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Inicio > Bitácora africana >

González Aimé , Elsa

Nacida en 1.980 . Con raíces familiares francesas y españolas, tiendo hacia las identidades cruzadas. Historiadora de formación, tras tanto énfasis durante la carrera en Europa y la idea de Occidente, decidí mirar más allá y asomarme a la historia y a las relaciones internacionales del África negra. Con el tiempo me he ido especializando en Etiopía y en su entorno, conjugándolo con la historia y la teoría internacional. Aprendo e investigo en el Grupo de Estudios Africanos y en el Grupo para el Estudio de las Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid. @egaime

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La Gran Presa del Renacimiento Etíope, por Elsa González Aimé

22 de marzo de 2016.

La construcción en Etiopía de la Gran Presa del Renacimiento Etíope ha estado marcada por la controversia desde que el proyecto fuera oficialmente inaugurado en abril de 2011 por el entonces Primer Ministro Meles Zenawi. La inquietud principal que este proyecto ha suscitado a nivel internacional deriva de su impacto en el caudal del Nilo del que depende fuertemente Egipto, pero también Sudán, y también de su efecto en la gestión de las aguas del río. Sin embargo, el impacto social y el significado político local de este proyecto tampoco han estado exentos de polémica. Con motivo del Día Mundial del Agua, ofrecemos algunas pistas para comprender este macroproyecto que será, una vez concluida su construcción, la mayor presa de África.

Con cerca de 6.700 km, el Nilo es uno de los ríos más largos del mundo y su cuenca reúne a once países: Burundi, Ruanda, Tanzania, la República Democrática del Congo, Uganda, Kenia, Sudán del Sur, Sudán, Etiopía, Eritrea y Egipto. Cuenta con dos afluentes principales: el Nilo Blanco, que atraviesa los ocho primeros, y que confluye en Sudán con el Nilo Azul, el otro afluente cuyo nacimiento se sitúa en Etiopía. Estos dos afluentes contribuyen de forma muy desigual al caudal del río Nilo. Este depende en un 86% de las aguas provenientes de Etiopía, de las cuales casi el 60% provienen del Nilo Azul, y el resto del río Atbara muy cerca de la frontera con Eritrea y de dos sub-subafluentes del Nilo Blanco, los ríos Baro y Akoba en la región de Gambella.

La hidropolítica de la cuenca del Nilo ha estado dominada por Egipto en virtud del uso intensivo que el país ha hecho históricamente de las aguas del río, y por los acuerdos coloniales que garantizaban a Egipto y a Sudán el acceso a un determinado volumen del caudal del río sin contar con las sociedades aguas arriba. Egipto apela así a la existencia de unos derechos naturales y adquiridos para hacer prevalecer su voz en la gestión de este recurso natural. Sin embargo, aunque los países ribereños aguas arriba tradicionalmente han hecho un uso limitado del río, esta tendencia está cambiando.

El crecimiento demográfico de los países de la cuenca del Nilo y sus objetivos de desarrollo económico, agrícola e industrial, han aumentado la explotación de este río, como muestran no sólo el proyecto etíope de construcción de la Presa del Renacimiento sobre el Nilo Azul y otras presas construidas previamente, sino también varios proyectos ugandeses sobre el Nilo Blanco. El proyecto etíope es el que más inquieta a Egipto y puede tener un impacto decisivo para la Nile Basin Iniative, un partenariado de los estados de la cuenca creado en 1999 que aspira a lograr consensuar un acuerdo para el uso cooperativo, pacífico y mutuamente beneficioso de las aguas del Nilo. Desde mayo de 2010 seis países han firmado el Acuerdo Marco de Cooperación (Etiopía, Ruanda, Tanzania, Uganda, Kenia y Burundi) que ha sido ratificado ya por los tres primeros, pero al que se han opuesto Egipto y Sudán tratando de lograr que se garantizaran el uso y derechos existentes.

La estrategia de Egipto para frenar cualquier proyecto que afectara al caudal del río ha combinado habitualmente amenazas militares, diplomáticas y económicas, y le ha permitido guardar durante tiempo un lugar hegemónico en la gestión de las aguas del Nilo. La decisión de Etiopía de construir unilateralmente la presa del Renacimiento cuestiona esa hegemonía de manera directa. El hecho de que el grueso de las aguas del Nilo dependa de los ríos provenientes de Etiopía da fuerza a este país para alterar el statu quo existente, lo que ha supuesto que la construcción de la Presa del Renacimiento haya sido percibida como fuente de conflicto. La falta de entendimiento entre Etiopía y Egipto significaría un enfrentamiento entre el segundo y el tercer país más poblados de África, con poblaciones estimadas de 99,4 millones y 91,5 millones respectivamente.

La Presa del Renacimiento como símbolo

Proyectada en el curso de Nilo Azul, a escasos 20 km de la frontera con Sudán, el Gobierno de la República Democrática Federal de Etiopía (RDFE) a manos del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo de Etiopía (FDRPE) ha presentado la construcción de esta presa como una cuestión de soberanía nacional. Comenzada en 2011, la Presa del Renacimiento se ha proyectado para almacenar 63.000 millones de metros cúbicos de agua y crear una planta hidroeléctrica que produzca hasta 6.000 MW que debería de estar terminada en 2017, pero cuya construcción se alargará previsiblemente hasta 2019. La presa está siendo construida por una empresa italiana desde antes incluso de que se anunciara oficialmente el proyecto, y que fue comisionada directamente por el Gobierno en un proceso opaco.

El coste del proyecto se ha cifrado en casi 5.000 millones de dólares, pero la dificultad para encontrar financiadores del proyecto, más allá de un 30% de capital chino, ha significado que sea financiado fundamentalmente por Etiopía. El Gobierno ha vendido bonos y buscado donaciones dentro y fuera del país, pero también ha exigido a sus funcionarios “contribuciones voluntarias” que en algunos casos han podido llegar a representar un mes de su salario. Junto con las demás presas existentes y otras proyectadas, así como otras energías como la eólica, el Gobierno de Etiopía aspira a producir 25.000 MW en 2027.

El objetivo manifiesto es lograr superar el tradicional déficit eléctrico del país, conectando toda la población a la red eléctrica y haciendo de Etiopía un país exportador de esta energía, aunque sus implicaciones trascienden ampliamente estas aspiraciones económicas. Como atestigua su propio nombre, la presa se presenta como parte de un proyecto de renacimiento, con el que el Gobierno quiere superar la imagen de pobreza y conflictividad que caricaturiza al país, y afirmar la viabilidad y solidez del proyecto impulsado por el FDRPE desde que llegara al poder en la década de 1990.

A nivel local, el Gobierno busca proporcionar a la población de un recurso fundamental para su vida cotidiana, aunque la conexión real de los hogares al tendido eléctrico sea en gran medida deficitario, especialmente en el ámbito rural en el que sigue viviendo gran parte de la población. A nivel regional, aspira a convertirse a un exportador y ha construido o está construyendo sus conexiones con los países vecinos hacia los que exportar electricidad. Exporta ya a Yibuti y a Sudán, está construyendo la conexión con Kenia, aspira a vender electricidad a Egipto y a Yemen, y ha llegado a sugerir poder exportar incluso hasta Europa. Etiopía busca en suma desarrollar una industria eléctrica que deje atrás el sector primario como fuente fundamental de ingresos, diga adiós a la primacía del café en las exportaciones, y la sitúe en un lugar puntero en la industria eléctrica. Sin embargo, más allá de estos objetivos económicos el proyecto tiene una fuerte carga política.

Aunque la Presa del Renacimiento fue un proyecto lanzado de manera unilateral, Etiopía ha buscado desde el inicio presentarlo como beneficioso a nivel regional, especialmente para Sudán y Egipto. Etiopía busca afirmarse como potencia regional, centro de una red eléctrica internacional, capaz de forzar a Egipto a sentarse a la mesa a negociar la gestión de las aguas del Nilo, algo que puede beneficiar también a los demás países de la cuenca. Algo ha logrado en este sentido cuando, a pesar de las reticencias y amenazas iniciales, estos dos países han ido acercando posiciones con Etiopía hasta la firma en marzo de 2015 de una declaración de principios sobre la presa que reconocía el derecho de Etiopía a construirla a la par que establecía la necesidad de realizar estudios sobre sus consecuencias sobre los tres estados (en curso de realización por dos consultoras francesas) que no estarán listos antes de 2017. Etiopía no duda en situar este proyecto como una prolongación lógica de su lucha por la independencia soberana desde la época colonial.

La imbricación de lo local con lo internacional

La construcción de la Presa del Renacimiento fue un gesto unilateral de Etiopía, que ha cuestionado el statu quo en la gestión de las aguas de la cuenca del Nilo y ha forzado un mayor diálogo y cooperación (a falta de saber si el resultado de los informes contribuirá a alimentar el entendimiento). Lo interesante de este proceso es que puede dejar atrás un marco normativo surgido del periodo colonial, poco favorable al diálogo entre los estados de la cuenca del Nilo al propiciar la hegemonía de Egipto principalmente, pero también de Sudán. Aunque está por ver que se logren superar las tensiones por la gestión de las aguas del Nilo en aras de una cooperación genuina, si esta se materializara ello significaría la superación del legado colonial y posiblemente un cambio importante en las relaciones internacionales contemporáneas del este de África.

Sin embargo, el impacto local del propio proyecto parece más bien destinado a favorecer el statu quo dentro del país. La lógica detrás de la Gran Presa del Renacimiento Etíope sigue un modelo de desarrollo y modernización vertical que minimiza la importancia de impacto sobre las poblaciones locales y su entorno inmediato, y sobre el que existen dudas en cuanto a sus beneficios y viabilidad económica. La realidad es que mientras que Etiopía realiza este proyecto, algunas regiones del país sufren una terrible hambruna, y la sociedad reclama una mayor implicación en las decisiones políticas y modelo de crecimiento económico, como atestiguan por ejemplo las revueltas que se han venido produciendo en la región de Oromiya. Del mismo modo en que el Gobierno de Etiopía defiende su capacidad de usar sus recursos naturales de forma responsable y mutuamente beneficiosa a nivel regional es importante que esa misma responsabilidad se materialice hacia sus propias poblaciones.

Original en : Africaye



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