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Inicio > REVISTA > Opinión >

Quien mata, roba y viola al este de la RDC
17/11/2010 -

Retrospectiva sobre un informe de Human Rights Watch (HRW)

En su informe publicado al inicio del mes de noviembre de 2009, Human Rights Watch afirma que “las fuerzas armadas congoleñas en el este de la RDC han matado brutalmente a cientos de civiles y perpetrado un gran número de violaciones en los últimos tres meses, durante una operación militar apoyada por las Naciones Unidas”. Esta conclusión de HRW es el fruto de misiones de investigación llevadas a cabo al este de nuestro país [República Democrática del Congo]. “HRW ha llevado a cabo 21 misiones de investigación sobre el terreno en Kivu- Norte y Kivu- Sur entre enero y octubre de 2009 y ha constatado que los soldados del ejército congoleño habían asesinado deliberadamente al menos a 505 civiles desde el comienzo de la operación Kimia II entre marzo y septiembre. Otros 198 civiles fueron asesinados deliberadamente por los soldados del ejército congoleño y sus aliados del ejército ruandés durante una operación conjunta precedente, que duró cinco semanas y es conocida bajo el nombre de Umoja Wetu, entre finales de enero y febrero”. Además de los soldados del ejército congoleño y sus aliados del ejército ruandés, HRW “también ha documentado ataques brutales deliberadamente llevados a cabo por las milicias del FDLR, frente a los civiles congoleños en respuesta a las operaciones militares del gobierno. Desde finales de enero al mes de septiembre, las milicias han matado al menos a 630 civiles, muchos de ellos en las regiones de Ziralo, Ufumandu y Waloaluanda, en las fronteras entre las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur“.

Presente al lado del ejército congoleño, la MONUC está acusada por HRW de haber apoyado las operaciones que condujeron a la comisión de crímenes de guerra. Una primera lectura del informe de HRW da la impresión de que estamos frente a un informe muy bien documentado. Pero una segunda lectura plantea dudas sobre las identidades de las fuerzas presentes y hace surgir preguntas sobre la política militar que se lleva a cabo en nuestro país.

Una relectura ciudadana de nuestra historia desde el mes de enero de 2009 nos lleva a plantearnos algunas preguntas: “¿a dónde han ido las fuerzas apoyadas por Ruanda que operaban sobre nuestro territorio?” El citado informe de HRW no puede ofrecer respuesta a esta cuestión. Ahora bien, es un secreto a voces: los Interahamwe reciclados en Ruanda, los desmovilizados del ejército ruandés, los de la CNDP y los de la RCD adheridos a la causa de Ruanda se han infiltrado en nuestro ejército. Algunos de ellos son comandantes de la operación Kimia II. (Uno de nuestros artículos titulados Kimia II y sus secretos había citado, en su momento, nombres de Interahamwe reciclados en Ruanda que participan en esta guerra de agresión). Por lo tanto, mientras que la historia “oficial” de nuestro país continúe siendo escrita desde Nueva York, hay intentos de falsificación perjudiciales para las generaciones futuras y para los amnésicos de entre nosotros.

La página de Benilubero tratando la identidad de los asesinos, violadores y ladrones de estos últimos meses publica un artículo en el que afirma: “La identidad de los asaltantes se discute entre la población local, para quienes los asaltantes son militares CNDP/FARDC por un lado y, por otro lado, el gobierno, la MONUC y los Humanitarios para los que los asaltantes son los FDLR y los Maï- Maï Pareco”. El modus operandi de los asaltantes (matar, violar, robar, mutilar e incendiar las casas) da más la razón a la población local que a los oficiales. “Uniendo las versiones oficiales, -señala este artículo-, descubrimos que la población es la única capaz de identificar bien a los asaltantes, porque durante los ataques, los oficiales del gobierno, la MONUC y los militares congoleños no están nunca presentes en el lugar del crimen. Siempre llegan cuando el crimen ya se ha cometido”. (Leer Lubero: 6 muertos y 150 casas incendiadas en Busereka). Conociendo la identidad de los asaltantes, la población se organiza para protestar y resistir. “El caso de la ciudad de Lubero donde la población ha quemado un vehículo de la MONUC y destruido algunas instalaciones de las ONG internacionales es un signo de que la población ve y vive de otra manera la paz anunciada por el régimen de Kinshasa. En efecto, el 28 de octubre, la ciudad de Lubero se paralizó porque la población no quiere la presencia de dos antiguos comandantes de la CNDP sospechosos de mantener la inseguridad sobre el eje Kanyabayonga- Musienene “(Ibídem)

Digamos que desde el punto de vista de la escritura de la historia “oficial” de nuestro país, la mezcla y cruce de CNDP y de las FARDC, en la precipitación por la necesidad de la “paz de los cementerios” cada vez más va a ser puesto entre paréntesis. La responsabilidad de los oficiales “congoleños”, entre ellos Joseph Kabila y John Numbi, en esta operación de la muerte parece estar sacada de esta escritura de la historia. Mañana nuestros hijos e hijas se arriesgan a leer en los archivos de nuestro país que el ejército congoleño ha matado a población civil al este de nuestro país sin que se mencionen los detalles referentes a los Interahamwe reciclados en Ruanda, los militares del RDC que permanecen inamovibles al este y los del CNDP fieles a Ruanda, así como los acuerdos secretos firmados entre la Ruanda de Kagame, Joseph Kabila y John Numbi.

Y después, ¿basta con fustigar a los asaltantes y sus cómplices para hacer avanzar la historia de nuestro país? El último informe de HRW plantea toda una serie de preguntas a las que nosotros, congoleños, deberíamos siempre intentar responder. “¿Por qué la guerra se mantiene siempre al este del país?” Desde la partida de Mobutu de la presidencia del país hasta hoy el reto principal no ha cambiado para los actores principales de esta guerra de usura: esclavizar a las poblaciones congoleñas y saquear sus materias primas estratégicas sin pagar el precio real, teniendo apoyo de los subcontratistas de la región de los Grandes Lagos. ¡Y qué más da si esto finaliza con la balcanización del país!

¿Puede el envío de criminales de guerra a la Corte Penal Internacional convencer para que renuncien a los actores principales de la guerra que hacen estragos en nuestro territorio? No. A menudo cuando los “cosmócratas” se deshacen de algunos de sus subcontratas, es signo de que ya han encontrado a otros. ¿Es casualidad que la portavoz del ex procurador principal del Tribunal penal para la ex Yugoslavia tenga como subtítulo de su libro publicado en 2007 (Paz y castigo) “las guerras secretas de la política y de la justicia internacional”? ¿Es casualidad que Florence Hartmann, porque se trata de ella, esté siendo perseguida por la propia justicia internacional? Es cierto. Es necesario juzgar a todos los criminales implicados en la guerra de nuestro territorio. Pero Bosco Ntanganda por ejemplo, ¿es más criminal que Paul Kagame y los otros iniciadores de las operaciones Umoja Wetu, Kimia I y Kimia II?

¿Cuándo las empresas que cotizan en bolsa en Canadá y que han financiado esta guerra de agresión serán objeto de presiones por parte de los “jefes del mundo” para rendir cuentas a la justicia por nuestros seis millones de muertos? Los informes falsificadores de nuestra historia ¿no están participando en esta política de bomberos pirómanos? ¡Tanto más cuanto que muchas ONG internacionales son actualmente la mano civil del imperialismo occidental! Puede que sea más que nunca el momento para que, conociendo el modo de funcionamiento de todas las máquinas de defensa de derechos humanos y otras máquinas podamos, nosotros, los congoleños, asumir nuestro papel de ciudadanos y ciudadanas activos de nuestra historia, organizando lo mejor que podamos contrapoderes intelectuales, espirituales, culturales y sociopolíticos para resistir (a nivel local, regional e internacional) contra esta guerra de usura y otras que podrían seguirla. Las multinacionales occidentales que se sirven de ella para saquearnos son, en la mayoría de los casos, más poderosas que sus Estados. A menudo, se sirven de hombres y mujeres políticos del Norte como chicos y chicas de recados para alcanzar su máximo beneficio. La retórica de la democracia y el respeto de los derechos humanos oculta, a menudo, la hipocresía de aquellos que, matando por subcontratas interpuestas, querrían convencer de que creen en el derecho de autodeterminación y de autogobierno de los pueblos.

¡A Dios gracias! Muchos de nosotros lo hemos comprendido. Nuestra población del este también. Se han comprometido en una lucha por la libertad, la igualdad y la paz que nunca más nada podrá parar. Sus investigaciones del terreno son imbatibles. Han comprendido que no hay pan sin paz.

Escrito por J P Mbelu

Publicado en Le Potentiel, RDC, el 04 de noviembre de 2009.

Traducido por Ana Dols, para Fundación Sur.


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