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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Como hacer un programa de radio desde la selva centroafricana sin sufrir un ataque de nervios, por José Carlos Rodríguez Soto

20 de junio de 2012.

Desde hace algo más de cuatro años cada semana grabo dos emisiones para el programa “África Hoy”, de Radio Exterior de España, dirigido por el gran profesional Enrique Jacinto. Es una de mis actividades profesionales que me resulta más gratificante. Ni que decir tiene que además de ayudarme a mantenerme al día de la realidad africana uno tiene también la satisfacción de saber que muchos amigos hispanohablantes residentes en muchos países del continente me escuchan y se interesan por los temas de los que hablo. Pero ustedes me perdonarán si hoy les hablo de la parte más ingrata de este trabajo, la que tiene que ver con las dificultades técnicas que uno se encuentra a la hora de grabar en los lugares más insospechados.

Cuando uno está en España la cosa no suele tener el más mínimo problema. Un día antes de grabar nos ponemos de acuerdo sobre los temas y me los preparo. Me dicen a qué hora me van a grabar, me llaman a un teléfono fijo, me entrevistan y asunto terminado hasta la semana siguiente. La cosa suele ser más complicada cuando me encuentro en algún rincón de África donde los medios técnicos no son los más adecuados. Hoy me ha ocurrido en Obo, un rincón aislado perdido en la selva de la parte oriental de la República Centroafricana.

El día amaneció nublado y oscuro y, como era de esperar, a las nueve comenzó una fuerte tormenta que se paró a las once menos cuarto. Esperaba la llamada a las once en punto (doce del mediodía, hora de España) y ésta llegó puntualmente. “Hola, hola, ¿José Carlos?”. “Hola, Enrique, te oigo bien, ¿qué tal?”. Silencio inquietante y otra vez: “Hola, hola, ¿José Carlos?”. “Sí, soy yo, te oigo bien, ¿tú me oyes? Más silencio. Está claro que no me oyen. De repente se corta la línea.

Nueva llamada y otra vez la misma conversación. Yo le oigo pero el director del programa no recibe mi sonido. Así que con cara de resignación llamo yo. Esta vez sí me oye y le digo que aprovechemos la línea aunque pague yo y grabemos. Pero Enrique, que sabe que los fondos de mis bolsillos no son muy profundos, me dice amablemente que no, que cuelgue y que lo va a intentar de nuevo. Así seguimos con diez minutos de intentonas hasta que finalmente me llaman pero no se me oye bien. Cojo entonces el ordenador, donde tengo el guión escrito, y con el laptop en una mano y el teléfono en la otra puesto en la oreja salgo al exterior y ahí sí se recibe el sonido se recibe más o menos aceptablemente. Empezamos a grabar.

“Estamos una semana más en compañía de nuestro colaborador José Carlos Rodríguez… Cuéntamos, ¿Qué ha ocurrido recientemente en la República Centroafricana?” Me dispongo a contar la última intentona de golpe de Estado protagonizada por el sobrino del presidente cuando empiezo a escuchar el balido insistente y agudo de tres cabras y veo varias de ellas venir hacia mí. Así que mientras empiezo a contar la historia me levanto con el ordenador en una mano y el teléfono pegado a la oreja en otra y me cambio de lugar hasta sentarme debajo de un árbol algo apartado.

“Y ¿qué dice el último informe de Naciones Unidas sobre la seguridad alimentaria en Centroáfrica?” Me dispongo a responder cuando me doy cuenta de que estoy al lado de un camino y mira tú por donde el único coche que pasa una o dos veces al día, el de la Cruz Roja Internacional, se acerca hacia donde yo estoy. Vuelta a repetir la maniobra haciendo juegos malabares con los dos aparatos mientras procuro decir sin inmutarme que el 42% de la población está subalimentada y entro en el interior del patio de la casa parroquial donde me hospedo mientras me siento en un escalón a la puerta de la cocina. Hago señas al cocinero para que baje la radio y cuando llevo dos párrafos leídos y me llega la tercera pregunta sobre el número de desplazados internos en el país veo que se me acercan tres muchachos en bicicleta con la radio a todo volumen. Otra vez me levanto y corro sin saber dónde voy a recalar para poder seguir grabando sin interrupciones. Me paro, esta vez de pie, en un rincón del pasillo y sigo hablando mientras miro a mi alrededor para calcular dónde me dirigiré si vuelvo a ser amenazado por algún ruido.

Efectivamente, el momento no tarda en llegar en forma de una señora que viene barriendo la casa cantando con ganas y de nuevo salgo en dirección contraria mientras comento al teléfono que desde la independencia del país ha habido una larga sucesión de golpes de Estado, motines y rebeliones y me sorprendo que con tantas carreras inesperadas la línea no se haya cortado. Finalmente, termino de responder a la última pregunta, contento de que no haya tenido que subirme a ningún árbol para poder terminar la grabación en paz.

“Hasta la semana que viene”, se despide de mí el director del programa. “Hasta la semana que viene”, respondo aliviado mientras espero que el jueves próximo pueda tener una mejor conexión. Si entre los lectores de este blog hay algún residente en algún país africano que me escucha uno de estos días hablar de Centroáfrica con ambiente de fondo de balidos de cabras, kirikirís de gallo, música sukús o canturreos de señora le ruego que me disculpe. No siempre puede uno informar al público desde un estudio con un sonido de primera.

Original en : En Clave de África



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