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Luján Aldana, Carlos

Economista mexicano. Me apasiona el estudio de los asuntos africanos, por lo que escribo para impulsar el conocimiento del continente africano y generar debate en torno a él.

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Los servicios de salud en África, en terapia intensiva, por Carlos Luján Aldana

26 de junio de 2019.

En lo que va del Siglo XXI, África ha registrado notorios avances económicos y sociales, los cuales, pese a que no son lo suficientemente sólidos como para transformar las actuales condiciones de vida de los africanos, sí constituyen una luz de esperanza para ellos. Sin embargo, en lo que respecta a los servicios de salud y sanidad existe un notorio rezago que es urgente que atiendan.

Contar con un sistema de salubridad fuerte, gratuito y de calidad es un requisito indispensable para el desarrollo de cualquier país. Por el contrario, una nación conformada por personas que están constantemente expuestas a todo tipo de enfermedades y epidemias está condenada a permanecer en la pobreza, pues limita las capacidades productivas, económicas y psicosociales de gran parte de la población.

En este sentido, y si bien el funcionamiento de los sistemas de salubridad africanos es diverso de un país a otro, de forma general podemos catalogar su desempeño actual como un desastre, a pesar de los avances, y representa uno de los principales problemas que los gobiernos deben afrontar en los próximos años a partir de ahora. Así que, sin más preámbulo, analicemos por qué los servicios de salud han tenido muy poco éxito dentro del continente.

El verdadero estado que guarda la salud en África.

A lo largo del tiempo, se han creado, como en todos los asuntos, una serie de mitos en torno a la salud y las enfermedades en África. Se tiene la idea que es un lugar donde proliferan epidemias y enfermedades mortales, donde cualquier contacto corporal, ya sea con una persona o algún animal que está infectado, es razón suficiente para enfermarse, y después morir.

Es verdad que el continente es hogar de muchas enfermedades terribles, pero el panorama es diferente respecto a esta falsa creencia. Muchos de los principales problemas del continente africano en materia de salud se derivan de malas políticas públicas y falta de inversión en los sistemas de salud y seguridad social.

Cuando hablamos de la situación que guardan los servicios de salud, no solamente nos referimos a la atención médica como tal, sino a todo el contexto en el que se desarrollan estos servicios y las condiciones que los hacen posibles. Parte de esto son, entre otros, la infraestructura hospitalaria, la inversión y el gasto público en la materia, el acceso a los servicios de salud, a los medicamentos y demás productos farmacéuticos. Todo ello impacta en el funcionamiento de los sistemas de salubridad, y el estado de salud de la población está muy relacionado con su operación.

Haciendo una radiografía más específica sobre las características de estos servicios, los elementos comunes que encontramos en prácticamente todos los países africanos, son los siguientes:

Infraestructura insuficiente, sobre todo en zonas rurales. En las grandes ciudades y zonas turísticas es más probable encontrar mayores facilidades médicas, hospitales y especialistas.

El sector privado ofrece mejores servicios de salud, pero muchos de ellos solicitan depósitos antes de empezar el tratamiento, incluso en situaciones de emergencia.

Los profesionales de la salud están concentrados en los grandes hospitales y zonas urbanas, mientras que existen extensas áreas incomunicadas donde hacen falta.
La población que vive en áreas remotas tiene que recorrer largas distancias para tener acceso a servicios de salud.

Tomando como referencia estos elementos, a continuación, se muestran algunos indicadores que muestran que África se ubica por debajo del promedio mundial en lo que se refiere a la atención y acceso en materia de salud, que nos indican un deterioro muy evidente sobre este aspecto tan importante.

De este cuadro se desprende que los africanos viven en promedio 9 años menos que las personas de otros continentes. Ello se debe en gran parte a las malas condiciones sanitarias presentes en todo el continente, generadas por la mala alimentación, desnutrición, falta de higiene y los efectos de los conflictos armados.

Los gobiernos se han visto rebasados ante este escenario, y poco o nada han podido o querido hacer ante este problema, que se agrava debido a lo limitado de los recursos con los que cuentan, y el poco dinero que hay, se pierde a causa de la corrupción y malas prácticas clientelares.

También hay que reconocer que el entorno natural y climático no ayuda en el combate a las enfermedades. Las zonas tropicales, por ejemplo, son propicias para el desarrollo de infecciones transmitidas por insectos y mosquitos. Y en las zonas desérticas, la escasez de agua constituye un serio problema que es origen de algunas enfermedades.

De acuerdo con la organización Africa Check, las enfermedades e infecciones del tracto respiratorio, como la bronquitis y la neumonía, son las principales causas de fallecimiento en África, seguido por el VIH y las infecciones estomacales causadas por virus y parásitos. Esto significa que la mayor parte de las causas de muerte actuales en África se deben a padecimientos más comunes de lo que pensamos, mismas que se podrían evitar con un tratamiento adecuado.

A pesar de esto, la proporción de muertes por enfermedades transmisibles en África es aproximadamente el doble en comparación con el resto del mundo, como se aprecia en la siguiente gráfica, aunque, por otra parte, esta proporción se ha redujo en 12 puntos porcentuales del 2000 al 2015.

En cuanto a este tipo de enfermedades, las más “famosas” en África son la malaria, el VIH-SIDA y el ébola. Sin embargo, de éstas, solamente el VIH constituye una amenaza actual seria.

Afortunadamente, nuevas investigaciones contra la malaria han disminuido las muertes en todo el mundo, al grado que tres países africanos (Islas Mauricio, Marruecos y Argelia) han sido declarados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como libres de esta enfermedad, aunque ésta continúa siendo una de las principales causas de muerte en otros países africanos.

Por otro lado, solo en África Occidental se registraron 1,700 focos epidémicos en los últimos 40 años, siendo el último y más mortífero el brote de ébola que azotó Guinea, Sierra Leona y Liberia. Sin embargo, las muertes causadas por el ébola son insignificantes en comparación con otras enfermedades, pese a su gran mortalidad (el 50% de los infectados de ébola fallecen).

En lo que se refiere a las causas de muerte por enfermedades no transmisibles, éstas han ido en aumento, aunque también aquí la proporción con respecto al promedio mundial es casi el doble.

Consecuencias del abandono de los sistemas de salubridad en África y algunos avances y desafíos.

El más reciente reportede la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su sede regional para África, muestra una mejora de la salud en la región. La esperanza de vida se incrementó de 50.9 años a 53.8 entre 2012 y 2015, lo que fue el mayor incremento en el mundo. No obstante, se identifican nuevos y varios desafíos.

En este mismo reporte, se señala que los países africanos están fallando específicamente en proveer servicios esenciales a dos grupos de edad críticos: los adolescentes y los ancianos. Los grandes esfuerzos en el combate a la salud por parte de los gobiernos y diversas agencias de Naciones Unidas y ONG´s se concentraron en la desnutrición de los infantes, pero se han desatendido a estos dos sectores vulnerables. A su vez, las mujeres también son más propensas a sufrir. En algunas partes las violaciones a mujeres y niñas son sistemáticas, y aunado a la horrible práctica de la mutilación genital femenina, son serios obstáculos para que ellas gocen de una vida saludable.

El gasto en salud es bajo, pero no sólo es la cantidad, sino el modo en que se emplea. Actualmente, en promedio, el 39% se destina a productos médicos, el 14% en fuerza de trabajo y sólo el 7% en infraestructura. En contraste, los países con mayor desempeño gastan 40% en fuerza de trabajo y 33% en infraestructura.

La financiación de la salud pasa, generalmente, por los programas de salud de las agencias internacionales o asociaciones humanitarias.Sin embargo, en muchas ocasiones, una buena proporción de este gasto es financiado por la población. Por ello, y debido a lo exorbitante que puede llegar a ser el mismo, la gente renuncia a los cuidados necesarios. En África casi no existen políticas de cobertura universal de salud. Bajo este contexto, la automedicación y la medicina tradicional aparecen como las alternativas a las que recurren millones de africanos, asumiendo los riesgos que ello conlleva.

A partir de la década de los noventa algunos países introdujeron políticas de gratuidad y exención de pagos en algunos países, así como algunas políticas focalizadas. Todas ellas presentan debilidades, por ejemplo, la gente sigue absorbiendo los gastos de los medicamentos y algunos costos que no son médicos (como el transporte del paciente y la persona que lo acompaña). Pero, al fin y al cabo, este tipo de medidas son positivas.

Para la mayoría de los países africanos, la pobreza de la población, el predominio del sector informal y el bajo rendimiento de los sistemas de salud son factores importantes a considerar. Por esto mismo, el seguro de salud es muy limitado por la alta proporción de la población con bajos ingresos.En Kenia, la crisis del sistema sanitario público ha provocado la aparición de dispensarios privados que priorizan la obtención de ganancias antes que la salud del paciente.
Y por si esto fuera poco, la situación de terrorismo, inseguridad y violencia abona al deterioro de la salud de los africanos, no solo directa, sino también indirectamente, como el reciente secuestro de dos médicos cubanos en la frontera de Kenia y Somalia por terroristas de Al Shabaab.

Por todo esto, se estima que los sistemas sanitarios africanos están operando en la mitad de su capacidad potencial, en perjuicio de millones de africanos. Es más, los mandatarios también pueden considerarse víctimas de este suceso. Ya han sido varios presidentes que han tenido que trasladarse fuera de África para atenderse de sus múltiples achaques.

Entre ellos se encuentra Alí Bongo, presidente de Gabón, quien fue hospitalizado de emergencia en Arabia Saudita por causas misteriosas.Del mismo modo, el ex presidente argelino Abdelaziz Buteflika se atiende en Ginebra a partir de que sufrió un infarto cerebral en 2013. Estos viajes podrían evitarse si en sus propios países hubieran fomentado el desarrollo del sector salud. Ah, pero eso sí, cuando mueren, todos quieren que se los lleven a enterrar a África (sic).


Conclusión.

Los sistemas de salud africanos requieren ser transformados para que se conviertan en la punta de lanza del desarrollo social de todos los países. Actualmente éstos se encuentran muy frágiles, por lo que requieren ser fortalecidos. Dada su situación actual, deberán realizarse enormes esfuerzos para que estos sistemas funcionen adecuadamente y beneficien a la población.

Por supuesto, se requiere la coordinación entre los gobiernos africanos con la OMS, el sector privado y las Organizaciones de la Sociedad Civil, pero se requiere que los Estados asuman la responsabilidad de manejar y administrar este aspecto de primera necesidad. Delegar la mayor parte de esta responsabilidad en manos de los mercados, que solo buscan la rentabilidad económica por encima de todo, es un grave error.

Algunos países han mostrado importantes avances en aspectos muy puntuales, pero generalmente son aislados y no generan un efecto multiplicador en todo el sistema. Bajo esta situación, es muy complicado que África logre alcanzar lasmetas de la Agenda 2030en lo refeCitarrente al ODS 3: Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todas las personas de todas las edades.

Son muchísimas las necesidades que se requieren atender, entre las que se cuentan la adecuada formación y capacitación de médicos y enfermeras, construcción de infraestructura adecuada, fondos para la investigación médica, equipamiento, laboratorios, acciones de prevención, concientización y el uso de la tecnología para la detección y tratamiento de las enfermedades.

Todo ello requiere de un enfoque integral y multidisciplinario, así como transformar el contexto político y económico más favorable al desarrollo del sector salud en los países africanos.

Las enfermedades siempre van a estar ahí, pero lo que hace la diferencia es la adecuada prevención, diagnóstico, atención y control de todas éstas mediante unos eficientes sistemas de salubridad, sanidad y seguridad social. Es esto lo que marca la diferencia entre las sociedades prósperas y las que no lo están. Si África no actúa pronto para mejorar la salud de su población y garantizar un acceso digno y asequible a estos servicios, continuará estancada dentro de la pobreza y el subdesarrollo.

Fuente de los gráficos : Banco Mundial

Ooriginal en :tlilxayac.com



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