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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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"Los africanos son ladrones", dijo el entrenador. por José Carlos Rodríguez Soto

17 de octubre de 2013.

Una noticia de esas que no suelen ocupar grandes titulares en la prensa internacional me ha llamado poderosamente la atención: hace pocos días el gobierno de Mozambique tomó la decisión fulminante de expulsar del país al ciudadano portugués Diamantino Miranda, entrenador del club de fútbol Costa do Sol, de la capital Maputo. Por lo visto el técnico .se había desfogado de lo lindo después de que su equipo perdiera un partido debido, según él, a una decisión equivocada del árbitro. Hasta aquí nada de particular. El problema es que el exabrupto que más repitió el frustrado señor Miranda fue que “todos los mozambiqueños son un hatajo de ladrones”. El ministro del interior dijo que sus declaraciones constituían un insulto grave al país y le dio un plazo de pocos días para abandonar Mozambique.

No sabría decir si la decisión de las autoridades mozambiqueñas fue acertada o si fueron demasiado drásticos. De lo que sí estoy seguro es que en África viven unos cuantos miles de ciudadanos occidentales que piensan lo mismo o incluso cosas peores de los africanos, y es una de las cosas que no trago. En las casi tres décadas que llevo trabajando en el continente (entre Uganda, R D Congo y Centroáfrica) he escuchado expresiones muy parecidas por parte de expatriados de todo tipo: diplomáticos, empresarios, periodistas, funcionarios de organismos internacionales, turistas, académicos y un largo etcétera. Raramente he escuchado comentarios parecidos de labios de cooperantes y misioneros (con alguna contada excepción que confirma la regla), que aunque hayan tenido alguna experiencia negativa suelen interpretarla poniendo las cosas en su contexto y concluyendo que “cosas así te pueden pasar en cualquier lugar del mundo”, y que por lo general suelen fijarse más en los aspectos positivos de las personas con las que conviven.

En los tres países donde he vivido más tiempo siempre he evitado frecuentar determinados círculos de vida social de expatriados que se reúnen con cierta frecuencia para tomar copas y pasarse la velada criticando lo mal que está todo en el país y lo poquísimo de fiar que –según ellos- son los africanos: desde los políticos hasta la cocinera que les hace de comer o el vigilante que les cuida la casa por la noche por apenas 50 ó 60 euros al mes. En Bangui nos juntamos a veces los poquitos españoles que vivimos allí, pero son gente de otra onda y que aman profundamente la gente del país: un obispo que ya es más centroafricano que cordobés (y que una vez me echó una buena y justísima bronca por escribir un post en este blog en el que decía yo que me daba la impresión de que los centroafricanos tenían “poca chicha”), un combonianos burgalés, y una farmacéutica y antropóloga de Bilbao. El último que ha entrado en el club es su marido, un centroafricano al que acaban de dar la nacionalidad española y al que cuando fue a retirar su DNI en una comisaría de la capital vizcaína le dije que era la prueba más fehaciente de que los de Bilbao nacen donde les da la gana…

Viví una vez, hace unos 30 años, con un compañero –también portugués- que había nacido en Angola y que tenía una verdadera obsesión por tener todos los almacenes cerrados con siete llaves porque estaba convencido de que los trabajadores de la casa donde vivíamos robarían hasta el último tornillo. En una ocasión en que intenté decirle con la mayor diplomacia de la que pude hacer gala, que me parecía que exageraba, me respondió: “no te creas que tengo nada contra los africanos, no es culpa suya que les dé por robar, es que han nacido así”. Y se quedó tan ancho. Afortunadamente se marchó de Uganda al cabo de un año y nunca más volvió. Se hizo un favor a sí mismo y sobre todo se lo hizo a los sufridos ugandeses que soportaban a diario sus malos humos.

Cuando trabajaba yo en la localidad de Kitgum, en el Norte de Uganda, allá por los años 90, solía ir dos veces por semana a hacer compras para la misión. Cuando aparcaba mi coche enfrente del mercado, me aseguraba de que las ventanas estaban subidas, las puertas bien cerradas con llave y el candado de la rueda de repuesto debidamente echado. Un día que practicaba aquel ritual se me acercó un hombre mayor que me dijo bastante enfadado: “¿Piensas que todos nosotros somos unos ladrones?” Me llegó muy adentro aquella observación y desde entonces nunca más eché la llave a las puertas del coche al ir al mercado. Alguno me dijo que tampoco era cuestión de exagerar por el otro extremo, pero puedo decir que seguí sin cerrar el coche con llave durante varios años más y nunca me robaron nada. Aquel hombre me enseñó que en la vida es preferible que a uno le engañen alguna vez a pasarse todo el tiempo desconfiando de todo el mundo. Creo que es una buena norma de vida en cualquier lugar del mundo, pero sobre todo en África, donde las relaciones personales y la actitud positiva (que no quiere decir ingenua)ante las personas es mucho más importante que en el mundo occidental.

Parece ser que el señor Miranda se arrepintió después de sus palabras y pidió perdón. No he seguido después el desarrollo de los acontecimiento y no estoy seguro de si por fin las autoridades de Mozambique decidieron mantener la decisión de su expulsión. De lo que sí estoy seguro es que más de un expatriado residente en África y con un concepto pésimo de los africanos haría muy bien en volverse a su país. Como mi antiguo compañero, haría un gran favor a mucha gente, empezando por él mismo.

Original en : En Clave de África



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