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Inicio > Bitácora africana >
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Reche, Paquita

Nació en Chirivel (Almería). Estudió Magisterio en Almería, Licenciaturas de Pedagogía y de Filosofía, en la Complutense de Madrid.

Llegó por primera vez a Africa en 1958 (a Argelia): después estuvo en Ruanda, Guinea Ecuatorial y desde el 1975 en Burkina Faso.

En África trabajó como profesora en el Instituto Catequético Lumen Vitae de Butare, Profesora de enseñanza secundaria de español y filosofía; Universidad Popular (filosofia). También ha colaborado con Asociaciones de mujeres y con niños de la calle en Burkina Faso.

Está en España desde 2004, actualmente, en Logroño. Colabora con la revista de los misioneros de África "Africana", Los Comités de Solidaridad con África Negra y con Rioja Acoge.

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“La mujer embarazada tiene un pié en la tumba”, por Paquita Reche, mnsda

13 de junio de 2011.

El proverbio chadiano que encabeza este artículo, no refleja solamente una situación del pasado, refleja también una situación actual el alto precio que hoy muchas mujeres pagan en África al dar la vida.

Que la disminución del riesgo de mortalidad materna forme parte de los Objetivos de la Década de la Mujer africana es una necesidad y una urgencia, ya que, a pesar de los muchos años que se lleva luchando por hacer disminuir el índice de mortalidad materna, este índice sigue siendo muy alto.

Los comienzos de esta lucha no fueron fáciles. Una historia, rescatada del baúl de los preciosos recuerdos que traje de África lo ilustra muy bien.

Cuando mis compañeras llegaron a N´Dorola, un poblado del Burkina Faso profundo, abrieron el primer dispensario. Soñaban con ayudar a que disminuyera el alto porcentaje de mortalidad materna e infantil que allí reinaba. No habían tardado mucho en darse cuenta que la causa estaba en las condiciones en las que se hacía el parto: a ras del suelo y las personas que intervenían no tenían ninguna idea de cómo se trasmitían las infecciones y tétanos que se cobraban tantas vidas. Estas personas, necesariamente debían pertenecer a la casta de los herreros y ninguna persona extranjera podía acercarse a las parturientas. Era tabú y la situación no parecía tener salida. Pero, a partir de un momento las cosas fueron cambiando. El número de muertes de madres y recién nacidos, disminuyó de modo espectacular con la desaparición de infecciones y tétanos. ¿Qué había pasado?

Las hermanas no habían conseguido entrar en las chozas ni intervenir en ese mundo cerrado que rodeaba la llegada de la vida, pero consiguieron que en vez de un cuchillo de hierro para cortar el cordón umbilical y cenizas recogidas del suelo contaminadas, penetrara una cajita que ellas preparaban y que su contenido esterilizado fuera utilizado.

El jefe muy agradecido porque en el dispensario habían salvado la vida de su hijo, dijo a las hermanas que si deseaban algo que estuviera a su alcance, se lo daría. ¿Lo que más deseaban? ¡Que no murieran tantas mujeres dando la vida y que sus hijos vivieran! Pidieron que en vez de utilizar el material tradicional, emplearan el esterilizado contenido en la caja. Así la cajita hizo muchos viajes de la casa de las hermanas, en donde se esterilizaba el contenido, a las chozas en las que las mujeres daban a luz.

Han pasado cuarenta años. Hace tiempo que la cajita terminó sus viajes de ida y vuelta. Las mentalidades y la situación han cambiado. Hoy en el Centro de Salud las mujeres pueden ser atendidas durante el embarazo y pueden dar a luz en la maternidad del poblado. En Burkina Faso y la mayoría de países africanos existen políticas sanitarias de Maternidad sin riesgos, apoyadas por la UNICEF y otros organismos. Pero, todavía el dar la vida en África se cobra un precio muy alto.

Si en Occidente, sólo una mujer de cada 2.800 muere durante el embarazo o el parto, la situación en África es dramática. Según algunas estadísticas, el índice de mortalidad materna tiene una media superior al 7 %. Se calcula que en África cada minuto muere una mujer causa de su embarazo o al dar a luz. Eso significa 1.500 mujeres al día. Un responsable del sector de la salud de la familia y de la reproducción, de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Doyin Oluwole, lo explica de una manera muy gráfica, comparando esta catástrofe al accidente de cinco aviones grandes al día, en los que perecieran todos los pasajeros y el equipaje. Una verdadera hecatombe que disminuye la esperanza de vida de la mujer. Que sería de 49 años para ella, mientras la del hombre es de 53 años.

A pesar de los progresos hechos en los últimos años, gracias a los Centros de Salud Materno Infantil, todavía la mortalidad materna en el periodo del embarazo, parto y post-parto sigue siendo muy alta en algunos países. Se calcula por ejemplo que en Chad, esa proporción es de una a once y en Guinea Bissau de una a trece. En los países que han sufrido de largas guerras y conflictos, la situación empeora, especialmente entre las refugiadas y desplazadas internas.

Como bien dice un proverbio chadiano: “La mujer embarazada tiene un pie en la tumba”.

El alto índice de mortalidad materna e infantil en África en pleno siglo XXI es un escándalo al que hay que hacer frente. El Protocolo de Maputo, adoptado por la UA en 2003 relativo a los derechos de la mujer africana a la salud y al control de las funciones reproductivas, habla en su artículo 14 del derecho a la salud y al control de la reproducción, e insta los Estados a adoptar medidas para asegurar a las mujeres los servicios de salud adecuados, donde las mujeres pudiesen acceder a servicios prenatales y post-natales.

Entre los Objetivos del Milenio fijados para 2015, está el de mejorar las condiciones socio sanitarias de los países en desarrollo. El horizonte de esos objetivos parece alejarse cada vez más para muchos países africanos, especialmente el lo que se refiere a la mujer. Para acercarse a ellos se ha proclamado 2010-2020 “La Década de la Mujer africana”, cuyo tercer objetivo se centra en su salud. La situación vivida por la mayoría afecta a su salud y la deteriora.

Como productoras de alimentos la mayoría las mujeres de las zonas rurales de África están sometidas a una carga agotadora por los trabajos pesados que hacen en condiciones precarias. Pasa muchas horas en el campo, tiene que recorrer largas distancias para buscar agua y leña que además tiene que transportar. Esto, junto a las numerosas maternidades la envejecen prematuramente y su salud se resiente. A menudo la maternidad es causa de muerte. La opción de trabajar a favor de la salud de la mujer, y para disminuir la mortalidad materna, es más que necesaria, dada la situación que describe la Doctora Grace Kodindo, y que podría aplicarse también a regiones que no son del Kivu:

“En muchos de los sitios que he visitado, el sistema de salud no funciona. Ni siquiera existen bancos de sangre. Las hemorragias constituyen una de las principales causas de mortalidad materna; una mujer puede morir en tan sólo dos horas si pierde mucha sangre.”

La Doctora Kodindo, ginecóloga de Chad, es una destacada experta en la organización de servicios de salud reproductiva, y en la mejora de los servicios obstétricos de emergencia. Lleva muchos años luchando por reducir la mortalidad materna, primero en su país y actualmente en otros países africanos, como consultora de RAISE (acceso a la salud reproductiva, información y servicios durante emergencias, por sus siglas en inglés). RAISE trabaja en varios lugares, entre los que se encuentran Darfur, Sudán del Sur, el norte de de Uganda y la República Democrática del Congo.

Grace Kodindo nos habla de una situación que conoce bien y que hay que mejorar. La tarea es obviamente inmensa, pero no imposible. A pesar del camino que queda por recorrer, ya se han dado muchos pasos en la buena dirección. A pesar de retrocesos puntuales y localizados en zonas de conflicto, se pueden esperar cambios y avances positivos hacia la meta de los objetivos de la Década.

Informes recientes de UNICEF indican que el índice de mortalidad materna está bajando. En muchos países se están haciendo progresos, gracias a los programas de protección materna e infantil. Por ejemplo, en Guinea Bissau, que cuenta con uno de los índices más altos del mundo, encontramos dos iniciativas interesantes: En muchos Centros de Salud existe la Casa de la Madre. Las mujeres embarazadas con problemas son orientadas allí. Una clínica móvil circula por 16 pueblos para ofrecer a las mujeres consultas gratuitas y formar voluntarias de la comunidad que puedan identificar a tiempo a mujeres con embarazo a riesgo y orientarlas a Centros de Salud.

En Ghana, este año 2011, la mortalidad materna ha sido declarada “problema de urgencia nacional” y se prepara un sistema de evaluación y planificación de acciones para solucionar este problema.

En Senegal se ha encontrado un método ingenioso y divertido para instruir a mujeres, muchas de ellas rurales, sobre los 24 riesgos que la OMS señala para futuras madres y las soluciones para evitarlos. Se trata de un juego de sociedad: el W3 (el wure, were, werle) que se sirve de colores, signos e imágenes familiares. Desde que se introdujo el juego, las mujeres acuden en mayor número al Centro.

Hay que seguir luchando para que dar la vida no tenga que pagarse con la muerte

Nadie puede negar que un alto índice de mortalidad materna vaya acompañado de pobreza, analfabetismo, higiene y nutrición deficiente, pocas estructuras sanitarias y falta de transporte para acceder a ellas y servicios médicos inadecuados. Los progresos que se hagan para solucionar estos problemas, reducirían mucho este índice.

Es preciso atacar las causas más frecuentes de complicaciones durante el embarazo y de la mortalidad materna. Entre las que están el paludismo y una alimentación inadecuada. La hipertensión y las hemorragias provocan muchas muertes durante el embarazo y el parto. Muchas muertes podrían evitarse con una alimentación adecuada y con el empleo de mosquiteras para prevenir el paludismo. La educación es también muy importante para el cambio de mentalidades. Las condiciones en las que se realiza el parto también se han cobrado, y se siguen cobrando, muchas vidas maternas e infantiles en las zonas rurales y allí donde perduran ciertas costumbres que rodean el nacimiento. También la educación es necesaria para que la sociedad civil pueda exigir de los gobernantes políticas sanitarias y estructuras que hagan posibles los objetivos de la Década.



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