió antes de huir. En otras ocasiones he hablado en este mismo blog del comboniano ugandés Moses Otti, quien en su parroquia de Fátima, en Bangui, salvó la vida a una joven musulmana a la que una muchedumbre quería linchar, y en medio de la trifulca recibió una cuchillada en la pierna que le tuvo dos meses hospitalizado.

En la ciudad de Carnot, al Oeste del país, el padre Justin Nary, párroco de la iglesia de Saints Martyrs de l’Ouganda tuvo que soportar durante todo el mes de febrero numerosas llamadas anónimas de teléfono amenazándole de muerte. Y cada vez que salía a la calle no podía dar cuatro pasos sin que alguno de los jóvenes fanáticos le apuntara con un fusil. ¿Su delito? Haber creado hace dos años un grupo de paz integrado por católicos, protestantes y musulmanes y haber acogido en su parroquia unos 1.400 musulmanes. Día y noche, él y su vicario soportaron día el acoso de los anti-balaka que exigían la entrega de los desplazados para matarlos. Un día se presentaron en la puerta de la iglesia con dos bidones con 40 litros de gasolina y amenazaron con reducir a cenizas la iglesia. “No tuvimos más remedio que darles dinero para que se marcharan y nos dejaran en paz”, explica el abbé Nary. Las cosas sólo se calmaron con la llegada de las tropas francesas y de la Unión Africana. En Berberati, también en el Oeste de Centroáfrica, el padre Thomas Isaie, párroco de la iglesia de Saint-Basile, cuenta una historia similiar. “Nuestra parroquia está en el principal barrio musulmán, Loumi. El 15 de febrero quisieron destruir la mezquita y yo me puse delante y les dije que era un lugar sagrado”. En el obispado de esta ciudad unos 500 musulmanes salvaron la vida gracias a la intervención personal del obispo.

El padre Kinvi, en la citada entrevista, habla también que conoce casos en los que algunos musulmanes han salvado la vida a cristianos. “Este premio –concluye- es un llamamiento a la unidad y la reconciliación para construir la paz en nuestro país”.

Por cierto, cada vez que veo casos heroicos como este – y en África son muchos, muchísimos- no puedo evitar acordarme de personas que escriben anunciando el fin de la vida religiosa, argumentando que hace 40 años en esta o aquella congregación eran tropecientos mil y ahora sólo quedan unos pocos cientos y que eso se debe a que han perdido el rumbo, a que no son fieles a la Iglesia y otro argumentos de pata de banco por el estilo. A estas personas les invitarían a que se dieran una vuelta por algunos de los lugares “calientes” de la República Centroafricana, del Kivu Norte en la República Democrática del Congo o de Sur Sudán –por poner los casos de tres países que conozco un poco mejor- y a que se quedaran en alguna de las comunidades de los religiosos a los que tanto critican. Antes de volver a verter su bilis contra ellos, que intenten pasar allí tres o cuatro días, si es que son capaces de aguantar lo que las personas a las que tanto critican soportan en silencio durante años por amor a su compromiso evangélico.

Original en : En Clave de África



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