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Cómo el presidente de la RD Congo reclutó a rebeldes para reprimir las manifestaciones
05/12/2017 -


Mientras el Presidente de la RD Congo, Joseph Kabila trataba de prolongar sus funciones presidenciales más allá del final de los dos mandatos previsto por la Constitución en diciembre de 2016, oficiales superiores de las fuerzas de seguridad congoleñas reclutaron clandestinamente antiguos combatientes rebeldes para reprimir violentamente las manifestaciones contra él, ha establecido Human Rights Watch en un nuevo informe. Los oficiales hicieron venir a al menos 200 antiguos combatientes del grupo rebelde M23 de Uganda y Ruanda, países vecinos, y les dieron la orden de matar a los manifestantes si fuera necesario y de eliminar cualquier amenaza para la presidencia de Kabila. Al menos 62 personas murieron en la represión que se produjo. El informe de HRW es el fruto de meses de minuciosas investigaciones efectuadas por un equipo experimentado que trabaja con Human Rights Watch. Los investigadores describen aquí su trabajo para descubrir la verdad.

Estas revelaciones son estruendosas. ¿Cuándo tuvieron ustedes por primera vez informaciones sobre esta cuestión?

Fue en diciembre de 2016 cuando oímos hablar por primera vez de reuniones en la provincia de Kivo-Norte, en el este de la RD Congo, en el transcurso de las cuales dirigentes locales discutían sobre la manera como antiguos miembros del M23 habían sido reclutados para proteger el apoderamiento del poder por parte del presidente Kabila. Al principio no sabíamos si se trataba o no de un simple rumor. Pero en enero, recibimos informaciones provenientes de fuentes fiables en Goma, principal ciudad del este de la RD Congo, que indicaban que combatientes del M23 habían sido reclutados en Uganda y Ruanda y enviados a la RD Congo para ayudar a proteger al presidente Kabila y a sofocar las manifestaciones previstas. Nuestras fuentes nos explicaron que conocían a los combatientes del M23 y que habían visto a algunos de ellos cuando pasaban por Goma para dirigirse a Kinshasa, la capital.

Pensamos que merecía la pena investigar, pero sabíamos que debíamos ser prudentes: los soldados que hablan kinyarwanda (lengua de Ruanda) son acusado frecuentemente de ser combatientes del M23, cuando en realidad son congoleños que forman parte del ejército desde hace numerosos años y que nunca se han unido a la rebelión del M23. Así pues, decidimos ir a Ruanda y a Uganda, donde la mayoría de combatientes del M23 ha establecido la base desde que su grupo armado violento fue derrotado en 2013.

¿Cómo lograron conectar con los antiguos rebeldes para interrogarlos ?

No fue fácil. Utilizamos una red de contactos que funcionaron como aclaradores del terreno y facilitadores. Gracias a ellos pudimos dar con antiguos combatientes del M23 en campos militares y de refugiados en Uganda y en Ruanda, dispuestos a hablar con nosotros. Una vez que estábamos a solas con un combatiente del M23, nos presentábamos y explicábamos que no teníamos nada que darle, pero que queríamos dar a conocer la verdad. Dimos plena seguridad a todas las personas que interrogamos en el sentido de que podían hablarnos en plena confidencialidad y que no revelaríamos su identidad. Así fue como nos ganamos su confianza. Con el paso del tiempo pudimos reconstituir la manera como los combatientes del M23 fueron reclutados y enviados por diferentes rutas a Kinshasa, a Lubumbashi y a Goma.

De regreso a la RD Congo, conectamos también con oficiales militares congoleños que aceptaron conversar confidencialmente con nosotros sobre la integración de los combatientes del M23 en sus unidades.

¿Por qué los combatientes del M23 aceptaron participar en la operación?

Muchos nos explicaron que estaban cansados de vivir en los campos y vieron la oportunidad de regresar a la RD Congo y ser remunerados después de haber pasado años en el extranjero en condiciones a menudo miserables. Algunos declararon que se les había prometido ascenso en los grados militares y puestos prestigiosos en el ejército congoleño. Se les dijo que Kabila no confiaba en su ejército regular y que tenía necesidad del M23 sobre el que podía contar a causa de su lealtad y de si implacabilidad en la ejecución de las órdenes.

¿Cómo los combatientes fueron conducidos clandestinamente a través de las fronteras hacia la RD Congo?

Tomaron rutas diversas y no viajaron los mismos días para evitar atraer la atención sobre sus movimientos. A lo largo del trayecto, autoridades ugandesas, ruandesas y congoleñas, entre ellas oficiales militares y agentes de los servicios fronterizos, facilitaron los desplazamientos poniendo a su disposición vehículos, vuelos, uniformes militares, alojamiento, alimentación, permitiendo el paso libre.

¿Qué instrucciones recibieron los combatientes del M23 a su llegada a la RD Congo?

Se les pidió que utilizaran todos los medios disponibles para reprimir las manifestaciones, proteger al presidente y garantizar que Kabila permaneciera en el poder. Un combatiente nos contó que fueron “desplegados para hacer la guerra a quienes querían amenazar el mantenimiento en el poder de Kabila”. Recibieron la orden de disparar ante cualquier eventual amenaza o si un grupo de más de 10 personas se dirigía hacia ellos. Numerosos combatientes recibieron la orden de disparar a quemarropa. Un teniente coronel del ejército congoleño que interrogamos nos declaró que “la presencia de soldados siempre produce miedo a los civiles” y que Kabila desplegó combatientes rebeldes con el fin de que las personas que querían manifestarse “se asusten demasiado y no salgan de sus casas”. Un combatiente del M23 precisó que el que lo reclutó le dijo: “La guerra no será dura; lucharemos contra manifestantes que no irán armados”.

¿Qué sucedió cuando estallaron las manifestaciones?

El 19 de diciembre, último día del segundo y – según la Constitución – último mandato del presidente Kabila, las fuerzas de seguridad fueron desplegadas masivamente en las ciudades del país. Los grupos de 10 personas o más fueron advertidos de que serían dispersados por la fuerza. Parecía que se trataba deliberadamente de disuadir que los manifestantes bajaran a las calles. “Ciudades muertas” o huelgas generales fueron organizadas a través del país, comercios y empresas cerraron y numerosas personas se quedaron en sus casas y no llevaron a sus hijos a la escuela. Un buen número de los que se atrevieron a manifestarse fueron detenidos.

Luego, en las primeras horas de la jornada del 20 de diciembre – cuando Kabila ya no era considerado por muchos como presidente “legítimo” – más personas bajaron a las calles, utilizando silbatos, golpeando cacerolas y sartenes y gritando que el tiempo de Kabila en el poder había terminado. Las fuerzas de seguridad, incluyendo a los combatientes del M23 integrados en sus unidades, buscaron terminar rápidamente con las manifestaciones, matando al menos a 62 personas en tres días.

Las fuerzas de seguridad detuvieron igualmente a centenares de manifestantes en incluso a personas simplemente agrupadas en la calle o vestidas de rojo – que se había convertido en un símbolo de “tarjeta roja” para Kabila, en referencia al fútbol, para significar que su tiempo en el poder había terminado.

Tal y como lo relató un combatiente del M23: “Impusimos el orden en Kinshasa”. Además, numerosas familias vieron que se les rechazaba el acceso a los hospitales y a las morgues, lo que les impidió enterrar a sus muertos. Otro combatiente del M23 señaló: “Cuando había cuerpos de personas matadas a lo largo de la carretera, nos los llevábamos rápidamente para esconderlo lejos de los lugares donde la comunidad internacional podría descubrirlos”.

¿Qué fue de los combatientes del M23 después de las manifestaciones de diciembre de 2016?

La mayoría de los combatientes participaron en la operación porque habían recibido promesas de una mejor vida posterior. Esperaban poder abandonar los campos de refugiados y regresar a sus casas en RD Congo. Pero no sucedió así.

Los combatientes con los que hablamos regresaron todos a Uganda y Ruanda poco después de las manifestaciones, una vez que fue evidente que Kabila permanecería en el poder más allá del término fijado por la Constitución. Contaron que algunos permanecieron no obstante integrados en las unidades del ejército congoleño, de la policía y de la Guardia republicana, el destacamento de seguridad presidencial. En mayo comenzó una nueva campaña de reclutamiento en los campos de Uganda y Ruanda: combatientes del M23 fueron conducidos a Kisangani, en el norte de la RD Congo y se les dijo que se les preparaba para “misiones especiales”, a fin de responder a cualquier amenaza contra Kabila.

¿Qué hay de las personas tomadas como blanco durante la represión? ¿Qué historias les han conmovido especialmente?

Está el caso de ese joven taxista de Kinshasa que salió de su casa para recoger una llamada telefónica en las primeras horas del 20 de diciembre. Los soldados le vieron hablar por teléfono y lo acusaron de “llamar a los rebeldes” y lo detuvieron. Miembros de su familia fueron a negociar su liberación, pero los soldados les dijeron que volviera a casa y que “lloraran su muerte”. Poco después, unos vecinos encontraron su cuerpo en u agujero cerca de la carretera, a unos metros solamente de su casa.

Según ustedes, ¿qué puede pasar en la RD Congo ahora?

A pesar de creciente presión, Kabila no ha dado muestra alguna de querer abandonar sus funciones de presidente ni de permitir una transición democrática pacífica. Ha habido llamamientos a nuevas manifestaciones en las semanas venideras y existe un riesgo real de nuevas violencias.

Stephanie Hancock - Myrto Tilianaki

Human Rights Watch

[Traducción, Ramón Arozarena]

[Fundación Sur]


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