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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Regreso a Obo, el epicentro de la guerra del LRA, por José carlos Rodríguez Soto

3 de septiembre de 2014.

Obo es uno de esos lugares del mundo que parecen estar lejísimos de todas partes. Situado en .el Sureste de la República Centroafricana, allí pasé siete meses de mi vida en 2012. Desde 2008, cuando los temidos rebeldes ugandeses del Ejército de Resistencia del Señor (LRA) golpearon por primera vez a sus sufridos habitantes, Obo se ha considerado el epicentro de los ataques de esta banda fanática. Volví a Obo hace pocos días con intención de saber si todo seguía igual.

No tardé mucho en encontrar algunas respuestas. Para empezar, la mayor parte de los efectivos del LRA se han ido de Centroáfrica y se mueven hoy por el Noreste de la vecina República Democrática del Congo, donde durante los últimos meses se han incrementado los ataques a poblados y secuestros por parte de los hombres de Joseph Kony. En el Congo el LRA tiene la ventaja de que allí no pueden cruzar las tropas ugandesas que operan en Centroáfrica como parte de una misión militar autorizada por la Unión Africana, y también tienen acceso a la caza de elefantes para arrancarles el marfil con el que financian buena parte de sus actividades.

Pero esto no quiere decir que el LRA no siga en la República Centroafricana, aunque durante los últimos meses parecen hacerse alejado de la región de Haut Mbomou, de la que Obo es cabeza de partido. Un grupo bien armado se mueve con su líder, Joseph Kony, en la zona septentrional de la Vakaga, desde donde tienen acceso a sus bases seguras de Kafia Kingi, en el sur de Darfur, un territorio bajo administración de Sudán.

Otro grupo bastante consistente se ha movido desde finales del año pasado en una extensa zona entre las localidades de Nzako, Bakouma y Yalinga. Allí han gozado de dos grandes ventajas: extraer diamantes en los terrenos de aluvión rico en estos minerales, empleando el trabajo forzoso de muchos de los campesinos a los que secuestran, y contar con la colaboración de los rebeldes musulmanes de la Seleka, con los que intercambian diamantes a cambio de comida, municiones y otros suministros que les hacen falta. La colaboración, aunque parece más bien tener visos oportunistas y no tener un carácter de alianza formal, ha llegado a tal punto que personas que se han escapado del LRA y se han topado con militares de la Seleka han sido capturados por éstos, quienes les han devuelto al LRA. El castigo para los desertores es la muerte segura. Las tropas ugandesas, que han seguido al LRA desde Obo hasta Nzako, llegaron a enfrentarse a los rebeldes de la Seleka el pasado 30 de junio, matando a 12 de ellos.

Pero aunque los tambores de guerra parecen cada vez más lejanos de Obo, la gente de esta localidad no puede quitarse de encima los años de terror que han vivido bajo la amenaza de ataques del LRA. En Obo sigue habiendo unos 10.000 desplazados procedentes de los poblados vecinos, y cada vez que caminan varios kilómetros a sus campos de cultivo o se aventuran a ir al bosque a cazar van con el miedo en el cuerpo. Son numerosos los casos de campesinos o cazadores que se han encontrado con grupos del LRA que se mueven por la maleza y que han terminado agredidos, atracados, secuestrados o incluso asesinados sin ningún motivo. Aunque los hombres de Kony han sido diezmados durante los últimos años y se calcula que ahora mismo seguramente no pasen de ser unos 150 elementos armados, siguen haciendo todo el daño que pueden. Sin embargo, cada vez son más los que deciden desertar del LRA. Una campaña en la que con folletos diseminados por el bosque y con programas de radio se anima a los combatientes de Kony a abandonar el LRA y volver a casa está dando sus frutos y, aunque con cuentagotas, consigue que bastantes de ellos se animen a dar el paso.

La violencia del LRA ha dejado de ser una crisis prioritaria en la comunidad internacional y hay que realizar grandes esfuerzos para que las agencias humanitarias, las ONG y los donantes sigan prestando su atención. Durante 2013, entre la República Centroafricana y la República Democrática del Congo, el LRA mató a 76 personas y secuestró a otras 476, de las que consiguieron volver unas 300. Se desconoce aún el paradero de varios miles secuestrados durante años anteriores, en los países mencionados así como en zonas de Sudán del sur y del Norte de Uganda, aunque es muy probable que la mayor parte de ellos estén hoy muertos.

Situada a 1.200 kilómetros de la capital centroafricana, Bangui, y apenas a un centenar de la frontera con Sudán del Sur, pero con una desastrosa carretera que se tarda tres días en pasar, Obo es un lugar aislado donde es raro que nadie pueda viajar. Los pocos artículos que uno se encuentra a la venta en las tiendas del barrio musulmán vienen de Sur Sudán o de Uganda, casi siempre transportados por camiones del ejército ugandés o de algún aventurero que se atreve a hacer la travesía en bicicleta o en moto, lo que encarece mucho el precio de las mercancías.

Pero este carácter remoto ha tenido sus ventajas. El territorio de Haut Mbomou, de extensión tan grande como Galicia aunque sólo poblado por unos 40.000 habitantes, ha sido el único lugar de Centroáfrica que ha escapado al conflicto sangriento que asola este país desde 2012. La temida Seleka no llegó nunca a esta provincia del Sureste porque los ugandeses -que conocían los coqueteos de los rebeldes musulmanes con el LRA- les impidieron la entrada. Y como la Seleka no entró, no pudo cometer abusos contra la población civil, ni hubo reacción por parte de los cristianos o animistas contra los musulmanes, y hoy día uno se sorprende de encontrar en cualquier lugar de Obo, sobre todo en el mercado, a cristianos y musulmanes conviviendo en paz sin ningún tipo de sentimientos de odio o animadversión. Vivir en una zona de conflicto a veces encierra paradojas como esta. Para la gente de la región, lo que se pasa en Bangui o en otras zonas del país con su retahíla de miles de muertos y matanzas espantosas son historias por fortuna muy lejanas. Ojalá el tiempo siga alejando a la temida LRA y consiga mantener a raya a las bandas armadas que han convertido la República Centroafricana en una de las crisis interminables y olvidadas de nuestro mundo.

Original en : En Clave de África



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