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Inicio > REVISTA > Opinión >

Camerún: Carta a Su Santidad, el Papa Benedicto XVI
24/03/2009 -

En el momento en el que desde que, desde mi despacho, me dispongo a escribirle, oigo la voz de los compatriotas invisibles que parecen preguntar: “¿Por qué quieres molestar al Papa? Déjale respirar, no necesita escuchar nuestros problemas; los trapos sucios se quedan en familia”.

Sí, Su Santidad, le considero como el padre de la familia católica mundial. Sí, Su Santidad, es el pastor supremo de la Iglesia católica para escuchar nuestros problemas. Sí, Su Santidad, hace que compartamos en el fondo de nosotros la esperanza de aligerar nuestra penitencia. La decisión de escribirle hoy surge de la urgencia y de la contingencia; es necesaria y no accesoria; es central e incluso crucial.

Cuando mañana pasee bajo el sol de Camerún, se dará cuenta de que los ciudadanos de todas las obediencias religiosas y políticas se han movilizado para recibirle. Algunos se han desplazado desde su lejana región hasta la capital para verle y recibirle de corazón. Otros han preferido quedarse en sus casas para seguir su visita desde los medios; será, supongo, como cuando su predecesor, Su Santidad Juan Pablo II, visitó por primera vez Camerún en 1985. Reunidos alrededor de un transistor de radio, los paisanos de un pueblo del oeste de Camerún, que en su rutina van al campo todos los días sin ninguna dificultad, pasarán cerca de dos días siguiendo las voces de aquellos que retransmiten el recorrido del soberano pontificio.

Como en aquella época, fuera de las fronteras camerunesas, los cristianos africanos han vuelto a desplazarse por usted hoy. El gobierno camerunés, ya que tiene una cierta proximidad con la Iglesia católica y que usted mismo es el jefe del Estado del Vaticano, ha puesto en marcha, junto con la Iglesia católica de Camerún, todos los ingredientes protocolarios y logísticos para que el trayecto de su visita a nuestro país sea una odisea angelical. Esperamos un Mesías en Yaoundé.

Sin embargo, Su Santidad, miles de trabajadores han decidido hacer huelga esta mañana. Se han organizado conciliábulos desde la semana pasada entre las empresas, sus ministerios de “tutela” y el Ministerio de Trabajo y de Seguridad Social, para desactivar una bomba tardía que podría mancillar su visita a nuestro país. Aparentemente, los protagonistas de estos movimientos sociales ya se han puesto de acuerdo para dejarlos hasta que se vaya del país. Pero nunca se sabe, la convicción de la reivindicación de sus derechos puede ser más fuerte y puede que decidan manifestarse de todas formas cuando usted esté aquí.

Por el amor de Dios, no lo considere como una trampa por parte del gobierno camerunés, y menos como una variante de atentados simbólicos conocidos ya en todo el mundo. Será solamente la expresión del cansancio de las masas trabajadoras, aquellas que, naturalmente, reunirán una impresionante jauría de parados en las mismas circunstancias, que quieren atraer su atención hacia su situación: paro, subempleo, salarios muy bajos, ausencia de seguridad social, condiciones de trabajo rudimentarias, etc.

Todos ellos tienen la impresión de que, a pesar de sus lloriqueos esporádicos, sus directores generales, sus ministerios, su Primer Ministro y el Presidente de la República no les escuchan, ya que su situación nunca cambia significativamente. Saben que usted va a encontrarse con estos dirigentes. Desean que usted les lleve su grito de miseria. Quieren que usted grite a la injusticia como la Iglesia sabe, tan a menudo, ponerse a favor de “la parte de la humanidad contra los misántropos sublimes”. Reclaman su palabra, aquella que llegará a los corazones de los dirigentes con el fin de mejorar al fin sus condiciones de vida y trabajo.

Santo Padre,

Mañana, cuando llegue, se dará cuenta de que nuestra capital está limpia, que nuestros aeropuertos están despejados. Los sitios que visitará normalmente no son como le parecerán. El gobierno los ha “limpiado”. En el curso de esta operación, muchos ciudadanos han perdido lo que era indispensable para su supervivencia. Los comerciantes han sido brutalmente expulsados de los aeropuertos y sus mercancías desperdiciadas; otros han sido acorralados en el centro de la ciudad y sus negocios saqueados.

He oído a mucha gente lamentarse así: “Podrían habernos pedido que nos fuéramos porque venía el Papa, lo habríamos hecho tranquilamente; igualmente podrían habernos perseguido sin destruir nuestras mercancías, habríamos pasado por eso. Estamos contentos de recibir al Papa, pero cuando se vaya, ¿qué vamos a comer?”

Nadie puede recibirle en la suciedad y el desorden, está claro. ¡Pero cuando se destruye, rompe, machaca y saquea el material de un vendedor ambulante y se le dan un par de bofetadas en vez de echarle simplemente del espacio que ocupaba porque era inapropiado para el comercio!

Todo el mundo quiere una ciudad limpia donde los ciudadanos sean responsables; pero se ha dado una maldad y un odio gratuito en lo que ha pasado en Yaoundé bajo el pretexto de preparar su visita o de sanear la capital. Además, se rompe el termómetro en vez de curar la fiebre, ya que no se ha resuelto ningún problema, sino que se han creado otros, por el contrario.

Su Santidad el Papa Benedicto XVI,

La incapacidad de nuestro gobierno para ofrecer un mejor entorno de expresión para los talentos de nuestro país ofrece un triste espectáculo del éxodo masivo de jóvenes que eligen los caminos de una aventura occidental o asiática incierta porque dudan de su futuro en su casa, en su propio país. Los que deciden quedarse se exponen a estar en una sociedad de jóvenes generalmente titulados pero sin empleo.

Son sus mercancías las que el gobierno ha mandado a la policía desechar bajo el pretexto de preparar su “acogida”. Estos miles de jóvenes le reciben hoy con el corazón partido. Esperan que usted reclame su sufrimiento al presidente Biya, y que su voz llegue a su corazón, al igual que al de los ministros.

Estos jóvenes creen, sobre todo, que viven mal o que se mantienen en su situación porque los dirigentes caen el la corrupción y en el mal uso de los fondos públicos, que podrían haber sido invertidos para poner una sonrisa en la cara de los niños que no pueden curarse cuando están enfermos. Lo que es más, miembros de la Iglesia católica de Camerún mantienen relaciones aparentemente cómplices con ciertos predadores de la fortuna pública que hipotecan el futuro de los jóvenes. Algunos crímenes, incluidos aquellos cometidos contra miembros del clero, aún no han sido resueltos.

Santo Padre,

El pueblo, me parece a mí, tiene necesidad de saber que usted ha discutido estas cuestiones con sus dirigentes. Sabe que usted no tiene la solución, pero que su voz cuenta. Camerún acoge al arzobispo supremo de la Iglesia católica romana y al jefe de Estado del Vaticano, pero mucho más un mesías que, con palabras, podrá liberar a nuestros gobernantes de sus pecados; los mismos gobernantes que, al mismo tiempo, liberarán a un pueblo de sus llantos.

Haciendo esto, convencerá a mis ciudadanos más escépticos de que su primera visita a Camerún no es un viaje en vano.

Mientras le espero, ¡bienvenido y que tenga una buena estancia en las tierras camerunesas!

Publicada el 16 de marzo en Le Messager, Camerún.

(Un día antes del comienzo de la visita papal a Camerún y Angola, que tuvo lugar la semana pasada).

Traducido por Arantza Cortázar, alumna de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid Traducción /Interpretación, colaboradora en la traducción de algunos artículos.


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