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Inicio > REVISTA > Opinión >

Amnistía: la lección que el presidente de Nigeria olvidó dar a Obama
07/05/2010 -

La reciente visita del Dr. Goodluck Jonathan a los Estados Unidos, su primer viaje oficial fuera del país desde que se convirtió en Presidente en funciones el pasado 9 de febrero, fue bastante notable, ya que también marcó la primera visita que el jefe de estado de la administración en funciones podía emprender. Durante los últimos tres años, el Presidente de Nigeria nunca llegó a asistir a los diferentes compromisos internacionales en los que participan tanto el gobierno nigeriano como el estadounidense. No hay duda de que la visita de Jonathan ha reforzada la relación bilateral entre Nigeria y Estados Unidos y, además, gracias a esta visita Nigeria ha sido eliminado de la lista de países terroristas de los Estados Unidos.

Sabemos que el Presidente Jonathan se reunió y discutió con el Presidente de EE.UU., Barack Obama, y que las discusiones se centraron en la seguridad y en las reformas electorales de Nigeria así como en la situación del nigeriano, Umar Farouk Abdulmutallab, que intentó hacer explotar un American Airliner en diciembre del año pasado. La acción llevada a cabo por Abdulmutallab supuso que Nigeria pasase a formar parte de la lista de naciones terroristas, pero la visita de Jonathan ha hecho que el país ya no esté incluido en dicha lista. Además, Jonathan también participó en la Cumbre sobre Seguridad Nuclear que tuvo lugar en Estados Unidos donde se reunió con organizaciones empresariales y organismos mundiales. Aunque la visita de Jonathan y las conversaciones con Obama fueron muy destacadas por los medios de comunicación, un punto importante que Jonathan no le contó a su anfitrión fue la aprobación de la amnistía por parte del actual gobierno de Nigeria. Jonathan debería haber hablado con su anfitrión sobre la necesidad de la amnistía, el funcionamiento de la amnistía, los beneficios sociales y económicos que supone, cómo ponerla en práctica y cómo mantenerla así como su conveniencia. Jonathan olvidó este importante producto de exportación que debería haber vendido a Estados Unidos. America necesita esta lección, porque su estrategia está fracasando, mientras que Nigeria ha desarrollado esta panacea que calma el terrorismo.

Sí, las agresiones contra EE.UU. son cultivadas y tramadas tanto dentro como fuera de sus fronteras y, las de Nigeria provienen especialmente de dentro, pero aún así hay similitudes en sus problemas de seguridad. Estas similitudes emanan principalmente de los intereses económicos, especialmente el petróleo. Para Estados Unidos, las amenazas terroristas provienen primordialmente de Oriente Medio de donde obtiene la mayor parte de su suministro de petróleo. Mientras que Nigeria, en la última década, ha estado contra las cuerdas, por la militancia de la gente del delta del Níger, cuyas tierras albergan el 80% del petróleo del país y tal vez única fuente de divisas. Debido a que muchísimos árabes de a pié de Oriente Medio guardan rencor a América, por enriquecer a una minoría, polarizando a las naciones árabes, ocupando sus territorios y fomentando el desplazamiento forzoso de los palestinos, han prometido causar daños aunque sean como el mordisco de una hormiga, comparados con esta superpotencia.

En Nigeria, por otro lado, la gente del delta del Níger se alzó en armas contra el estado, explotando oleoductos, matando y secuestrando a agentes de seguridad y expatriados, todo porque sentían que el gobierno nigeriano no había sido justo con ellos. La gente de esta región se sintió agraviada al observar las infraestructuras en ciudades como Lagos y Abuja y la contradictoria condición totalmente rural del delta del Níger. También veían con descontento la pobreza de la mayoría de su pueblo, en medio de la riqueza petrolera y la destrucción medioambiental debido a la exploración petrolera, todo ello fomentado por el gobierno y las compañías petroleras que trabajan en la zona. Entre estas agresiones, tanto América como Nigeria han lanzado, durante la última década, operaciones militares contra los supuestos enemigos del estado.

En cuanto a América, desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, en su búsqueda de los autores de este crimen, especialmente los talibanes y el grupo Al-Qaeda, atacó Afganistán e Iraq. En Nigeria, por otro lado, durante la persecución de los grupos militantes del delta del Níger, el antiguo gobierno del Presidente Olusegun Obasanjo eliminó la ciudad de Odi en el estado de Bayelsa. Sin embargo, en todos estos violentos ataques, las cifras muestran que la persecución tanto de talibanes como de Al-Qaeda registró hasta un 15% de éxito, pero se han cobrado más vidas de civiles inocentes que de terroristas, en una proporción de 150 a uno. No sólo esta operación está fracasando, los estadounidenses y otras naciones aliadas están perdiendo las vidas de sus jóvenes soldados en una tentativa cuyo éxito está fuera de su alcance. Nigeria trato de dominar a los militantes mediante la formación de una fuerte operación militar de Fuerza Operante Conjunta, pero en sus años operativos fue testigo de más fracasos y muertes evitables de sus hombres, y fue entonces cuando el estado razonó sabiamente y negoció la paz y el alto al fuego con unos militantes más bien anónimos. Actualmente, hay planificados diversos programas para mitigar los agravios del pueblo del delta del Níger. Éstos están incluidos en el Programa de Amnistía. Amárica debería acercarse a Jonathan, que a su vez debe establecer una buena relación con Obama para aprender como implementar un Programa de Amnistía para sus enemigos.

Aunque es muy condenable alzarse en armas contra el estado, si esto sucede, ¿cómo lo resuelve el estado? Nigeria ha iniciado un nuevo enfoque hacia a la resolución de conflictos recurriendo a una decisión bastante extraña de invitar a sus enemigos a su centro de poder en Abuja. América debería probarlo. Nigeria se ha dado cuenta de que los hombres que alzan las armas contra el estado son humanos firmemente convencidos de sus acciones. Han sufrido agravios durante años y han atribuido cada frustración, cada sueño incumplido que han experimentado en la vida a sus opresores. Ya no tienen esperanzas, sólo las personas sin esperanza sacrificarían su vida por causas mundanas. El uso de la fuerza para reprimir a grupos adoctrinados sometidos a un lavado de cerebro muy fuerte ha sido difícil desde tiempos inmemoriales. En lugar de detenerlos, se solía rendir culto a los muertos pertenecientes a estos grupos ya que se les consideraba mártires que habían dado su vida por una “buena causa”.

El actual gobierno de Nigeria debe haber seguido el hilo de la memoria para darse cuenta de que no merece la pena usar la fuerza para sofocar cualquier revuelta contra el estado. Cuando en 1967, el entonces líder de la parte del suroeste del país declaró el Estado Soberano de Biafra, el estado nigeriano respondió con lo que al principio llamó acción policial sofocar el levantamiento, pero que sin embargo, duro más de 30 meses cobrándose la vida de más de un millón de personas. En un combate que tenía bastante que ver con el ego entre dos militares, Odumengwu Ojukwu y Yakubu Gowon, que podría haberse resuelto mediante una negociación sostenida, acabó convirtiéndose en una guerra que colapso las actividades sociales y económicas de ciertas partes de Nigeria y se llevó millones de vidas, especialmente de civiles. Esta administración se ha dado cuenta de que no importa el éxito de cualquier acción militar, los efectos negativos de la misma son siempre muchísimo más grandes, en el momento y para los años venideros.

Estados Unidos lanzó misiles atómicos a Hiroshima y Nagasaki en 1945 y convirtió estas ciudades en cenizas pero ¿qué beneficios ha tenido esta acción a largo plazo? En realidad, esta iniciativa detuvo a Japón y le obligó a rendirse, pero este país continuará acosando a Estados Unidos para siempre. La propia América tiene miedo de sus pecados y recorre el mundo husmeando para saber si algún país tiene este tipo de mortíferas cabezas de guerra [proyectiles]. Los ojos insomnes de Estados Unidos llegaron a acusar falsamente a Iraq de poseer armas nucleares causando el derrocamiento de Saddam Hussein, la toma del poder del gobierno iraquí y el vergonzoso descubrimiento de que no había ningún arma de destrucción masiva. Actualmente, el país está preocupado porque países como Corea del Norte e Irán están enriqueciendo su arsenal nuclear. No es de extrañar que se haya celebrado la reciente Cumbre de Seguridad Nuclear que ha tenido lugar en Estados Unidos.

En el evento, Obama expresó su mayor miedo afirmando: “Sabemos que organizaciones como Al Qaeda están en proceso de intentar conseguir armas nucleares de destrucción masiva y si las consiguen no tendrán reparos en utilizarlas”. En realidad, puede que no tengan reparos en usarlas ya que siempre quedaría justificado por el recuerdo del uso de las mismas por Estados Unidos. Entonces, ¿por qué Estados Unidos no adopta la opción de amnistía de Nigeria? Estados Unidos debería comprometerse no a incrementar su presencia militar en Afganistán, Japón y Oriente Medio sino a resolver los problemas que hacen que los afganos, los japoneses y los árabes estén furiosos con la superpotencia que es Estados Unidos. Podría usar sus recursos y contactos para apoyar la creación de un estado palestino que carezca de la opresión del estado judío.

La ocupación militar de Afganistán e Iraq no vale la pena y ya debería haber acabado. Estados Unidos debería revisar sus intereses económicos en Oriente Medio para asegurarse de que sus actividades no empobrecen a la mayoría a expensas de unos pocos jeques árabes. En total, deberían reunir a los terroristas en una cumbre en tierra neutra donde sus protestas serían expresadas, y se los transmitirían fuertes garantías para la implementación. En resumen, Estados Unidos debería adoptar el programa de Amnistía de Nigeria.

Modestus Okafor

Okafor vive en Owerri, Estado de Imo.

Publicado en The Guardian, Nigeria, el 2 de mayo de 2010.

Traducido por Beatriz Aymat Basoa, alumna de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid Traducción /Interpretación, colaboradora en la traducción de algunos artículos.


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