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Puncel Reparaz, María

Nace en Madrid y se educa en un colegio de religiosas de la Compañía de maría. Es la mayor de siete hermanos y empieza muy pronto a inventar cuentos para sus hermanos y hermanas pequeños. Al dejar el colegio estudia francés e inglés en la Escuela Central de Idiomas en madrid. Ha trabajado en Editorial Santillana como editora en el departamento de libros infantiles y juveniles. Ha escrito más de 80 libros y traducido alrrededor de los 200.

Ha escrito guiones de TV para programas infantiles y colabora en las revistas misionales GESTO y SUPEGESTO .

Algunos de sus libros más conocidos:

"Operación pata de oso", premio lazarillo 1971

"Abuelita Opalina" . SM,1981

Un duende a rayas", SM, 1982

"Barquichuelo de papel, Bruño, 1996

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La mamá ratona que perdió a su hijito,Texto original: Ncò Kulubali. Traducido del francés por María Puncel
12/03/2010 -

Hubo una vez una mamá ratona. No tenía más que un hijito. Y, ¡qué desgracia!. La muerte se lo arrebató.

¿Se puede imaginar un dolor tan grande? ¿Una pena más desgarradora? La ratona decía a sus amigos:

-Se me rompe el corazón...Id a enterrar a mi hijito...

Cuando todo había terminado y empezaba a caer la noche, todos pudieron irse a dormir; pero a la ratona le era imposible dormir a causa de su sufrimiento. No pudiendo resisitir más, cogió su tam-tam, se sentó en el patio interior, y ajustando su canto al ritmo de los "pan-pan",se atrevió a interpelar a Dios que residía allá en sus altas moradas:

-¡Oh Rey de reyes, no hay nada como Tú! Y la tierra y el cielo celebran tu grandeza: el ave que emprende el vuelo, la fuente inagotable, los bosques y las selvas cantan a su creador...Y, sin embargo, oh gran Rey, no tengo más remedio que decirte que tu obra es imperfecta, tiene un defecto que empaña su esplendor, que nos oprime el corazón y nos quita toda alegría.

Así se alzó su canto en mitad de la noche. Después, la ratona se ocultó en la hendidura de una roca.

Tan pronto como el sol se asomó sobre el planeta, lanzando los primeros rayos, Dios convocó a todos los animales, que acudieron
inmediatamente. Les pidió que se aproximasen y les dijo:
-El tam-tam ha hablado esta noche. Su canto se ha elevado, con una audacia temeraria, contra mi creación. Me gustaría que el desvergonzado tocador del tam-tam se atreviese a decirme, cara a cara, dónde está la imperfección que cree haber encontrado.

Los animales, temblando, se decían unos a otros:

-¡Yo no he sido...! ¡Yo no he sido...! ¡Yo tampoco...
!
Entonces, uno de ellos se levantó y dijo:

-Mirad, la ratona no está entre nosotros. Id a buscarla, y que venga enseguida.

El primer enviado volvió con la cabeza baja:

-No he encontrado a la ratona.

Enviaron al perro en su busca y allá fué, olisqueando el suelo pedregoso de la colina. Llegó cerca de la hendidura en la roca y gritó:
-¡Ratona, sal, Dios te llama!

-¡Déjame em paz! -respondió la pobre madre.-¡No me atormentes! ¡Estoy llorando a mi hijo...muerto! ¡Vete!

El perro, enfurecido, arañó la tierra. Por las buenas o por las malas, quería llevárse a la ratona; pero todo fue en vano. Regresó para confesar, con la cabeza gacha:

- No he podido, Señor, sacarla de su escondite.

¿A quién podría Dios enviar para cumplir el encargo? A Sama, el
elefante, que fue a empujar y patear sobre la roca y regresó agotado. Y llegó el turno del facocero, el rey de los excavadores. Y tampoco él consiguió nada y tuvo que abandonar...

Entonces, Dios se sentó para reflexionar:

-Hum...hum... -murmuró-. Se resiste, ¿eh...?, pues no será por mucho tiempo. ¡Hormigas, en fila y a por ella!

Las hormigas, en formación, llegaron a la roca. Se detuvieron al borde de la hendidura:

-¡Ratona! ¿sales?.

-¡No, me quedo aquí!

-Bueno, pues vamos a hacerte salir.

Y entraron en la hendidura para lanzarse al asalto. La ratona las tuvo enseguida por toda la piel. Una le mordía la oreja, otra el hocico. Le ardía el cuerpo lleno de mordiscos...

-¡Dejadme! -chillaba la ratona-. ¡Saldré! Si deseais quitarme la vida, quitádmela ante Dios. ¡Ya le diré yo a la cara todo lo que llevo en el corazón!.

El ejército de hormigas retornó, había hecho una buena caza.

El Rey de los cielos reanudó enseguida su investigación:

-El tam-tam que hablaba esta noche, ¿eras tú, ratona?

-Sí, Rey de reyes, claro que era yo.

-Veamos. Decías que mi obra estaba mal hecha. ¿Cuál es ese único
defecto?... ¡Vamos, dímelo! Si no lo haces...

La ratona no respondió. Todos los presentes se inquietaron:

-Habla, ratona, contéstale. Si te callas, nos pueden sobrevenir grandes males. Es Dios el que lo ha creado todo: el sol y la luna, la acogedora tierra en la que cantan los pájaros, las selvas vírgenes, los bosques, los grandes ríos, los limpios arroyue-los... ¿Un defecto en esta obra, dónde has descubierto tú uno?

La Ratona habló:

-¡Sois unos miedosos! -acusó-.¡Unos cobardes!-. Después, con voz segura dijo:- Señor, escucha mi querella. Yo tenía un hijo único,
vivíamos felices. Murió ayer por la tarde...Mi pena es insonda-
ble. Si tu obra es perfecta, ¿por qué la muerte?

Inmeditamente todos los animales repitieron a coro:
-¡Es verdad, Señor, es verdad! La ratona tiene razón. Hay un gran defecto en tu obra.

-La Muerte -les respondió Dios -¿es que hace falta que os lo recuerde?, os la habéis atraído con vuestras maldades, vuestros odios, vuestras pasiones. Yo no la puse entre vosotros.

A lo que mamá ratona respondió con un grito de confiada súplica:

- ¡Oh, Señor, Rey de reyes, todopoderoso y de infinita bondad, ¿no podrías perdonar a tus hijos y librarnos de la muerte...?


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