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Inicio > Bitácora africana >
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Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, actualmente escribe en el blog "En clave de África" en el Periódico de Catalunya" y en Periodista Digital y trabaja en la ONGD Red Deporte y Cooperación

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Mensajes xenófobos y supuestos servicios tercermundistas, por Jose Carlos Rodríguez Soto

1ro de octubre de 2019.

“¡No hay derecho! ¡Esto es tercermundista!» La queja, que resuena en la sala donde espero para ver a mi nuevo médico en un centro de salud de Alicante, proviene de una mujer no muy mayor a la que, por lo visto, se le hace cuesta arriba esperar más de 20 minutos. No es la primera vez que oigo ese calificativo. Sospecho, cada vez con más convicción, que las personas que lo usan no han vivido nunca en ningún país del mal llamado “Tercer Mundo”.

La impaciente paciente parece contar con la aprobación de otras tres personas enfrente de ella que comienzan a asentir. Uno de ellos, que lleva una pierna vendada, apenas consigue balbucear tres palabras cuando la indignada señora le interrumpe para continuar con su retahíla de exabruptos.

“¡Tercermundista! No hay derecho. Lo que pasa es que mientras los ciudadanos padecemos esto esos sinvergüenzas de políticos se forran a cuenta nuestra, que son todos unos corruptos. Mira tú como se reparten en dinero, compinchados con esas mafias de ONGs. Cómo va a funcionar bien la sanidad pública, si ahora llegan miles de inmigrantes y nos colapsan los servicios a los que tenemos derecho. Tendríamos que salir todos a la calle y hacer una manifestación para que se enteraran de que estamos hartos. Pero claro, como a los políticos que están al frente de las autonomías les dan 7.000 euros por cada inmigrante ilegal que llega a España…”.

Pienso si debo decir algo ante tantos despropósitos. Temo que mi mujer, ugandesa por más señas, que está a mi lado, vaya a reaccionar y se monte la bronca, pero su única reacción es reírse. El paisano de la pierna vendada solo acierta a decir: “Pues yo llevo aquí desde las…” cuando la puerta se abre y, tras llamar la doctora por su nombre a la indignada señora, esta entra apresuradamente a la consulta poniendo fin a la tragicómica escena.

“¿Servicio tercermundista?”. Acabo de empadronarme en Alicante. El trámite nos llevó apenas quince minutos y a continuación mi esposa y yo nos dirigimos a nuestro centro de salud, donde tras presentar los correspondientes certificados nos dieron en el acto nuestras nuevas tarjetas sanitarias -cuatro, incluyendo las de nuestros hijos- y nos consiguieron cita para el médico el mismo día. Siempre he usado los servicios médicos de la Seguridad Social y rara vez he tenido que esperar más de media hora. Mi familia y yo siempre hemos disfrutado, de forma gratuita, de consultas por médicos competentes y tratamientos que en los países donde he vivido (Uganda, República Democrática del Congo, Gabón, República Centroafricana) solo habrían estado al alcance de los más pudientes, y ni siquiera eso. En Bangui, donde trabajo actualmente, siento una pena enorme cada vez que veo un caso de muerte por falta de asistencia médica. Conozco muchas familias que han perdido a uno de sus miembros -sobre todo niños- porque no podían permitirse pagar la consulta de un médico, una operación en un hospital mal equipado o unos medicamentos a un precio prohibitivo.

Por lo demás, qué decir sobre las quejas sobre el supuesto colapso de los servicios médicos por culpa de los inmigrantes, o como las ONG “se forran” con ellos. Cuando trabaje en este sector, la mayor parte del tiempo lo hice como voluntario, y cuando lo hice como contratado nunca pase de cobrar 1.400 euros al mes. Menos ganó mi mujer durante un tiempo en que coordinó las actividades de un albergue para mujeres africanas en situación de vulnerabilidad. Cada vez que vengo a España no deja de sorprenderme la difusión de mensajes simplistas basados en medias verdades, cuando no en mentiras descaradas, que los políticos de la extrema derecha (o de la derecha sin más calificativos) difunden para ganar votos, intentando pescar en caladeros de gente que expresan un descontento que no siempre está fundamentado.

A los que se quejan de “tercermundismo” en España les llevaba yo a vivir una semana en alguno de los países africanos que conozco. Eso sí, en las mismas condiciones de vida que la inmensa mayoría de sus habitantes: comiendo una vez al día, sin acceso a agua potable ni electricidad, y con no más del equivalente a un euro y medio en el bolsillo cuando se pongan enfermos. Es posible que dejaran de expresar muchas de las tonterías que dicen.

Original en :En Clave de África



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