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Inicio > Bitácora africana >
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Reche, Paquita

Nació en Chirivel (Almería). Estudió Magisterio en Almería, Licenciaturas de Pedagogía y de Filosofía, en la Complutense de Madrid.

Llegó por primera vez a Africa en 1958 (a Argelia): después estuvo en Ruanda, Guinea Ecuatorial y desde el 1975 en Burkina Faso.

En África trabajó como profesora en el Instituto Catequético Lumen Vitae de Butare, Profesora de enseñanza secundaria de español y filosofía; Universidad Popular (filosofia). También ha colaborado con Asociaciones de mujeres y con niños de la calle en Burkina Faso.

Está en España desde 2004, actualmente, en Logroño. Colabora con la revista de los misioneros de África "Africana", Los Comités de Solidaridad con África Negra y con Rioja Acoge.

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Loubna Ahmed al-Hussein lucha contra los abusos de ciertas leyes de Sudán, por Paquita Reche, mnsda

14 de abril de 2010.

“Cuarenta latigazos por un pantalón” es el título de un libro que va más allá de la anécdota, es un libro de denuncia de los abusos cometidos contra las mujeres en Sudán al amparo de ciertas leyes de influencia islamista. La autora, Loubna Ahmed al-Hussein, es una periodista de 37 años que se ha hecho célebre por su combate contra algunas de ellas. Comprenderemos mejor la lucha de esta mujer situándola en el contexto de un país en donde el islamismo ha ido ganando terreno.

Sudán es el mayor país de África. Situado al sur de Egipto, entre el Chad al Oeste y Etiopía al Este. País dividido y devastado por varias décadas de conflictos y guerras desde su independencia en 1956. Guerras civiles entre el Norte musulmán y el Sur animista y cristiano. Enfrentamientos al Oeste en la zona de Darfur. Guerras que han causado unos dos millones de muertos y no menos de cuatro millones de desplazados, con las secuelas que acompañan todas las guerras: hambrunas, enfermedades y odios.

Desde el golpe de estado Omar Hassan al Bashir, en junio de 1989, Sudán ha vivido bajo un régimen autoritario. La llegada al poder de este régimen militar-islamista y la voluntad del Gobierno de extender la aplicación de la ’sharía’ a todo el país, agudizó los enfrentamientos entre el Norte, musulmán, y el Sur, cristiano. Los acuerdos de paz firmados con el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA) en 2005 concedieron cierta autonomía al Sur y permitieron la organización de un Gobierno de unidad nacional.

En los acuerdos de 2005 se estableció la “sharia” como “Ley de leyes” en el Norte y en las zonas alineadas con él. En 2007, se formó en Jartum una comisión especial para los derechos de los no musulmanes. Aunque la ley reconozca a Sudán como una nación plurirreligiosa, en la práctica el Gobierno trata al Islam como la religión de Estado. La islamización creciente ha tenido repercusiones en la vida de las mujeres. Su presencia en la esfera pública, dominada por los hombres, está muy limitada. Se les impone una forma de vestir y el incumplimiento de las normas incluye persecución, intimidación, malos tratos o cárcel. El artículo 152 del código penal de 1991 prevé una pena máxima de 40 latigazos para “cualquiera que cometa un acto indecente o un acto que viole la moralidad pública o que lleve vestidos indecentes”. Como la ley deja sin precisar lo que es indecente, queda mucho margen a la interpretación subjetiva de los policías y jueces. Las mujeres son especialmente vigiladas por la policía. Miles de ellas han sido castigadas a sufrir el humillante castigo de la flagelación por llevar, lo que los islamistas juzgan “una vestimenta inapropiada”. Para una mujer vestir pantalón que “desvele” su cuerpo puede costar hasta 40 latigazos. Claro que, eso de “desvelar” depende mucho del ojo de quien mire y ¡si los que miran son islamistas radicales las mujeres están bien servidas!

Loubna Ahmed era funcionaria de las Naciones Unidas en Jartum. Un día estaba en un restaurante cuando la policía de orden público hizo una redada y se la llevó, junto a doce mujeres más, por “vestimenta indecorosa”, a pesar de que en ese momento iba vestida con el velo tradicional sudanés y un pantalón con una blusa larga. Convocadas dos días más tarde a la comisaría del centro algunas mujeres recibieron diez latigazos cada una. Loubna Hussein no aceptó los cargos y quedó pendiente de juicio. Desde ese día emprendió una campaña para que el artículo 152 del código penal fuera abolido. Abrió un portal bilingüe inglés - árabe para dar a conocer su combate y poder multiplicar las firmas en apoyo de su petición para que el gobierno sudanés aboliese esta ley.

El eco mediático que el proceso de la periodista tuvo en el interior y el exterior de Sudán sorprendió al gobierno. No esperaba las muchas reacciones que hubo, pidiendo a las autoridades abrogar la ley y retirar las acusaciones. Entre ellas hay que destacar los comunicados de Amnistía Internacional y la del Alto Comisario de Refugiados de la ONU, que recordó al gobierno sudanés que “el arresto y condenación de la señora Hussein representaba un violación del artículo 14 del Pacto internacional relativo a los derechos civiles y políticos que Sudán ha ratificado, lo mismo que al artículo 9 sobre las detenciones arbitrarias”.

Los partidarios de Loubna se manifestaron en el centro de Khartum delante del tribunal, blandiendo pancartas, en las que se podía leer: “No, a la flagelación”, Islamistas infiltrados atacaron física y verbalmente a los manifestantes y la policía disolvió violentamente la manifestación.

En el juicio la periodista fue reconocida culpable, pero no recibió los cuarenta latigazos que preveía la ley, porque el juez le dio a elegir entre un mes de cárcel o pagar una multa. Ante su negativa a pagar las 500 libras sudanesas (200 dólares americanos) de multa, impuestos por el tribunal, Loubna fue encarcelada. Su internamiento duró poco ya que la asociación de periodistas sudaneses pagó la multa y fue liberada. A su salida de la cárcel, ante las muchas mujeres que la esperaban, afirmó que “continuaría el combate para que cambiara esa ley, la actuación de la policía y de los tribunales de orden público”. Desafió a quien pudiese encontrar una justificación de la pena de flagelación en el Corán o en los hadith (dichos del Profeta).

En “Cuarenta latigazos por un pantalón” denunció los abusos de ciertas leyes islamistas. Las autoridades sudanesas le prohibieron viajar a Francia donde tenía que presentar el libro. Consiguió salir de Sudán escondida bajo uno de los grandes símbolos del islamismo radical: el velo integral (el niqab). A los que la acusaron de haber huido contestó: “No he huido del Sudán. La Constitución me da ciertos derechos, entre ellos el de viajar. Si alguien ha violado la Constitución son los que me han prohibido hacerlo”.

Actualmente, Loubna Ahmed al-Hussein, desde su puesto de funcionaria de la Sección de Medios de Comunicación de las Naciones Unidas, quiere focalizar la atención sobre la situación de las mujeres y de la democracia en Sudán. La revista Jeune Áfrique la ha elegido entre las 100 personalidades que marcarían África en 2010.



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