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La gran carrera, por Sergio López Sánchez . Alumno de 4º. B de ESO IES Francisco Giner de los Ríos
25/02/2011 -
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Africaenlaescuela

Con motivo de las actividades de “África en la Escuela” que realizamos en el Instituto de Educación Secundaria Giner de los Ríos de Alcobendas (Madrid), los profesores y alumnos tuvieron la inciativa de organizar un concurso de cuentos con temática africana . Estas narraciones se publicarán en esta sección de Cuentos africanos/Sabiduría africana, pues aunque no procedan de África si son resultado de su reflexión sobre las culturas y las sociedades de África.

Kibo era un niño huérfano de unos doce años que vivía en la tribu Zambo. Era un niño especial, ya que al perder a sus padres a los ocho años, tuvo que madurar rápidamente y aprender a sobrevivir. Pero no era especial solamente por subsistir él sólo, sino también porque tenía muy buena relación con los animales, es decir, se llevaba bien con todos ellos.
Kibo sabía que para vivir, tenían que comer además de frutas, verduras y cereales, carne de animales. Aunque no le gustaba mucho, él entendía que los cazadores de su tribu tenían que matar gacelas, cebras y otros animales para sobrevivir, pero no comprendía el hobby de cazar animales que tenía Narimbo, el jefe de la tribu Zambo.
Un día, harto de ver cómo cada día Narimbo traía a sus espaldas dos pobres gacelas, fue a hablar con él y pedirle que dejara esa cruel afición. Según las normas de la tribu, Kibo tenía que ganarle a Narimbo en una competición para que este dejara de cazar. Sin embargo, Narimbo era el que debía elegir el tipo de competición. Éste pensó en una carrera que podía hacerle famoso por toda África y que a la vez, Kibo no podía ganar. Finalmente le respondió:
― Está bien. Será una carrera en la que recorreremos…― dijo dejando un silencio eterno― ¡toda África!
― ¿Cómo? ―dijo Kibo― ¿Por toda África?
― Sí, por toda África. La carrera comenzará en Zambo. Primero, tendremos que llegar a Egipto y allí, tocaremos el pico de la pirámide de Keops. Luego, regresaremos al sur y escalaremos el mismísimo Kilimanjaro hasta alcanzar su cima. Y por último, regresaremos aquí.
Kibo sabía que tenía todas las de perder, pero una vez retado a alguien, no podía rajarse. Además, por salvar a los animales, él haría todo lo que estuviese en sus manos.
Al día siguiente, comenzó la carrera y los dos salieron escopetados de Zambo. Kibo era muy rápido y atravesó veloz algunas sabanas y selvas hasta que llegó al gran desierto de los desiertos: el desierto del Sáhara.
Tras tres días recorriendo una monotonía de dunas de arena, Kibo, que estaba sediento y agotado, se derrumbó en la arena. De repente, empezó a formarse un bucle de arena que le estaba tragando como si fuese un torbellino. Kibo sólo pudo observar cómo giraba todo y cómo la arena le empezó a tragar hasta que le engulló.
Durante unos segundos estuvo inconsciente, pero al despertar, se levantó y vio que estaba en un templo escondido bajo la arena. Rápido, se dirigió hacia el altar. Allí había una placa de piedra con unas inscripciones. Kibo las leyó diciendo en voz alta:
― “Slegs diegene wat dit so ver, is die tempel van die sand toegestaan die gawe van spreke met die diere” (“Sólo a aquellos que consiguen llegar hasta aquí, el templo de las arenas les concede el don de hablar con los animales”).
En ese momento, una luz blanca salió de la placa y le transmitió a Kibo el poder de hablar con los animales. Kibo se dio cuenta de que la naturaleza quería que él ganase y para ello le estaba proporcionando esta ayuda.

Una vez que estaba fuera del templo, se encontró con un camello y le pidió que le llevara hasta Egipto. Al contarle el propósito de su viaje al camello, éste aceptó encantado.

Cuando llegó a la pirámide de Keops, Kibo vio a Narimbo que estaba sudando la gota gorda para escalar la pirámide. Kibo pensó que debía de haber otro modo. Miró hacia el cielo y vio que había un águila. La llamó a gritos y ésta bajó planeando. Al igual que con el camello, Kibo le pidió al águila que le llevara volando a la cima de la pirámide. Ella lo hizo sin rechistar llevando al niño con sus patas para que tocara el pico. Después de darle las gracias al ave, se dio cuenta de que Narimbo ya lo había conseguido. Además, vio cómo Narimbo tenía un vehículo que le podía llevar a todas partes sin ningún esfuerzo.

Entonces, pensó que debía pedirle a un guepardo, el animal más rápido del mundo, que le llevara hasta el Kilimanjaro.

Así lo hizo y pronto llegó a la base de la montaña pero, una vez más, Narimbo ya estaba escalándola. Kibo volvió a pensar y se le ocurrió una idea original. Pidió a varias jirafas de la zona que se subieran unas sobre otras. Así hicieron una torre enorme por la que Kibo pudo subir, tocar la cima más alta de África y bajar. Cuando se quiso dar cuenta, Narimbo ya había descendido de la montaña y se dirigía con el vehículo a toda velocidad a Zambo.

Esta vez, Kibo no vio ningún animal veloz por ahí, pero sabía que si iba por el río que llegaba hasta su tribu, podía ganar la carrera.

Rápidamente, se dirigió al río y allí, les pidió a unos hipopótamos que le llevaran nadando- Éstos aceptaron y le transportaron río abajo.
Cuando Kibo llegó a Zambo, se enteró de que esta vez había llegado antes y de que había ganado la competición. Poco después, llegó Narimbo, que tuvo que aceptar la derrota y como estaba tan avergonzado, le nombró a Kibo jefe de la tribu.
Al final, Kibo consiguió eliminar la caza y a, partir de entonces, todos los habitantes de la tribu se hicieron vegetarianos.


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