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Luján Aldana, Carlos

Economista mexicano. Me apasiona el estudio de los asuntos africanos, por lo que escribo para impulsar el conocimiento del continente africano y generar debate en torno a él.

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El papel de la población afrodescendiente en la lucha por la independencia de México, por Carlos Luján Aldana

2 de octubre de 2020.

En esta ocasión rastreamos en los anales de la historia de México para identificar la participación e influencia de la población afromexicana en la obtención de la independencia nacional, así como en los rumbos coyunturales o decisivos en los que tomaron parte dentro de la lucha emancipadora.

A comienzos del Siglo XIX la sociedad novohispana estaba conformada y dividida por grupos sociales antagónicos, que convivían bajo una frágil y aparente tranquilidad, teniéndose entre todos gran desconfianza y mal disimulada antipatía. A lo largo de gran parte del periodo colonial, la situación interna del virreinato de la Nueva España puede catalogarse como estable, más nunca fue pacífica. Si bien en el centro y sur del país los indígenas se resignaron a la servidumbre tras el derrumbe de sus antiguas civilizaciones, en las fronteras del Occidente y del Norte los pueblos se sublevaban a cada paso.

Los esclavos que vinieron de África también causaron serios problemas a las autoridades virreinales. Mucho antes de 1810 habían emprendido fugas, escapando de la esclavitud y formando palenques y pueblos, como ocurrió en la insurrección de Gaspar Yanga en Veracruz. Desde su punto de vista, esa era su particular y primera independencia. Es así como esta experiencia los vuelve prácticos, y por lo mismo, no les interesaban tanto las proclamas y discursos rimbombantes.

Hacia mediados del Siglo XVIII el tráfico de esclavos traídos del continente africano disminuyó paulatinamente ante un gradual aumento en la población, por lo que el comercio negrero ya no era tan rentable. No obstante, la esclavitud se mantenía. Además de las ya referidas fugas, otro método de resistencia a esta terrible práctica por parte de los esclavos fue establecer relaciones con indígenas, mestizos u otras clases para que sus hijos fueran libres y no estuvieran condenados a la esclavitud. Este fue el nacimiento de la comunidad afromexicana, y la razón por la que algunos autores se refieren a nuestros orígenes africanos como nuestra tercera raíz. Antes de que estallara la Guerra de Independencia, aproximadamente el 10 % de la población era afrodescendiente, si nos atenemos a las categorías en las que se clasificaban (negros, mulatos, pardos y moriscos).

La independencia de México fue, en principio, un proyecto criollo, sector más elevado en la escala social por ser los descendientes directos de los españoles, sin ninguna mezcla con cualquier otra raza, por lo que se consideraban como los predestinados a continuar con el poder político y afianzar sus privilegios. No obstante, las diversas aspiraciones de todas las clases sociales llegaron a confundirse, hasta formar una sola unidad.

Quizás el único elemento unificador de la incipiente nación mexicana en aquellos años era la religión católica, por lo que no debe sorprendernos el trascendental papel de sus ministros y su influencia sobre todos los estratos sociales, incluidos los afrodescendientes. El poderío del Alto Clero era muy grande, no obstante, en las rancherías, haciendas de campo y pequeñas poblaciones la influencia de los altos jerarcas de la Iglesia no era tanta. A pesar de ello, los curas de los pueblos estaban sujetos a una rigurosa disciplina eclesiástica, y sufrían a la par que el pueblo, formando causa común con él. Por eso los dos máximos exponentes de la independencia de México fueron curas que estaban a cargo de pequeñas poblaciones: Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón, siendo el pequeño pueblo de Dolores la cuna de la independencia nacional.

Por tanto, los afromexicanos quedan atrapados dentro del movimiento político emancipador y formaron parte de las huestes de la insurrección desde el primer momento, que tras once años de épica contienda, alcanzaron merecida y espléndida victoria. En los campos y las montañas, al margen de las ciudades más importantes, se formó un nuevo elemento social de las castas de los mestizos y los mulatos, que tomó el nombre de ranchero, que son labradores y ganaderos trabajadores y honrados. Con poca instrucción pero sagaz inteligencia, eran diestros jinetes acostumbrados a resistir cualquier adversidad natural y viviendo en corta sociedad. Aquellos hombres formaron el núcleo de los soldados voluntarios que lucharon por la independencia de la patria.

La población afrodescendiente tenía presencia en distintos ámbitos y su postura con respecto al surgimiento del movimiento insurgente dependió de varios factores económicos y sociales. Como clase sojuzgada y parte del pueblo bajo, muchos tomaron partido por la causa insurgente, aunque también varios de ellos formaron parte del Ejército realista. Este hecho agrega mayor complejidad a un tema del cual tenemos muy pocas referencias y del que, sin duda, nos falta mucho por conocer. En este extraordinario video elaborado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia se detalla de forma general el papel de la población negra en los sucesos que llevaron a la independencia de México.

Con base en los hechos que ocurrieron en nuestro país de 1810 a 1821, el papel y la influencia de las comunidades afrodescendientes fue muy importante y decisivo para la consumación de la independencia. Basta con echar un vistazo a los decretos y documentos que los primeros líderes insurgentes emitieron en contra de la esclavitud, lo cual nos hace suponer la gran influencia de la población afrodescendiente dentro del movimiento. El 6 de diciembre de 1810, en la ciudad de Guadalajara, Don Miguel Hidalgo promulgó un Decreto contra la esclavitud, las gabelas y el papel sellado, que en su primer Artículo versa lo siguiente:

Que todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad, dentro del término de diez días, so pena de muerte, la que se le aplicará por transgresión de este artículo.

Este documento tuvo un gran impacto, y aunque nunca fue oficial, México fue una de las primeras naciones en pronunciarse contra la esclavitud. En esta misma línea se encuentran los Sentimientos de la Nación, documento redactado por Morelos en la ciudad de Chilpancingo en 1813, cuyo punto 15 es:

Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.

Seguramente estas consignas tuvieron un fuerte impacto dentro de la comunidad afromexicana, aunque oficialmente correspondió a Vicente Guerrero (ya como presidente de un México independiente, en 1829) emitir el decreto que abolió la esclavitud. Las personas con fenotipo negro se consideraban una raza indeseable, portadora de vicios e incapaz de adaptarse al progreso, y un movimiento emancipador que los incluía en el centro de las demandas tuvo que ser recibido con gran entusiasmo y esperanza.

Donde es más notoria su participación fue en el Ejército de Morelos, el gran capitán de la guerra de independencia, por el hecho de que sus principales campañas las realizó en las zonas con mayor proporción de población afrodescendiente, como en la Costa Chica y la Tierra Caliente en los actuales Estados de Oaxaca y Guerrero. De hecho, varios de sus líderes comparten estos orígenes, comenzando por el mismo Morelos, cuyo origen mulato fue remarcado por los historiadores mexicanos del siglo XIX.Hay una anécdota que cuenta que, cuando Morelos cayó prisionero de las fuerzas realistas (triunfo comparable al de cien espléndidas victorias), en un tono sarcástico contra sus rasgos físicos y color de piel, la Inquisición estipuló que en el remoto caso de que no se le condenara a muerte, debía ser deportado a África.

Otros líderes independentistas que también son afrodescendientes son Vicente Guerrero, Juan Álvarez, los hermanos Galeana y José Antonio “El Amo” Torres. Entre ellos, Vicente Guerrero ocupa un lugar privilegiado dentro de los héroes afro que nos dieron patria. Sus enemigos le decían “negro” en tono despectivo, pero él siempre se mostró orgulloso de sus orígenes. Como ya mencionamos, fue el único insurgente que se mantuvo en pie de lucha hasta 1821, cuando se unió a Agustín de Iturbide para terminar de consumar la independencia. Fue también el primer presidente afrodescendiente de México. Es admirable la constancia, tenacidad y fuerza de voluntad de este hombre, que en las diversas pinturas que se le hicieron aparece blanqueado, acto que podría pasar como una ofensa para alguien que nunca se avergonzó de su color de piel.

La lucha de independencia fue un proceso largo y complicado, y su culminación en 1821 representó grandes cambios para la sociedad mexicana, que abrió paso a una época de desorden interno, caracterizada por la tensión entre un proyecto político conservador y otro liberal. La abolición de la esclavitud y del sistema de castas dificultó, paradójicamente, el registro de aquellos afromexicanos anónimos y la visión que se tenía de ellos, lo que contribuyó a su invisibilización a partir de entonces. Y aún más, se siguieron documentando casos de esclavitud a lo largo del siglo XIX, a lo que se sumaron las desigualdades sociales y económicas que perduran hasta la época actual.

A modo de conclusión, quiero dejar en el aire la siguiente pregunta: ¿Realmente importa abordar el movimiento de la independencia de México bajo un prisma étnico, como en este caso a partir de la comunidad afrodescendientes? Yo pienso que no debería importar tanto el origen étnico de una persona, en el sentido de que las y los mexicanos somos iguales. Lo que realmente importa son las ideas y el legado que las personas nos heredan y nos enseñan. No obstante, el racismo, la discriminación y los prejuicios que se tienen hacia la comunidad afrodescendiente en nuestro país en una realidad que no debemos ignorar, por lo que sí cobra especial importancia replantear la historia de nuestro país para saldar la gran deuda histórica que tenemos con nuestra herencia africana, y que la comunidad afromexicana reivindique sus derechos y se refuerce su identidad como parte de la nación mexicana. En consecuencia, como mexicanos debemos seguir volteando al pasado, cuestionarnos constantemente sus lecciones y, de ser necesario, reescribir la historia y reconstruir el pasado para encarar los desafíos y las demandas que el presente exige.

Original en: Tlilxayac



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