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Inicio > Bitácora africana >
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Aguadero Miguel, Ramón

Ramón Aguadero imparte docencia en enseñanza secundaria y universitaria. Siempre se ha considerado educador antes que profesor, de modo que las necesidades del alumnado, la promoción de la educación en valores y el fomento de la participación han sido una prioridad en su práctica educativa. Ha participado desde 2005 en procesos educativos con menores en riesgo de exclusión y en actividades formativas con monitores de educación infantil en Beira (Mozambique). Su línea de investigación se centra principalmente en estudiar las causas y factores de la desigualdad educativa en África negra, así como en promover en la comunidad educativa un (re)conocimiento de la riqueza social y cultural de las plurales sociedades subsaharianas. En este sentido, merece la pena destacar la dirección del monográfico África ante la Educación, en el número de 2012 de la revista Foro de Educación, y su colaboración con diversas organizaciones, como la Fundación Sur de Madrid y la asociación ASPA Andalucía, en la elaboración de materiales educativos sobre temática africana. Doctor en Ciencias de la Educación, su tesis doctoral aborda los desafíos de la educación básica en Mozambique en claves de equidad social. Miembro del Departamento de Teoría e Historia de la Educación y M.I.D.E. de la Universidad de Málaga, imparte asignaturas del área social en la Facultad de Educación.

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¿De verdad nos importa África? (parte I), de Ramón Aguadero

11 de abril de 2008.

Invasión de cayucos, peligra el turismo en las islas, drama en las costas atlánticas, los inmigrantes sostienen el crecimiento económico... son los titulares que encuentro en la prensa a mi vuelta de Mozambique. Adaptándome todavía a la cómoda vida europea, este artículo no es más que la reflexión creyente de alguien que se siente interpelado por la realidad vivida y que piensa que el drama africano no puede dejarnos indiferentes.

Tan cerca y tan lejos

A pesar de la proximidad geográfica, viajar a África es irse a otro planeta. No sólo por el abismo económico, sino también por el choque cultural. A unas condiciones de vida extremas se añade una cosmovisión del mundo que no tiene nada que ver con la nuestra, de manera que la vida transcurre lejos de nuestras circunstancias y parámetros occidentales.

Quizá estén ya acostumbrados a las imágenes de las ciudades africanas, con inmensos arrabales donde se hacinan miles de personas en condiciones indignas. Sin embargo, la vista no basta para percibir toda la realidad. Son los olores, y ahora, en la estación seca, ese polvo que se te mete en la boca y la nariz día y noche, los que también dan la pauta del estado del barrio donde nos encontramos.

Munhava: 130.000 habitantes a ambos lados de la carretera de tierra batida que sale del puerto de Beira, segunda ciudad de Mozambique. Sin una calle asfaltada. Con casas de autoconstrucción, de bambú o bloques de cemento, alquiladas por cuartos, donde se hacinan miles de familias que mayoritariamente se iluminan con lámparas de petróleo. Con una red de canalización a la que tiene acceso no más del 10% de la población y que no se repara desde la época colonial. Un barrio que dispone de dos médicos y dos enfermeros. Donde la malaria, el cólera y el sida diezman a la población. Donde la familia tradicional ya no puede acoger a tantos huérfanos y estos viven solos o formando hogares cuyos cabezas de familia son adolescentes. Que podrían comer con un euro al día, si dispusieran de ese dinero, claro. Un barrio con cinco escuelas públicas de primaria y ninguna de secundaria. Con una ratio de 60 alumnos por aula. En una ciudad destartalada, ruidosa y pestilente, convertida toda ella en un inmenso mercado callejero donde los hombres se dedican a comprar y vender lo que pueden; las mujeres cultivan la machamba (pequeñas parcelas de economía de subsistencia) y cuidan de la casa y de los niños; y los jóvenes, acabados los estudios, tienen por ocupación pasear. Esta es la radiografía rápida del lugar que estoy describiendo.

Las razones de la historia

Ante una realidad tan dura e impactante, intentas buscar las causas que han dado lugar a esta situación. Beira era la joya portuguesa de Mozambique. Todavía hoy, pasear por el barrio de Ponta Gêa nos da idea de lo que fue la ciudad. Amplias avenidas trazadas a cordel y cubiertas de árboles inmensos, con edificios coloniales milagrosamente en pie. Teatros imponentes como el San Jorge o el Nacional son ahora vestigios de un remoto esplendor. Las ruinas del Gran Hotel, ocupado por familias sin hogar, la decrepitud del Hotel San Carlos, en la playa de Estoril, o las historias de sexo, juego y drogas en el antiguo casino nos hablan del pasado de una ciudad para blancos: cuidada y limpia, importante centro de distribución de mercancías al interior del África austral, con el ferrocarril y algunas industrias auxiliares como motor de su desarrollo. Un comercio floreciente, con importante presencia de árabes, indios, chinos e ingleses, daba a determinados barrios de la ciudad un aire cosmopolita y multicultural. Todo a costa, por supuesto, de una población negra que terminará rebelándose. La revolución de los claveles en Portugal es la respuesta a una situación insostenible en las colonias. Después vinieron la independencia y las nacionalizaciones; la salida de buena parte de los portugueses, esto es, de los únicos cuadros formados del país; y dieciséis años de guerra civil, alimentada por los apartheid sudafricano y rodesiano...

En este marco, el país se viene abajo. La ciudad tampoco es capaz de mantener la infraestructura montada por los portugueses. Munhava, barrio periférico, comienza a acoger a miles de campesinos que huyen del conflicto armado. Las inundaciones de 2000 y el éxodo rural por las sequías posteriores hacen que la población siga aumentando y configuran definitivamente la estructura del barrio, a nuestros ojos occidentales un caos urbanístico dominado por la basura. La población de la ciudad ha pasado de 60.000 habitantes en la época de la independencia (1975) a más de medio millón en la actualidad. Bastión de la opositora RENAMO, es discriminada en la aportación de los fondos de ayuda internacional que recibe el Gobierno. Prueba de ello es su no inclusión en el plan de infraestructuras puesto en marcha de cara al mundial de fútbol de 2010.

Otra cultura

El universo cultural, que propicia referentes y modos de entender la vida, si bien está cambiando, es completamente diferente al nuestro. A los blancos nos cuesta situarnos y entenderlo. Es una equivocación oponer nuestros valores frente a los suyos como civilizados. Y sobre todo, es imposible entenderse, y establecer relaciones fructíferas, si no conocemos y valoramos la psicología de un país. Algo que nuestros diplomáticos parece que no han captado todavía en su periplo por el África Occidental.

La etnia sigue contando, aun en la ciudad, y la cuestión lingüística no se puede obviar. La primera pertenencia es al clan, por encima de otra adscripción, incluidos el estado o la nueva religión que se profese. Frente al culto a la juventud en Europa, siguen siendo los ancianos los portadores de la sabiduría que da la experiencia. En cualquier estamento se establece rápidamente una jerarquización, con unas tareas y funciones completamente claras y definidas según el lugar que se ocupe. Lo hemos constatado en la vida parroquial. En este contexto, el principio de autoridad y el papel de cada cual queda claro en las familias y en la escuela. También se nota que en la ciudad, en ambientes de subsistencia y con las relaciones familiares rotas, se da una pérdida de los valores tradicionales. Otro rasgo diferenciador es que la cultura de la prisa no existe, lo que a veces te exaspera, pero que propicia que se vivan los momentos sin el agobio del tiempo y con una mayor intensidad. La música y la danza constituyen el alma de este pueblo, su fuerza, expresión de una manera de ser y de sentir. Y en este mundo globalizado, es la música negra norteamericana y brasileña la que se está convirtiendo en significativa para muchos jóvenes de estos barrios periféricos, mezclada con sus propias músicas tradicionales. Las creaciones que resultan son una prueba clara de su creatividad.

Es, sin embargo, la situación de la mujer la que más desasosiego nos causa. Base de la economía familiar, la podemos ver de madrugada, con el niño a la espalda y la azada en la cabeza, camino de la machamba . De vuelta a la ciudad, tendrá tiempo para cargar con la leña y el agua, y hacerse cargo de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Mientras tanto, su marido podrá hacer lo que le apetezca, sin que tenga que dar ninguna explicación o ella ose levantar la vista. La poligamia sigue estando bastante extendida, incluidos los católicos, por supuesto, aunque estos lo intenten ocultar. La sexualidad se vive de una manera más primaria y natural, sin los tabúes occidentales, no estando siempre asociada a la afectividad o a un compromiso exclusivo. Y a veces tiene un carácter social en determinados ritos, como ocurre en los funerales. En este contexto, el celibato es bastante complicado de entender.

Como pueden ver, son estas algunas pinceladas que expresan el abismo cultural que nos separa.

Ramón Aguadero Miguel ramon_aguadero@yahoo.es



Comentarios
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Indalecio comentó de ¿De verdad nos importa África? (parte I), de Ramón Aguadero...

Cuando estamos comiendo buenos manjares en nuestra mesa, vemos indiferentes las noticias de la televisión que en muchas ocasiones nos refleja parte de la realidad de nuestros vecinos africanos. Las vemos con indiferencia e incomodidad.
Por desgracia he tenido que ver a tantas pateras repletas de miedo, ilusión y desesperanza en formas de personas que viendo sus caras me han hecho llorar en muchas ocasiones. Entre muchas preguntas una de ellas que me hago es ¿cómo viviran en su tierra para hacer lo que han hecho?, me hiela el alma pensarlo.
Imaginar las circunstancias que sufren desde mi, desee tú sofá y la televisón de plasma con HDMI, fibra òptica y bebiendo un buen vino, con un alto nivel de grasa sobrante en mi cuerpo, es por todas luces una verguenza.




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