En cumplimiento de la legislación vigente, solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web.
Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies
Más información
| ACEPTO

Fundación Sur
Revista
Radio
Foro de Emprendedores

África en la Escuela
AfroIslam
Taller de Radio


Búsqueda personalizada


Blog Académico
Más allá de Darfur: las guerras olvidadas de Sudán, por Juan Bautista Cartes
...leer más...
Pobreza y exclusión de los pueblos y mujeres afrodescendientes, por Epsy Campbell Barr
...leer más...
África en el ADN o la reconstrucción de la memoria negra a partir de las huellas colombianas, por Johari Gautier Carmona / ( Afribuku)
...leer más...
El habla afroboliviana en el contexto de la “reafricanización” , por John M Lipski
...leer más...
El contexto colonial africano y el desarrollo de la antropología, por Nuria Fernádez Moreno
...leer más...

Blog Académico

Noticias
Tanzania quiere crear industrias textiles para generar empleo
...leer más...

Sudán presenta una solicitud para la adopción de goma arábiga como fibra alimenticia saludable
...leer más...

El ejército de Nigeria insta a los políticos a no politizar la seguridad
...leer más...

El rey Mswati III cambia el nombre de Suazilandia a eSwatini
...leer más...

Por primera vez una mujer dirigirá el Parlamento de Etiopía
...leer más...

El director de ONUSIDA bajo sospecha
...leer más...

La disputa de Halayeb debe resolverse mediante conversaciones directas o arbitraje internacional
...leer más...

Parte de los 41 detenidos en Kordofán por las medidas de emergencia padecen una "enfermedad alérgica"
...leer más...

El Ministerio de Agricultura del sursudanés estado de Yei advierte a las ONG que suministran semillas de baja calidad
...leer más...

Las enfermeras de Zimbabue en huelga no se moverán de sus puestos de trabajo
...leer más...

La provincia de Copperbelt en Zambia se convertirá en uno de los mayores centros africanos de distribución de calzado después de la inversión prometida por la empresa china Huajian
...leer más...

Julius Malema denuncia una conspiración para asesinarlo
...leer más...

Sudán envía a cientos de reclutas de Darfur a los Emiratos Árabes Unidos con destino a la guerra de Yemen
...leer más...

Se celebra en Senegal la conferencia panafricana sobre la malaria, un flagelo que sigue en aumento
...leer más...

Necesidad del diálogo islamo-cristiano en Burkina Faso
...leer más...


Noticias

Bitácora Africana
Bakwa magazine: desde Camerún al mundo, por Literafricas
...leer más...
Fallece Max Liniger-Goumaz, reconocido como máximo investigador mundial de Guinea Ecuatorial
...leer más...
South african Quijote (I), por Rafael Muñoz Abad
...leer más...
La ayuda al desarrollo no frena las migraciones, por Bartolomé Burgos
...leer más...
África narrada por españoles que han vivido allí décadas, por Chema Caballero
...leer más...

Bitácora Africana

Inicio > REVISTA > Opinión >

-

Echeverría Mancho, José Ramón

A José Ramón siempre le han atraído el mestizaje, la alteridad, la periferia, la lejanía… Un poco las tiene en la sangre. Nacido en Pamplona en 1942, su madre era montañesa de Ochagavía. Su padre en cambio, aunque proveniente de Adiós, nació en Chillán, en Chile, donde el abuelo, emigrante, se había casado con una chica hija de irlandés y de india mapuche. A los cuatro años ingresó en el colegio de los Escolapios de Pamplona. Al terminar el bachiller entró en el seminario diocesano donde cursó filosofía, en una época en la que allí florecía el espíritu misionero. De sus compañeros de seminario, dos se fueron misioneros de Burgos, otros dos entraron en la HOCSA para América Latina, uno marchó como capellán de emigrantes a Alemania y cuatro, entre ellos José Ramón, entraron en los Padres Blancos. De los Padres Blancos, según dice Ramón, lo que más le atraía eran su especialización africana y el que trabajasen siempre en equipos internacionales.

Ha pasado 15 años en África Oriental, enseñando y colaborando con las iglesias locales. De esa época data el trabajo del que más orgulloso se siente, un pequeño texto de 25 páginas en swahili, “Miwani ya kusomea Biblia”, traducido más tarde al francés y al castellano, “Gafas con las que leer la Biblia”.

Entre 1986 y 1992 dirigió el Centro de Información y documentación Africana (CIDAF), actual Fundación Sur, Haciendo de obligación devoción, aprovechó para viajar por África, dando charlas, cursos de Biblia y ejercicios espirituales, pero sobre todo asimilando el hecho innegable de que África son muchas “Áfricas”… Una vez terminada su estancia en Madrid, vivió en Túnez y en el Magreb hasta julio del 2015. “Como somos pocos”, dice José Ramón, “nos toca llevar varios sombreros”. Dirigió el Institut de Belles Lettres Arabes (IBLA), fue vicario general durante 11 años, y párroco casi todo el tiempo. El mestizaje como esperanza de futuro y la intimidad de una comunidad cristiana minoritaria son las mejores impresiones de esa época.

En la actualidad colabora con la Fundación Sur, con la Fundación Fabre, para dar clases de castellano a un grupo de africanas, y forma parte del grupo Pax Romana/Solasbide.

Ver más artículos del autor

Nuevas Oportunidades (que no hay que desperdiciar)
13/11/2017 -

Hace algún tiempo leí un artículo sobre la aparente desaparición de las “Mamas-Benz” de África Occidental. Me las encontré por vez primera a finales de 1985 en el aeropuerto de Lagos. Fortachonas algunas, muy vivas todas, muchas con grandes fardos de telas, hacían la cola y discutían con los aduaneros antes de subir a los aviones en dirección a Lomé, Accra o Uagadugú. Su historia comenzó ya antes de las independencias. Como de costumbre, la mujer africana se adaptó mucho más rápidamente que el hombre a los cambios socio-económicos que provocó la colonización. A comienzos del siglo XX, mujeres togolesas viajaban a Ghana, compraban telas wax holandesas cuando los navíos de la familia Van Vlissingen hacían escala en su viaje hacia Yakarta; las teñían copiando la técnica del batik indonesio y las vendían en los mercados de Lomé. La moda se extendió como la pólvora en África Occidental. Se creó entonces la Vlisco African Company, primer proveedor de tejidos teñidos al gusto africano. Cundió este ejemplo de las comerciantes togolesas, aumentaron y se diversificaron los negocios, y esas mujeres, muchas de ellas analfabetas, comenzaron a moverse en lujosos coches de la marca Mercedes. Así nacieron las “mamas-benz” (y también llamadas “nanas-benz”) que ahora, un siglo más tarde, estarían, según algunos, desapareciendo.

Las golpeó primero la crisis económica de 1990, y luego la devaluación del franco CFA en 1994. Vinieron enseguida la mundialización, la competencia china que imita los modelos tradicionales y las falsas marcas. Aún se ven en los mercadillos de Lomé algunos paños auténticos de Vlisco, “Véritable wax hollandais Vlisco”, al precio de 50.000CFA (€76) junto a muchos otros falsificados (“Veritable Real Wax as Hollandais Vlisco”) y de peor calidad, pero que sólo cuestan 8.500CFA (€13). Por cada paño Vlisco puesto a la venta en los mercados, hay veinte producidos en China, entre los cuales algunos son “falsos Vlisco”. Y quienes los comercian, transportan y venden son una vez más mujeres togolesas y de África Occidental que quieren aprovecharse de la presencia china de la misma manera que otras lo hicieron el siglo pasado con la oferta de paños holandeses. ¿Están desapareciendo las mamas-benz? ¿O más bien reencarnándose?

También durante la colonización, y más en concreto tras la fundación de Nairobi en 1899 como centro ferroviario de la línea Mombasa-Kampala, y su designación como capital del África Oriental Británica en 1905, se desarrolló en la capital de Kenia el sector informal conocido como “Jua Kali” (“Sol fuerte”, porque en sus inicios y todavía hoy en buena parte, sus tareas se llevan a cabo a la intemperie). Las necesidades y proyectos de los colonos, de la población asiática del ferrocarril y de los misioneros cristianos, favorecieron la educación formal y el empleo de una parte de la población nativa. Otros, que no encontraban trabajo pero que habían aprendido diversos oficios manuales trabajando para los asiáticos, comenzaron a ejercerlos en los que son hoy barrios como los de Kariakor, Kibera, Pumwqani o Mathare. Trabajos de carpintería y de herrería, reparación de calzados, bicicletas y coches… una auténtica industria de la improvisación y del reciclaje. A pesar de la desconfianza de las autoridades coloniales, el sector Jua Kali creció tras la segunda guerra mundial, cuando muchos campesinos emigraron a Nairobi en busca de trabajo, y tras la independencia y la consiguiente libertad de movimiento de la población. Volvió a crecer cuando los ajustes económicos de finales de los 80 dejaron a muchos kenianos sin trabajo. Daniel Arap Moi, presidente entre 1979 y 2002, reconoció la importancia del sector Jua Kali, pero sólo con sus palabras, puesto que permitió que miembros de su gobierno y de su partido se apropiaran de los terrenos en los que trabajaban los artesanos.

Algo ha cambiado desde la época de Moi. En el Informe Económico del Oficio Nacional de Estadísticas de Kenia de este año, refiriéndose a 2016 se admitía que de los puestos de trabajo creados ese año, 747.000 lo habían sido en el sector Jua Kali y sólo 85.000 en el sector formal. “Jua Kali es un gran negocio. Ignórenlo a su cuenta y riesgo”, escribía en The Standard de Nairobi el 13 de abril Henry M. Bwisa, profesor en el JKUAT (Jomo Kenyatta University of Agriculture and Technology). Algo ha cambiado, pero todavía el gobierno no ha desarrollado un sistema adecuado de incentivos para el sector.

The Economist de esta semana publica un informe especial de nueve capítulos en el que se describe cómo las comunicaciones y las nuevas tecnologías están afectando al desarrollo económico y humano del continente africano. Sin ofrecer muchas novedades, el informe resume bien la situación actual, las posibilidades de futuro, los escollos que hay que salvar. Dos frases me han llamado la atención en el informe: “No se trata de un proceso de arriba abajo en el que unos imponen la tecnología a otros. De hecho, si se les da la posibilidad de absorber tecnología, muchos africanos lo harán a manos llenas”. “Una gran parte del dinero invertido en tecnología africana no viene de filántropos sino de curtidos inversores que esperan obtener buenos dividendos”.

Aunque ya se mencionó ese tema el año pasado en Fundación Sur (“Móviles para el Desarrollo”, octubre 2016), la experiencia de las Mama-Benz, la actualidad del sector Jua Kali y el informe del Economist, me empujan a insistir, si se quiere que África progrese, sobre la necesidad de incentivar y cuidar la economía informal, y sobre todo dejarse inspirar por lo que ella está consiguiendo. Cité en “Móviles para el desarrollo” y vuelvo a hacerlo hoy, la fórmula que el tunecino Moncef Bouchrara había sugerido cuando una importante organización canadiense le había preguntado en 1993 sobre que había que hacer para facilitar el desarrollo sostenible de la economía de su país: “Buscad empresas pequeñas que funcionen bien y ayudadlas. Pronto habrá quien las imite”.

Ramón Echeverría

[Fundación Sur]


Artículos relacionados:

- No subestime el poder de la economía informal de África en la economía mundial

- La Economía Colaborativa comienza a preocupar al Sistema financiero establecido en los cinco continentes

- Por una economía global justa


Comentarios
Las opiniones expresadas en estos comentarios no representan necesariamente el punto de vista de la Fundación Sur. La Fundación Sur no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los usuarios