En cumplimiento de la legislación vigente, solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web.
Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies
Más información
| ACEPTO

Fundación Sur
Revista
Radio
Foro de Emprendedores

África en la Escuela
AfroIslam
Taller de Radio


Búsqueda personalizada


Blog Académico
Ruanda, estado de la nación en 2021
...leer más...
El caminar del Feminismo Campesino y Popular en La Vía Campesina
...leer más...
Declaración de James K. Gasana ante la Misión de información francesa sobre Ruanda
...leer más...
Africanos en Alemania : La estigmatización de los bastardos de Renania, por Carlos A. Font Gavira
...leer más...
El candomblé y el tiempo, por Reginaldo Prandi
...leer más...

Blog Académico

Noticias
El mundo de luto por la muerte de Kenneth Kaunda
...leer más...

Sudán pide una mayor implicación de la comunidad internacional en las negociaciones sobre la Presa del Renacimiento
...leer más...

El Banco Mundial y la Unión Africana acuerdan acelerar la provisión de vacunas contra la covid-19 en el continente
...leer más...

Fin del mandato de Fatou Bensouda, primera mujer africana fiscal general de la Corte Penal Internacional
...leer más...

La isla de Mohéli, “reserva de la biosfera” según la Unesco
...leer más...

La UE no apoyará a Zimbabue si no hay reformas políticas
...leer más...

La Unión Africana inicia la investigación sobre los abusos de derechos humanos en Tigray
...leer más...

Los obispos de Eritrea se comprometen a seguir reclamando las instituciones católicas "tomadas por la fuerza"
...leer más...

El expresidente Laurent Gbagbo regresa a Costa de Marfil
...leer más...

Kenneth Kaunda, primer presidente de Zambia , hospitalizado
...leer más...

La diáspora sierraleonesa organiza una protesta virtual mundial contra las condiciones en Sierra Leona
...leer más...

Argelia planea desplegar tropas en Malí
...leer más...

Egipto mantiene la pena de muerte a 12 miembros de los Hermanos Musulmanes
...leer más...

La ONU insiste en que se necesitan más vacunas y más rápido
...leer más...

Francia invertirá 3.800 millones de euros en Egipto
...leer más...


Noticias

Bitácora Africana
La imprescindible huella femenina (y feminista) en el Afrobeat, por DJ Floro
...leer más...
Causas y perspectivas de la crisis política en Somalia, por Marco Cochi
...leer más...
El primer presidente blanco en África Subsahariana desde el apartheid, por Bartolomé Burgos
...leer más...
Daniel Landa desde Fisterra al cabo de las Agujas en Sudáfrica, por Roge Blasco
...leer más...
La emigración española durante el siglo XX, por José Antonio Barra Martínez
...leer más...

Bitácora Africana

Inicio > REVISTA > Cultura > Cuentos y relatos africanos >


Puncel Reparaz, María

Nace en Madrid y se educa en un colegio de religiosas de la Compañía de maría. Es la mayor de siete hermanos y empieza muy pronto a inventar cuentos para sus hermanos y hermanas pequeños. Al dejar el colegio estudia francés e inglés en la Escuela Central de Idiomas en madrid. Ha trabajado en Editorial Santillana como editora en el departamento de libros infantiles y juveniles. Ha escrito más de 80 libros y traducido alrrededor de los 200.

Ha escrito guiones de TV para programas infantiles y colabora en las revistas misionales GESTO y SUPEGESTO .

Algunos de sus libros más conocidos:

"Operación pata de oso", premio lazarillo 1971

"Abuelita Opalina" . SM,1981

Un duende a rayas", SM, 1982

"Barquichuelo de papel, Bruño, 1996

Ver más artículos del autor

La crítica es fácil, el arte difícil, traducido por María Puncel
21/10/2010 -

Aquel día, Masamba, decidió celebrar una fiesta con sus amigos y sus vecinos, porque le habían nacido gemelos. Envió al mercado a su hermano pequeño.

-Ve -le dijo-, y busca a las alfareras que hacen cacharros, diles que vengan a mi casa con sus útiles de trabajo. Junto al río, en el pantano, hay buena tierra para modelar cuencos y platos. Voy a necesitar muchos para recibir a todos los que me han ayudado y ellas van a tener trabajo para muchas semanas.

El hermano pequeño de Masamba fue a la plaza del mercado, donde suelen estar las vendedoras de cacharros. No era muy espabilado, la verdad, pero era un buen chico que siempre quería hacer las cosas bien.

Vio a las vendedoras, que en espera de clientes, modelaban
cuencos, platos y copas, es decir, toda la variedad de vajilla que se necesita en una buena casa.

Pero, en el momento en que acercaba a ellas para hablarles, vio llegar a un individuo que gesticulaba y hablaba muy alto.

¿A quién hablaba? ¿Qué decía? ¿Qué pensaríais vosotros de un tipo así? Era un hombre que había bebido de más, y que en reali dad no debería estar en el mercado, y desde luego no cerca del puesto donde se vendían vajillas. Se diría que estaba haciendo todo lo posible por llamar la atención.

Vagos, mirones y paseantes le seguían riéndose. Animado por el caso que éstos le hacían, aquel energúmeno zarrapastroso se acercó a las vendedoras de cacharros y empezó a meterse con ellas:
-¿Que eso son platos? ¡Vamos, sólo son vulgares pedazos de ba-rro! Tienen malas formas y ni siquiera están cocidos.
Mientras decía esto se acercaba, trastabillando y dando tras-piés, al lugar en que los cacharros terminados estaban cuidado-samente colocados en hileras y se puso a patearlos y pisarlos, sin más explicaciones.
Naturalmente, este proceder, como ya habréis supuesto vosotros, redujo a pedazos todo el puesto de cacharros.

Una vendedora apenas pudo salvar del desastre una o dos piezas que se llevó llorando.

La gente se arremolinó alrededor del lugar del destrozo y la policía llegó para atrapar al borracho. Cuando se lo llevaban detenido, el hermano pequeño de Masamba, preguntó cándidamente a los policías:

-¿Qué estáis haciendo? Dejad a ese hombre, ¡yo le necesito!

Las vendedoras y los policías miraron a muchacho sorprendidos,

y su asombro fue todavía mayor cuando le oyeron decir muy seria-mente:

-No hay de qué preocuparse. Este hombre es justo lo que yo vine a buscar.

-No sabemos de qué hablas, amiguito -dijo un policía-, ¿estás dispuesto a pagar todo este estropicio?

-Mi hermano pagará, porque necesita un cacharrero y ¡éste es el
mejor cacharrero que podría encontrar! A vosotras, las alfareras, os han hecho falta meses para buscar la arcilla, modelar los cacharros y cocer vuestros cuencos, vuestras copas y vuestros platos. Él no ha necesitado más que un par de minutos para romperlos todos. ¡Es mucho más hábil que vosotras!

No todo el mundo comprendió la lógica de esta explicación, pero puesto que al contratarle como alfarero porque se había mostrado capaz de romper la vajilla, el muchacho se ofrecía a pagar los destrozos, las alfareras consintieron en que se dejara libre al culpable, y que le llevaran para que hiciera cuencos y platos.

Orgulloso de su descubrimiento, el pequeño Masamba, volvió encantado a casa de su hermano mayor.

-¡Oye, oye! -exclamó el pobre hombre al verle llegar con el borracho.

- ¿Es éste el alfarero que yo te he encargado que me buscaras?

-¡Es mucho mejor que un fabricante de cacharros! -respondió el muchacho-. Le he visto con mis propios ojos, destruir en unos pocos instantes lo que las miserables alfareras habían tardado meses en fabricar. ¡Tendrías que haberle visto hacerlo!

-O sea, que es muy hábil destruyendo -dijo Masamba-, pero ¿le has preguntado si sabía siquiera modelar un cuenco?

El pequeño Masamba se quedó pensativo un instante, luego, se volvió al borracho:

-¿Sabes modelar un cuenco? -le preguntó.

El otro balbuceó algunas palabras sin sentido, estaba claro que no valía la pena insistir; era evidente que no sabía ni palabra sobre cuencos...excepto sostener uno en la mano, si estaba lleno de cerveza, hasta emborracharse.

Es fácil para un estúpido despreciar la obra de otros y romperla, pero en cuanto a hacerla mejor, o incluso igual, aquí es donde el inocentón de Masamba se equivocó; hubiera debido enterarse bien antes de comprometerse a pagar el destrozo y, sobre todo, antes de llevar a su casa al autor del desaguisado como si fuera una preciosa adquisición.

Seguro que ésto os parece evidente a los que me escucháis; sin embargo, cuántas veces tomamos como verdaderas las calumnias malintencionadas y las fanfarronadas pretenciosas de los charlatanes callejeros.

Son los que critican la obra que hacen los otros.

¿Seguro que ellos saben hacerlo todo mejor? La verdad es que
cuando se les ve intentar hacer algo, es ya tarde para lamentarse, porque si es cierto que saben romper la vajilla, son incapaces de hacerla o siquiera de repararla...

(tomado del libro "Sur des lévres congolaises", pág.199)

texto original: Olivier de Bouveigni
traducción del francés: María Puncel


Comentarios
Las opiniones expresadas en estos comentarios no representan necesariamente el punto de vista de la Fundación Sur. La Fundación Sur no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los usuarios