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Juan José Tamayo

Teólogo vinculado a la teología de la liberación. Es profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid, secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXXIII y autor de una abundante obra escrita sobre su especialidad, además de colaborador asiduo de numerosos medios de comunicación.

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¿Cómo deconstruir el discurso y las prácticas de odio?, por Juan José Tamayo
11/05/2021 -

Durante la campaña electoral de la Comunidad de Madrid se ha normalizado el discurso de odio, que se ha traducido en prácticas violentas hasta llegar a las amenazas de muerte. ¿Cómo responder a dichos discursos y tamañas prácticas de odio, que con frecuencia desembocan en violencia? ¿Tendremos que resignarnos y aceptar su normalización como un fenómeno instalado en la vida política y religiosa con el que tenemos que acostumbranos a convivir algo? En absoluto. No podemos cruzarnos de brazos y convertirlo en costumbre. Es necesario responder. Ofrezco a continuación las siguientes propuestas por si fueren útiles para dicha respuesta:

1. No se pueden legitimar los discursos y las prácticas de odio con el silencio. No podemos callar ante los odiadores, ni dejarnos amedrentar por ellos, ni tener miedo a las represalias. Hay que eliminar toda aquiescencia y connivencia con el odio, ya que cualquier signo de aquiescencia constituye un refuerzo del mismo. Es necesario responder con el rechazo explícito. La defensa de la igual dignidad de todos los seres debe ser defendida sin miedo como imperativo categórico que no admite silencio, cobardía, excusa o excepción.

2. No se debe considerar el odio como algo natural e inevitable, porque no lo es. Se trata de algo que se incuba, se programa, se cultiva, se fomenta a través de los múltiples mecanismos que tienen quienes lo practican y los que los apoyan.

3. No se puede normalizar el odio, por muy dramáticas que sean las situaciones que pretendan justificarlo. No se debe permitir que el odio se torne costumbre y se instale en el imaginario social.

4. Hay que eliminar las causas que puedan provocarlo. ¿Cómo? A través de iniciativas sociales, de proyectos públicos, de transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales, educativas, etc. capaces de quitar toda base social al odio y a las personas odiadoras.

5. No responder al odio con más odio, porque, como en el caso de la respuesta violenta a las prácticas de violencia, genera una espiral imparable de violencia, la reacción discursiva y práctica de odio a los discursos y prácticas de odio, generará una espiral imparable del odio.

6. Analizar el contexto en que se produce el odio y las causas que lo provocan para ir al fondo de dichas actitudes y prácticas, y no quedarnos en la superficie.

7. Hacer un elogio comprometido de lo diferente y lo “impuro”, y reconocer a los otros y las otras no como alteridades negadas, sino como como iguales y diferentes.

8. Observar el odio antes de su estallido para prevenir sus mortíferas consecuencias. Lo que requiere análisis rigurosos de las situaciones y contextos en los que se produce.

9. Tener el valor de enfrentarnos a él como condición necesaria para defender la democracia, ya que el odio políticamente organizado constituye una de las mayores amenazas contra la democracia.

10. Adoptar una visión abierta de la sociedad, respetuosa del pluralismo a todos los niveles: político, religioso, social, cultural, étnico, etcétera.

11. Ejercer la capacidad de ironía y de duda, de la que carecen los generadores de odio, enfundados como están en certezas absolutas, identidades singularistas y seguridades ególatras, gestos airados y actitudes violentas. Frente al discurso del odio tendríamos que seguir la propuesta de Frida Kahlo:

“Reír me hizo invencible.
No como los que siempre ganan,
Sino como los que nunca se rinden”.

12. Construir comunidades no discriminatorias, sino integradoras donde quepamos todas y todos, también la naturaleza, practicando la eco-fraternidad-sororidad, la ciudadanía-mundo y la cui-dadanía (de cuidados), que nos obliga a todas y todos por igual.

13. Respetar y reconocer la dignidad y los derechos de la naturaleza, de la que formamos y somos parte, frente a la depredación de la que es objeto por parte del modelo de desarrollo científico-técnico de la modernidad.

14. No es suficiente con responder a los discursos y prácticas de odio con lenguaje y eslóganes simplistas como son los de quienes practican el odio. Es necesario contra-argumentar todo intento de legitimar y de normalizar el discurso y las prácticas de odio con prácticas y argumentos basados en la igual dignidad de todos los seres humanos.

15. Hemos de asumir el compromiso de luchar contra las formas cotidianas que conducen al desprecio, a la denigración, al rechazo, al odio, a la discriminación de las personas consideradas diferentes.

16. Es necesario activar y apoyar políticas que contribuyan a genera amor, cooperación, solidaridad, projimidad, amistad, cercanía, compasión, cuidado de las otras, de los otros, y desterrar políticas que fomenten odio, rechazo, enfrentamientos, etc.

17. No podemos eximirnos de responsabilidad alegando que el odio racial y xenofóbico es algo innato, natural, genético contra lo que no se puede hacer nada. Se trata de una construcción humana y lo mismo que lo hemos construido podemos y debemos deconstruirlo.

18. Hay que ayudar a las personas odiadoras a salir de tal estado y evitar que se convierta en crónico, ya que sería destructivo para las personas que odian y para las personas y colectivos a quienes se dirige el odio. No debemos considerar a los odiadores como personas irredentas e irrecuperables. No podemos dejarlos solos enfangados en su odio. ¿Cómo podemos ayudarlos? Haciéndoles ver lo infundado de los motivos por los que odian.

19. El odio no siempre está fuera de nosotros y nosotras. También nosotros podemos ser generadores y transmisores de odio. Por eso tenemos que realizar un acto de introspección, es decir, mirar a nuestro interior y revisar nuestras emociones, nuestras inclinaciones a la ira, al asco, al odio y a las microfobias anidadas en nuestros rincones mentales y sentimentales.

20. Tenemos que huir de la uniformidad, de la imposición de las propias ideas y conductas y respetar el pluriverso, que requiere activar la cooperación, el respeto a las personas diferentes, las plurales identidades afectivo-sexuales, más allá de la heteronormatividad y la binariedad sexual, la diversidad religiosa, étnica, cultual, ideológica, afectivo-sexual y ética como riqueza de lo humano, la diferencia como derecho y el derecho a la diferencia. Es el mejor antídoto para desactivar los discursos y las prácticas de odio y fomentar la convivencia eco-fraterno-sororal.

21. Los sectores cristianos progresistas y comprometidos en la liberación no pueden recluirse en la esfera religiosa, ni limitarse a trabajar por la reforma de la estructura jerárquico-patriarcal de las instituciones eclesiásticas. Esa tarea es necesaria y urgente, pero también lo es y de manera más imperiosa, si cabe, intervenir en el debate cultural, político, social, económico público y romper la hegemonía que en este momento tienen los sectores religiosos integristas y fundamentalistas que dicen defender los valores cristianos cuando, en realidad, se encuentran en las antípodas de los valores originarios del cristianismo liberador.

22. Nuestra participación en el espacio público debe caracterizarse por la defensa de los valores morales igualitarios, ecológicos, fraterno-sororales, decoloniales, la práctica de la compasión con las personas que sufren en su propia carne la injusticia estructural y la violencia de género, y la lucha contra las desigualdades de todo tipo en el horizonte de la Utopía de Otro Mundo Posible.

23. En el debate cultural es necesario mostrar que las religiones no siempre son el opio y la alienación del pueblo, sino que pueden ser -y de hecho lo están siendo en los diferentes movimientos religiosos de base ubicados en el mundo de la marginación al servicio de la liberación de los sectores más vulnerables- fuente e impulso de liberación, Hay que mostrar que las religiones no tienen por qué ser generadoras de odio y de prácticas violentas, sino que proponen mensajes y prácticas de amor solidario , que debe traducirse políticamente en el compromiso por la construcción de una sociedad más justa, solidaria, intercultural, interétnica, interreligiosa, fraterno-sororal, inclusiva y eco-humana.

* Estas propuestas son una reelaboración y actualización de las desarrolladas en mi libro La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Editorial Icaria, Barcelona, 2021, 2ª edición).

Juan José Tamayo

[Fundación Sur]


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