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Inicio > REVISTA > Opinión >

La cuestión de la unidad de Somalia: ¿sigue importando?
20/04/2009 -

Unidad es un término que se emplea en relación con la propiedad conjunta de una nación. Esto implica que todos los propietarios/ciudadanos deben recibir un interés derivado de un mismo acontecimiento o de una misma fuente. Éste es uno de los requisitos necesarios para determinar que existe un acuerdo conjunto. Otros tipos de unidad que se precisan para alcanzar un acuerdo conjunto son la unidad de tiempo, lo que quiere decir que todos los arrendatarios deben recibir los intereses de la tierra al mismo tiempo; la unidad de interés, según la que todos los ciudadanos tienen intereses equitativos en la tierra que se posee en conjunto, y unidad de posesión, que significa que cada ciudadano tiene “el derecho de ser ciudadanos de ese país”.

Todas las partes deben valorar la unidad, la interrelación y las opiniones de todos los ciudadanos de las partes. Una persona puede fracasar en el intento de compartir una habitación con su hermano biológico. ¿Qué ocurrirá a la hora de unir millones de personas? Las partes que se unen deben establecer una constitución que trate todos los aspectos de su vida y que deba ser respetada. Nadie está por encima de la ley.

El proletariado de la nación debe disfrutar de los mismos derechos bajo la justicia de la ley y no sufrir ninguna discriminación basada en la pertenencia a una tribu o clan determinados algo prácticamente imposible en Somalia a causa del tribalismo.

El 1 de julio de 1960, los territorios de la Somalia italiana y la Somalilandia británica se unificaron para formar la República de Somalia. Se formó un gobierno mal administrado y profundamente corrupto en el que hubo malversación de fondos públicos y que no contaba con servicios sanitarios o educativos. La Somalilandia británica (actualmente la República de Somalilandia) se alzó contra la corrupción perpetrando el primer golpe de Estado en la historia somalí, en 1960 en Hargiesa, pero fue prematuro. A partir de entonces, los líderes de los diversos gobiernos de Somalia pertenecían a tribus específicas y las otras tribus fueron ignoradas.

El 21 de octubre de 1969, el general Mohamed Siyad Barre llevó a cabo un popular golpe de Estado militar. Los somalíes lo consideraron una señal de esperanza contra la corrupción que se extendía por todos los gobiernos civiles y el pueblo estuvo más que satisfecho con el liderazgo militar hasta 1977, cuando tuvo lugar la guerra entre Etiopía y Somalia. Siyad Barre comenzó a designar a miembros de su tribu para que ocuparan los puestos principales del gobierno.

Los somalíes de antaño, tanto del norte como del sur, no tenían educación ni experiencia en la democracia en ciernes y en la unidad; se unieron sin establecer las normas básicas para protegerla; consiguieron la unidad territorial de la República de Somalia pero dejaron una población tribal fragmentada culturalmente.

Una agenda hostil para invadir estados soberanos de la región era parte de la unidad artificial de Somalia, algo ilegal. Porque muchos somalíes, incluso ahora, insistían en unirse contra Etiopía, Yibuti y Kenia y llevar a las tribus y tierras somalíes de estos países bajo dominio somalí. Consideran que todas las tribus somalíes deben pertenecer a un mismo régimen. Esto está en contra del concepto de la ley.

La tarea histórica de la actual generación somalí es transformar la unidad territorial heredada en una unidad democrática que defienda a todos los que viven en la República de Somalia. Pero, ¿cómo? La respuesta más aceptada es “unidad en la diversidad”. Si estudiamos de cerca la unidad de Somalia, podemos descubrir que es ilegal.

La diversidad étnica no es un problema en Somalia, ya que sus habitantes apenas se diferencian. Sin embargo, ¿por qué Somalia se ha dividido en partes que luchan entre ellas? Porque el tribalismo es una enfermedad más grave que la diversidad. La similitud de lengua, religión o cultura no une o divide a las naciones o a las personas. Hoy en día, existen muchos países de Sudamérica o árabes cuyas lenguas, culturas y religiones son similares, pero continúan siendo países diferentes.

Por tanto, ¿la similitud étnica debería obligar a Somalilandia, Yibuti, el este de Etiopía y los distritos fronterizos el norte de Kenia a unirse bajo un solo régimen somalí?
La respuesta es un rotundo NO; lo verdaderamente importante es que se viva en paz y prosperidad.

La unidad somalí en 1960 buscaba reunir a todos los hablantes somalíes bajo un mismo gobierno, incluyendo las regiones anteriormente citadas. Esta idea era ilegítima y por eso fracasó. Yibuti consiguió la independencia en 1977 y se negó a unirse a Somalia; una decisión sabia que tomaron los líderes políticos de Yibuti, incluido el ex presidente Hassan Guled.

Los somalíes no entienden bien el concepto de unidad. Ésta se basa en la verdad y vivir en justicia, libertad e igualdad, y a la unidad somalí le faltaban estos factores. Si examinamos el actual sistema de repartición de poder en Somalia, percibimos una injusticia generalizada.

El sistema no tiene en cuenta a algunas tribus. Tomemos como ejemplo el actual Gobierno de transición de Somalia liderado por Sheikh Sharif Sheikh Ahmed. Ahmed no tuvo otra opción que designar como Primer Ministro a alguien de Puntland, es decir, a alguien de la tribu Majeerteen. Esto demuestra que los cargos del gobierno se asignarán a personas de la tribu de Ahmed o del Primer Ministro Abdulrashid Sharmare. Así de poco justa es Somalia. No se escogen los líderes por sus capacidades.

Todo ser humano nace libre y con derechos para obtener lo que le corresponde en la vida, todas las personas deberían tener el mismo derecho de acceso a lugares públicos sin ser discriminados y todos deben respetar la constitución del país.

Uno de mis amigos me contó que las personas que vivían en la antigua parte norte de Somalia (lo que es ahora Somaliliandia y Puntland, solían viajar a Mogadiscio (que se encontraba a unos 1500 km de distancia) para obtener su pasaporte o certificado de nacimiento, incluso es preciso ir a Mogadiscio para saber los resultados de los exámenes del instituto o de la universidad. ¿Esto es justificable?

La desintegración de naciones no es algo nuevo en la región. Pensemos en Etiopía y Eritrea en 1991, y en los sudaneses del sur que luchan por su independencia. Eritrea formó parte de Etiopía hasta 1991; las personas de ambos países compartían la misma religión, color y lengua, pero Eritrea insistió en separarse de Etiopía y Etiopía accedió. ¿Entonces, por qué Somalia no acepta Somalilandia?

Si la religión, el color y la lengua unen a las personas, ¿por qué esta unidad fracasó en Etiopía e incluso en muchas partes del mundo como en la península arábiga? Seamos sinceros, la unidad en la diversidad debe ser un aspecto fundamental como ocurre con las Naciones Unidas, ya que cada miembro se respeta como un estado soberano. Mientras las personas se respeten mutuamente, la justicia prevalecerá. Sin embargo, cuando la justicia defiende a unos pocos y oprime a otros el resultado es el caos.

Del mismo modo, Somalilandia y la Somalia Italiana pueden volverse a unir con la única condición de que Somalilandia acepte esta unidad de nuevo. Los comentarios deleznables de algunos somalíes, principalmente de Puntland, contra la Somalilandia democrática pueden abrir viejas heridas. Estos individuos que tienen una mente tribal, acusan a Somalilandia de ser secesionistas, del mismo modo que se acusó a Eritrea de serlo hace dos décadas. La verdad siempre prevalecerá.

Somalia debe liberar a Somalilandia, y tomar a Etiopía y Eritrea como ejemplos. Asimismo, cualquier gobierno somalí futuro debe basarse en los deseos de todas las partes que lo integren. En la actualidad, las personas de Somalilandia han demostrado signos de madurez y humanidad de las que carecen otros somalíes: han construido un estado completo, democrático y moderno; han elegido su gobierno y han formado partidos de la oposición, que les han proporcionado servicios públicos necesarios: se han ganado el respeto del mundo. No obstante, Somalilandia está sufriendo la terquedad de los líderes de Somalia, que insisten en que Somalilandia es una parte integral de Somalia. Esto se puede describir como universalismo sin sentido.

Estos líderes ni siquiera controlan la capital de Somalia, Mogadiscio, y están en contra de Somalilandia desde que llegaron al poder. Uno se pregunta por qué estos líderes se unen contra la soberanía de Somalilandia, pero no para resolver sus propios problemas. Se pelean en las calles de Mogadiscio, pero en lo que respecta a Somaliliandia, dicen que NO a su independencia.

Considero que esto indica sus celos y su egoísmo, para arrebatarle la libertad a Somalilandia hasta que ellos salgan del caos. Estos líderes deben saber que la independencia de Somalilandia reduciría sus problemas.

El mundo está analizando la situación muy de cerca, y conoce Somalia. Somalilandia conseguirá sus derechos y la verdad prevalecerá: Somalilandia es democrática y los señores de la guerra de Mogadiscio no son más que una banda de gángsters.

Por Abdulaziz Al Mutairi.

Publicado en Somalilandpress, Somalia, el 26 de marzo de 2009.


Traducido por Laura Betancort, alumna de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid Traducción /Interpretación, colaboradora en la traducción de algunos artículos.


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