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Inicio > R+JPIC > Documentos >
Carta abierta sobre la situación en el este de la República Democrática del Congo.
19 de enero de 2010

Su Excelencia BARACK OBAMA
Presidente de los Estados Unidos de América

La Casa Blanca. 1600 Pennsylvania Avenue, NW
Washington, D.C. 20500, EE.UU.

Señor Presidente:

Nos dirigimos a usted a través de esta carta porque creemos en su voluntad de adoptar una nueva política con respecto a las relaciones internacionales. El inmenso sufrimiento y las voces, hasta ahora ignoradas, de la población del este de la República Democrática del Congo, nos llevan a hacerlo como miembros de una única familia global.
Desde 1994 esta región vive en estado de urgencia y de guerra. En primer lugar, vivimos las tensiones causadas por la llegada de más de dos millones de refugiados ruandeses. Después, la guerra llamada «de liberación» del régimen de Mobutu, guiada por Laurent-Désiré Kabila, pero encabezada realmente por Ruanda, Uganda, Burundi y sus aliados occidentales. Y finalmente, el segundo conflicto congoleño, mucho más trágico y duradero, y en realidad nunca finalizado, que cuenta más de seis millones de víctimas.

Últimamente, las organizaciones internacionales para la defensa de los Derechos Humanos, la sociedad civil y las confesiones religiosas han denunciado mediante informes los recientes acontecimientos y la situación de total inseguridad. El último informe del Grupo de Expertos de las Naciones Unidas del Consejo de Seguridad denunció, en particular, el fracaso de las operaciones militares conocidas como Umoja wetu y Kimya , en Kivu Norte y Kivu Sur y el agravamiento de la situación humanitaria.

A pesar de la presencia de las fuerzas internacionales de la ONU (MONUC), la población en estado de shock ha sido tomada como rehén. A la extensa lista de masacres, violaciones, pueblos incendiados, secuestros, robos y saqueos de la que ha sido víctima, se añaden la desestabilización organizada de las fuerzas vivas de la sociedad, de las comunidades religiosas y de la represión contra periodistas, sindicalistas y agentes sociales. Dicho informe demuestra que Kivu ha sido abandonada entre depredadores, y esta guerra se ha convertido en «la guerra por el control de los minerales». La exportación fraudulenta ha aumentado de manera significativa desde enero de 2009, tras los acuerdos entre Kigali y Kinshasa, firmados sin la aprobación de los respectivos parlamentos.

El ejército congoleño, repartido por toda la región, está bajo las órdenes del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), que está ahora consiguiendo con el apoyo de Ruanda lo que no pudo conseguir el año pasado con la guerra. Numerosos jefes militares denunciados ante la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad conservan sus puestos y siguen recaudando impuestos. No se ha entregado todavía una gran cantidad de armas y miles de soldados ruandeses continúan en la región. El grupo armado FDLR, rebeldes hutus ruandeses, conserva intacta su estructura y controla varias zonas mineras. Miles de personas, supuestamente refugiados congoleños, pasan la frontera de Ruanda con ganado y armas y se instalan en los territorios y municipios de Kivu Norte, previamente saqueados y destruidos.

De forma evidente, aparece el signo precursor de la ocupación de Kivu. El profesor R. Mugaruka escribe: «La Comunidad Internacional, teniendo en cuenta la relación de poder entre Kigali y Kinshasa, ha impuesto a ésta última la aceptación de la hegemonía ruandesa en la región y el reparto de las riquezas y del territorio congoleño con sus vecinos, abriendo así una vía para un proceso silencioso de anexión de Kivu a Ruanda».

Muchas personas se preguntan: «¿Por qué una nueva ocupación militar y económica so pretexto de operaciones militares conjuntas?». La amargura y la humillación han reemplazado a la esperanza que suscitaron las elecciones presidenciales de 2006 y las promesas de paz formuladas durante la Conferencia Amani de enero de 2008. Sacrificar Kivu significa sentar las bases para un nuevo baño de sangre.

La gente se pregunta: «¿Por qué todo esto? ¿Hasta cuándo tenemos que esperar para tener paz y qué paz se nos concederá?». Esta es la pregunta que nos gustaría plantearle también, Señor Presidente, representante de un país implicado, directa o indirectamente, en el conflicto y los desequilibrios de los países de los Grandes Lagos, debido al apoyo concedido a los regímenes de esta región, Ruanda y Uganda en particular, y también debido a los beneficios que obtienen las multinacionales que alimentan esta guerra y que juegan un papel muy importante en la economía de su país.

El apoyo interesado de las potencias internacionales, entre las que se encuentra la administración de su país, ha sido determinante para la instauración y la hegemonía regional del régimen ruandés. No podemos olvidar el apoyo americano a la invasión del Congo en 1996 y en 1998 por Ruanda y Uganda en perjuicio del movimiento no violento y pro democrático de principios de los años 90, apoyado por el pueblo congoleño durante la Conferencia Nacional Soberana. Todavía hoy existe este apoyo, a pesar de la política desestabilizante de los regímenes citados. «Es una política a corto plazo –han escrito los obispos que participaron en el II Sínodo Africano- que fomenta la guerra para obtener ganancias rápidamente a partir del caos, al precio de vidas humanas y sangre derramada… ¿no habrá nadie entre sus filas que esté capacitado y desee acabar con estos crímenes contra la humanidad?».

Hoy en día se necesita urgentemente un cambio de estrategia. La solución de las armas, adoptada hasta el día de hoy, ha causado y sigue causando mucho sufrimiento a la población civil. La intervención humanitaria no soluciona las causas profundas de la crisis. El problema de la sobrepoblación de un país no se puede solucionar con guerras sangrientas. El problema es político y, por ello, la solución debe ser diplomática y política. Es necesario reactivar y aumentar la presión internacional que ha demostrado su eficacia con el arresto de Nkunda en enero de 2009.

En nombre de una población que ha sufrido demasiado, nos gustaría solicitarle que emplee todo su esfuerzo para que:

1. Los Estados Unidos revisen de manera crítica la política adoptada durante los últimos veinte años con respecto a la Región de los Grandes Lagos, habiendo constatado el precio que ha pagado la población de la RDC y de la Región.

2. Los Estados Unidos renuncien y se opongan a la militarización de la Región que ya ha causado muchos daños a la población civil.

3. Los Estados Unidos cesen su apoyo interesado a los regímenes de Uganda y Ruanda, y lo cambien por una ayuda para una verdadera apertura democrática y para el respeto de los derechos económicos, políticos y territoriales de los países de la Región y, llegado el caso, que se impongan sanciones.

4. La política vuelva a desempeñar su papel con respecto a la economía, exigiendo a las multinacionales que den cuenta de su actividad en terceros países, sobre todo en lo que respecta a la trazabilidad de materias primas importadas. A tal efecto, será necesario prever un régimen de sanciones que castiguen las irregularidades constatadas.

5. Se asegure la confianza en los recursos humanos de la Región, abriendo un diálogo con las fuerzas vivas de la sociedad civil y valorando la aportación de los antiguos jefes locales, hoy apartados de sus cargos.

Solamente mediante el respeto de los derechos de los pueblos, y entre de ellos, el de la integridad territorial y el de la soberanía económica, podremos asegurar esa movilidad que permitirá a todos los habitantes de la región tener un espacio vital. Ahora es el momento del diálogo y la verdadera política, en la RDC así como en toda la Región de los Grandes Lagos. La solución de la crisis no sólo será ventajosa en estos países, sino también en sus países socios.

Con estima y confianza esperamos su contribución a la paz de la Región.
Hecho en Parma (Italia), el 1 de enero de 2010.

Dirección: Réseau PAIX POUR LE CONGO, Strada Cavestro,16 Loc. Vicomero 43056 San Polo – Torrile (PR), Italia

Tel/fax: (+39) 0521.314263 E-mail: info@muungano.it


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