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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Dominic Ongwen, en manos de la Corte Penal Internacional, por José Carlos Rodríguez Soto

19 de enero de 2015.

Escribo estas líneas cuando el comandante del Ejército de Resistencia del Señor (LRA) Dominic Ongwen está ya en manos de la Corte Penal Internacional, aunque todavía en Bangui, Meeting LRA 1la capital de Centroáfrica, donde lo custodian soldados de la misión de la ONU en el país (la MINUSCA) en espera de ser llevado a La Haya. Su captura, hace pocos días, ha tenido visos de ser un auténtico culebrón. Era uno de los generales más temidos e importantes de la LRA, aunque según parece durante los dos o tres últimos años había caído en desgracia con Joseph Kony, su fanático líder y había perdido mucho del poder que tuvo durante años.

Así parece haber sido la secuencia de acontecimientos, por lo que he podido seguir durante las dos últimas semanas: parece que hacía algunas semanas que el grupo de Dominic Ogwen estaba a la greña con los exrebeldes de la Seleka alrededor de la ciudad diamantífera de Sam Ouandja, en el Este de la República Centroafricana y que alguna vez llegaron a enfrentarse a disparos. Finalmente, el 2 de enero Ongwen se entregó a los milicianos de la Seleka en esa zona, pero lo hizo con un nombre falso. Dijo que se llamaba Moussa Ali y que era musulmán. No es extraño que los milicianos musulmanes se lo creyeran, ya que al haber pasado muchos años en sus bases logísticas en Sudán, los comandantes del LRA hablan bastante árabe . Los asesores militares norteamericanos que operan en el Este de Centroáfrica desde principios de 2012 –y que tienen amigos en todas partes- fueron avisados que mandaran un helicóptero para recogerle, y cuando los soldados USA se llevaron a Ongwen a su base de Obo, Ongwen reveló su verdadera identidad.

Aquí empezó el culebrón de quién se iba a encargar de él, y en el que han estado involucradas las autoridades de al menos tres países. Pero antes, expliquemos algo sobre este personaje: como ya explicó mi compañero de blog, Dominic Ongwen fue secuestrado por el LRA a la edad de 10 años, allá por 1990, en su pueblo natal en la región Acholi del Norte de Uganda. Como muchos otros niños -soldado, ascendió rápidamente en el escalafón rebelde y llegó a convertirse en uno de sus comandantes más eficientes y también más crueles. Yo le encontré en una reunión de paz, en el bosque, en el año 2002 (en la foto, es el que está enfrente de un servidor). Recuerdo que se pasó las dos horas en silencio, mirando al cielo y pasando las cuentas de un gran rosario. A los dos días de aquel encuentro, dirigió un ataque nocturno contra una aldea que era parte de nuestra parroquia de Kitgum, llamada Pajong, y mató fríamente a unas 70 personas, en su mayoría mujeres y niños muy pequeños. Una mujer superviviente de aquella masacre me puso los pelos de punta al contarme cómo Ongwen ordenó a las mujeres que mataran a sus bebés a golpe de mortero. Ella se negó y la golpearon hasta que se quedó inconsciente. A otros les cortaron las orejas y las narices… Ogwen ha dirigido innumerables brutalidades como esta. Sorprende poco que, en 2005, la Corte Penal Internacional (CPI) emitiera contra él –además de otros cuatro líderes del LRA- una orden internacional de detención por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Fue el propio gobierno ugandés el que pidió –en 2004- la intervención de este tribunal basado en La Haya. Pero su presidente, Yoweri Museveni hace pocos meses empezó a acusar a la CPI de racista y colonialista porque dice que sólo juzga a africanos. Es verdad que todos los nueve casos de los que se ocupa hasta ahora están en África, pero no hay que olvidar que seis de esos casos han sido remitidos a la corte por los propios gobiernos africanos, como Uganda, Congo y la República Centroafricana, y otros dos por el Consejo de Seguridad de la ONU. El caso es que Museveni ha dicho que cuando se celebre el próximo consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana va a pedir a todos los países africanos que han firmado el acuerdo de la CPI que se retiren en masa. En estas circunstancias, hubiera resultado de los más irónico si el gobierno ugandés se encontrara en sus manos con Dominic Ongwen. ¿Qué hubiera hecho entonces? ¿Entregarle hoy a la CPI y echar pestes del mismo tribunal a los cuatro días? Algunos políticos en Uganda propusieron otra solución: llevarle a Uganda y juzgarle allí, pero el problema es que al estar en vigor la ley de la Amnistía (que existe desde el año 2000)cualquier juez que se encontrara con Dominic Ongwen enfrente no hubiera tenido más remedio que ponerle en libertad, y en ese caso… ¿ se imaginan ustedes qué dirían los miles de víctimas, como los supervivientes de la aldea de Pajong?

Por esta razón, desde el 6 de enero, cuando los americanos trajeron a Ongwen a Obo, ha habido interminables negociaciones discretas entre varios gobiernos para determinar qué hacer con él. Finalmente, el 14 de enero entregaron a Dominic Onwen a las fuerzas ugandesas que estacionadas en la misma localidad centroafricana, donde desde 2009 realizan operaciones para localizar a los grupos de la LRA que siembran el terror por los poblados. Tras dos días de interrogatorio, el 16 llegó a Obo el fiscal general de la República Centroafricana acompañado de tres representantes de la CPI que habían llegado de La Haya. Ese día, los ugandeses entregaron a Ongwen al fiscal, que representaba a las autoridades centroafricanas, y a los pocos minutos éste pasó la pelota a los de la CPI. Tras meterlo en un avión bien custodiado, llegaron a Bangui, donde Ongwen fue encerrado en una estación de policía bajo la vigilancia de las fuerzas de la ONU. Por cierto, que cuando estaba con los soldados ugandeses, alguien realizó una solemnes metedura de pata al llevar al detenido a la radio local y hacerle decir que era libre, que Museveni le había perdonado y que animaba a sus antiguos compañeros a rendirse. A las pocas horas, el gobierno ugandés tuvo que hacer un desmentido sobre el supuesto perdón presidencial.

Me imagino que su traslado a La Haya es cuestión de pocos días, si no de horas. Será el primer comandante de la LRA en ser juzgado. Otros tres (Raska Lykwiya, Vincent Ottii y Okot Odiambo) han muerto desde que se emitieron contra ellos las órdenes de arresto. Sólo queda Joseph Kony, el cual está bien escondido en el sur de Darfur (Sudán) para escapar de la detención. Esperemos que más pronto que tarde siga el mismo camino que su antiguo lugarteniente.

Por cierto, otro detalle bastante irónico: los norteamericanos -como si de una película del Far West se tratara- habían ofrecido por Dominic Ongwen una recompensa de cinco millones de dólares. Los milicianos de la Seleka se suben por las paredes de rabia, porque tras reclamarla -al haber sido ellos ellos los que entregaron al comandante de la LRA dicen que tienen derecho a recibir el dinero- el Departamento de Estado ya ha dicho que nones. No hay que olvidar que la Seleka es un grupo que está bajo sanciones de la ONU.

Original en :En Clave de África



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