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Inicio > Bitácora africana >

Gautier Carmona , Johari

Johari Gautier Carmona (1979) es un escritor y periodista franco-español especializado en literatura africana y afrodescendencia.
Autor del libro Cuentos históricos del pueblo africano (Editorial Almuzara, 2010) y de la novela Del sueño y sus pesadillas (Atmósfera Literaria, 2015).

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afribuku pretende hacer descubrir y reflexionar sobre manifestaciones culturales africanas contemporáneas de interés, divulgándolas a través de esta página y de las redes sociales. En África existen numerosas propuestas artísticas de excelente calidad que permanecen ocultas a los ojos del mundo. Es necesario que todos aquellos que creemos en una visión más realista y honesta de África tratemos de que la comunidad iberoamericana se familiarice y comience a disfrutar de la gran diversidad que ofrece este continente.

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El origen africano de la palabra chévere, por Johari Gautier Carmona

13 de mayo de 2021.

Pocas palabras rezuman tanto color, energía y carácter. Pocas condensan tanta emoción en 3 sílabas. Tal vez por eso, el término “chévere” ha cruzado las fronteras hispanoamericanas, dispersándose por las Antillas, Centroamérica, Colombia, Ecuador y Venezuela con una notable facilidad, sin necesidad de pasaporte ni tampoco de certificados o comprobantes de origen.

El cantante de los cantantes, Héctor Lavoe, la enmarcó en una frase legendaria que hoy se ha vuelto un emblema del mundo salsero: “Es chévere ser grande, pero es más grande ser chévere”. Mientras que otras personalidades como el salsero y presentador colombiano Jimmy Salcedo[i], la integraron completamente en su lenguaje cotidiano, de tal forma que, cuando estaba de buen genio, todo era chévere. Tan chévere como él.

El sonero cubano Rafael Ortiz, oriundo de Cienfuegos, incorporó su ritmo y esencia en una conga popular –“Uno, dos y tres / Uno dos y tres / Uno dos y tres / Qué paso más chévere / Qué paso más chévere / El de mi conga es…”–, y el timbalero Orlando Marín expresaba en “Qué chévere” su alegría al ver a una mujer bailando (“Mira, la china, cómo baila y goza… ¡Qué chévere!”), dando así más argumentos para que el periodista Daniel Samper Pizano expresara en un encuentro del Hay Festival [ii] dedicado exclusivamente a esta palabra lo que todos sentimos al escucharla: “Chévere es una palabra muy chévere”.

En la palabra “Chévere” brilla la actitud de una persona auténtica, el desparpajo de quien no tiene que esconderse o rendir cuentas, y la elegancia del que sabe que la tiene. También desprende en cantidades aceptables: frivolidad y ligereza, seguridad y audacia. Ser chévere es positivismo. Es estar al día con las tendencias sin ser preso de ellas. Es una filosofía. Un momento. Una sonrisa. Una mirada. Un logro. Una victoria. O simplemente, una buena sensación.

De su origen se ha dicho mucho. El escritor peruano Fernando Iwasaki, por ejemplo, la encontró en un documento del Archivo de Indias fechado en 1557 en donde se hace referencia al señor de Chièvres [iii] (Guillermo de Croy), ministro del rey Carlos V, “en su litera, bien adereçado y muy chevre”. El hombre de la corte era conocido por su buena presentación y su refinamiento, condiciones inequívocas del ser “chévere” para Juan José Arrom, profesor de castellano en distintas universidades latinoamericanas, quien defiende vivamente esta raíz. Sin embargo, existen serias dudas sobre la posibilidad de que un título nobiliario o territorio extranjero, muy poco conocido, sea aceptado y vulgarizado de forma repentina hasta convertirse en dicho o expresión popular.

Los estudios lingüísticos más profundos y documentados apuntan al continente africano: tierra innegable de la autenticidad y felicidad, a pesar de las desgracias impuestas por su reciente historia. El antropólogo cubano Fernando Ortiz recogió el término “chévere” por primera vez en su Glosario de Afronegrismos de 1924, allí el investigador sitúa su raíz en la palabra “cheche”, procedente de la lengua lucumí –derivación de la lengua yoruba en Cuba, usada esencialmente en ceremonias y ritos religiosos de la isla caribeña–, y que significa “con la cabeza alzada” o “presumido” [iv]. Aunque pueda parecer una contradicción, hay algo de verdad en esa acepción: “Chévere” es el que se enfrenta a la vida, el que cree en la vida y en sí mismo. Hoy en día, una persona “chévere” puede presumir, pero sin arrogancia. Tiene una actitud alzada ante los obstáculos de la vida y al mismo tiempo convierte estos obstáculos en diversión o testimonio de grandeza.

Ésta, sin embargo, no es la única raíz que Fernando Ortiz señaló. También formuló la posibilidad de que “Chévere” proviniera de la palabra “sebede” del idioma calabar –en la zona sur de Nigeria, en África–: un término que significa “adornarse profusamente” o “vestirse exageradamente”. Llama la atención en esta acepción la importancia dada a la apariencia y la elegancia. La persona “chévere” no es necesariamente de buen gusto respecto a las reglas del vestuario, pero siempre es cuidadosa con los detalles, creativa y coherente con sus gustos, libre y confiada con su forma de vestir, y, por lo tanto, elegante y única adonde aparece. Una persona “chévere” no pasa desapercibida.

Confirmando esa tesis, la lingüista cubana Gema Valdés Acosta sostiene que la palabra “chévere” se puso primero de moda entre poblaciones negras (y bandas musicales) y, luego, con la liberalización social, fue difundiéndose sin miramientos hacia las capas sociales o lugares geográficos. Hoy la palabra “Chévere” puede ser usada por cualquier persona, de cualquier grupo social, y destila el mismo significado: es una expresión de júbilo y de sorpresa en positivo.

El amplio respaldo a la procedencia africana de la palabra “Chévere” puede comprobarse en estudios de otros destacados lingüistas. El doctor mexicano José G. Moreno de Alba y el filólogo español Frago Gracia, compartieron esta idea en algunas investigaciones, mientras que el compositor estadounidense Ned Sublette[v] ubicó el origen del término estudiado en la lengua efik, idioma oficial del estado de Cross River en Nigeria, el extremo suroriental del país.

No obstante, interesa especialmente el análisis del profesor estadounidense en Historia de las culturas, Ivor Miller, especializado en la diáspora africana en el Caribe y las Américas, quien va un poco más lejos y expone –gracias a entrevistas realizadas en la isla caribeña a personas mayores que conservaban información extraída de la tradición oral– una teoría sobre cómo la palabra “chévere” se afianzó y difundió en el lenguaje cotidiano cubano. La lingüista Ana María Díaz Collazos recoge partes de este estudio en un artículo revelador [vi] y explica que: “Según Ivor Miller, los españoles en Cuba organizaron a los esclavos por grupos étnicos para asegurar cierto control sobre el personal, pero lo que ocurrió fue todo lo contrario: al estar agrupados, los afrocubanos lograron fortalecer lazos culturales y crear estrategias de resistencia. La sociedad abakuá se constituyó en 1836 como resultado de esta forma de agrupación. Se llamaban a sí mismos: la gente del leopardo”.

La lengua secreta de los Abakuá iba también acompañada de conocimientos, ritos y protocolos exclusivos para quienes formaban parte del grupo. En ese contexto oculto y misterioso, la expresión “Ma chévere” tenía un carácter honorífico que hacía referencia al “Makongo”, dignatario y guerrero nigeriano del reino calabar, reconocido por su destreza con la espada. De ahí proviene el significado de “valiente, maravilloso y excelente” que reviste hoy la palabra Chévere, pues, con la influencia de los abakuá en el campo musical, a través de ritmos como el Guaguancó divulgados en ceremonias multitudinarias, su uso fue propagándose en distintos círculos sociales e impregnó la música afro-caribeña con la forma de un adjetivo poderoso, que libera y engloba grandes cualidades positivas.

La palabra “Chévere” fue entrando en el lenguaje corriente con la misma soltura que un brillante bailador en una pista de baile. Su carácter festivo y alegre también ayudó a que la gente la replicara en sus casas, en lugares públicos, paseos y que, de ahí, saltara de una ciudad a otra, convirtiéndose en una moda y, luego, en una forma de ser. Por eso, ser chévere denota una capacidad de cambiar las cosas y de contagiar lo bueno: es, sin lugar a dudas, lo más parecido a un agente transmisor de lo bueno [vii].

Ser chévere es también afirmar un carácter caribeño o latino, una visión diferente de la vida, y, sin saberlo, recordar el pasado y la influencia africana en las Américas. Por eso, qué chévere es ser chévere (y ser consciente del sentido total de la palabra).

Johari Gautier Carmona


Notas:

[i] La vida de Jimmy Salcedo: un fenómeno de la Salsa en Colombia. Edgard Hozzman,

[ii] Hay Festival organizado en Cartagena (Colombia) entre el 31 de enero y el 3 de febrero del 2019.

[iii] Positivo y negative: polos atractivos para la lingüistíca contemporánea. Dra. Yraida Sánchez de Ramírez. Conferencia dictada en el XXXI Encuentro Nacional de Docentes e Investigadores de la Lingüística (ENDIL), en el marco del 50º Aniversario del IVILLAB, realizado en noviembre de 2014 en el Instituto Pedagógico de Caracas. Universidad Pedagógica Experimental Libertador (2014).

[iv] ¡Qué chévere!: las curiosas teorías sobre el origen de la palabra que significa tantas cosas. Analía Llorente. BBC Mundo. 31 de enero del 2019.

[v] Cuba and its music: from the first drums to the mambo. Ned Sublette. 2007.

[vi] ¿De dónde viene la palabra “Chévere”?. Ana María Díaz Collazos. ElPais.com.co 20 de junio del 2017.

[vii] En referencia a la canción de Los Van Van “Eso que anda” en la que se habla de “14 agentes transmisores de eso que anda”.

Original en: Afribuku



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