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Gaetan Kabasha

Gaétan Kabasha es ruandés de nacimiento y vive en España. Es testigo directo del drama de los Grandes Lagos. Está comprometido con el desarrollo de África y un mundo más humano. Así mismo es fundador de la Asociación AUDE.

- Licenciado en ciencias eclesiásticas y doctor en Filosofía. (Tesis doctoral sobre el deseo mimético y la violencia colectiva)

Lenguas: Francés, inglés, español, kinyarwanda, lingala y sango.

Ahora podemos seguir en Fundación Sur su blog África desde dentro.

gaetankaba@gmail.com

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Huir hacia ningún lugar, por Gaetán Kabasha

23 de mayo de 2017.

Cuando la guerra amenaza con llevarte por delante con toda tu familia, la única salida posible es huir hacia un lugar seguro, esperando tiempos mejores. La mayoría de los refugiados, primero, han sido desplazados en su propio país antes de cruzar la frontera hacía otro país por la crudeza de la violencia o la guerra. Pero ¿qué pasa cuando sales de un país en guerra y huyes hacia otro país en guerra?
En este momento, la provincia de Bangassou, en el este de la República Centroafricana, acoge una gran concentración de refugiados de países vecinos y desplazados del mismo país.

Los congoleños que huyeron del grupo rebelde Ejército de Resistencia del Señor (LRA), de Joseph Kony y los sursudaneses que huyeron de una cruenta guerra fratricida que amenaza con convertirse en una limpieza étnica en toda regla. Las dos categorías de refugiados se encontraron con los desplazados internos centroafricanos en la misma zona. El este de Centroáfrica, aparte de ser un ejemplo del drama que viven los países de esta la región, podría convertirse en un caso de estudio para los analistas de los movimientos forzados.

Primero llegaron los sudaneses en su primera etapa del exilio. Allá por los años 1980, cuando la guerra estalló por segunda vez entre el ejército de Sudán y el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA), el movimiento de los insurgentes de Sudán del Sur que reivindicaba la independencia de esa parte del país. En aquella época, más de 400.000 personas huyeron hacia los países vecinos, muchos a la República Centroafricana, donde encontraron refugio, durante casi tres décadas, en la localidad de Mboki. Allí fueron acogidos por los centroafricanos y vivían de las ayudas de la ONU.

Cuando se firmaron los acuerdos de paz entre Sudán del Norte y Sudán del Sur en 2005, la mayoría de los refugiados regresaron a su país. Cuando Sudán del Sur se convirtió en un país independiente en 2011, el mundo creía que se ponía fin a décadas de exilio de los sudaneses. Los organismos humanitarios pensaban que terminaba uno de los episodios más dramáticos de la historia reciente. Pero se equivocaron.

En 2013, estalló nuevamente la guerra, esta vez entre las dos etnias rivales, los dinka y los nuers. En 2016, la guerra llegó a tal crueldad que la comunidad internacional empezó a temer un genocidio. Entonces, muchos sudaneses volvieron a coger el camino del exilio. En la actualidad, decenas de miles de ellos viven en la localidad de Bambouti en la República Centroafricana.

Entre tanto, apareció el señor de guerra Joseph Kony en el nordeste de Congo, hacia 2005. Los guerrilleros ugandeses, huyendo del ejército nacional de Uganda, empezaron a cometer atrocidades sin nombre en esta parte del Congo. Miles de habitantes de Ango, Dungu etc. tuvieron que cruzar la frontera de la República Centroafricana hacia la localidad de Zemio buscando refugio. Desde entonces, allí acampan esperando que la situación de su país mejore.

El hecho de que los refugiados de dos nacionalidades se encuentren en una misma zona no es en sí algo único. En otros países como Kenia ya se ha dado el caso. Este país acoge a refugiados de Somalia, Etiopía, Sudán del Sur etc. La originalidad de Centroáfrica es que este país también tiene su propia guerra o más bien guerras en plural. Es un país al borde del colapso debido a las distintas bandas armadas que operan en él y a la ausencia del Estado prácticamente fuera de la capital, Bangui.

En primer lugar llegó Joseph Kony, el responsable del LRA. Huyendo de Uganda pasó por el Congo haciendo matanzas, y finalmente se instaló en el este de la República Centroafricana Desde 2008, sus guerrilleros no han dejado de atacar pueblos, saquear casas y tiendas, secuestrar a niños y niñas, o violar mujeres en esta parte del país. En consecuencia, muchos pequeños pueblos, por miedo a los ataques y sin posibilidad de defenderse, dejaron sus casas convirtiéndose en desplazados internos en las grandes ciudades.

En segundo lugar, una guerrilla conocida como Seleka, alianza de las tribus musulmanas del norte, invadió el país en el año 2012. Dieron un golpe de Estado y sembraron el desorden en todo el país. Desde entonces, Centroáfrica, a pesar de haber conseguido elegir a su presidente en unas elecciones democráticas celebradas en febrero de 2016, no alcanza la paz. El este del país está particularmente bajo la amenaza de las distintas facciones de los Seleka, que se pelean entre ellos, ocasionando desplazamientos de personas.

Por si fuera poco, también los jóvenes de distintos pueblos se constituyeron en milicias llamadas Antibalaka. En la actualidad, prácticamente todo el territorio de Bangassou está infectado de estas bandas sangrientas.
El problema de esta zona es que es casi inaccesible por carretera. La ayuda humanitaria que parte de Bangui, la capital, recorre casi más de 1200 km para llegar a Bambouti, pasando por centenares de barreras de los milicianos, en una pista de tierra mal conservada. Cuando llega la época de lluvias, los camiones se atascan durante semanas, por el mal estado de las carreteras. La única vía de acceso rápido para los servicios humanitarios es por el aire. Desgraciadamente, no hay aeropuertos grandes para abastecer a los refugiados a través del avión.

No sería exagerado decir que la única autoridad que queda en esta parte del país es la de la Iglesia Católica, que mantiene su presencia en todos los lugares, a pesar de la inseguridad. Tanto los sacerdotes locales como las religiosas misioneras desafían el peligro, cuidando de los desplazados y los refugiados, pero también manteniendo una llama de esperanza en medio de la desesperación.

En resumidas cuentas, el este de la República Centroafricana puede ser considerado hoy en día como un triángulo de miseria, dónde los refugiados llegan huyendo de la guerra para caer en la guerra; huyen del hambre para seguir hambrientos. La inseguridad se ha apoderado de todos los países de la zona. Tanto es así que se puede realmente afirmar que los que huyen no van a ningún lugar.

PS. Después de escribir este artículo, nos hemos enterado de que un grupo armado constituido de jóvenes que se autodenominan "autodefensas" acaba de ocupar la ciudad de Bangassou y miles de desplazados se encuentran en las instalaciones del obispado

Fuente: Afroanálisis - Publicado anteriormente en Blogs de El País - África no es un país



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