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Inicio > REVISTA > Opinión >

Nigeria: buena gente, una gran nación… ¡pruébalo!
26/03/2009 -

El pasado 17 de marzo, el gobierno federal lanzó una compaña para darle una nueva imagen a Nigeria con el eslogan: “buena gente, una gran nación”. Es un eslogan que suena muy bien a pesar de no ser original; cualquier país podría hacerlo suyo. De hecho, a cualquier país de este mundo le gustaría que se le viera de esa misma forma.

Nací y crecí en Nigeria; soy del este del país, empecé a trabajar en el norte y actualmente resido en el oeste desde hace 20 años. He visitado 34 estados del país (excepto los estados de Gombre y Zamfara) y el territorio de la capital federal. Por esta razón puedo afirmar que los nigerianos son buenas personas pero también poseen una habilidad innata para cambiar esto completamente con un abrir y cerrar de ojos. Los nigerianos son personas muy complacientes, con una cultura muy arraigada, y orgullosos de sus circunstancias históricas y medioambientales.

Incluso aquellas personas que proceden de las zonas con las condiciones medioambientales más adversas, tales como el extremo norte, le maravillarán con la riqueza de su legado cultural.

¿Podría alguien imaginarse, por ejemplo, que el festival de pesca más famoso de África (el Festival de Pesca y Cultura de Argungu) estaría ubicado en la frontera del desierto del Sahara, en vez de en el delta nigeriano o en las tierras costeras de los Yoruba? Nigeria puede llegar a sorprendernos mucho si nos tomamos la molestia de adentrarnos en ella.

Pero es también en este país de grandes eruditos intelectuales, culturales y cerebritos donde se producen con más frecuencia los conflictos étnicos y religiosos de África.

Es también la gran Nigeria, un país que tiene la suerte de poseer lo que cualquier país querría tener: petróleo y gas, un país con la estructura social más corrupta de todas y los índices de desarrollo socioeconómico más bajos del mundo.

Es en este país de libertadores africanos y Grandes Hermanos, un lugar donde no podemos conseguir celebrar unas elecciones limpias y libres; donde sólo las personas menos preparadas son consideradas válidas para ocupar puestos de mando y donde la tribu, la región y la religión de una persona son los criterios más importantes a la hora de otorgarles puestos de confianza determinantes para el destino de millones de ciudadanos.

Es también en este país de personas que se mueven de un sitio a otro y de buen nivel económico, donde todavía hay diferencias abismales entre “indígenas” y “colonizadores”, donde algunos de los migrantes extranjeros son mejor recibidos que los propios nigerianos y donde la mínima provocación en una parte de Nigeria desencadena en otras partes matanzas y desplazamientos masivos de nigerianos inocentes cuyo único pecado es compartir los mismos vínculos étnicos y religiosos con las partes en conflicto.

En pocas palabras, esta es la Nigeria a la que el gobierno de Umaru Yar’Adua quiere dar una imagen renovada. Sin ninguna duda, un proyecto aconsejable.
Pero la preocupación siempre ha estado en que la ministra de Información y Comunicaciones, Dora Akunyili, la creadora del último proyecto de imagen del país por parte del régimen, así como el equipo que le acompaña, elegido por ella misma, están otra vez inmersos en una fiesta propagandística y de despilfarro de dinero, al igual que uno de sus predecesores, Frank Nweke Junior, cuya perseverancia quijotesca por la desastrosa campaña del Corazón de África no les llevó a nada.

Pongamos otra vez el ejemplo de que el lavado de cara de Nigeria comienza con el presidente Yar’Adua. Una vez que el presidente consiga demostrar que su régimen se está apartando de los negocios, como es habitual, los nigerianos acudirán a apoyarle.

Dora puede dar testimonio de ello gracias a su experiencia en la Agencia Nacional para la Administración y el Control de Alimentos y Medicamentos (NAFDAC) y al gran apoyo por parte de los medios de comunicación y de nuestra gente debido a sus pequeños esfuerzos.

Incluso Yar’Adua puede afirmar que cuando renunció al enfoque anárquico de la política y gobierno de Obasanjo, optó por guiarse por los principios de “proceso justo, estado de Derecho” y lo llevó a la práctica al darle carta blanca a los tribunales para decidir sobre las querellas por fraude electoral y respetar su veredicto, cosa que los nigerianos aplaudimos.

“Proceso justo, estado de Derecho” pasó a ser algo incuestionable para los ciudadanos. Ese es el logro más importante del régimen hasta ahora y un paso muy importante en el proceso de renovación de imagen del país.

Supongamos que Nigeria fuese conocida en el extranjero como un país que ha pasado a ser un estado de Derecho duradero donde no hay intocables; donde se lleva ante la justicia a los delincuentes independientemente de su posición social, económica, religiosa, regional o política; donde la escala de justicia es ciega incluso para los ciudadanos; donde el gobierno es receptivo a la opinión pública y facilita a la gente los servicios básicos necesarios para que puedan hacer algo con sus vidas.

El proceso de renovación de imagen supondría un salto muy grande.

Imagínense de nuevo que de repente en Nigeria se empieza a hacer especial énfasis en el mérito y la competencia a la hora de elegir a las personas para los puestos de confianza; donde el nepotismo y el fundamentalismo regional extremo en los cargos más altos del gobierno (que es lo que está sucediendo en la actualidad con Yar’Adua) pasa a ser cosa del pasado; entonces será en ese momento cuando los nigerianos sabrán que algo nuevo está empezando a suceder y que el país ha sido liberado de sus ataduras para emprender un vuelo que tenía que haber emprendido hace mucho tiempo.

Imagínese una situación donde el árbitro electoral (la Comisión Nacional Electoral Independiente, INEC) vuelve a formarse y empieza emitir elecciones libres, justas y creíbles como en Ghana; donde los líderes no lleven consigo el exceso de equipaje de ilegitimidad desde el mismísimo día en que suben al poder y esos mismo líderes, que son lo que verdaderamente el pueblo ha elegido, sean escuchados de la misma forma que Estados Unidos lo hace con Barack Obama. Eso será un nueva Nigeria.

Sólo un líder elegido de esta forma puede completar este proceso de renovación para mostrar la grandeza de Nigeria, hasta ahora escondida. La tarea a que se enfrentan Yar’Adua y su maquinaria propagandística, es demostrar que son capaces de mostrar esa grandeza. La manera en que ha llevado a cabo su primera gran reforma (la reforma electoral) no promete nada. Se ha mostrado reacio a un proceso electoral limpio por miedo, quizá, a que ello conlleve su declive político. Su estilo de permitir a sus halcones regionales y culturales dominar los puestos más altos que manejan la riqueza económica nacional permitiéndoles así deshacer el pequeños progreso registrado antes de que asumiera el cargo, impedirá promocionar Nigeria como una gran nación. Mientras continuemos gobernando el país con los negocios como método habitual, todos los esfuerzos que hagamos para renovar la imagen de Nigeria con eslóganes y propagandas reportarán exactamente lo mismo que hicieron los anteriores intentos: ningún beneficio para Nigeria pero muchos para los altos cargos del gobierno, que lo único que hacen es supervisar otra gran juerga despilfarradora del gobierno.

Ochereome Nnanna

Publicado en The Vanguard, Nigeria, el 23 de marzo de 2009

Traducido por Raquel Barrajón, alumna de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid Traducción /Interpretación, colaboradora en la traducción de algunos artículos.


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