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Solés i Coll , Gemma

Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Sociedades Africanas y Desarrollo (UPF) y Master euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Le interesan la música, el activismo cultural, las ciudades africanas y el turismo sostenible. Coordina la sección de Música y Artes Escénicas y presenta y dirige el magacín radiofónico Wiriko en M21.

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WIRIKO

“Wiriko” es una palabra perteneciente a la familia de las lenguas bantúes cuyo significado hace referencia a la idea de estar despierto. En este sentido, pretendemos despertar conciencias y romper con los tópicos y estereotipos que envuelven al continente africano en lo que a manifestaciones sociales y culturales se refiere. Wiriko está en pie y con los ojos bien abiertos, atentos a todo lo que acontece en torno a las sociedades africanas contemporáneas. Muchas veces, bebiendo e inspirándonos de los frutos del pasado, y otras, escuchando los ecos en la diáspora, pero siempre, volviendo la mirada a nuestros pies, enraizados en esta tierra que tanto tiene que decir y enseñar. www.wiriko.org

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In Memoriam: los músicos africanos que nos dejaron en 2020, por Gemma Solés i Coll

5 de febrero de 2021.

Podríamos resumir 2020 como el año en el que la arrogancia occidental ha sufrido el mayor varapalo de la historia moderna. La falsa superioridad con la que el neoliberalismo y el neocolonialismo trataban África, se esfumó ante la evidencia de que la austeridad e infrafinanciación de los sistemas sanitarios en el Norte ponían a la especie humana en una misma categoría. Lamentablemente, el tiempo pone a todo el mundo en su lugar, y mientras el continente africano se enfrenta a una segunda ola de covid-19 desde hace semanas, los países ricos vuelven a dar muestras de una aporofóbia desmesurada, con la exclusión en el acceso a una vacuna que deja asomar el racismo, clasismo y falta de solidaridad mundial como algunos de los rasgos morales de un sombrío siglo XXI.

People’s Vaccine Alliance, una coalición de organizaciones que incluyen a Oxfam, Amnistía Internacional y Global Justice Now, ya ha condenado a los países ricos por “acumular” dosis de vacunas en detrimento de las naciones más pobres. Según denuncian, las naciones más ricas han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población para fines de 2021. “Las naciones ricas, que representan solo el 14 % de la población mundial, han comprado hasta el 53 % de todas las vacunas”, denuncia la agrupación.

Mientras nos enfrentamos a meses difíciles en los que nos jugamos el futuro de la humanidad, es tiempo para rendir tributo a aquellas personas que nos han dejado, ya sea a causa de la covid-19 o por otros motivos. Con el deseo de que 2021 sea un año humanitariamente más afinado y en el que el arte de los que nos dejaron germine en un porvenir más esperanzador, queremos rendir tributo a grandes músicos africanos y/o afrodescendientes que nos han dejado en 2020 y que pasarán a formar parte para siempre, de la melodía de un año negro.

Makame Faki Makame (1943 – 18 enero de 2020)

Los amantes de la música de Zanzíbar empezaron 2020 de luto por la pérdida del legendario músico de voz ronca de barítono inconfundible Makame Faki Makame, quien murió a la edad de 77 años en Stone Town. Makame Faki era muy conocido en África oriental como maestro del taarab y rey del Kidumbak, una versión simplificada del taarab orquestal, con voz, violín, sanduku (bajo de cofre de té), pequeños tambores de arcilla (ki-dumbak) y otros instrumentos de percusión…

Recorriendo el mundo con Culture Music Club, fundado en 1958 como una de las orquestas de música taarab más antiguas y prolíficas de Zanzíbar, así como Sinachuki Kidumbak, un popular grupo de kidumbak, Makame Faki se convirtió en una auténtica estrella en el archipiélago de la costa oriental.

Joseph Shabalala (28 de agosto de 1941 – 11 febrero de 2020)

El cantante Joseph Shabalala, fundador de los famosísimos Ladysmith Black Mambazo, y ganador de cinco Grammys, falleció a los 78 años en un hospital de Pretoria el 11 de febrero. Retirado de los escenarios desde 2014, fue uno de los principales responsables de la internacionalización del estilo isicathamiya, una forma de gospel sudafricano de tradición zulú que ejercieron de resistencia cultural contra el apartheid durante décadas. Desde el primer álbum de estudio —Amabutho (1973)—, Shabalala supo imprimir la tradición coral en el corazón de la indústria discográfica sudafricana, recibiendo un impulso al estrellazgo de la mano de Paul Simon, para su álbum Graceland.

Poniendo la banda sonora para la investidura de Nelson Mandela como primer presidente democrático de Sudáfrica, Joseph Shabalala es una de las personalidades artísticas sin las que no se comprendería la escena musical del siglo XX en Sudáfrica.

Victor Abimbola Olaiya (31 diciembre 1930 – 12 febrero 2020)

Despidiéndose del mundo con 89 años, el icono del highlife nigeriano Victor Olaiya se fue con casi un siglo de historia sonora detrás de sus pasos. Su inmensa contribución se remonta a 1954, cuando formó la banda Cool Cats con Fela Ransome-Kuti y Tony Allen, aunque antes ya había formado Jam Session Orchestra con Bobby Benson. Tocando para figuras como la reina Isabel, que visitó Nigeria en 1956, se erigió como uno de los músicos más prestigiosos del sonido de la independencia de Nigeria en 1960 y en uno de los personajes más influyentes de la modernidad africana.

La música highlife es un 10 % de inspiración y un 90 % de transpiración. Me llaman un genio malvado porque hago sudar a mis fans bailando mientras disfruto de mi música. Para marcar la diferencia en la música, es necesario sudar”, explicó en una entrevista para The Guardian. ¡Un genio inigualable!

Kizito Mihigo(25 julio 1981 – 17 febrero 2020)

El cantante de gospel tutsi Kizito Mihigo, que murió bajo custodia policial después de enfrentarse al gobierno ruandés de Paul Kagame, se fue prematuramente el pasado mes de febrero en lo que, según círculos del artista, parece haber sido un asesinato. Galardonado con el Premio Internacional Václav Havel de Disentimiento Creativo 2020, ha sido reconocido por su trabajo como poeta, dramaturgo y activistas valiente, creativo e innovador.

Kizito Mihigo fue un cantante de gospel católico, fundador de la Fundación para la Paz Kizito Mihigo, que promovió la paz, la reconciliación y la no violencia en escuelas y prisiones a través de conciertos, obras de teatro y poesía. Con la prohibición de una de sus canciones en 2014, cuando el Frente Patriótico de Ruanda estimó que contradecía su narrativa oficial sobre los tutsis como únicas víctimas de la tragedia de Ruanda en 1994, Mihigo se erigió como enemigo del gobierno de Kagame. Algo que parece haberlo llevado a la tumba de un país silenciado a golpe de dólares y coltán ruandés.

Manu Dibango (Douala, 12 de diciembre de 1933 – París, 24 de marzo del 2020)

Una de las primeras víctimas de la covid-19 fue el prolífico músico, saxofonista y compositor camerunés Manu Dibango. Compositor del famoso Soul Makossa, una melodía que abrió la era disco y que sigue influenciando gran parte de la música que se hace hoy en día en la región, nos ofreció uno de los viajes musicales más delirantes del siglo XX. Sabiduría sonora por doquier y fascinante exploración de los préstamos del Atlántico Negro, sus más de 200 discos muestran una carrera de 60 años pusieron Douala, en su Camerún natal, en el mapa sonoro mundial.

Convirtió el “Ma Ma Ko, Ma Massa, Ma Ma Makossa” en un grito de guerra escénico en lo que es una delicia multisensorial que fue plagiado por Michael Jackson. Gigantesco y colosal son adjetivos que le han quedado cortos a la incandescente estrella musical africana, que a pesar de dejarnos este 2020, será siempre reconocible y recordada. ¡Gracias maestro!

Aurlus Mabélé (Brazzaville, 26 de octubre de 1953 – París, 19 de marzo de 2020)

El coronavirus también se llevó, durante el primer trimestre de 2020 a la estrella de la música congoleña Aurlus Mabélé, que falleció en París, a los 67 años. De nombre real Aurélien Miatsonama, fue apodado, como otros, el rey del soukous— un estilo de música dance congoleña popular en toda África, derivado del francés sécouer, (sacudir) que adapta los sonidos latinos a los africanos—. Desde su Congo-Brazzaville natal, se mudó a Francia en la década de los 80, donde se erigió como uno de los músicos más activos de la diáspora con su banda Loketo, tras cosechar éxitos con la banda Les Ndimbola Lokole. Durante 25 años de carrera llegó a vender más de 10 millones de discos en el mundo.

Hama Sankare (x-29 de marzo de 2020)

Alpha Ousmane “Hama” Sankaré (también conocido como Pedro) murió cuando su coche impactó contra una mina antipersona, en Niafunke (Malí) el día de las elecciones legislativas nacionales, cuando volvía a su residencia de Bamako. Uno de los percusionistas más reconocidos de Malí, había acompañado a Ali Farka Touré tocando la calabaza y haciendo coros. Activo en la escena local desde los 70, había formado parte de la Orchestre de Gao o le Troupe Regionale de Niafunké, además de ir de gira con Toure, Afel Bocoum, Songhoy Allstars, Samba Toure o Mamadou Kelly.

Miembro fundador de la banda tributo Ali Farka Toure Allstars, la simpatía de Nick Gold hizo posible que en 2016 Chris Nolan produjera su primer álbum en solitario “Ballebe”, que precedió a “Niafunke”, producido en 2019. Dos joyas que quedarán para siempre como sedimento sonoro para las generaciones futuras.

Ahmed Ismail Hudeidi (15 de abril de 1928, Berbera, Somàlia – 7 de abril de 2020)

Fallecido con 91 años, el veterano “rey del oud “nos dejaba con una contribución valiosísima a la modernización de la música somalí y tras años de lucha colonial a sus espaldas. Con la incorporación de nuevas instrumentaciones a las canciones populares somalíes durante los 50, Hudeidi ideó un nuevo estilo, el “Qaraami”, una especie de blues local, con letras sobre el amor y el comentario social que se erigieron como banda sonora en la Hargeisa moderna. En Londres, ciudad a la que se mudó tras varios fracasos contra el colono en los 60, popularizó estilos que bebió en Berbera, ex-protectorado británico de SoMalílandia, y dio a conocer la técnica del oud que había desarrollado con su banda Hawd, que se convirtió en una fuerza musical y social influyente en Aden, Yemen, donde vivió durante su juventud.

Miembro fundador de Waaberi, una compañía de música nacional que reunió a muchos artistas de renombre, viajó a Oriente Medio, Sudán y Nigeria, así como a Zaire, donde actuó en “Rumble in the Jungle” en 1974. Fue marginado por su crítica al gobierno de Siad Barre; y refugiado en Occidente, se convirtió en una de las voces más admiradas por la extensa diáspora somalí en Europa y Estados Unidos.

Tony Allen (12 de agosto de 1940, Lagos, Nigeria – 30 de abril de 2020, París, Francia)

La síncopa de uno de los mayores maestros bateristas y co-creador del Afrobeat, Tony Allen, se apagaba a sus 70 años en París tras una vida musical prolífica. Autodidacta y tremendamente influyente en la escena highlife y el Jùjú de África Occidental, fundó junto a Fela Kuti los Koola Lobitos y fue el mayor arquitecto del Afrobeat tras politizar el estilo alrededor del 69? fundando Afrika ’70 y edificar la comuna de República de Kalakuta. Iniciando su carrera en solitario a mediados de los 70, y con un pie sumergido en el jazz, se instaló en Londres en el 85 transformando el panorama sonoro de la ciudad e inundando Europa de afro-funk.

Trabajando de cerca con Damon Albarn y Africa Express a partir de 2004, se erige como uno de los músicos más influyentes del siglo XX y XXI. Incluso el director Opiyo Okeyo graba un documental sobre él el año 2018: Birth of Afrobeat. Todo lo que tenemos con Allen es deuda. Todo lo que nos deja ha cambiado el curso de la historia de la música.

Mory Kanté (Albadariah, 29 de marzo de 1950; Conakry, 22 mayo 2020)

Conocido por el éxito mundial “Yéké yéké” y apodado el “griot eléctrico”, el guineano Mory Kanté murió con 70 años tras haberse convertido en uno de los músicos más cotizados de la ola comercial de las músicas del mundo. Hijo, nieto y bisnieto de griots, el éxito de Yéké yéké en 1987 vendió millones de copias, poniendo la música mandinga en boca y oído de todo el mundo. Tal fue su fama que se convirtió en embajador de buena voluntad para la FAO, cantando en beneficio de la lucha contra el Ébola que golpeó Guinea entre 2013 y 2016.

Pasando gran parte de su juventud en la vecina Malí, se unió a la famosa Bamako Rail Band a principios de la década de 1970, junto a Salif Keita. Pero fue la electrificación de su kora que lo hizo sumergirse a la era de los 2000 con absoluta fluidez. Sin embargo, volvió a lo acústico en 2010, con el álbum “La Guinéenne”, mostrando el encuentro de África occidental con el funk, el reggae y el zouk, como uno de los momentos álgidos para la modernización de la música local.

Majek Fashek (marzo 1963 – 2 de junio 2020)

Con 57 años nos dejaba, mientras dormía en Nueva York, la estrella del reggae Majek Fashek. Nacido Majekodunmi Fasheke, el cantante y compositor nació en el estado de Edo en Benin en 1963 y saltó a la fama en 1988 cuando lanzó su debut en solitario, Prisoner of Conscience, que incluía el premiado sencillo “Send Down the Rain”. Con una voz aguda y temblorosa, y con la sombra del sempiterno Bob Marley, Fashek se erigió como una de las voces más prestigiosas del reggae africano, más allá de los grandes Alpha Blondy o Tiken Jah Fakoly.

Su fama en Estados Unidos le permitió actuar junto a Tracy Chapman o Yoko Ono, y en el continente africano se convirtió en un referente para grandes como Burna Boy.

Hachalu Hundessa (x 1985 – 29 de junio de 2020)

El lunes 29 de junio de 2020, los balazos de “hombres armados no identificados” apagaban en Adís Abeba la voz del cantante y activista oromo Hachalu Hundessa. Con 34 años, Hachalu era considerado la banda sonora de la revolución oromo —el grupo étnico mayoritario en Etiopía (35 millones de personas, o el 34.4% de la población)—, “un genio lírico y un activista que encarnaba las esperanzas y aspiraciones del público oromo”, en palabras del especialista en derecho internacional de la Universidad Keele (Inglaterra) Awol Allo en New York Times.Sus canciones dieron alas a las luchas y frustraciones del pueblo oromo —tradicionalmente marginado de las esferas de poder— durante las protestas antigubernamentals de 2014 a 2018, y su muerte encendió rápidamente la llama de protestas populares, saqueos y destrozos en todo Etiopía, que hoy se encuentra sumergida en una preocupante situación de caos y deriva.

Más sobre Hachaalu aquí.

Jesús Bibang González (Madrid, 21 de marzo de 1972 – 11 de septiembre de 2020)

Prematuramente, con sólo 48 años de edad, el músico, rapero, DJ, productor y periodista musical Jota Mayúscula dejaba huérfana a toda la escena del hip hop española. Presentador del programa El Rimadero de Radio 3 durante veintidós años, desde principios de los 90 se había postulado como uno de los raperos más prominentes de España al frente de la banda madrileña El Club de Los Poetas Violentos. De padre ecuatoguineano y madre asturiana, Jesús Bibang era conocido para los raperos como “el hombre metrónomo”, y contribuyó enormemente a dibujar el rap en español. Sus trabajos con Violadores del Verso en ‘Genios’ (1999) o La Mala Rodríguez en ‘Yo marco el minuto’ (1999), han sido de los más subrayados por sus seguidores y seguidoras.

Original en: Wiriko-Imagen: wikipedia



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