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Inicio > Bitácora africana >

Ordoñez Ferrer, Carlos

Carlos Ordoñez Ferrer como él dice "Antes fui realizador de televisión. Ahora soy activista, viajero y escribidor. Es mejor para la salud" .

Colaborador de MUGA El Centro de Estudios y Documentación sobre Inmigración, Racismo y Xenofobia, MUGAK, impulsado desde SOS Arrazakeria, Organización que viene desarrollando su labor desde 1995.

Carlos Ordoñez Ferrer ha pasado nueve meses en Mozambique tiempo en el que ha escrito su blog Mozambiqueando que a partir de ahora podremos encontrar en nuestra página web

De vuelta a España realizó el Master "Información Internacional y países del Sur" de la Universidad Complutense de Madrid

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A Pemba, por Carlos Ordoñez

13 de abril de 2009.

De nuevo vamos al aeropuerto. Por el camino, Joaquim, el chofer nos cuenta que estos días están rodando una película en la capital

- ¿Una película? ¿De qué?
- Sí una película de Irak
- ¿De Irak?
- Si de la primera guerra del golfo. Allí –dijo señalando con el dedo hacia su izquierda- está todo lleno de tanques.
- ¿En serio?
- Sí y además sin permiso.
- ¿Cómo que sin permiso?

Era demasiado pronto y mis reflejos aún no se habían despertado del todo. Lo de los tanques me terminó de despabilar.

- Sí, son unos tanques que han traído para la película desde Sudáfrica y el permiso lo ha dado el responsable del departamento de cinematografía sin que el presidente y el Ministro de Cultura supieran nada.

Tanques sudafricanos en Mozambique. Al parecer no lo han sustituido porque la película está generando entrada de divisas.

Justo antes de llegar al aeropuerto volví a ver la misma “fabrica de camas” que vi al llegar. Y saqué una foto.

Nos subimos al avión. Edna junto a la ventana, yo a su derecha, y a la mía Enrique, que también venía a Pemba. Teníamos que ir dos mil cuatrocientos kilómetros hacia el norte, cerca de Tanzania. A la capital de la provincia de Cabo Delgado.

En el viaje Enrique me habló de la guerra y del proceso que llevó a la paz después de dos años de negociaciones. A él le gusta hablar y a mí escuchar. Edna miraba por la ventanilla y a veces sacaba fotos. Le venía bien desconectar un poco de Enrique ya que llevaba y aún llevaría bastantes horas trabajando con él. Y lo dicho, le gustaba hablar.

Pero a mí me interesaba que me contara de ciertas cosas, por lo que de vez en cuando preguntaba. Y así fuimos desde los fallos de un sistema dirigido por un partido, el FRELIMO que hace años fue marxista-leninista (aún se nota en los nombres de las avenidas de la capital) y ahora es uno de los alumnos aventajados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hasta lo sangrienta que fue la guerra y la corrupción de ciertos dirigentes. Desde las matanzas en Ruanda años atrás y la implicación de sectores de la iglesia católica hasta sus experiencias en la época más ortodoxa en la que tenía que ir a “rescatar” alumnos que se había llevado el ejército por la noche para reclutarlos por la fuerza. La guerra civil es lo peor, repetía cada cierto tiempo.

Llegamos a Nampula. Desde el avión el paisaje se veía lunar. Planicies enormes interrumpidas por unas extrañas montañas en forma cónica. Nos dio buena onda lo que se veía. Nos miramos y coincidimos en que a esta ciudad tenemos que venir. Media hora más y llegamos a Pemba.

¿Cómo era la localidad donde íbamos a estar los próximos diez meses? Lo iremos viendo poco a poco. De entrada, lo mejor de la casa en la que nos alojaron es que era provisional y la siguiente, sea la que sea, sería mejor. Torcimos el morro y les hicimos ver que no nos gustaba. Además, 500 dólares por esto nos parecía sinónimo de estafa. Pero es lo que había, y para el uno de enero estaba apalabrada otra bastante mejor.

Así que dejamos todo el equipaje ahí y con ese mal sabor Edna tuvo la primera reunión con su equipo de Pemba. Yo me fui a ver cómo funciona por aquí el tema del Internet y a ver si encontraba casas con carteles de “Aloga-se” (se alquila). Caminaba por una acera cuando de pronto se me acercó un policía me dijo que cruzase al otro lado de la calle. Iba a preguntarle el por qué, cuando le vi un kalasnikov. Se trata de una herramienta que actúa como antídoto contra la curiosidad, así que sin preguntarle la razón me alejé de él cambiando de acera. Mi sorpresa se iba transformando en cabreo. Pero me crucé con una niña de ojos de ensueño que me saludó sin detenerse “¡Boa tarde, señor!”. Su sonrisa anestesió mi enfado. Mas tarde me enteré que la acera de la que me habían echado pertenecía a la manzana donde se situaba la residencia del gobernador. Entendí sin comprender.

No hallé ninguna casa con “Aloga-se” y el ciber que encontré era de una conexión imposible de trabajar. Mis colegas de Mugak no podrían contar hoy conmigo.

Edna me llamó. La reunión había concluido y le habían dado las llaves del coche que provisionalmente nos dejaban. Por primera vez en mi vida conduje por la izquierda un vehículo. Fue más sencillo de lo que creía, aunque en algún momento me metí en dirección contraria. Por suerte no era cerca de la casa del gobernador.

Llegamos a casa. Instalamos la mosquitera. Nos íbamos a dar una ducha cuando nos dimos cuenta que habían cortado el agua . Era mejor reírnos y dormir nuestras preocupaciones hasta el día siguiente.



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