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Burgos, Bartolomé

Bartolomé Burgos Martínez nació en Totana (Murcia) en 1936. Sacerdote miembro de la Sociedad de Misiones de África (Padres Blancos), es doctor en Filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma, 1997. Enseñó filosofía en el Africanum (Logroño), en Dublín y en las ciudades sudanesas de Juba y Jartum. Fue fundador del CIDAF (Centro de Información y Documentación Africana) a finales de los setenta, institución de la que fue director entre 1997 y 2003.

Llegó a África con 19 años y desde entonces ha vivido o trabajado para África y ha visitado numerosos países africanos. De 2008 a 2011 residió en Kumasi, Ghana, donde fue profesor de filosofía en la Facultad de Filosofía, Sociología y Estudios Religiosos de la Universidad de Kumasi. Actualmente vive en Madrid y es investigador de la Fundación Sur.

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Serie Grandes Mujeres Africanas: Colette Kitoga: “Madre de huérfanos y viudas”
06/03/2020 -

Inicio

Colette Kitoga nos introduce en su vida con estas palabras: “Vengo de una familia necesitada. Siendo niña vi morir a mi hermanita de sarampión. Desde entonces siempre he querido salvar vidas.” Nació en la década de los cuarenta, en Bukabu, ciudad del Sur del Kivu (RD del Congo) colindante con Ruanda. A los 14 años, viajó a Italia en compañía de una misionera, “con la idea -nos dice Colette- de hacerme religiosa. En Italia hizo los cursos de educación intermedia y el bachiller. Las religiosas esperaban que estudiase teología pero ella se negó, ya que su verdadera aspiración era estudiar medicina. Este cambio de perspectiva decepcionó fuertemente a la religiosa que había sido su protectora. En palabras de Colette: “aquella hermana y yo nos separamos de mala manera, porque ella había puesto en mi todas sus esperanzas y yo la había decepcionado, como podría hacer un hijo con sus padres. Sólo recientemente nos hemos reconciliado, (2012) fue un momento muy intenso y conmovedor”.

Su estancia en Europa duró unos 20 años, dedicada al estudio y al trabajo. Estudió medicina en la universidad católica de Roma. En la universidad de Ginebra se especializó en sanidad pública y desarrollo. También estudió bioética, medicina tropical y psicoterapia infantil y femenina.

Mater Misericordiae

Después de pasar tantos años en Europa, Colette volvió a su ciudad natal de Bukavu, allá por los años 80. Comenzó trabajando en el hospital local, donde las condiciones de trabajo eran deplorables. En la maternidad, muchas madres morían al dar a luz, pues las traían al hospital en estado grave, cuando el parto en casa resultaba imposible. Los recién nacidos se encontraban huérfanos y sin protección, ya que el hospital no podía hacerse cargo de ellos. La Dra. Kitoga decidió tomar el asunto en mano y, en 1995, alquiló un apartamento en Bukavu, donde albergó a siete pequeños, decidida a ocuparse de ellos con la colaboración de dos enfermeras voluntarias. “Muchas madres -nos dice la Dra. Colette- morían al dar a luz, así que pronto me encontré con quince recién nacidos en mis brazos. Ni siquiera tenía leche para alimentarlos; decidí, pues, confiarlos a diferentes familias para que se ocuparan de ellos.

“Un día -cuenta Colette Kitoga- vino a mí una señora, con unos veinte niños, entre seis y quince años, y me dijo: ‘Doctora usted quería hacer el orfanato, pues aquí le traigo los huérfanos’. Me quedé con aquellos niños durante un año y este fue el comienzo de “Mater Misercordiae”. El apartamento se convirtió en una guardería, con bebés recién nacidos y niños pequeños, que buscaban refugio escapando de la barbarie.

Así fue como, gracias a la ayuda de algunos amigos italianos y a la colaboración de numerosas familias, surgió en centro Mater Misericordiae.

La guerra

Esto ocurría en octubre de 1996, poco antes del inicio de la segunda guerra del Congo que cambió dramáticamente la situación. Bukavu, ciudad fronteriza con Ruanda, fue una de las primeras invadidas y conquistadas. La invasión provocó numerosas muertes, entre ellas la de Monseñor Christophe Munzihirwa, arzobispo de la ciudad. Por todas partes había cadáveres, y el centro de acogida de la Doctora Colette se vio rápidamente inundado por niños traumatizados. Algunos habían visto asesinar a sus padres y las niñas habían sido violadas en su niñez. Otros contaban como habían visto enterrar a personas vivas; hubo quien vio como cortaban la lengua a su padre, le sacaban los ojos y violaban a su madre en su presencia. Estos niños se convirtieron en testigos molestos, a quienes se intentaba neutralizar, por lo que tenían que ser protegidos.

Mater Misericordiae acogió también a chicas y mujeres violadas por criminales que utilizaban la violación como arma de guerra. Colette quiso proteger de la estigmatización a que se verían sometidas las mujeres violadas. En el Centro se les llama viudas para evitar la discriminación. “Son viudas con marido”, dice Colette sonriendo.

La situación de Mater Misericordiae se agravó con el aflujo de los niños soldados. Al comienzo de la invasión, Kabila, el padre, había prometido 200 dólares a cuantos se incorporaran a las tropas invasoras. Muchos niños, obnubilados por la promesa de tanto dinero, escaparon de sus familias para alistarse en el ejército. Algunos murieron y otros desertaron los campos de batalla y buscaron refugio en el centro de la Dra. Colette, ya que no podían volver a sus familias porque éstas estaban vigiladas. Acoger a estos niños prófugos era peligroso: si capturaban alguno, fusilaban a toda la familia que los había protegido. Aún así, numerosas familias se arriesgaron a ocultarlos y protegerlos. Con el tiempo, Unicef fue autorizada a desmovilizar a estos niños soldados y fue entonces cuando la Dra. Colette pudo ocuparse de ellos oficialmente, a pesar de ser muy numerosos.

Oficiales de ejército habían sospechado de la Dra. y registraron el Centro, acusándola de proteger al enemigo. El enemigo eran estos niños convertidos en testigos incómodos o escapados del frente. Sus perseguidores eran soldados de la Coalición Democrática Congoleña, que incluía tutsis del ejército ruandés presentes en el Congo, el ejército hutu, desparramado en campos a través del Congo oriental y supervivientes de las tropas de Mobutu. Miembros del ejército controlaron a la Dra. Colette, la interrogaron y la espiaron. Cuando ayudó a escapar a un niño y a su madre, que debía ser sepultada viva, la Doctora tuvo que huir a Nairobi y más tarde ocultarse en Kinshasa.

Terapia

Con el tiempo, el Centro Mater Misericordiae, que había comenzado en Bukavu, extendió sus actividades a otras dos localidades: Uvira, cerca de la frontera burundesa y Kamituga, en zona rural, administrados por enfermeras voluntarias y psicoterapeutas. En total, los Centros acogen a unos 2.800 niños, entre huérfanos, ex-niños soldados y mujeres víctimas de violaciones. La Dra. Kitoga también recurre a familias acogedoras, en quienes puede confiar, para hospedar a estos niños y que puedan así integrarse en la sociedad. Se procura que las familias acogedoras tengan contacto con las familias reales de los niños. Si éstos no tienen familia, se procura relacionarse con miembros de sus tribus de origen, para que no se sientan perdidos.

El Centro ofrece cuidados médicos generales y psicoterapia a los niños (el 85% de los residentes) y a las jóvenes violadas, ayudándoles a superar los horrores sufridos. Allí, huérfanos y niños soldados viven juntos para rehabilitarse. Al comienzo, la convivencia era muy difícil. Los niños nunca miraban a la cara de la persona que les estaba dirigiendo la palabra; no hablaban ni sonreían. Casi todos tienen amargas experiencias de los adultos, por eso es esencial ganarse su confianza, aún pidiéndoles perdón por los sufrimientos que los adultos les han causado. La sonrisa en sus labios es el primer indicio de recuperación.

Con el tiempo, la situación de estos niños ha mejorado mucho. Los mayores ayudan a los más pequeños y los van mentalizando y, así, se van serenando. Los que saben leer y escribir enseñan a los que no saben. Algunos ya se han independizado; han iniciado, por ejemplo, algún pequeño negocio, han abierto restaurantes locales o han aprendido a coser y reparar ropa de vestir. Algunos han llegado incluso a cursar estudios universitarios y no se olvidan de echar una mano a sus compañeros de antaño, cuyas tragedias compartieron. El número de los residentes de los Centros desde los inicios puede ascender a unos 5.000. Para todos ellos, la doctora Colette es la madre de viudas y huérfanos, a pesar de que ella misma nunca fundara una familia.

Esta mujer extraordinaria, que ya ronda los setenta años, recibió el reconocimiento del Premio UNICEF 2005 por su trabajo con los niños en el Centro Mater Misericordiae. Pero sin duda, el mayor reconocimiento de su incansable dedicación es el amor y la gratitud de todas estas personas para quienes ha sido y sigue siendo la Madre de viudas y huérfanos.

Bartolomé Burgos

[Fundación Sur]


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