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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Empieza la desmovilizacion de milicias en Centroafrica. por José Carlos Rodríguez Soto

10 de mayo de 2016.

Después de un largo silencio, vuelvo a escribir en este blog. Empiezo hablando del programa de desmovilización de combatientes que la misión de la ONU en Centroáfrica (conocida como MINUSCA) está realizando en este país.

Nada mejor que contar lo que uno ha visto en el terreno, y el pasado 28 de abril en las afueras del barrio de Boy Rabe, una de las zonas de Bangui más azotadas por la violencia de las milicias, en una gran explanada de un antiguo mercado municipal donde varios frondosos árboles dan sombra suficiente, se han dado cita cerca de 300 jóvenes. Casi todos ellos son “anti-balaka”, como se denomina a la milicia que desde finales de 2013 han dado caza a los musulmanes de este país como represalia a los abusos sufridos por las milicias Seleka, de mayoría islámica, que aquel año tomaron el poder por la fuerza hasta que la presión internacional les obligo a dejar el gobierno a principios de 2014.

Desde entonces, en Centroáfrica han pasado muchas cosas: a pesar de bastantes altibajos, y de que ambas milicias aun controlan amplias zonas del país, se consiguió organizar unas elecciones pacificas que han traído un gobierno y un parlamento elegidos democráticamente. La visita del Papa Francisco, a finales de noviembre del año pasado, contribuyo también mucho a que se calmaran los ánimos, y por lo menos en la capital, Bangui, se ha recobrado una cierta normalidad y la gente parece decidida a pasar página y salir de la crisis.

Uno de los mayores retos que quedan aun por afrontar es como desarmar a los miles de personas que tienen armas. La mayoría son milicianos –Seleka o antibalaka- pero también hay numerosos civiles que esconden fusiles y granadas en sus viviendas, lo cual muchas veces provoca que una simple riña entre vecinos a veces degenere en un tiroteo con muertos y heridos que desata el pánico en el vecindario.

Tras varios meses de negociaciones con muchos tiras y aflojas, la MINUSCA ha conseguido que varios jefes de milicias se comprometan a que sus soldados (muchos de ellos jóvenes pobres sin estudios, ni trabajo ni ningún futuro) entren en el programa conocido como DDR (desarme, desmovilización, reintegración). El primer paso es que los comandantes den a la ONU una lista con los nombres de los combatientes que han tenido a su cargo, para asegurarse de que sabemos de cuantas personas estamos hablando. Después, en dialogo con estos jefes, se llama cada día a un grupo para que se presenten para realizar una entrevista personal.

Normalmente se atiende a unos cien jóvenes cada día, aunque es difícil evitar que acudan también todo tipo de curiosos e incluso de muchachos desocupados que dicen que también ellos son antibalaka, con la esperanza de conseguir algo. Según llega, se les llama por su nombre y se sientan, de cinco en cinco, enfrente de trabajadores sociales que comprueban su identidad y les preguntan sobre su origen, sus circunstancias familiares, si tienen estudios, y que desearían hacer una vez que hayan entregado las armas: estudios, algún curso de formación en mecánica, albañilería, comercio, carpintería, agricultura… tal vez empezar algún pequeño negocio. De este modo, cada uno de ellos entra dentro de un perfil para el que podrá ser llamado cuando llegue el momento.

En Boy Rabe esta previsto que se registren 1.500 antibalaka y después iremos a otros barrios periféricos de Bangui, como Boeing y Bimbo, y también el barrio del Kilometro Cinco, donde unos 500 jóvenes de las milicias musulmanas de auto-defensa han dado su nombre para entrar en este programa.

Después vendrá la parte más delicada y la hora de la verdad: tras semanas, o tal vez meses de negociación y sensibilización, y en coordinación con el gobierno, los combatientes entregaran sus armas (quizás no todas, por si acaso) y se les llamara para entrar en el programa de reinserción que hayan elegido. Todo esto, naturalmente, necesita una buena financiación y un trabajo que se hace en paralelo es convencer a los donantes para que proporcionen los medios para realizar el DDR.

Este programa de DDR es el fruto de una experiencia de muchos años, y también de muchas lecciones aprendidas tras muchos errores. Hace anos, la ONU daba demasiado alegremente dinero por armas entregadas. El sistema era rápido y directo, pero las cosas podían torcerse muy fácilmente y, por ejemplo, ocurría muchas veces que el señor de la guerra recogía armas de sus muchachos, las entregaba a la misión de paz de Naciones Unidas y tras recibir el dinero –supongamos que cien dólares por fusil- se embolsaba sesenta y daba cuarenta a sus chicos. Huelga decir que con el dinero amasado, el tipo compraba nuevas armas, que volvía a entregar a la ONU a cambio de más dinero… y vuelta a empezar. Sin llegar tan lejos, durante mis años en el norte de Uganda, he conocido a jóvenes milicianos que habían abandonado las armas a cambio de unos pocos chelines que normalmente fundían en dos días comprándose ropa bonita y corriéndose unas juergas de aquí te espero. Naturalmente, no es esta la mejor manera de ayudar a un joven que casi siempre ha sido obligado a cometer atrocidades y que lo que más necesita en su vida es orientación, acompañamiento y una ayuda para que pueda superar sus traumas.

En Bangui esperamos registrar a 3.000 combatientes durante las próximas cinco semanas. En otras zonas del país, la tarea se anuncia más complicada y larga. Pero lo importante es empezar, y estos primeros pasos dan la esperanza de que la República Centroafricana empieza a dejar atrás largos años de violencia y salir del profundo túnel en el que se encontraba. Ya iremos contando más en sucesivos posts.

Original en :En Clave de África



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