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Inicio > REVISTA > Cultura >

Hacia un Atlas de la Cultura Africana en Venezuela
18/01/2018 -

América no sería lo que es, si no hubiera sido por los negros africanos.

“Don Fernando Ortiz

La sensibilidad humana y valoración histórica del aporte africanista, del entonces Vicecanciller para África de la República Bolivariana de Venezuela, Profesor e Investigador Reinaldo Bolívar llevó su personal iniciativa de formular lo que hoy es conocido en muchos medios como “La Cátedra Libre África”.

Tuve la ocasión –que agradezco profundamente—de conocer acerca de la misma, gracias a la Profesora Gloria Mateus de Monasterios. Fue ella la chispa que me introdujo el encanto y el interés de todo cuanto se puede hacer y se está haciendo, por el conocimiento del continente madre africano, desde ese marco que ya trasciende que es la Cátedra Libre África.

Gracias al Profesor Edgardo Ramírez (Ex ministro de Educación Universitaria) se materializó mi presencia en ocasión del llamado “I Encuentro de Coordinadores de la Cátedra Libre África 2010”

La problemática central a resolver sobre la invisibilización, desinterés y vacíos — docentes a nivel mundial inclusive— y sobre todo, del desconocimiento general sobre el aporte y culturas africanas al mundo y particularmente a Venezuela; pautaron todos los objetivos a seguir desde ese primer momento. El gran propósito, por si mismo, exigía grandes soluciones.

¿Cómo hacer posible la materialización de visibilizar la presencia del aporte cultural africano en la actual transculturación de la cultura venezolana? ¿Cómo hacer tangibles los remanentes de culturas tan dispersas, tan desdibujadas, tan diluidas en un todo cultural finalmente tan transcultural y mixturizado?

Hice una síntesis de la lluvia de ideas en aquel momento en la propuesta de crear un “Atlas Cultural de Precedentes Africanos” –que, sin obviar los estudios anteriores— permitiera detectar y descubrir; ubicar y cartografiar; todo cuanto en razones anteriores no hayan sido consideradas hasta el momento actual.

La Africanidad en América

Es del conocimiento casi universal que América fuere poblada durante la época colonial, bajo genocidas inmigraciones masivas llamada Trata Negrera de los africanos. Bajo este comercio de seres humanos, en igual proporción, fueron importadas una infinita gama de manifestaciones culturales, hábitos, costumbres, tradiciones y todo el ser sociocultural del cual los objetos humanos, —convertidos en mercancías para la venta— eran portadores como sujetos culturales.

No todos los procesos culturales, costumbres o modus operandi de carácter ritual de los pueblos denominados primitivos fueron entonces por supremos, necesariamente religiosos entre ellos.

Muchas de estas apreciaciones y concepciones resultaron de una mirada ajena, que respondieron a la necesidad de clasificar para su comprensión y estudio las esferas del desenvolvimiento humano, por verdaderos especialistas en sus disciplinas pero que nunca o casi nunca, operaban para sí con los mismos símbolos y códigos culturales ni en los contextos sociales de los etnos que abordaban. Muy influenciados internamente además por los antecedentes y patrones de sus propias culturas, filosofías y formación académica de todo lo cual es casi imposible hacer abstracción para poder asumir con la mayor identificación posible como propia, una realidad ajena, que a veces internamente censuran y que se constituye en el objetivo de estudio; independientemente de sus más sanos y científicos propósitos investigativos al respecto.

El español, mi lengua materna a pesar de su riqueza en sinónimos y en calificativos, no es en absoluto suficiente para expresar siquiera la multiplicidad de matices intermedios que nos resultan. Decenas de códigos psicosociales que se manifiestan también en la existencialidad del resto de nuestra sociedad.

Centenares de instintivos sentimientos que se nos extrovierten en forma de emociones, matizando con peculiaridad la locuacidad latinoamericana. Los cuales constantemente están operando dentro del proceso evolutivo de la creación en las diversas manifestaciones de la riquísima cultura en nuestra América. Que son vivenciales —por intrínsecos— en la cotidianeidad de nuestra sociedad, que se constituyen en importantes elementos cognoscitivos en las esferas volitivas, —por inherentes— pero jamás referidos, porque simplemente no existen en lengua española pero que van implícitos y expeditos en la endógena idiosincrasia de nuestra América, porque forman parte de nuestros genes psicológicos, conductuales y culturológicos.

El ser sociocultural es mucho más implícito que explícito en sus quehaceres,.. ¿Su por qué? No es lo importante, lo indispensable en la cultura popular ha resultado siempre: ¿Qué es lo que tengo que hacer?

Son los estudiosos y las disciplinas las que nos planteamos el por qué, del quehacer cotidiano de las culturas. Solo entonces surgen las insuficiencias, prejuicios y limitantes para explicitar, lo que en múltiples ocasiones culturalmente no aceptamos incluso como patrón cultural propio.

Las ciencias detrás de la cultura

Por ello, las Ciencias Sociales, siempre marchan a la zaga detrás de las evoluciones culturales. Los tenedores y actores de las culturas, necesitamos explicar nuestras propias acciones y no las versiones que otros hacen de ellas.

Debemos contribuir al firme propósito de que las nuestras universidades, además de ser académicamente profesionales, igualmente se tornen más cultas. Y solo mediante la articulación de la Cátedra Libre, en un permanente proceso de interacciones de la docencia de cultores hacia la academia y viceversa, se pueden lograr la eliminación de prejuicios referentes de culturas y graduados con cultura, además de su profesión.

La cultura deviene en fenómeno que se viene en sí misma y con natural espontaneidad, —cuando es genuina— precede a la formación de la nación, que únicamente puede construir su sólida identidad nacional a partir de la conformación e institucionalidad de su identidad cultural y, ésta a su vez, en tanto a la pertenencia individual y participación de la identidad cultural.

Luego la cultura del pueblo no es un instrumento de la naciones, sino su cimiente; de modo que la nación deberá estar al servicio de la esencia espiritual de su cultura. En el sentimiento identitario cultural de un pueblo está su sentido de pertenencia en el contexto social de la nación y en tanto ello, su verdadera relación de poder sobre su propio ser sociocultural y solo en consecuencia el de la nación.

La identidad cultural no es una teoría, por estas razones los investigadores en ocasiones estamos obligado a utilizar formas variadas de términos, usualmente no presupuestos para ciertos fines lingüísticos o métodos de investigación y conclusiones propias no usuales; pero que contribuyen a ofrecer al lector una idea más cercana sobre conceptos o códigos que son vitales por vigentes de un pueblo como el latinoamericano que:

Se expresa casi, en buen español; que se sostiene en sus predios casi, como nuestros indios; que piensa, crea y ha sabido esperar casi, con la paciencia de un chino; que juzga y prejuicia casi, como los europeos; pero que baila, trabaja, vive; mientras asume y se burla de los embates de su vida tras una sonrisa casi, como buen africano.

Identidad cultural de un pueblo

La historia universal demuestra, que la identidad cultural de un pueblo, (entendida esta como la suma de su moral, su ética, su costumbres y tradiciones ancestrales, superestructura jerárquica, modo de producción y renglones básicos de economía .) los intereses económicos propios que la sustentan; y una personalidad líder precursora en defensa de ambas, que no sólo la distingue, sino que a su vez la instaura; se convierten en un embrión primario, que solamente evoluciona hacia una identidad cultural con personalidad propia. La misma, al definir una política desigual a sus convecinos y un radio de acción acorde con su poder, establecen el estadío primario de la nación.

Sin embargo, las distintas versiones de nuestra historia e historiografía nacional han concentrado sus mayores y muy meritorios esfuerzos en la reconstrucción de la misma, a partir de la connotación y relevancia, primordialmente de los acontecimientos independentistas, las gestas libertadoras, las epopeyas de sus líderes y la insumisión como colonia española. En aras de una identidad nacional independiente y de una república que sintió desdén por el mestizaje de su identidad cultural. Cuando realmente los mayores y primeros exponentes de rebeldía por la libertad lo fueron los palenques y cimarrones, como representantes y defensores de una cultura y una libertad numéricamente mayoritaria.

Dado que si bien se logró un consenso de nación independiente, hay que decir que desde entonces, la nación nació blanca; blanca fue la versión de su historia y por tanto muy prejuiciados sus contenidos, pues los negros, pardos y mestizos siguieron siendo pecados y cuan más oscuros, más capitales.

Mucho antes del estallido de nuestras más notables luchas libertadoras, (que estuvieron encabezadas y dirigidas por hombres procedentes de clases acomodadas y esencialmente dirigidas a un nacionalismo independiente de la colonia española) ya existía una larga historia de la negritud en el escenario americano, muy anterior al nacimiento de los criollos descendientes de blancos, que encabezaron nuestras rebeliones; de manera que la naciones americanas, en el más amplio sentido de la palabra se erigieron sobre la base del sacrificio que mayormente aportó el continente Africano y esa historia, tanto cultural como antropológica está, más que escamoteada, pendiente por escribirse: Por lo tanto, contamos con la historia de naciones, que obviaron la mayor parte de la leyenda e historia de su transcultural composición, en especial la de antecedentes africanos.

Por lo anterior, que no es todo lo que ha formado y deformado los conceptos y juicios peyorativos en nuestra formación como seres sociales, es que se hacen imprescindibles los esfuerzos y estrategias, para la visibilización y revaluación del universo de los componentes culturales originarios de las culturas africanas.

Nadie es individual y propiamente del todo responsable, acerca de los prejuicios referentes discriminatorios que perduran en su mentalidad, todo ello forma parte de la construcción y deformada formación que por una vía u otra nos han legado el sistema colonial del pensamiento, la familia, los amigos y hasta factores absolutamente subjetivos.

Los estereotipos conductuales idealizados, y los procesos “civilizatorios” europeos con marcados de acentos de supremacía. De otro lado, los procesos de conversiones sobre la credibilidad religiosa, conllevaron en sus etapas de instauración, a juzgar como prácticas satánicas, a todo aquello que no estuviera dentro de sus cánones aprobatorios.

Todo ello fue desdibujando de la memoria colectiva, del reconocimiento popular y académico, lo que en resumen es igualmente legítimo, cultural e identitario.

Así pues, se hace vital por su propia naturaleza cultural realizar los esfuerzos necesarios para una adecuada valoración y divulgación de todos los componentes que sin dudas perviven en el contexto cultural venezolano.

Ello podría ser el contenido de un Atlas de Componentes Culturales Africanos en Venezuela, audaz propuesta del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños que dirige Reinaldo Bolívar en Venezuela. Siendo su desarrollo una ardua tarea, lo amerita porque es una necesidad cultural, una deuda de gratitud y reconocimiento hacia nuestro pasado histórico en franca omisión.

Entre los múltiples resultados esperados obtendremos: Conocer lo más abarcador posible y graficar la composición histórica y cultural de los componentes culturales de precedentes africanos; cuantificar y cualificar la presencia de componentes africanos devenidos; cualificar las peculiaridades y aportes de los mismos a la cultura nacional; reconocer espacial, social, histórica y culturalmente el legado, presencia y aporte de África en el escenario de la cultura e historia de Venezuela, que en realidad ya es en buena medida parte del patrimonio propio de la nación.

Una obra de esta envergadura permitiría facilitar información, conocimientos y estudios a las generaciones actuales y futuras sobre la presencia, aporte, vigencia y reivindicación del legado general del continente africano, como un importante ingrediente de la identidad cultural y nacional venezolana; de la misma manera ayudaría a desmitificar en su real dimensión y abordaje, los componentes culturales devenidos de África que aun hoy día solo son entendidos y estudiados como temas de la religiosidad popular; desconociendo el universo de aspectos de la cultura general que poseen, por falta de investigaciones en tales sentidos.

Siento profunda satisfacción personal y profesional de poder colaborar en estos empeños con los hermanos venezolanos.

Nelson Aboy (La Habana, Cuba)

* Antropólogo. Sacerdote de Ifá. Docente colaborador del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.

Fuente: Saberes Africanos

[Fundación Sur]


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