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Inicio > Bitácora africana >
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Arconada Ledesma, Pablo

Licenciado en Historia por la Universidad de Valladolid , Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos por la UAM y actualmente cursando el Grado en Antropología Social y Cultural (UNED), escribe en Wiriko y ha sido Colaborador de GuinGuinBali y de El Orden Mundial. Está realizando su Tésis Doctoral sobre las estrategias de Estados Unidos en el África Negra durante la posguerra fría, centrádose en tres países: Somalia, Sudáfrica y la República Democrática del Congo. Y como él dice " Tratando de comprender (y explicar) el lugar que África ocupa en el mundo.

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Yibuti y el difícil consenso de la descolonización, por Pablo Arconada Ledesma

22 de noviembre de 2019.

El Año 1960 fue el año de África. La descolonización logró cambiar para siempre el mapa del continente en el que tan sólo algunos países mantenían la libertad. En ese año casi todas las colonias francesas, junto con el antiguo Congo Belga y Somalia, siguieron la senda de países como Ghana y Guinea Conakry y se independizaron. Sin embargo, una pequeña colonia francesa en la costa del Mar Rojo, la actual Yibuti, no lo logró hasta 1977.

La entonces conocida como Costa Francesa de los Somalíes fue, junto a Comoras que no alcanzó la independencia hasta 1975, una excepción en el bloque colonial francés. Aunque siempre se había pensado que la influencia de Francia y sus intereses geoestratégicos en esta región impidieron una temprana descolonización, parece que existen otras razones que puedan explicar esta dilación. Los intereses de Francia se centraron especialmente a la posición estratégica de Yibuti en el estrecho de Bab el-Mandeb, a su conversión en un puerto internacional y una parada obligada en las conexiones Europa-Océano Índico. También sirvió como una puerta de entrada y de contacto con el Imperio Etíope, la gran potencia de la región. Además, Yibuti era una colonia de muy pequeñas dimensiones si lo comparamos, por ejemplo, con el África Occidental Francesa, lo que facilitó de alguna forma su control.

Francia y la división interna

Esto, sumado a la división que generó París entre los dos pueblos mayoritarios (los afar, vinculado a los pueblos etíopes, y los issa, un clan somalí) frenó cualquier posibilidad de crear un frente común independentista. Esta fractura se produjo debido a que Francia se apoyó en la mayoría issa para gobernar y controlar la colonia. Parte de los issa, que vivían en la región sur, muy cerca de la capital, acabaron asimilándose. Sin embargo, las tornas cambiaron cuando en 1958 el General de Gaulle convocó un referéndum para aprobar la Comunidad Francesa. En esta convocatoria los issa, encabezados por Mahmoud Harbi, hicieron campaña en favor del “no” a la unión con Francia. El resultado de las elecciones, en el que se dieron casos de compra de votos y el veto a parte de la población, en el que venció el “sí”, permitió que se mantuviera dicha unión y, ante la “traición” issa, las autoridades francesas comenzaron a buscar el apoyo de la minoría afar.

Aunque los afar y los issa formaban dos grupos diferenciados tanto por su orígen étnico como por las zonas que habitaban lo cierto es que durante siglos convivieron en el mismo espacio geográfico y mantuvieron relaciones más o menos pacíficas. Sin embargo, la división potenciada por Francia y los intereses dispares de ambos grupos acabaron por fomentar una ruptura total. La población issa pronto se vieron atraídos por el proyecto irredentista impulsado por las élites somalíes, cuyo objetivo era crear una Gran Somalia, mientras que los afar, aunque no estaban especialmente interesados en formar parte del Imperio Etíope, no veían con buenos ojos que toda la colonia se integrase bajo un estado unificado somalí. Esto impidió que se crease un frente común apoyado por la mayoría de la población en favor de la independencia. De hecho los afar abandonaron cualquier interés en la descolonización tal y como se vio reflejado en el referéndum convocado por Francia en 1967, por miedo a acabar convertidos en una minoría dentro de un estado somalí. Francia fue consciente desde los años 1950 de esa oportunidad y no la dejó escapar, potenciando el miedo a una posible invasión somalí y logrando que el frente común no llegara a consolidarse hasta la década de 1970.


¿Cuál fue el papel de Somalia y Etiopía?

En primer lugar, la República de Somalia no ocultó nunca sus intereses de lograr la unificación por cualquier medio, incluida la guerra. Aunque Mogadishu nunca llegó a invadir el país, ni a iniciar una guerra, lo cierto es que hubo casos que materializaron ese temor. Así, en 1964 se inició un conflicto breve entre Etiopía y Somalia por el control del Ogadén y entre 1963-1967 el gobierno somalí se vió involucrado en la llamada Guerra de Shifta, un enfrentamiento entre el North Frontier District, de mayoría somalí y el gobierno de Kenia. Además, los diferentes gobiernos de la República defendieron la independencia de Yibuti en foros internacionales como la Organización para la Unidad Africana (OUA) y la ONU. Incluso durante la dictadura de Mohamed Siad Barre, Somalia nunca abandonó estas exigencias en relación a la incorporación de todos los territorios donde vivían clanes somalíes, lo que incluía a Yibuti.

En segundo lugar, los intereses de Etiopía no giraban en torno a la unificación de los pueblos etíopes, pero sí en la necesidad de controlar el territorio costero para lograr una salida al mar más próxima. Las razones expuestas por el emperador Haile Selassie I para justificar una posible unificación con Yibuti fueron de ámbito histórico, al considerar que hasta el siglo XIX había estado bajo la influencia del Imperio. También se esgrimieron razones relacionadas con la seguridad nacional ya que en palabras de las autoridades etíopes en la ONU, el territorio tenía “una importancia estratégica ” y, por lo tanto, “la región no podía ser separada de Etiopía”.

Así, el enfrentamiento entre ambos estados por controlar el territorio de Yibuti no hizo sino aumentar la división interna y el temor de unos y otros a ser dominados por una potencia regional. De alguna manera estos acontecimientos reforzaron el papel de las autoridades coloniales como garantes de la “autonomía” de Yibuti y Francia supo cómo utilizarlo para afianzarse en el territorio unos años más.

No obstante, la situación cambió radicalmente cuando en 1974 una revolución derrocó al emperador Haile Selassie. El nuevo gobierno, dirigido por un consejo militar conocido como Derg, anunció públicamente que abandonaba cualquier pretensión de que el territorio quedara vinculado a Etiopía y que defendería a Yibuti ante cualquier agresión externa. Este hecho fue clave ya que eliminó cualquier temor de la población afar frente a la posibilidad de acabar integrados en una hipotética Gran Somalia y potenció la creación de un frente común pro-independencia. Los issa eran conscientes de los problemas internos de Somalia y ante la encrucijada de seguir apoyando la integración o lograr independizarse de Francia, optaron por lo segundo. De este modo, en el referéndum de 1977, una aplastante mayoría (99’75%) votó a favor de la independencia casi dos décadas después de que lo hicieran casi todas las antiguas colonias francesas.

Original en: Africaye



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