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Inicio > Bitácora africana >

Nongo, Nestor

Nacido en Bayaya (República democrática del Congo.) Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (universidad pontificia de Salamanca), en estudios eclesiásticos y en teología (universidad pontificia de Comillas), grado en filosofía (Saint François Xavier. Mbuji-Mayi. RD Congo). Máster en Turismo y Administraciones Públicas. Doctorando en ciencias políticas y sociología. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado.

Analista de información internacional, especialista en comunicación pública y en política africana. Consejero Técnico del Ministerio de Cultura y Deporte. Fundador de la asociación Tracaf ("Trabajando por el corazón de África").

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Europa, ¿“paraíso” para los inmigrantes y para el imaginario colectivo africano? , por Nestor Nongo

26 de marzo de 2014.

Los últimos saltos de las vallas que separan la ciudad autónoma de Melilla con Maruecos por parte de jóvenes africanos han sido objeto de debates y de comentarios en los medios de comunicación, y también de conversación entre los ciudadanos de a pie. Se han escuchado todo tipo de puntos de vista y de opiniones. Desde la “compasión hacia los pobres africanos” que buscan desesperadamente una vida mejor en Europa huyendo de la pobreza y de los conflictos, a la reacción furibunda de aquellos que estarían dispuestos a cerrar a cal y cato las fronteras europeas porque aquí ya “no cabe nadie más”, pasando por el discurso políticamente correcto de “la aplicación de la legalidad” en relación a las fronteras. Pero nadie se ha parado, a nuestro entender, en buscar las verdaderas causas de la inmigración africana hacia Europa.

Mucho se ha escrito ya sobre las causas de la inmigración africana. Basta con introducir en el buscador Google “inmigración africana” y toparnos con una lista interminable de entradas, no solamente sobre las crónicas de las travesías en el mar, la aventura en el desierto, las largas estancias en de los países del Magreb y las imágenes desgarradoras de la inmigración, sino que nos encontramos también con estudios sobre sus causas y motivos. Y hay cierta unanimidad en achacar la inmigración a la pobreza y a los conflictos que salpican el continente.

Lejos de nuestra intención el poner en duda estos estudios serios y loables; además, la inmigración es inherente al ser humano. Y como sostienen los más entendidos en la materia, los procesos migratorios nacen del instinto de conservación de la especie y se deben casi siempre a una evaluación comparativa del entorno donde se vive en cuanto a los recursos y posibilidades con que se cuenta, y de un entorno diferente, en el que existe una percepción de que esos recursos y posibilidades pueden ser mayores y mejores. Esta comparación entre la vida cotidiana en un país y otro en la actualidad resulta muy fácil debido al acceso masivo a los medios de comunicación.

De esta forma, como en África se vive en condiciones difíciles, de guerra, de hambre y de enfermedad, es deducible que la gente tienda a buscar su supervivencia en otros continentes. Sin embargo, para nosotros, aún siendo cierto este silogismo, la razón fundamental de la inmigración africana hacia Europa ha de situarse más allá de las necesidades económicas y de seguridad. La situamos en el propio ser del africano y, más concretamente, en los “traumas” que arrastra como consecuencia de las reducciones o “alienaciones” que sufrió durante los tiempos de la colonización. Y que podrían resumirse en tres:

Durante el tiempo del dominio europeo, el negro fue despojado de su propio ser: se le convenció de que el hombre blanco era superior y que él era inferior y debía servirle.

Durante el tiempo del domino europeo, se le convenció al negro de que no sabía nada, de que su conocimiento era similar al de un animal y sus creaciones no servían para nada; de que el conocimiento y la cultura venían de Europa.

Durante el dominio europeo, se le convenció al negro de que sus creencias eran animistas y de que debía abrazar la verdadera religión que venía de Europa.

Por tanto, el africano sufrió una reducción ontológica (el ser), una reducción epistemológica (el conocimiento) y una reducción teológica (las creencias); con la consiguiente subordinación de todo lo africano a lo occidental.

Así, durante más de un siglo y a pesar de la oposición de los lugareños y de algunos misioneros, este adoctrinamiento, a base de castigos físicos y hasta de eliminación física de mucha gente (valga entre otros el ejemplo del rey Leopoldo II en el Congo-belga) caló en el imaginario africano. Muchos africanos se “vaciaron” de su ser y “adoptaron” el ser europeo. Incluso se daba a aquellos africanos que se asemejaban en todo a los colonos el título de “evolucionados” (“évolués”, en francés).

Esto explicaría el hecho de que lo europeo sea más valorado que lo autóctono en muchos lugares en África; y mucha gente suspira y haría todo lo posible para vivir, o por lo menos, visitar ese “paraíso” presente en el imaginario colectivo africano llamado Europa que, desde la época colonial, se les ha hablado y les ha fascinado siempre.

Tampoco colaboran en desmitificar ese “paraíso” llamado Europa los inmigrantes que vuelven a sus países de origen en vacaciones. Todo lo contrario. Quitando contadas excepciones, la inmensa mayoría transmite a sus conciudadanos una imagen poco realista de lo que pasa en Occidente.

Los dirigentes africanos también alimentan esa imagen de Europa como paraíso para su pueblo: la inmensa mayoría envían a sus hijos a estudiar a Europa, sus familias residen en Europa, cuando se ponen enfermos se tratan en Europa, sus cuentas bancarias están en Europa…

Urge, por tanto, una "rehabilitación" del ser africano, no solamente para combatir esa trata de seres humanos en la que las mafias han convertido la inmigración, sino también para la construcción del continente. Hace falta poner en valor las capacidades del africano para ser artífice y actor principal la construcción de su tierra, de las posibilidades y las bazas que tiene su continente para desarrollarse y dar una vida mejor a sus hijos, y valorar a Europa en su justa medida.-

Original en : Amplio mundo mi ciudad



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