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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Aquí no hay Reyes Magos, por José Carlos Rodríguez Soto

30 de octubre de 2013.

A mi hijo de cinco años no le gusta África porque dice que allí no hay Reyes Magos . El origen de su disgusto se remonta al 6 de enero de este año , cuando él, su hermanita, su madre .ugandesa y yo nos encontrábamos en el pueblo de mi mujer de vacaciones y mi niño descubrió con desilusión que a pesar de que había dejado la noche anterior los zapatos a la puerta de la habitación por la mañana no había nada de nada, ni para él ni para sus primos con quienes jugaba desde hacía dos semanas correteando por colinas y subiéndose a los árboles en aquella región cercana a la frontera con el Congo.

Cuando aquel día fuimos a misa comprobó lo que más temía: que ningún otro niño había recibido la visita de los Reyes Magos . “Es que por aquí no pasan porque Uganda les pilla muy a desmano”, intentó explicarle mi cuñada. De nada sirvieron sus explicaciones y las nuestras. Se pasó el resto del día enfurruñado y cada vez que habla de la carta que va a escribir este año deja muy clarito que no piensa volver a África el día de Reyes, aunque su firme resolución se suele tambalear cuando le recuerdo que también estuvimos en un parque nacional donde se lo pasó en grande viendo elefantes, jirafas y cocodrilos. Si le llevamos otra vez al parque, termina diciendo con tono conciliador, está dispuesto a reconsiderar su posición y volver a visitar el `pueblo de su madre, pero nunca, nunca, nunca, el 6 de enero.

Me acordé de la protesta de mi hijo el pasado domingo, cuando visité la casa de un barrio del extrarradio de Bangui donde estuve hospedado dos meses antes de que los rebeldes tomaran el poder a finales de marzo. Me pareció estar haciendo de rey mago cuando entregué a la familia que me acogió durante aquel tiempo algunos regalos que les había traído de España, incluyendo ropa para niños. Pierre, de ocho años, estaba loco de contento con su camiseta y su pantaloncito nuevos y me enseñó orgulloso su cuaderno de la clase de segundo de primaria. Como ha ocurrido con miles de niños en la República Centroafricana, perdió el curso escolar anterior debido al cierre de las escuelas ante la inseguridad crónica que siguió a la toma violenta del poder por parte de los milicianos de la Seleka. Su casa, como todas las de su barrio, fue saqueada hace pocos meses y perdieron lo poco que tenían. Pierre tuvo suerte después de todo. En otros hogares muchos niños han visto matar a su padre o violar a su madre delante de ellos.

Hace pocos meses dije a su abuela que quería hacerle un regalo al niño y me respondió que lo que más les gustaría es que este año no volviera a perder el curso. Le dije que matriculara a Pierre en un colegio religioso no muy lejos de su casa donde sé que recibirá una educación de calidad. Sus tasas escolares para todo el año me costaron poco menos de cien dólares. Pierre ha tenido suerte. Como muestra la primera página de su cuaderno, el primer día de clase fue el 18 de septiembre. Hay lugares en el país donde los enfrentamientos siguen desplazando a miles de personas y en los que el miedo y la inseguridad siguen impidiendo que las escuelas hayan podido comenzar con normalidad el nuevo curso.

Ayer, martes 29 de octubre, leí un informe que acaba de publicar Amnistía Internacional sobre Centroáfrica: (http://www.amnesty.org/en/news/central-african-republic-violence-security-forces-now-out-control-2013-10-29). Pone los pelos de punta, sobre todo cuando habla de los actos de violencia cometidos durante los últimos meses contra las personas más vulnerables de la población: las mujeres y los niños. Se asegura que puede haber todavía en los grupos armados que pululan por el país unos 3.500 niños soldado, y se incluyen varias fotos de niños de barrios de Bangui que han perdido una pierna, o las dos, en ataques indiscriminados con artillería. Ayer habló también el jefe de coordinación de la ayuda humanitaria de la ONU, John Ging, al término de una visita al país, y dijo que más de la mitad de la población necesita ayuda humanitaria urgente. He perdido la cuenta de cuántas veces distintas personalidades han dicho lo mismo. La ayuda sigue llegando tarde y con cuentagotas, sobre todo lo que la gente necesita más en estos momentos: la seguridad y la paz. De los 3.600 soldados prometidos de la fuerza de la Unión Africana apenas hay algo más de mil, e incluso cuando se llegue a este número serán insuficientes para desarmar a las bandas que siembran el terror en un territorio algo más grande que Francia.

Sé que cuando pasen algunos años mi hijo entenderá por qué los Reyes Magos no llegan a lugares como éste. Mi mujer ha intentado sugerirle otra forma de ver las cosas: si ellos no pueden llegar, podríamos ir nosotros y hacer de Reyes Magos para que los niños tengan regalos. También entenderá algún día que hay países donde el mejor regalo que puede recibir un niño es un curso de año escolar pagado, y poder vivir en paz con sus padres y el resto de la familia en su casa, y no en un campo de desplazados.

Original en : En Clave de África



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