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La voz de Muzihirwa sigue viva: se sigue oyendo en Bukavu en la República Democrática del Congo
21/12/2007 -

Con la llegada de los refugiados hutus y tutsis a su diócesis, la lucha de Christophe Muzihirwa, arzobispo de Bukavu, cambió de rumbo. Antes había luchado contra el régimen dictatorial de Mobutu o, mejor dicho, en favor del respeto a la dignidad del ser humano; ahora iba a comprometerse para que los derechos de los refugiados sean respetados, y para que siempre triunfe el respeto a la vida humana. Su muerte ha sido claramente un coronamiento de esa lucha para la vida…
Nos parece oportuno parafrasear el libro de La Sabiduría: el justo muerto condena a los asesinos vivientes (Sab. 4, 16). Pues la muerte de Muzihirwa sigue siendo una condena para los opresores, y los que matan la vida, y un clamor a favor de la lucha por la vida. Pero, para los que hemos conocido a ese obispo, la presencia de los refugiados ruandeses y, sobre todo, la amenaza que la inminencia de la guerra llevaba a su pueblo, fue como un momento singular que dio a su lucha por la vida un sentido especial y una ocasión para clamar con más fuerza su indignación ante el maltrato que estaban sufriendo los refugiados, y ante la gravedad de la amenaza que el afán de poder y de la ganancia a toda costa, hacían pesar sobre el futuro del pueblo de Los Grandes Lagos. Pues, su vida ha sido una lucha en favor de la vida; en favor del respeto al ser humano. Basta destacar la imagen que tenía de las mujeres, para darnos cuenta de la profundidad del sentido que tenía de la vida y del respeto al ser humano. Decía de la mujer:

“A cada momento de la vida, eres madre, pero siempre de manera diferente.

Madre de futuras madres y de futuros padres de familia

Madre de millones de niños

Madre de las plantas y de los seres humanos

Sin ti nada puede mejorar,

Contigo todo se estructura, progresa y se desarrolla…” .

Esta imagen de la mujer se lee mejor en relación con el sentido de la mujer que tenía Jesús, y que aplicaba a su madre; la solía llamar “mujer” (Jn 2, 4), es decir, “madre de los vivientes” (Gn 3, 20). Pues, Jesús veía en su madre el nacimiento de una nueva humanidad, una humanidad que, igual que ella, diría siempre sí a su Padre, y así, llegaría el reino de Dios, que frustró el pecado de Adán y Eva. La mujer, vista por Muzihirwa, es también el punto de partida de esa humanidad libre, que construye la paz y edifica el mundo de nuestros sueños. Por eso, se entiende que, con frecuencia, haya identificado a la mujer con la vida y que el desprecio a la vida que sufrió el pueblo congoleño durante el reino de Mobutu y, particularmente, durante la invasión del Congo por Ruanda, Uganda y Burundi, le haya llegado al alma. Los jóvenes de Bukavu recuerdan con un canto, cómo lloró el Obispo compartiendo el sufrimiento de su pueblo, tan cercano a él, y lo que vivían los refugiados ruandeses bajo la amenaza de los militares del actual presidente, desgraciadamente ante la indiferencia de la Comunidad Internacional. Recuerdan que pedía a los políticos que respetasen la vida de los refugiados y de los ciudadanos congoleños, porque la vida es un regalo de Dios y nadie tiene derecho a destruirla, ni a ponerla en peligro. Por eso les pedía: “por favor, sois vosotros los pastores y no los bandidos, dejad de provocar muerte y sufrimiento para los pueblos.” Y a los soldados, les pedía que no huyeran de los combates, sino que protegieran y defendieran a los ciudadanos, sin maltratar a los refugiados inocentes. A sus compatriotas civiles, les pedía paciencia y bondad con los refugiados inocentes; que les acogieran como hermanos y hermanas, porque la vida es sagrada.

La lucha del Mzee Muzihirwa por la vida y por la dignidad del ser humano, se refleja también en la convicción que tenía de la democracia y de la edificación del país. Es verdad que para él el desarrollo pasaba obligatoriamente por la mujer, fuente de la vida, pero también suponía el respeto de las opiniones. Hablando del desarrollo decía: “La edificación de una sociedad justa, no puede hacerse sin la participación de la mujer. Pero ¿cuál es esa mujer que contribuirá a la regeneración de nuestra sociedad a partir de sus raíces? Es ante todo la mujer madre, no sólo del cuerpo, sino, sobre todo, del alma, que tiene una conciencia histórica siempre en busca de la verdadera vida. Así la mujer participa en la construcción de una nueva cultura que no es sólo una copia de lo que es, sino una proyección en el futuro.” (in Zaïre-Afrique 196, 1985, p. 349) En cuanto a la democracia, solía decir lo que sabemos todos: tener una opinión diferente no es una razón de enemistad. “Un demócrata no tiene por qué estar de acuerdo con todo el mundo, pero tiene una actitud fundamental de respeto, que expresó un sabio en estos términos: “No me gustan tus ideas, pero estoy dispuesto a luchar contra quien te impida pensar.” in Zaïré-Afrique 247-248, 1990, p. 357). De hecho, Muzihirwa, entonces capellán de la Universidad de Kinshasa, comenzó su lucha en 1971 contra el régimen de Mobutu, cuando éste quiso impedir a los estudiantes pensar y criticar su gobierno. Todos fueron detenidos, y junto con ellos, el Capellán. Después fueron incorporados al ejército. Los superiores jesuitas tuvieron que sustraer al Capellán de esa humillación, como lo consideraban ellos, para darle otro cargo en el CEPAS (Centro de Estudios Para la Acción Social), donde podía pensar más libremente, y dejar pensar.

LA ACTUALIDAD DEL COMPROMISO DE MUZIHIRWA

Me han preguntado si el Obispo Muzihirwa ha podido dejar el testigo ¿Qué contestarles? Lo que sí salta a la vista de los que entran en Bukavu, es que el Obispo Muzihirwa, incluso muerto, parece molestar a los opresores, y a los que no respetan la vida humana. De hecho, para su memoria, se ha dado su nombre al lugar donde lo mataron, y se ha colocado allí una especie de monumento: una pancarta de hierro. Cuando en 2005 entraron los militares de Nkunda en Bukavu, al ver su imagen, dispararon muchas balas en la misma, como si su presencia y su mirada les molestaran. En cambio, para el pueblo, Muzihirwa es un profeta y un testigo. Su martirio ha sido una semilla de vida nueva y, recordando sus palabras, muchos creen que “aunque la noche tarde, el día acabará para levantarse.” Esa esperanza de una vida mejor está empujando a muchos congoleños a no desanimarse a pesar de las dificultades, y sobre todo, a luchar por un cambio más profundo. Esta esperanza está encarnada por el compromiso de la Sociedad Civil, que ha trabajado mucho con el Obispo y ha luchado junto a él. De hecho, podemos decir hoy, sin riesgo a equivocarnos, que la sociedad civil del Kivu Sur ha estado siempre en la vanguardia de la lucha por el respeto de los derechos humanos en Congo, y cómo no, en la región de los Grandes Lagos. Muchos hijos e hijas, hermanas y hermanos de Muzihirwa, desde la Sociedad Civil o desde otros grupos en todo el mundo, “siguen trabajando en el campo que ha dejado el Obispo de Bukavu.” Recordemos, por lo menos, a Minani, que no sólo es compañero de congregación, sino también su hijo y hermano por ser de su diócesis y por haber compartido muchas veces sus preocupaciones.

A parte de la Sociedad Civil, la lucha comenzada por Mzee Muzihirwa, sigue en la Comisión Justicia y Paz, sea a nivel de su diócesis, sea a nivel nacional. Este testigo lo lleva curiosamente una mujer, Sr Marie Bernard Alima, que sigue gritando que “la vida es el don más precioso que Dios sigue dando a la humanidad.” Esta mujer que en su lucha me recuerda mucho la lucha de Muzihirwa, está intentando dar voz a las mujeres, particularmente a las que han sido víctimas. Está convencida de que sólo con la capacidad de tomar la palabra se logrará la verdadera reconciliación y la verdadera promoción de la persona humana y, en este caso, la de las mujeres… Además, está convencida de que con los jóvenes formados en la no violencia y el respeto de los derechos humanos, se podrá esperar una vida mejor mañana. Con ella siguen luchando muchas otras personas con parecidas convicciones. Es el caso de Justin, que está llevando a cabo una reconciliación entre los ruandeses de Cyangugu y los congoleños de Bukavu, que son dos pueblos vecinos que siempre han vivido codo con codo.

Pero la voz de Muzihirwa se hace más clamorosa en el pueblo congoleño en general y en el pueblo de Bukavu en particular, especialmente en la parte más dolida que se encuentra en Nindja, en Kaniola, en Walungu... Ese pueblo, a parte de las muchas violaciones que siguen viviendo las mujeres, sigue sufriendo la presencia de los interahamwes y de los militares ruandeses que se presentan como “rastas”. Esa voz está clamando ante los más de 750.000 personas que han huido de sus hogares en el Kivu norte por culpa de los enfrentamientos entre Nkunda y el ejército regular. Este señor, que es un criminal de guerra, sigue gozando del apoyo de Ruanda para sembrar inseguridad en el Kivu norte, pretextando que la presencia de los interahamwe en Congo pone en dificultad la seguridad de Ruanda. ¿Qué hubiera hecho Muzihirwa ante esos casos?

Pues, ¡no lo sé! Lo que sí puedo confirmar, es que en el mes de agosto 2007 un equipo de mujeres del Kivu Sur, organizó una visita a las demás mujeres oprimidas de Nindja y Walungu. ¡Me dirán que no basta! Ya lo sé, pero fue un modo de apoyar a sus pares en la lucha, y al mismo tiempo, de elevar sus clamores, una manera de pedir justicia para los oprimidos. ¿A que Muzihirwa tenía razón de contar con las mujeres? Por lo tanto, digamos que el trabajo de Muzihirwa se nota en su pueblo. De hecho, el pueblo del Kivu Sur, no sólo se lo conoce como un pueblo que no está dispuesto a aceptar cualquiera cosa, sino al mismo tiempo se sabe que este pueblo no repara en asumir riesgos para luchar por su libertad. Los del Rcd (antiguo movimiento rebelde) lo saben muy bien. Pero lo sabe también Kabila, quien al querer negociar con Nkunda en febrero de 2007, tuvo que enfrentarse a una manifestación multitudinaria de los del Kivu Sur, que, sin embargo, lo habían elegido en un porcentaje de más del 80%. Pues, quisieron decirle que lo eligieron no para hacer tonterías, sino para protegerlos. Mientras tanto, entre las cosas que han arraigado en el pueblo congoleño de Bukavu y que cantan los jóvenes, es el deseo más profundo de Muzihirwa: “Ya soy mayor, moriré, pero vosotros, los jóvenes, seguid, no os detengais…Sois mis pies y mis manos. Cuento con vosotros.” Esas palabras siguen dando vueltas en las mentes de muchos congoleños, de muchos africanos, y de muchos no africanos. Ojalá no paremos mientras quede una sola víctima… Ojala siempre sepamos sacar fuerzas nuevas para seguir adelante.

En fin, nos parece que lo que haría Muzihirwa hoy día, es lo que están haciendo los que han oído su voz. Él se hubiera reunido con los demás obispos de la región de los Grandes Lagos para escuchar a Marie Bernard. Hubiera viajado con las mujeres de Bukavu para visitar a las víctimas de violaciones y de asesinatos en Walungu. Hubiera sacado la pancarta, y encabezado la manifestación contra Nkunda, junto a los miembros de la Sociedad Civil de Goma. Hubiera clamado con las Organizaciones de Derechos Humanos contra la catástrofe humanitaria en perspectiva en el Kivu Norte, donde cerca de 800.000 personas se encuentran en la calle, lejos de sus hogares por culpa de Nijnda. Se hubiera comprometido con Marie Bernard a dar la palabra a los pobres.
Nos hubiera animado a seguir adelante, a pesar de los muchos problemas; a seguir luchando aunque sea difícil el camino. Ojalá no nos cansemos aunque las cosas no parezcan solucionarse… Hubiera dicho a las mujeres, sobre todo a las víctimas, que andan desanimadas por lo sufrido: sigues siendo mujer:

“Es de ti de quien hablamos, mujer (muntu), que anhelas con razón ser madre, esposa única, y ciudadano de pleno derecho en la vida social, económica y política. Persona preponderante de nuestra civilización. Ministro de la circulación de la sangre y de la cultura básica – la lengua que hablamos, ¿no se llama la lengua materna?

Fuerza entra otras, misteriosa y preciosa que alimenta la vida naciente.

Pilar de crecimiento, de sucesión de generaciones,

Tienes razón de reclamar al padre la plena corresponsabilidad en la educación de los niños que engendráis ni para vosotros mismos, ni para el clan, ni para el estado, sino para ellos mismos,

Para que cuando crezcan se pongan libremente y voluntariamente al servicio uno del otro.

A cada momento de la vida eres madre, pero de diversa manera.

Madre de futuras madres y de futuros padres de familia.

Madre de millones de niños.

Madre de plantas y seres humanos

Sin ti nada puede mejorarse,

Contigo todo se estructura, progresa y se desarrolla.”

Mzee CHRISTOPHE MUZIHIRWA Mwene NGABO

(Aux racines du développement, le rôle de la femme,
in Zaïre-Afrique 196, 1985, p. 361)

Texto cedido por el Comité de Solidaridad con el África Negra, UMOYA


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