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Reche, Paquita

Nació en Chirivel (Almería). Estudió Magisterio en Almería, Licenciaturas de Pedagogía y de Filosofía, en la Complutense de Madrid.

Llegó por primera vez a Africa en 1958 (a Argelia): después estuvo en Ruanda, Guinea Ecuatorial y desde el 1975 en Burkina Faso.

En África trabajó como profesora en el Instituto Catequético Lumen Vitae de Butare, Profesora de enseñanza secundaria de español y filosofía; Universidad Popular (filosofia). También ha colaborado con Asociaciones de mujeres y con niños de la calle en Burkina Faso.

Está en España desde 2004, actualmente, en Logroño. Colabora con la revista de los misioneros de África "Africana", Los Comités de Solidaridad con África Negra y con Rioja Acoge.

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Madres contra la emigración clandestina , por Paquita Reche, mnsa

19 de febrero de 2009.

Buscando una vida mejor los hijos se lanzaron al mar

La gente de Thiume-sur-Mer, barrio de pescadores de las afueras de Dakar, vivía con cierta holgura. Con el abundante pescado, que cada día los hombres traían, las mujeres podían, no sólo, alimentar a sus familias, sino vender el resto para cubrir otras necesidades. Pero, las cosas empezaron a cambiar con la llegada de grandes barcos de China y Corea. La pesca artesanal de los pescadores locales disminuyó hasta tal punto que, con la que ahora llegaba, había días en los que las mujeres sólo podían prepara una sola comida. El mar ya no daba para comer como antes. Lo mismo pasó más al norte. Frente a la ciudad de San Luis, barcos de arrastre de la Comunidad Europea, empezaron a destruir el ecosistema marítimo de Senegal. De modo que, muchos pescadores se vieron privados del pescado que les hacía vivir, también desaparecieron infraestructuras locales de distribución y venta de pescado, con la consiguiente perdida de puestos de trabajo. Muchos jóvenes de San Luis y de Thiume empezaron a marcharse a Canarias. Al pueblo había llegado la noticia de la buena acogida recibida allí por el primer cayuco que, después de unos días a la deriva, accidentalmente había llegado a las Islas, porque una tormenta había desviado de su ruta a unos pescadores de Thiume-sur-Mer que se dirigían a Guinea Bissau.

Centenas de vidas y sueños sepultados en el Atlántico

Pronto empezaron a ser numerosos los jóvenes en querer marcharse movidos por el deseo de encontrar una vida mejor para ellos y sus familias. Las familias les empujaban a hacerlo y les ayudaban. Muchas se endeudaron. Hubo madres que vendieron sus joyas para ayudarles a emprender en cayuco una aventura que, si para algunos terminó felizmente, para otros muchos fue un viaje sin llegada y sin retorno. Un viaje que terminó sepultando en el Océano la juventud y los sueños de centenas de jóvenes. Un día de septiembre de 2005, se embarcó en un cayuco, Aliume San, joven de Thiume-sur-Mer, hijo único de Yayi Bayam Diuf. Tenía 26 años y miles de sueños compartidos con sus sus compañeros de viaje. Todos se quedaron en el fondo del Atlántico. Un mes más tarde, la tragedia se repitió con otro cayuco en el que se calcula iban ochenta jóvenes.

Las madres se movilizan

Yayi Bayam Diuf está al origen de la movilización de madres que, como ella, habían perdido a sus hijos en el mar en la desesperada aventura de los cayucos. “Al principio, las mujeres no hacíamos más que llorar, nos reuníamos para consolarnos, pero pronto empezamos a pensar en hacer algo para evitar que nuestros hijos arriesgaran así sus vidas”.

Hacer algo para evitar que los hijos arriesguen la vida en el mar, será la batalla de unas madres que se niegan a aceptar que la muerte de sus hijos no sirva para nada. Decidieron organizarse y formar una asociación para luchar contra la emigración clandestina y crear condiciones que mejorar la economía familiar para que los hijos no tengan que marcharse lejos. Al principio no sabían cómo empezar pero estaban decididas a hacer algo, “convencidas de que cada paso que se da para recorrer un camino, acerca a la meta”.

En 2006 nace “el Colectivo de mujeres para el desarrollo integrado y lucha contra la emigración clandestina”. Lo dirigirá la mujer que ha sabido unirlas y movilizarlas. Las mujeres empiezan a reunirse en su casa y celebran reuniones regularmente, en los suburbios de Dakar, para persuadir a los jóvenes de que desistan de embarcarse en el peligroso viaje hacia Europa. También quieren convencer a las madres que no ayuden a sus hijos a partir, como lo habían hecho ellas.
En la primera Asamblea que realizaron se juntaron ya 350 mujeres. En honor de sus hijos iban vestidas de blanco, signo de luto por la mortaja blanca que no pudieron poner a sus hijos sepultados en el mar, como los musulmanes tienen costumbre de poner a sus muertos. Por eso muchos las llamaron “las Madres de blanco”.

La Asociación empezó modestamente sin esperar a tener ayudas exteriores para empezar a funcionar. Con la cotización de a las afiliadas, se empezó a dar pequeños créditos a las que lo necesitan, para reactivar las actividades unidas a la pesca o hacer un pequeño comercio de venta de zumos de frutas locales, de buñuelos o de cereales. Estas actividades les procuran algunos ingresos y hechas en grupo, son una ocasión de encuentro y de aprender juntas cosas útiles. También organizan “tontinas”, ese sistema de ahorro y de solidaridad tan popular, basado en la confianza y la responsabilidad, que soluciona no pocos problemas de economía doméstica. Las participantes cotizan regularmente una cantidad fija, la misma para todas, que forma un capital de base que será atribuido a una persona del grupo por orden riguroso, determinado una vez por todas por la suerte o por la edad.

Sensibilización e información

Las madres de la Asociación tienen prohibido ayudar a sus hijos para que puedan marcharse. La sensibilización e información sobre los peligros de la emigración clandestina es un aspecto importante de la Asociación y se dirige a distintos grupos: jóvenes, pescadores, capitanes de cayucos…Para convencer a los jóvenes de que no se marchasen llegaron a organizar campañas en la playa, organizaron grupos de vigilancia por la noche para prevenir de la partida de cayucos y hablaban con los que querían partir. La ayuda del campeón de lucha Madione Fall, fue preciosa para crear asociaciones de “no partir” y animar a los jóvenes a hacerse dueños de su destino. Con los repatriados de España también han organizado una asociación de desarrollo para que puedan ganarse la vida con la agricultura y la pesca.

El ejemplo de las madres senegalesas ha sido seguido por otras mujeres de la región. El 1 de agosto de 2007, la Agencia afrol News, informó de la reunión regional, sobre migración irregular que tuvo lugar en Dakar, capital de Senegal. Durante dos días se reunieron allí más de 200 mujeres, que querían encontrar caminos para frenar la emigración irregular del África subsahariana hacia Europa. Ndioro Ndiaye, directora general adjunta de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), rindió homenaje a unas “Mujeres valientes y decididas (que) en Senegal y en la región han establecido asociaciones para combatir la migración irregular diciendo a los jóvenes que no deben poner sus vidas en las manos de los contrabandistas sin escrúpulos”.

Yayi Bayam Diouf, portavoz de las que un día llamaron “mujeres de blanco”, estaba allí, como estuvo en el Foro social Mundial de las Migraciones celebrado en Septiembre de 2008 en Rivas Vaciamadrid (Madrid), siempre con la misma preocupación: sensibilizar contra la emigración clandestina, para que los jóvenes conozcan la realidad con la que se encontrarán. También la de formar a los jóvenes y crear en el país otras alternativas para que no tengan que emigrar.

Las madres y viudas de los desaparecidos han declarado la guerra a la emigración clandestina que continúa cobrándose víctimas. Según estimaciones han podido perder la vida en los cayucos que intentaban llegar a Canarias en e unas 10.000 personas en los últimos años, aunque las estadísticas sólo contabilizan los cadáveres llegados a Canarias o rescatados del mar. Sabemos en 2008 estos fueron 47 y en los dieciséis primeros días de 2009, 27. Estas cifras no reflejan la realidad ya que no contabilizan los naufragios en alta mar, ni los muertos durante la travesía que los compañeros tuvieron que tirar al mar

Las batallas perdidas no las desaniman y continúan la lucha para que vidas y sueños no terminen en el Atlántico. No se cansan, aunque saben que muchos jóvenes no seguirán sus consejos y continuarán embarcándose en busca de la “mecas” salvadoras o “el dorados” soñados, como Seydu, un joven abierto y simpático que encontraba cada día durante el verano de 2008 en el Paseo Marítimo de Almería. Conversamos muchas veces antes de que me hablara de su viaje en cayuco y de sus ilusiones perdidas. Cuando el pregunté si no había encontrado a las Madres de desaparecidos en los cayucos, me dijo: “Conozco y respeto a esas mujeres. Intentan convencer a los jóvenes para que no subamos a los cayucos, mi tía forma parte de la Asociación, pero yo no podía seguir sus consejos, mi deber era probar suerte e intentar llegar a España. Gracias a Dios pude llegar”

Seydu no dejó la vida en el Atlántico. Pero, ha perdido muchas ilusiones. Sin papeles e intentando sobre vivir sin muchas perspectivas de futuro, se preguntaba si hizo bien desoyendo los consejos de unas mujeres llenas de sabiduría.
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