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Inicio > Bitácora africana >

Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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África. Navidad sin luces ni consumismo, pero más feliz, por José Carlos Rodríguez Soto

23 de diciembre de 2010.

¿Cómo celebra la Navidad la gente en África? Aunque yo mismo pasé 20 años en Uganda y he visto muchas navidades allí, este año prefiero que sea Denis quien responda a esa pregunta. Denis es sobrino de mi mujer y trabaja como jefe de contabilidad en una empresa extranjera en Kampala. Cuando le encontré allí hace tres semanas me contó que, como mucha gente en la capital de Uganda, ha estando ahorrando durante varios meses para poder viajar con su mujer y sus dos niños a Erussi, su pueblo natal, unos 500 kilómetros al norte. Ha tenido suerte, porque su jefe le ha dejado su coche para que pueda viajar. No es probable que en Europa nadie hiciera algo así en su lugar de trabajo, pero en Uganda como en la mayor parte de los lugares en África la gente se ayuda y el “hoy por ti y mañana por mi” se vive de esta y otras maneras.

En Erussi, Denis y su mujer estarán hasta el 2 de enero, fecha en que volverán a Kampala de vuelta al trabajo. Durante esos diez días viven la sencilla alegría de estar con los familiares y los amigos a los que no han visto durante el año. Su madre, ya mayor, vive en el pueblo con dos de sus hijas y las jornadas transcurren saludando a amigos y conocidos con los que se sientan sin prisas, charlan, comen y beben. Este año las lluvias han venido bien y la gente tiene comida en abundancia. La familia de Denis vive en un recinto de chozas hechas de ladrillo y techo de paja. No hay valla ni muro, y la gente que pasa por allí se detiene a charlar sin prisas. El hecho de que ahora es la estación seca y hace más calor del habitual favorece la vida social, puesto que no hay trabajos de importancia que hacer en el campo y todos prefieren sentarse al fresco debajo de un árbol.

Denis y su familia son católicos practicantes y para ellos la noche de Nochebuena y el día de Navidad son ocasiones señaladas para ir a misa a la parroquia del pueblo. El coro se ha preparado a conciencia y la misa de Navidad puede durar dos o tres horas, con infinidad de cantos, bailes y procesiones. Todo el que ha podido ahorrar ha comprado un vestido nuevo a su mujer. No hace falta que sea muy caro. En el mercado de segunda mano se encuentran vestidos de diez mil chelines, unos tres euros al cambio, y eso basta para lucirse el día de Navidad. La iglesia se convierte no sólo en el lugar donde se reza, sino también en el lugar donde ver y ser visto.

Y después de la misa de Navidad, la comida en casa, sin prisas, y las visitas que van y que vienen. No hay grandes compras, ni luces, ni el consumismo del mundo occidental. Como en el África rural no hay supermercados ni la gente tiene frigoríficos en sus casas casi todos compran uno o dos kilos de carne el mismo día de Navidad por la mañana, de una vaca o una cabra que habrá sido sacrificada el mismo día. Quien tiene el equivalente a uno o dos euros para comprar un poco de carne estará contento de poder tener una comida de rumbo ese día.
Hay lugares de África donde la vida tiene tintes más dramáticos. Campos de refugiados, zonas de conflicto y de pobreza. Lugares donde la gente apenas come una vez al día, tienen una esperanza de vida de cuarenta y pocos años y donde muchos niños no llegan al quinto año de vida. Hace pocos años llevé a tres periodistas a visitar un campo de refugiados en el norte de Uganda y preguntaron a la gente cómo pensaban celebrar la Navidad. “Si consigo un poco de dinero compraré algo de pescado seco para cocinar ese día”, recuerdo que les respondió una mujer viuda que vendía carbón vegetal para dar algo de comer a sus seis hijos. A nadie le gustaría celebrar una Navidad así en Europa. Sin embargo, personalmente no puedo evitar pensar que el ambiente en el que nació Jesús de Nazaret hace dos mil años en Belén se parece mucho más a una sociedad pobre y en conflicto que a una sociedad acomodada y consumista. Lo que se celebra en Navidad tiene que ver con una familia pobre para la que no había lugar en ninguna posada y que al poco de tener al niño tuvieron que huir a Egipto para escapar de la violencia de un rey colérico. Así vino Dios al mundo. Y en circunstancias muy parecidas viven millones de seres humanos en muchos lugares de África.

Y en medio de todo esto, ya sea en un pueblo como Erussi donde la gente vive en paz, o un campo de refugiados, los ángeles cantan “gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz”. Paz sigue siendo el anhelo de África, y la esperanza y la alegría de todas las personas de buena voluntad.



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