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Julian Lahai Samboma

Panafricanista y autor de The Dialectic and the Detective: The Arab Spring and Regime Change in Libya, que está disponible en Amazon. Su sitio web es eBeefs.com.

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De trabajadores, periodistas y mendigos racistas
13/12/2019 -

El racismo en cualquier lugar es racismo en todas partes. No importa su forma, es una aberración y debe ser condenado por todos.

Si eres africano, una mujer, palestino en Israel, o perteneces a un grupo que está habitualmente sujeto a prejuicios por parte de una dominante población, puedes, fácilmente ,ver intolerancia en el momento en que muestra su grotesco comportamiento. Pero, ¿qué pasa si dicho fanatismo es de la variedad insidiosa— cuando no es tan descarado como, por ejemplo, ser llamado un "negro bastardo", una "vaca fea" o un "cerdo judío"? ¿Y qué pasa si el culpable es un conocido periodista de televisión?

Ese fue el problema con el que me enfrenté, alrededor de esta época el año pasado cuando, apenas una hora después de haber sido sometido a un evidente caso de abuso racial, presencié, incluso, sufrí, otro, pero más sutil ataque racial, que fácilmente podría haberme pasado desapercibido al igual que a muchos de los que estaban presentes. ¡Podrías llamarlo el día que sufrí un doble golpe racista! Aunque en ese momento noté que el segundo incidente fue "sospechoso", no registró como evidentemente racista. Esa fue la razón por la que nunca escribí sobre ello. Entonces, ¿qué me ha hecho levantar esta auto impuesta moratoria?

La epifanía, por así decirlo, llegó recientemente cuando asistí a una conferencia en la que un colaborador desde la sala hizo una pregunta retórica. Hablaba de un grupo de trabajadores blancos que culpaban a los migrantes por la pérdida de sus empleos. Según el individuo, los trabajadores blancos no estaban siendo racistas; solo estaban protegiendo sus empleos.

El tono, como sin dar importancia, en el que pontificó dejó a uno con muy pocas dudas de que creía que ninguna persona de mente o character sano podría estar en desacuerdo con esa posición "razonable". Entonces, sucumbiendo a la arrogancia de seguridad en sí mismo, hizo su retórica pregunta.

"Ahora, eso no fue racismo, ¿verdad?" dijo con una espléndida sonrisa mientras extendía sus manos abiertas.

"Fue", respondí rápidamente desde mi fila cinco o seis asientos a su izquierda.

El hombre quedó claramente sorprendido, tal vez por la rapidez o la claridad sin lugar a dudas de mi respuesta y me dijo. "¿Está Usted seguro de eso?"

"Sí".

Entonces el hombre dijo algo sobre ser más mayor y, por lo tanto, bendecido con más experiencia. De todos modos, el punto aquí es que, en una fracción de segundo, vi un claro caso de racismo. De hecho, había experimentado un "momento de claridad", según lo definido por Jules Whitfield, el personaje que Samuel L. Jackson interpreta en Pulp Fiction. Y luego, sin darme cuenta, mi mente volvió al “sospechoso” incidente mencionado anteriormente. Pero, gracias a mi momento de lucidez, ese "sospechoso"incidente se transformó, en esa fracción de segundo, en un claro caso de racismo. Antes de profundizar en esos eventos de antaño, intentaremos una breve crítica de la posición aparentemente "inexpugnable" del preguntador mayor en edad sobre esos trabajadores.

Racismo con cualquier otro nombre apesta igual de mal

Primero, los trabajadores no deben culpar a otros trabajadores de la incidencia del desempleo o la pérdida de empleos. La culpa es, generalmente, de aquellos que formulan las políticas económicas, es decir, el gobierno. Además, si esas políticas no hubieran sido dictadas por intereses locales de clase, en primer lugar, habría empleo para cada trabajador que quiera trabajar. En segundo lugar, ¿esos trabajadores blancos británicos habrían culpado a otros trabajadores blancos británicos de quitarles sus trabajos? ¡Claramente no! Eso sería ridículo. Siempre habrá un ejército de trabajo de reserva simplemente por la forma en que se maneja la economía bajo el capitalismo.

Finalmente, es falso afirmar que los trabajadores estaban "simplemente defendiéndose" para proteger sus medios de vida. Esa excusa es un regalo del cielo para el irrevocablemente agitador racista. Es una cláusula de salida que les permite exhibir sus prejuicios en el extranjero bajo la falsa bandera de la llamada protesta económica de buena fe. En una palabra, no solamente re formula racismo con una nueva apariencia, sino que también lo legitima al vincular actitudes racistas con la legítima lucha de la clase trabajadora. Así armados, los enemigos de trabajo necesario real pueden dividir y conquistar a los trabajadores según la barra de color en interés del capital, también conocido como trabajo muerto.

En el mejor de los casos, esos trabajadores blancos eran culpables de racismo mezclado con miedos sobre la seguridad laboral, similar a lo que algunos socialistas que conocí en una ocasión llamaban "racismo suave". Pero no estamos en un sofisticado concurso sobre finura de palabras; racismo con cualquier otro nombre apesta igual de mal, ¡ya sea que provenga de "blancos" o de "negros"!

Ahora viajaremos en el tiempo a ese día soleado y algo frío a finales de abril de 2018, el día en que conocí a dos racistas en persona. Estaba en un grupo de miembros del partido laborista que se había reunido afuera de un edificio en Westminster, a tiro de piedra del Parlamento Británico. No soy laborista. Estaba allí debido a la protesta del grupo contra la suspensión y posible expulsión de un destacado activista negro, Marc Wadsworth, por presunto antisemitismo.

Dentro del edificio que estaba siendo piqueteado, estaba reunido el comité disciplinario del partido laborista, deliberando sobre el destino de Wadsworth. Unos pocos periodistas se encontraban a poca distancia de los manifestantes, que en cualquier momento no sumaban más de 30. Cuando algunos manifestantes se iban, otros tomaban su lugar. Esporádicamente cantaban eslóganes en apoyo de Wadsworth, en un tiempo líder de la ahora desaparecida Alianza Antirracista.

El primer incidente racista tuvo lugar unas pocas horas después de mi llegada. Frío, y con una vejiga que amenazaba derramarse en la acera, me había ido a buscar el pub más cercano para usar su baño. Por mala suerte, no había pubs en las cercanías y la presión sobre la vejiga continuó aumentando. Entonces, el querido lector entenderá cuando diga que apenas otorgue un segundo vistazo al hombre recostado contra una puerta que me pidió dinero cuando pasé junto a él más rápido que The Flash.

Eventualmente pude usar el baño en un pequeño hotel, gracias a su superhéroe portero. Al volver sobre mis pasos me encontré por segunda vez con el hombre que me había pedido una libra antes. Repitió la solicitud. Lo miré en tono de disculpa y le dije: “Lo siento, amigo. No tengo cambio". Y no lo tenía, porque lo había usado antes para tomar una taza de té. Mientras continuaba mi camino, la respuesta a gritos del hombre - "Put ** negro bastardo" - me persiguió como un mensajero a mis talones.

"Bastardo" es el embalaje, "negro" el elemento incendiario

Esas palabras resonaban en mis oídos cuando regresé a la improvisada línea de piquete. Lo que me atrapó no fue que me hubieran arrojado un insulto racial. No era que otro ser humano pensara que era "mejor" que yo simplemente porque yo tenía la piel "negra" y él "blanca". Tampoco fue porque un hombre al que le habría dado dinero me había llamado "con un insulto". Ni siquiera era el hecho de que un hombre que obviamente creía que mi "situación económica" era mejor que la suya, sin embargo, creía también que era un ser humano "mejor" o "superior" por la simple casualidad biológica de tener un tono de piel más claro que el mio. No, eso no fue todo.

Lo que me llegó al alma fue que no se contentó con llamarme "negro bastardo", como lo habría hecho el resto de su calaña. Para esas personas, es la palabra "negro", cuando se une a "bastardo", lo que mantiene el potente character abusivo. En una forma de hablar, "bastardo" es simplemente el empaque, la tubería de plomo; la palabra "negro" es el elemento incendiario en la mecha de la bomba del abuso racial. Efectivamente, "negro" para ellos es un término de abuso, razón por la cual el racista puro, artículo de buena fe, es reacio a usar la palabra "negro" para describir a una persona negra que "aprecian mucho". En estos casos excepcionales utilizan en su lugar de "color", o incluso "africano".

Incluso el famoso actor de Hollywood Liam Neeson se contentó con quedarse con el acostumbrado "negro bastardo", mientras relataba cómo una vez quiso matar a un hombre negro. Tenemos que hacer concesiones para este amado y legendario hombre de acción, ¿no es así?. Además de ser un ícono de Hollywood extraordinariamente famoso, bueno y brillante, después de todo solo se refería a un despreciable violador, ya sabes. En mi categoría de valores, el líder israelí Benjamin Netanyahu es un hombre muy, muy malo, un criminal; pero ¿nos darían "pases de Hollywood" si, hipotéticamente, lo llamáramos “cerdo judío"? ¿Qué de llamar a la asesina en serie Aileen Wuornos “zorra fea"? ¿Seria eso también correcto? ¡Sólo pregunto!

De todos modos, volvamos a nuestro amigable vecino "preguntador de turno". No, "negro bastardo” no fue suficientemente bueno para él. Podía haber estado disfrazado de mendigo el día que lo conocí, pero ese hecho no le resta valor a su agudeza mental. Mi negrura cristalina evocaba su unicidad masculina, su espíritu creativo; fue tan ofensivo para él que tuvo que ir un paso más allá, a saber: "Put ***** negro bastardo". Eso era como decir "doble negro bastardo "; o, mejor aún, ¡negro bastardo al segundo poder! En una palabra, o más bien en notación, "bb2" - ¡negro bastardo al cuadrado!

Eso, querido lector, es lo que me atrapó: en lugar de gastar, lo que podríamos llamar su creatividad, en algo que valiera la pena, lo había puesto al servicio del mal. [El alcance de este ensayo no nos permitirá debatir si el racismo del hombre fue producto de la ignorancia. Si fue así, ¿qué está haciendo nuestro bien educado liberal periodista de televisión en la cama con él?] Pero aun así, aparentemente no pensé que fuera importante, o lo suficientemente humillante como para escribir sobre ello en aquel momento. Esa omisión estaba relacionada con el (ahora correctamente definido) incidente racista que involucraba al conocido reportero de televisión, desde ahora lo llamo Sr. Reporter.

Había acudido a la protesta un poco más tarde que el puñado de reporteros presentes, todos los cuales eran, aparentemente, de medios impresos no de televisión (sin operadores de cámaras). El Sr. Reporter es una "celebridad" reconocible al instante, cuyo estilo de presentación de noticias podría llamarse "confrontacional", a veces provocativo. Pertenece a lo que yo llamo la escuela de periodismo Jeremy Paxman según el expresentador de Newsnight de Broadcasting Corporation, que ocasionalmente levantaba las narices de políticos evasivos haciendo preguntas puntuales de manera repetitiva e irreverente. Esto puede, a veces, ser divertido, siempre y cuando no esperes que sus practicantes cuestionen o desafíen el orden racista burgués. Son simplemente elementos a través de los cuales los medios imperialistas pueden engañarse a sí mismos de que su periodismo es "inquisitivo" o "valiente". Antes de este episodio, no tenía una "posición" sobre el Sr. Reporter, aparte de que era un periodista entretenido del establishment.

Simplemente no esperes que desafíen el orden racista burgués

Y así sucedió que durante una pausa en cánticos de "Restablecer a Marc Wadsworth" y eslóganes similares, los liberales de izquierda portadores de pancartas se dieron cuenta de repente, con sorpresa, de la presencia del inesperado Sr. Reporter y su camarógrafo, recién llegados a la escena. Se abalanzaron sobre él como buitres que se posan sobre carne muerta. Había quizás unas 15 personas en el bullicioso grupo. En realidad no estaban gritando, solo hablando en voz muy alta al periodista que no corría ningún peligro físico.

Alguien dijo que el Sr. Reporter había acudido a su protesta para "informar erróneamente" de la verdad. Una anciana lo acusó de que solo había ido allí para dejarse ver y que su informe "ya había sido escrito" para él. Fue llamado "miembro del establishment" por un manifestante de las Indias Occidentales. Muchas otras acusaciones fueron lanzadas contra Señor Reporter (y sus jefes ausentes), de ser simpatizantes sionistas, difundiendo noticias falsas y apoyando la agresión imperialista de 2011 contra Libia.

El muy ruidoso y animado grupo incluía personas de todas razas y colores, tanto hombres como mujeres. El encuentro estuvo lejos de ser amenazante; en todo caso, parecía de buen humor y espíritu, al menos desde la perspectiva de los manifestantes, muchos de los cuales reían. Sin embargo, Sr. Reporter se lo estaba tomando todo muy en serio, y de manera personal.

Y entonces noté que su reacción fue muy selectiva. Para ser exacto, solo respondió a las burlas y acusaciones hechas por los negros en el grupo. Y las respuestas fueron de un tipo particular, es decir, una solicitud a la persona a que definiera una palabra o frase que acababa de usar en su contra. Así, por ejemplo, al hombre negro que había dicho que Sr. Reporter era miembro del establishment no solo le pidió que definiera la palabra sino que también la deletreara. Pidió a otro que definiera y deletreara "fake news". Observé por un tiempo este extraño espectáculo sin saber cómo reaccionar.

Sin tardar me metí también en la refriega, acusando que su cadena de televisión apoyaba la agresión imperialista contra Libia en 2011. Y, fiel a la forma recientemente mencionada, me preguntó si podía deletrear la palabra imperialismo. Le dije que podía, sobre lo cual me pidió que definiera la palabra para él. Respondí que sí y entonces me preguntó si podia explicarle el contenido de la palabra. Le conteste que no solo podía definir el imperialismo, sino que había, también, escrito un libro sobre ello en el que critico a su colega presentador de noticias por su servil acatamiento al imperialismo durante la agresión occidental contra Libia.

Eso pareció darle una pausa para pensar, mientras se esforzaba por lograr que su mini cerebro calculara el hecho fantástico de que este mono de pie en frente de él no solo podía deletrear y definir palabras, sino que también podía unir suficientes frases juntas en una configuración que se puede denominar libro. Mientras que su cerebro de guisante se sobre calentaba, le aconsejé que visitara mi web para obtener detalles del libro. Concluí el intercambio haciendo la observación de que la principal lectora de noticias en su canal se había transformado a lo largo de los años en una "mini-yo" de dicho presentador de noticias justo ante la vista de los espectadores.

En mi camino a casa pensé mucho sobre ese incidente. ¿Fueron las selectivas preguntas- respuestas de Sr. Reporter a sus "atacantes" negros equivalentes a racismo? No fueron tan evidentes como los insultos racistas habrían sido, de ahí mi reticencia a etiquetarlas como racistas, o escribir sobre ellas. Lo consideré, junto con el incidente con el mendigo, como dos de un tipo, por lo que no quería escribir sobre uno y no sobre el otro.

De hecho, sabía que su comportamiento era "sospechoso". Y supongo que también sabía que era racista, pero no quería etiquetarlo como tal, quizás porque no era "muy evidente" y podría ser percibido como un lobo rugiendo a un periodista de alto perfil sobre la base de “evidencia débil. Pero, ¿tenía miedo de que una acusación de racismo contra él pudiese arruinar su carrera? Geddoutahere, como dirían nuestros primos estadounidenses. Ser racista nunca arruinó la carrera del presentador de televisión Jeremy Clarkson quien, como sabemos, ha sido recompensado con un nuevo programa de televisión.

Solo tenías que rascar la superficie para que saltara el racista escondido

Gracias a mi mencionado momento de claridad, ahora he trascendido mis reservas acerca de llamar racista a ese incidente y escribir sobre él.

La elegida respuesta de Sr. Reporter, cuando fue efectivamente puesto contra la pared por lo que podría describirse libremente como una mafia, debería verse por lo que era: una “espontánea respuesta racista" surgiendo de un odio profundamente arraigado hacia los negros. Y esa animosidad, se puede argumentar, informa sobre su profunda convicción de que las personas de ascendencia africana están genéticamente predispuestas a ser de menor inteligencia en comparación con otras razas.

Hay que reconocer que en ningún momento durante estos bulliciosos intercambios estuvo el hombre bajo ninguna amenaza de daño físico. Las únicas cosas que recibieron un martilleo fueron su orgullo "profesional" y su "ética" periodística.

Esto nos lleva a la pregunta de cuántos periodistas en la corriente principal [los medios de comunicación], o incluso en los medios alternativos o de izquierda, tienen una inclinación similar, a pesar de que podrían haberse convencido de que no lo son, pero que la mencionada disposición podría manifestarse. En lo que podrían llamarse situaciones de "crisis", como cuando nuestro héroe se vio puesto, literal y figurativamente, contra una pared por una "mafia" multirracial que su deformada mente presentaba como tantos “inútiles put** negros bastardos ".

¡Por el amor de Dios, estas son personas que escriben historias e informan sobre problemas que afectan la vida cotidiana de los negros, tanto en este país como a nivel internacional! ¿No colearía tal arraigada animosidad hacia los negros la forma en que hacen su trabajo? Por ejemplo, ¿jugó el racismo algún papel en la forma en que cubrieron la agresión occidental de 2011 contra Libia?

Tendría que ser recordado que los medios de comunicación occidentales, como escribí recientemente, difundieron universalmente la desinformación en 2011 de que los llamados mercenarios africanos negros habían estado matando a "manifestantes inocentes" a instancias del coronel Gadafi. Este informar de fake news por la Brigada de Propaganda Occidental, Fourth Estate Regiment, condujo directamente al genocidio de africanos en Libia. Esto suena inquietantemente similar al papel que jugaron los medios de comunicación Hutu de Ruanda en el genocidio de hasta 800,000 Tutsi y moderados Hutu en 1994. Posteriormente, esos trabajadores de los medios de comunicación se enfrentaron a medidas para establecer justicia. Pero, ¿dónde está la investigación de Naciones Unidas sobre el papel de los medios de comunicación occidentales en el genocidio africano de Libia? ¿Cuándo irán esos periodistas culpables del Reino Unido a las celdas de la prisión Pentonvile de Su Majestad? ¿Cuándo serán enviados sus camaradas de armas de los Estados Unidos a la famosa prisión de Angola en Luisiana, donde los presos afroamericanos furiosos harían cola para conocerlos en el sentido bíblico?

Esto me recuerda al caso de Michael Richards, que interpretó a Cosmo Kramer en la comedia de Estados Unidos, Seinfeld, uno de mis programas de televisión favoritos. Aunque era partidario de Elaine "He took it out" Benes, sin mencionar a George "It shrunk" Costanza (interpretado, respectivamente, por Julia Louis-Dreyfus y Jason Alexander), también me gustaba la forma en que Richards retrató al personaje Kramer. Muy bien, entonces amaba a Richards. Y luego, aparentemente de la nada, irrumpió con una diatriba de abuso racista después de ser interrumpido en el escenario por una audiencia que incluía a personas negras. Nadie esperaba tal reacción; yo, al menos no. No diferente de Sr. Reporter, solo tenías que rascar la superficie para que el oculto racista saltara hacia ti.

¿Y entonces puedes estar diciendo, quién es este misterioso Mr Reporter? Bueno, ahora que tenemos claro en nuestra mente la naturaleza racista de ese incidente, no parece haya razón para ocultar su identidad. Sin embargo, no voy a decir su nombre, por la sencilla razón de que realmente no importa quién es. Nombrarlo no cambiaría nada; solo impulsaría su carrera (recuerda lo que hizo la intolerancia para el orgulloso racista Clarkson). Es suficiente recordar a menudo que esas personas existen.

Pero aquellos lectores que realmente quieran conocer la verdadera identidad de nuestro héroe podrían hacerlo peor que seguir las pistas inadvertidas en este ensayo. Como lo expresaría el reportero de noticias del Canal 4 de Gran Bretaña, Michael Crick, no es ciencia espacial.

Julian Lahai Samboma

Fuente: Pamabazuka News

[Fundación Sur]


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