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Gaetan Kabasha

Gaétan Kabasha es ruandés de nacimiento y vive en España. Es testigo directo del drama de los Grandes Lagos. Está comprometido con el desarrollo de África y un mundo más humano. Así mismo es fundador de la Asociación AUDE.

- Licenciado en ciencias eclesiásticas y doctor en Filosofía. (Tesis doctoral sobre el deseo mimético y la violencia colectiva)

Lenguas: Francés, inglés, español, kinyarwanda, lingala y sango.

Ahora podemos seguir en Fundación Sur su blog África desde dentro.

gaetankaba@gmail.com

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Muere el presidente Pierre Nkurunziza, por Gaetan Kabasha

24 de junio de 2020.

Un héroe para algunos, una bestia negra para otros, Pierre Nkurunziza muere, con 55 años, a dos meses de dejar la presidencia de Burundi a un sucesor que él mismo ha elegido. Su muerte conmueve tanto a los seguidores que le adoran como un mensajero divino como a los detractores que le odian con la misma intensidad.

Nkurunziza nació en una familia bastante holgada. Su padre, Hutu, formaba parte de la élite política de después de la independencia del país. Su madre, Tutsi, era enfermera. En 1972, cuando Nkurunziza tenía siete años, su padre era diputado de la nación. En aquel momento el gobierno de Michel Micombero decidió eliminar a todos los intelectuales hutus sin excepción en todos los rincones del país. Fue un genocidio en toda regla aunque no reconocido internacionalmente todavía. Ministros, diputados, profesores, comerciantes, estudiantes etc. fueron buscados, masacrados y enterrados en fosas comunes lejos de sus familias que nunca volvieron a saber de ellos. Miles de Hutus huyeron hacia los países vecinos. El conflicto étnico cogió las proporciones jamás vistas antes. El padre de Nkurunziza desapareció así dejando atrás 6 huérfanos.

Con duros esfuerzos, Nkurunziza pudo cursar los estudios en un ambiente muy difícil y llegó a ser profesor de educación física en la Universidad de Burundi. En 1993, una ola de democratización de África llegó a Burundi y el pueblo eligió soberanamente a Melchior Ndadaye, un hutu salido del exilio. Por primera vez en la historia de este país, alguien de la mayoría étnica cogió el destino del pueblo en unas estructuras político-militar completamente adversas. Aquello no duró mucho ya que después de 3 meses, Ndadaye fue asesinado por los militares. Su muerte fue seguida de enfrentamientos sangrientos y una guerra civil de casi 10 años.

En 1995, Nkurunziza escapó de un intento de asesinato en la universidad dónde enseñaba y decidió ingresar en la rebelión hutu. Poco a poco, con su talante, consiguió hacerse cargo del movimiento poniendo fin a las rivalidades entre los diferentes líderes de la rebelión. En 2003, filmó los acuerdos de paz de Arusha entre el gobierno de Pierre Buyoya y las diferentes rebeliones, auspiciados por el icónico Nelsón Mandela. Burundi entró en una nueva era dónde la democracia se fundamentaba sobre el reparto del poder entre los Hutus y los Tutsis en todos los niveles de la administración nacional.

En 2005, con 40 años, Nkurunziza fue elegido presidente de Burundi con una mayoría abrumadora de 94% de los miembros de la cámara de diputados. Su llegada al poder supuso un antes y un después, poniendo fin a los repetidos enfrentamientos entre los Hutus y los Tutsis.

Su sistema de gobierno fue visto por muchos como una bendición para la nación y un símbolo de reconciliación: sencillez, cercanía con el pueblo, deporte, insistencia en el desarrollo rural (escuelas primarias por todas partes, centros de salud, etc.). Aparecía en las colinas con su bicicleta y se ponía a cultivar con la gente. Se hizo tan popular que consiguió instalar su partido en el corazón de los campesinos. Pero algunos le reprochaban su tendencia a confundir su evangelismo con la política, queriendo convertir al aparato del Estado en una propaganda de su iglesia pentecostal. De hecho, casi nunca sintonizó con la poderosa Iglesia Católica hasta el final.

En 2015, cuando todos esperaban que abandonara el poder según los acuerdos de Arusha que guiaban el país como pacto fundacional, el presidente sorprendió a los suyos y a los ajenos informando que se presentaría al tercer mandato. Los problemas empezaron allí. Algunos de sus compañeros de partidos no entendieron esta actitud. Muchos le hicieron saber en vano. El ambiente se tensó mucho en todos los ámbitos de la vida nacional. Un golpe de Estado organizado por sus antiguos compañeros de lucha fue asfixiado. El país se paralizó. Miles de burundeses volvieron a huir del país. La prensa privada fue mermada; las voces críticas acalladas. Se empezó hablar otra vez de rebeliones. En realidad aquello fue una guerra entre los hermanos enemistados, una rivalidad entre los vencedores en torno al poder. Nkurunziza salió ganador pero con una nación herida, cerrada al mundo. La comunidad internacional le retiró apoyo y financiación. Durante cinco años, el presidente no salió del país. Al mismo tiempo, el pueblo burundés aprendió a vivir con sus propios medios sin depender demasiado de las ayudas exteriores. Su relación con Ruanda, su vecino del norte, se deterioró tanto que los dos presidentes lo manifestaron en público acusándose mutuamente de apoyar a los ellos llaman "enemigos".

En 2020, cuando nadie lo esperaba, Nkurunziza sorprendió a todos anunciando que no se presentaría a las nuevas elecciones. Influyó en la elección del candidato del partido CNDD-FDD, el general Evariste Ndayishimiye. Fue un alivio para todos, tanto los de su partido como los opositores que vieron en este gesto una oportunidad de volver a una cierta reconciliación nacional.

La muerte repentina de Nkurunziza el 9 de junio oficialmente por infarto no deja de levantar interrogantes. Todo lo que se puede decir es que sus seguidores le lloran como a un mesías que acaba su misión y esperan que su sucesor siga sus huellas. Los detractores desean desde el fondo de su corazón que el nuevo presidente, Ndayishimiye, abra el país y recomponga la fractura social que se ha instalado desde 2015. En paralelo, sus seguidores hablan de una estrella divina que desaparece dejando atrás una vislumbraste luz, un patriota al que habrá que construir un gigante monumento. No cabe duda de que, a pesar de las controversias, su decisión de pasar el testigo será recordado como un gesto de gran trascendencia en un continente dónde los presidentes suelen tomarse por insustituibles.

Requiescat In Pace.

Original en: Afroanálisis



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