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García Hernández, Ruth

Yo respiro y escribo. No sé si al mismo ritmo ni si llevo algún compás. Solo sé que son dos acciones, dos necesidades vitales para mí. ¿Cuándo empecé? A respirar cuando nací, a escribir no tengo recuerdo…

Mis raíces segovianas brotaron en la primavera de 1985 en Madrid, donde también nació temprano mi vocación por el Periodismo. Soy licenciada en Periodismo, Magíster en Relaciones Internacionales y Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Periodismo Internacional por la UNED y Agencia EFE. He estado trabajando en diferentes medios offline y on line que me han enseñado mucho sobre esta profesión-pasión.

Durante los últimos años de licenciatura hice prácticas en el portal PRNoticias y en la revista YO DONA, del grupo Unidad Editorial. En 2009 empecé mi relación con la Fundación Cultural y Comunicación, donde ocupé el cargo de Responsable de Comunicación, al tiempo que escribía para el blog de la fundación Panorámica Social. Fue en este período cuando me inicie en el Tercer Sector, no sólo especializándome en la Comunicación Solidaria, sino conociendo y participando en actividades desarrolladas por pequeñas ONG y organizaciones sin ánimo de lucro.

En el verano de 2010, tuve la maravillosa oportunidad de conocer Mauritania y sus gentes al participar en el proyecto de cooperación Esperanza para Mauritania. El conocimiento de la injusticia y desigualdad del mundo en el que vivimos pasó a ser una realidad tangible en ese mismo momento. En 2011 me trasladé a Dublin, donde no solo he mejorado con creces mi conocimiento de la lengua de Shakespeare, sino donde también he tenido la oportunidad de conocer a personas maravillosas, provenientes de diferentes continentes, a las que querré y estaré eternamente agradecida por ayudarme a abrir más aún mi mente.

En febrero de 2014 decidí volver a casa, a Madrid, para encontrar mi sitio en el mundo de la comunicación. Mientras he podido trabajar con la Agencia EFE, en su departamento de Cultura, como voluntaria en el departamento de comunicación de la Fundación ANAR y colaborar en proyectos de compañeras y amigas como son Miradas por el Desarrollo y Planeta Low Cost.

Como la vida es un continuo aprendizaje, me sigo formando: cursos de fotografía, redes sociales, community management… Pero como no puedo dejar de lado mi sino de lectora y escritora incansable he decidido abrir aquí mi propio espacio, donde denunciar las injusticias que siguen pasando en este loco mundo y que, por desgracia, siguen pasando desapercibidas para muchos.

@RuthCiru

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Pasividad y compromisos de papel ante el cambio climático, por Ruth García Hernández

5 de diciembre de 2017.

Un verano que no parecía tener fin. Enormes huracanes y tormentas, encadenados, devastando países. Incendios provocados que encuentran las mejores condiciones climáticas para su propagación. Todo ello ha sido noticia destacada en los últimos meses, sin embargo, nadie se ha parado a analizar sus causas y el incumplimiento de los objetivos en materia de cambio climático marcados por la comunidad internacional.

Temperaturas cercanas a los 30ºC en pleno mes de octubre, amantes del calor disfrutando de la playa y el sol en días de otoño… ¿quién podría quejarse de un eterno verano? Obviamente todo ello tiene una cara B, y el conocimiento y la acción humana no deberían permanecer inmóviles ante tal situación. De acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, las consecuencias de estos aumentos de temperaturas, producto del cambio climático, son, entre otras muchas, las siguientes:

“Entre 1880 y 2012, la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados centígrados. Esto quiere decir que por cada grado que aumenta la temperatura, la producción de cereales se reduce un 5% aproximadamente. Se ha producido una reducción significativa en la producción de maíz, trigo y otros cultivos importantes, de 40 megatones anuales a nivel mundial entre 1981 y 2002 debido a un clima más cálido. Los océanos se han calentado, la cantidad de nieve y de hielo ha disminuido, y ha subido el nivel del mar. Entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar aumentó 19 cm, pues los océanos se expandieron debido al calentamiento y al deshielo. La extensión del hielo marino del Ártico se ha reducido en los últimos decenios desde 1979, con una pérdida de hielo de 1,07 millones de km2 cada decenio”.

La Agenda 2030 que marca los Objetivos de Desarrollo Sostenible, compromiso de 193 países desde 2015, señala específicamente entre sus 17 objetivos “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”. Junto a este objetivo otros dos importantes: “Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible” y “Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad”.

Estos objetivos germinan en metas más concretas que definen aún más las medidas de adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático que harán posible mejorar en calidad y años la vida de y en nuestro planeta.

Aunque el primo de alguien quizás siga cuestionando la existencia de la realidad del cambio climático, el mismo grupo de expertos de la ONU, anteriormente citado, señala que las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) han aumentado casi un 50% desde 1990. Algo que aleja mucho la meta perseguida por laUnión Europeade reducir sus emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI) en un 20% respecto al año 1990 para 2020.

Por su parte,la Organización Mundial de Meteorologíaha destacado que las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera aumentaron a una velocidad récord en 2016 y alcanzaron el nivel más alto en 800.000 años. El aumento del CO2 y otros GEI en la atmósfera tienen el potencial de iniciar cambios sin precedentes en los sistemas climáticos, lo que lleva a “graves perturbaciones ecológicas y económicas”, asegura la organización en un reciente informe.

Petteri Talas, director de la organización, ha destacado la apremiante necesidad de que los gobiernos cumplan con las promesas que hicieron en París en 2015 y tomen medidas para reducir el calentamiento global; ya que nunca se había visto un aumento tan grande en la concentración de C02 en la atmósfera en un solo año.

“Esto demuestra que no nos estamos moviendo en la dirección correcta, de hecho, estamos haciendo exactamente lo contrario si pensamos en la implementación del Acuerdo de París. Esto demuestra que existe una necesidad urgente de elevar el nivel de ambición en la lucha contra el cambio climático”, ha afirmado Talas.

Y es que no sólo el cambio climático está asociado a la subida de temperaturas del mar, sino que también desencadena sequías en regiones tropicales y huracanes e incendios forestales en otros lugares. Los recientes huracanes Irma, Harvey, María o José son tan sólo el último recuerdo de ello.

“Busquen la cobertura mediática sobre el huracán Harvey y las inundaciones en Houston, y oirán acerca de cómo este tipo de lluvia no tiene precedente. Escucharán acerca de cómo nadie lo vio venir, así que nadie se podía preparar adecuadamente”, señala Naomi Klein en uno de sus artículos sobre la cobertura informativa del huracán Harvey. “De lo que oirán muy poco es acerca de por qué estos eventos climáticos sin precedentes históricos ocurren con tanta regularidad, que decir histórico ya se volvió un cliché meteorológico. En otras palabras, no escucharás hablar mucho, si es que algo, sobre el cambio climático.”

Es demasiado habitual, por no decir que se ha convertido en un clásico, informar de estos hechos como tragedias inevitables, lamentándose en cada daño, cada herido, cada muerto, que en definitiva son cifras sin más para el medio de comunicación de turno. ¿Dónde está la búsqueda de la causa y la información sobre alternativas de consumo y de vida para evitar estos impactos? ¿Por qué no se informa sobre mitigación y adaptación al cambio climático?

“Los récords que se rompen año con año –ya sea de sequía, de tormentas, fuegos incontrolados o simplemente calor– ocurren porque el planeta está notablemente más caliente, más que nunca desde que comenzaron a llevarse registros. Cubrir sucesos como Harvey mientras se ignoran esos hechos, no ofrecer una plataforma para que los científicos climáticos puedan explicarlo con sencillez, mientras no se menciona la decisión del presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos climáticos de París, implica fracasar en el más básico deber del periodismo: ofrecer hechos importantes y contexto relevante. Deja al público con la falsa impresión de que estos desastres no tienen un origen, lo cual también implica que no se pudo haber hecho algo para prevenirlos (y que no se puede hacer algo para evitar que en el futuro sea peor)”, señala Klein.

De nuevo la manipulación informativa y la necesidad del espíritu crítico aparecen sobre la mesa. La necesidad de saber que para 2030 solo se alcanzaría un tercio de la reducción de emisiones requerida para cumplir los objetivos climáticos, de acuerdo con un nuevo informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente. Conocer que la situación será aún más crítica si Estados Unidos no se replantea su abandono del Acuerdo de Paris, si no se dejan de subvencionar los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo o el gas, y se apoyan más las energías renovables.

Y por qué no, quizás sería necesario escuchar otras voces de desarrollo alternativo como son las de las mujeres indígenas de Perú: “El agua, la sequía, el aumento de inundaciones, el calentamiento, todo eso que se está ocasionando es por las empresas que vienen depredando nuestros bosques. Las mujeres tenemos una propuesta de recuperar las semillas ancestrales que teníamos para poder asegurar nuestros alimentos”, según un testimonio que recoge ONU Noticias. “Necesitamos una reforestación a partir de la sabiduría sobre la naturaleza de nuestros pueblos, con métodos más apropiados y mejor adaptados a la regeneración natural de los suelos del Amazonas”.

En esta línea se pronuncia la ONG Survival International, quien busca una mayor participación de las comunidades indígenas en diálogos internacionales como en la reciente Conferencia sobre Cambio Climático de Bonn. “Las pruebas demuestran que los territorios indígenas son la mejor barrera contra la deforestación. Adoptar una protección efectiva de las tierras y reconocer los derechos territoriales de los pueblos indígenas son medidas que protegen vastas áreas de selva, ayudan a la biodiversidad y reducen los niveles globales de CO2.”

“Las lluvias llegan tarde. El sol se comporta de forma extraña. El mundo está enfermo. Los pulmones del cielo están contaminados. Sabemos que está ocurriendo. No pueden seguir destruyendo la naturaleza”. (Davi Kopenawa, chamán yanomami).

Original en : Crónicas olvidadas



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