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Oudet, Mauricio

Nacido en 1944, trabajó como cooperante en Alto Volta (Actual Burkina Fasso en 1966-67 . Ordenado sacerdote en 1971 , es Misionero de África. Nombrado en Burkina Fasso en 1972. Presidente del SEDELAN . Servicio de ediciónn lenguas nacionales de Burkina Faso

Este servicio nació en 1997 por iniciativa del P. Maurice OUDET, para dar una respuesta a las necesidades de información y de formación del mundo rural.
Su sede se encuentra en el edificio de la Comunidad de los Misioneros de África en Kudugu.

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Sin justicia para los campesinos, no hay justicia alimentaria, por Maurice Oudet, Presidente del SEDELAN

21 de junio de 2011.

Recordad bien de la expresión: "Impuesto variable"

El día 1 de junio 2011, Oxfam lanzó una nueva campaña internacional para conseguir que todos lleguen a tener lo suficiente para comer. Por eso, Oxfam-Burkina y sus socios se reunieron en Uagadugú para pedir el acceso de todos a la alimentación. En nombre de los socios de Oxfam, Alfred Savadogo (Presidente del Consejo de administración de SOS Sahel) expresó el compromiso de las organizaciones asociadas de desempeñar su papel en la realización de la iniciativa proyectada para 4 años. De nuestra parte, también nosotros estamos dispuestos a participar con Oxfam y sus socios. Lo haremos recordando sin cesar que no puede haber justicia alimentaria sin justicia para los campesinos.

Con esa ocasión, el director de Oxfam-Burkina, Omer Kabore, describió el contexto de la situación alimentaria regional y nacional: "La crisis alimentaria que vivimos y el alza de precio de los alimentos son el resultado de una absurda injusticia mundial". De hecho, cada día, casi mil millones de personas padecen hambre mientras que "nuestro mundo produce alimentos suficientes para todos."
Para luchar contra esa injusticia, hay que hacer un mínimo de análisis, si no, se corre el peligro de equivocarse en la solución. Está bien recordar que mil millones de personas sufren hambre pero hay que añadir que de ellos, 700.000 son campesinos. No podemos contentarnos con medidas a corto plazo, como las del gobierno de Burkina Faso, que ha decidido subvencionar el arroz importado durante 3 meses para aliviar a los consumidores urbanos. ¿Se pueden olvidar a los consumidores rurales, que representan el 80% de la población, porque no han roto nada?

Hoy día, el mundo entero está preocupado por la volatilidad de precio de los alimentos en el mercado mundial. Por mi parte, constato que Burkina Faso y otros países de África occidental se sienten incómodos con las tasas fijas a la importación. Y se comprende muy bien. Los gobiernos se debaten entre dos opciones. La primera: alimentar la ciudad al menor coste posible aunque tenga que eliminar, por ejemplo, el impuesto de importación sobre el arroz (como en 2008) o subsidiar el arroz importado (como desde el 9 de mayo de este año 2011). Por otro lado, desearían apoyar a sus agricultores, pero sin penalizar a los consumidores urbanos. Por eso los gobiernos de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África del Oeste) no llegan a ponerse de acuerdo sobre qué productos alimentarios habría que tasar con un 35 % a la importación.

En efecto, la tasa fija, lejos de proteger el mercado mundial, amplía sus variaciones. Pongamos un ejemplo. Si a un saco de 50 kilos de arroz, que llega al puerto de Abiyán a 10 000 F, se le aplica una tasa del 35%, costará 13 500 F. Se le ha añadido una tasa de 3 500 F. Supongamos que la crisis alimentaria mundial se acentúa y se duplica el precio del arroz, con un impuesto del 35%, el saco costará 27 000 F. El impuesto ha agravado la situación, haciendo subir exageradamente el precio.
Si remplazamos ese impuesto del 35% por un precio de entrada fijo en 13 500 F el saco de 50 kg, hoy no habría ningún cambio, pero, si el precio del arroz se duplica en el mercado mundial, alcanzando los 20 000 F, no sería necesario imponerle una tasa. En efecto, el precio mundial estará entonces por encima del precio de entrada y por consiguiente podría entrar libremente en el mercado común de la CEDEAO, costando 20 000 F en vez de 27 000 F.

Solo si el precio del arroz bajase en el mercado mundial (hipótesis actualmente improbable), y sólo entonces, se tasaría. La tasa sería igual a la diferencia entre su precio en el puerto de Abiyán (o de Cotonú, etc.) y el precio de entrada. Esta tasa se llama "impuesto" y como varía, dependiendo del precio en el mercado mundial, se llama "impuesto variable". Veamos dos ejemplos. Al saco de 50 kg de arroz que llegue a la CEDEAO a 11 000 F, tendrá un impuesto de 2 500 F (es decir 13 500 F - 11 000 = 2 500 F). Si tiene un precio de 13 000 F, el impuesto será solo de 500 F (13 500 F - 13 000 F = 500 F). De ese modo los precios permanecerán estables en el mercado nacional. Los consumidores urbanos apreciarán esta estabilidad y los productores de arroz que sabrán también a qué atenerse. Se trata de encontrar el justo precio que permita a los productores de arroz de Burkina Faso vivir con dignidad de su trabajo (y por lo tanto desarrollar el sector del arroz) y a los consumidores urbanos seguir teniendo acceso al arroz, ya sea local o importado.

La CEDEAO podría comenzar fijando algunos precios de entrada para los productos más sensibles (por ejemplo, el arroz, el azúcar, el aceite, la leche en polvo y los sustitutos de la leche condensada azucarada y del doble concentrado de tomate). Después, poco a poco, sustituir el conjunto del AEC (Arancel Externo Común, es decir, el conjunto de las tasas a la importación) por el precio de entrada.
El contexto mundial caracterizado por la alta variabilidad del precio de los alimentos ofrece una oportunidad a la Comisión de la CEDEAO para negociar un tal cambio en la OMC (Organización Mundial del Comercio).
En mi opinión, sólo "los impuestos variables" ofrecen una justicia alimentaria unida a la justicia para con los agricultores y ganaderos. Nuestros países no solo necesitan una ley de orientación agrícola, sino una política agrícola y alimentaria que incluya los impuestos variables.
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