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Velloso Santisteban, Agustín

Agustín Velloso es profesor del Dpto. de Historia de la Educación y Educación Comparada de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

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España: ¿qué intereses, qué valores? (De senadores, otros altos cargos y sentimientos patrios)
23/09/2011 -

Sobre Guinea Ecuatorial se difunde poca información en España y casi siempre tiene que ver con graves violaciones de los derechos humanos de sus habitantes y también de africanos extranjeros residentes en el país, lo que incluye frecuentemente el asesinato, por parte de agentes de la seguridad del Estado.

Hace ahora cuatro meses que el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó su informe relativo a los derechos humanos Guinea Ecuatorial y también en agosto pasado Amnistía Internacional (AI) hacía lo mismo.

Una idea de lo que ocurre en ese país la ofrece la entradilla del informe de AI: “Cuatro personas secuestradas en Benín por personal de seguridad de Guinea Ecuatorial fueron ejecutadas en agosto, inmediatamente después de ser condenadas a muerte por un tribunal militar. El mismo tribunal condenó a dos presos de conciencia a largas penas de prisión, aunque un tribunal civil los había absuelto previamente de los mismos cargos. Se condenó a presos de conciencia en juicios sin garantías; algunos quedaron en libertad en aplicación de un indulto presidencial. Se recibieron nuevos informes de detenciones por motivos políticos y de hostigamiento de opositores políticos. Soldados y personal de otros cuerpos de seguridad mataron de forma ilegítima, torturaron e infligieron malos tratos a detenidos y otras personas con impunidad. La libertad de expresión y la prensa continuaban sometidas a restricciones. “

http://www.amnesty.org/es/region/equatorial-guinea/report-2011

El Departamento de Estado apunta de forma más general: “asesinatos extrajudiciales, ejecuciones sumarísimas incluidas, secuestros por parte de las fuerzas de seguridad, torturas a detenidos y presos por parte de las fuerzas de seguridad, riesgo para la vida de aquellos en los centros de detención, impunidad oficial, arresto arbitrario, detención incomunicada, acoso y deportación de residentes extranjeros, corrupción en todos los niveles de la administración, restricciones a la libertad de prensa, palabra, asamblea, asociación y movimiento, violencia y discriminación contra las mujeres y contra las minorías étnicas”…

http://www.state.gov/g/drl/rls/hrrpt/2010/af/154344.htm

Por otro lado, aunque de ninguna manera independientemente de esas violaciones, aparecen espaciadamente otras noticias, así como comentarios y artículos, sobre ese país. Uno de hace cinco días en El Imparcial es una buena muestra de la podredumbre de la política española y de la razón que asiste a los indignados cuando gritan: “que no, que no nos representan”.

Su autor, miembro del PSOE, ex miembro del Consejo de Europa, ex presidente del Senado, ex senador, periodista y profesor de universidad, empieza su escrito manifestando su interés por Guinea Ecuatorial, por la que se declara seducido y presentándose como presidente de “una Fundación España-Guinea Ecuatorial”, en compañía de “un grupo de personas que comparten esta pasión”.

A tan altos credenciales y tanto amor, lo que se une a un viaje que ha realizado este mismo verano al país, “me he entrevistado con sus autoridades –el presidente Obiang entre otras-, con representantes de los partidos opositores, de la sociedad civil, con diplomáticos extranjeros”, hay que añadir los extraordinarios méritos de los miembros del patronato de su fundación, entre los más conocidos Miguel Ángel Moratinos, Rodolfo Martín Villa y Jaime Montalvo.

Por tanto sólo cabe esperar que su artículo titulado “Guinea Ecuatorial: intereses y valores” informe a los españoles de lo que la fundación -y España- hacen para acabar con esa situación que sin duda todos los miembros del patronato conocen y lógicamente no pueden sufrir ni tolerar.

Sin embargo, con esa notable capacidad que tienen los políticos españoles de centrarse en nimiedades sin importancia alguna y revestirlas con palabras tan altisonantes como carentes de interés y verdad, el autor ensarta casi mil palabras ninguna de las cuales es justicia, libertad, derechos, dignidad, vida, opresión, represión, corrupción, asesinato.

¿A qué se debe a que un político con esa categoría, experiencia e interés ni siquiera mencione algo de lo publicado por las organizaciones citadas anteriormente al informar específicamente a la sociedad española de las relaciones entre España y Guinea Ecuatorial?

Lo explica el fin que declara alcanzar la fundación –el de “mejorar las relaciones entre los dos países”- y en las “dos premisas en las que fundamentamos nuestro pensamiento y nuestra acción con ese país: repudio de cualquier violencia como fórmula política y defensa sincera del consenso como técnica para lograr el entendimiento”.

¿Es razonable pensar que lo que más ansían en la vida los agraciados por el amor y la preocupación de los antedichos son buenas relaciones entre los dos países? No lo parece, puede que para el autor lo sea, la soberbia ciega el entendimiento.

¿Escribiría el Sr. Laborda, si en vez de senador de España fuese un ciudadano de Guinea Ecuatorial, que “lo que los ecuatoguineanos esperan de nosotros desde hace, al menos, treinta y dos años es que España tenga continuidad en sus relaciones con nuestra antigua colonia”? No resulta creíble, de todos modos el autor no presenta un solo testimonio de lo que dice.

¿Es aceptable el repudio de la fundación a la violencia? De ninguna manera, su reunión con Obiang –el máximo responsable desde hace más de 30 años de esa violencia documentada por AI y muchos otros- y su interés de que se normalicen las relaciones con él a pesar de los informes presentados al comienzo, llevan a que lo primero que haya que repudiar es la actividad del Sr. Laborda sobre Guinea Ecuatorial.

El resto de las referencias que hace en su escrito a un futuro mejor, los valores compartidos y otras zarandajas, carece igualmente de crédito. A fin de cuentas, como tantas veces, va a resultar que lo único que es cierto de la presencia de españoles importantes en Guinea Ecuatorial es lo de los intereses, de los cuales, curiosamente, no dice nada.


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