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Abenea Ndago

Abenea Ndago es autora de varios relatos cortos, muchas de ellos publicados en Africanwriter.com. Escritor prolífico y comprometido, en sus creaciones muestra una inteligencia burbujeante y una pasión por el conocimiento. Tiene un grado en Lingüística y Literatura, seguido de un máster en Literatura de la Universidad de Nairobi. Ndago escribe para The East African Standard cuando no está enseñando literatura en Bondo University College en Kenia. Es el autor de The Frontier, una novela inédita, y su constante exploración del lenguaje es una danza de la que obviamente disfruta. Hace de sus historias una aventura para leer todo el tiempo.

@abeneaodhiambo

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“Descolonizar la Tribu”: La Crisis en Kenia, los Trofeos de Yale y los Restos de las Lenguas Indígenas Africanas
07/11/2017 -

Ninguna de las hipótesis defendidas por Wole Soyinka, Naguib Mahfouz, Nadine Gordimer y J.M.Coetzee podrían aplicarse a la actual crisis en Kenia, donde una secta prohibida se viste el atuendo de oficial de policía y descuartiza a aquellos que “no pertenecen” (Fin24, August 16, 2017). Él es cuatro años mayor. Y sin embargo, debería ser ideológicamente menos enérgico que el otro. Aun así apuesto que el cabello blanco de Soyinka se eriza al sol como vi que lo hacía a comienzos de 2010 tras la muerte del Presidente Musa Yar’Adua’s en Nigeria. En lugar de eso, los marxistas kenianos que esperan su oportunidad en el oeste (Daily Nation, May 26, 2017) se contentan obteniendo premios capitalistas. La ironía está servida. Sin embargo, la lección firme es que todos los seres humanos son iguales en todas partes, no importa cuánto te esfuerces para parecer diferente.

Lo tomaré como una epifanía. Aquellas desafortunadas pasarelas para el Premio Nobel de Literatura – Sinceramente deseo que él gane algún día – para mi son oportunidades para aceptar la realidad sobre la metáfora de la coexistencia que concierne, incluso, a las lenguas mundiales. Porque la problemática de las lenguas parece fácil, pero deja su huella en las jóvenes naciones de África.

El inglés conquistó el mundo. Pero no sobre una base de fundamentalismo lingüístico inamovible por su parte. Todo lo contrario. De entre todas las lenguas europeas, el inglés puede presumir de haber tenido el mayor apetito de apropiación a gran escala, incluso de las lenguas “primitivas” de sus antiguas colonias (“veranda” – indio; “boomerang” – australiano; “mumbo-jumbo” – africano occidental; “safari” – africano oriental).

La apropiación a la inversa continúa en África lo acepten o no. En la antigua Central Province de Kenia – donde los británicos cometieron una de las peores atrocidades humanas en la nación Imperial de Kikuyu durante la Emergencia (1952 – 1960) – la palabra gikuyu “Thengiũ” remplazó durante mucho tiempo “Nĩ wega” en su actual uso para decir “Thank you” (“gracias”). Debería resultar obvio que gracias a las lenguas africanas los idiomas europeos se han hecho a ellos mismos (creo que la expresión “emisoras de radio vernáculas” es profundamente inapropiada en África).

Este tipo de evolución lingüística es natural. Los que intentan frenarlo parecen la esposa de Lot [1], la actual benevolencia con el kiswahili (evidentemente porque es el idioma “africano” más hablado) es una prueba de que el mundo solo entiende un idioma: los préstamos. Escribo “africano” porque “bandera” es una palabra que en suajili significa “flag” (‘bandera’) – cuyo origen directo es el portugués “bandeira”. No veo que tengamos el derecho de golpearnos el pecho diciendo que una legua es totalmente “africana”, lengua que ha ido cosechando durante muchos siglos semillas de africanos, portugueses, turcos, árabes, hindis… comerciantes por la costa oriental africana.

Es una gran mentira afirmar que ignorar tu lengua es olvidar tu historia, cultura e identidad como se defendía en ciertos libros (1986). Solo si nos referimos a que los “Sheedis” de India y los “”Makranis” de Pakistán hablan una de las lenguas de la costa este africana; los afroamericanos hablan “igbo” o “yoruba”; y los negros brasileños, el lenguaje “Luba” del Congo. Aun así toda esa gente sabe que proceden de África. Jamaica (una diminuta isla de apenas 3 millones de personas) cuya identidad cultural es más fuerte que la de los 50 millones de personas de Kenia. ¿Qué lengua africana habla Usain Bolt – Zulu? Julius Nyerere, V. Y. Mudimbe, Sedar Senghor y Alexis Kagame estudiaron/no estudiaron filosofía de las lenguas africanas; sin embargo, también es sumamente inapropiado defender que las modalidades de pensamiento africanas no encajan con las occidentales y viceversa.

Aunque me ciñera a la argumentación contraria, me llegaría a encontrar con la razón por la que mantener una perspectiva romántica de las lenguas africanas en su estado puro quizás solo lleve a alimentar el ego de los perdedores. Que los africanos tuvieron imperios es cierto. La Antigua Ghana, Oyo, Songhai, Gran Zimbabue, la Cultura Nok, Bahía del Nilo… Podemos doblar cualquier número que sea. Si esos libros (1986) están en lo cierto sobre la primacía del lenguaje en el contexto africano, entonces el hecho de que el expansionismo cultural europeo haya destruido y aniquilado a aquellos grandes imperios y civilizaciones tendría como culpable directos por un lado a los lapsos técnico-pragmáticos inherentes a las lenguas africanas y, por otro, a aquellos que piensan que esas lenguas son tan fuertes y canónicas que podrían mantenerse solas como vírgenes.

Los ecos de las huellas de esas debilidades inherentes ya no resuenan en los oídos de los africanos. Recientemente suelen dar razones filosóficas a la matanza de personas con un tono de piel diferente para crear riqueza en Tanzania y Mozambique; al hecho de lanzar a los gemelos a los estanques nigerianos; al hecho de que se lapide a niñas hasta su muerte después de que hayan sido declaradas brujas en Ghana – los idiomas han supuesto, durante mucho tiempo, delatar a tu propio pueblo. Los idiomas africanos en cualquier forma en general han fracasado en cortar y negociar la tensa cuerda de la globalización.

NO MIRAR NUNCA A LOS MAYORES A LOS OJOS probablemente se trate de una inyección moral universal en África. NO SE LES DEBE RESPONDER. Bueno. Es bastante justo. Pero hay veces que los mayores están claramente equivocados. Son argumentos que pretender infundir miedo. Profundamente arraigado en la psique africana a través del lenguaje. Los numerosos eufemismos en los lenguajes africanos – especialmente aquellos que se refieren a fuerzas más poderosas que nosotros – están impregnados de este miedo. Dholuo “thuol” es la “serpiente”. Pero a veces, es la “tond buya” (“la cuerda del arbusto”) o “ gik ma lak gi bund ive gi” (“ellos que se arrastran por el suelo”).

Quizás el resultado directo de esta inclinación por los eufemismos y los mandatos estériles sea el fracaso general que lleve al enfrentamiento, el cual es dramatizado en el ámbito nacional por las eternas prácticas de las políticas africanas de evitar los problemas en lugar de implementar soluciones efectivas. Disimular y culpase los unos a los otros.

Así entiendo yo algunos de los siglos de “Historia Africana” en que los libros (1986) quieren que crea: Traición y Amor Propio. Más de doscientos años de tráfico de esclavos resultan en caras negras conspirando para venderse a sí mismos a cambio de un espejo. En más de 60 años de colonialismo son los rostros de los africanos partidarios del régimen en Central Kenya quienes conspiran junto a los colonizadores para exterminar entre 150.000 y 300.000 africanos (2015), así, actuando como espías beben la sangre de sus compatriotas negros. Pueden hacer la cuenta de cuántos libertadores africanos han sido tanto arrestados como asesinados bajo “chivatazos” de compatriotas africanos. Incluso en la América esclavista siempre ha habido una clara distinción entre los “house nigger” (“negros sirvientes”) y los “field slave” (“esclavo del campo”).

Lo que está ocurriendo ahora en la Región de los Grandes Lagos (RD del Congo, Ruanda, Burundi, Uganda) donde los autócratas se niegan a abandonar el poder, es una dolorosa vuelta a las leyes de siglos de codicia y traición entre africanos.

En la Kenia de hoy día el escritor africano comete el error de privilegiar a la nación en detrimento de la tribu.

Soyinka una vez advirtió en el BBC World Book Club en 2007 que defender las lenguas indígenas africanas en la literatura africana – o cualquier otra cosa – prácticamente, invita a una guerra civil. Estoy de acuerdo. Aquellos que no deben explicar porqué Camerún está brutalmente dividido entre el inglés y el francés. Hemos presenciado la brutalidad policial, las mutilaciones y los asesinatos en contradicciones sobre dos idiomas europeos en Bamenda y Yaoundé. Creo que esto sería como una diminuta liebre. ¿Llegaría el elefante si las políticas nacionales al respecto de los idiomas en el continente se introdujeran en las cabañas llenas de humo de las actuales lenguas africanas – Gikuyu y Dholuo en Kenia?

Hay algo que define al África Occidental más que al Oriental: el pragmatismo. Los escritores de África Occidental hace ya que sepultaron el cadáver de las lenguas indígenas incluso cuando eran ellos mismos (Chinweizu et al, Obi Wali) los primeros que le daban vida (allí los escritores actuaron con sabiduría “dentro”, y no “fuera”, de los idiomas europeos).

Pero a media noche, un escritor keniano llegó de puntillas al cementerio. Exhumó los restos de las razones puramente egoístas. Conserva su olor a podrido en su arcaica mesa de literatura destinada al auto entretenimiento y a Occidente. James Currey (2008) escribe que Achebe fue la Musa durante mucho tiempo de la African Writers Series (AWS) de Heinemann. Cuando un, por aquel entonces, joven keniano fue señalado para servir en condiciones similares, el joven abandonó rápidamente porque “interferiría con su escritura” – el amor propio al que antes me refería.

Me opongo a la idea de lenguas reales [2] africanas para la literatura africana. Particularmente, porque quienes propusieron esto no se anticiparon a la autentica amenaza del nacionalismo. No en el sentido de “Soyinkesque”. En lugar de eso – como lo demuestra ahora el caso keniano – en la cruda incapacidad poscolonial del escritor africano para criticar al sistema cuando el lenguaje en el que opera es el lenguaje del poder estatal. ¿Cómo lo van a hacer – criticar al estado –frente a un vínculo emocional a su lengua materna en un contexto en el cual otra lengua materna compite en la categoría de captura de estado?

Como lleva ocurriendo en Kenia desde 2003, no estoy seguro de que Okot p’Bitek se haya pronunciado contra el régimen autárquico de Uganda presidido por Archbishop Janani Luwum, que habla la lengua madre de Oko, el Acholi. Probablemente, Oko haya culpado a las enormes diferencias con el Kabaka de la comunidad Baganda. Que es lo que recientemente ha ocurrido en Kenia (KenyaToday.com August 22, 2017), donde la intolerancia étnica del desgobierno de Uhuru Keniata se está lavando en las aguas tenues, estancadas y mermadas del régimen de Moi, pero no se habla de la desnuda y étnica codicia de la de Jomo Kenyatta. ¿Durante cuánto tiempo más se van a entretener los africanos con la despiadada mentira de que los líderes africanos son en general buenas personas, y que solo los que los rodean son los malos?

No muchos estadounidenses saben que 500.000 acres del 17,2 por ciento de la tierra cultivable en Kenia es propiedad de la gran familia de Kenyatta y que esta dolorosa anomalía está detrás del delicado problema de la tierra en Kenia.

Las universidades de Ivy Leage en el oeste son templos de conocimiento. Sin embargo, ese conocimiento en muy pocas ocasiones parece prolongarse más allá de un diminuto dominio de dimensiones étnicas reales y específicas en los respectivos países africanos. Por ejemplo, puede que Yale no sepa que el antiguo presidente Daniel Arap Moi a menudo es objeto de la literatura keniana simplemente porque su lengua madre es el Tugen (un subgrupo del extenso idioma Kalenjin). Libros tales como Wizard of the Crow (2006) (el Mago del cuervo, traducción literal al español) – obsesionado con las debilidades del régimen de Moi – apareció cuatro años después del fin del desgobierno de Moi. Si nos gustan los estándares, ¿por qué no hemos leído ninguna novela keniana sobre los mega-escándalos étnicamente hegemónicos del régimen de Mwai Kibaki (2002-2013) que acabaron hace cuatro años? De esos mismos escritores, ¿tendremos la suerte de leer cualquier novela sobre las descabelladas divisiones étnicas que Uhuru Kenyatta ha introducido en la psique solo durante los últimos cinco años, con el fin de su desgobierno el 26 de octubre de 2017 o en 2022?

Cristiana Pugliese (2003) observa que la literatura de la antigua Central Province de Kenia siempre ha sido étnicamente insular. Mi impresión es que la razón de que la literatura siga mirando hacia dentro tiene poco que ver con lo que sus proveedores hacen hoy día. A finales de los 40, los primeros escritores sentaron ya algunos precedentes primordiales, panfletistas y periodistas, entre los que se encontraban Henry Muoria Mwaniki, Gakaara wa Wanjau, Mwaniki Mugweru, Mathenge Wachira y Mbugua Njama (de ahí a que aplauda a los pocos intelectuales atrevidos, naturales de Central Province, quienes, incluso hoy, continúan ampliando las fronteras del nacionalismo en el territorio de Kenia, en contra de las sangrías étnicas por parte del estado).

El que más odio hacia las diferentes etnias demostraba entre estos primeros panfletistas de Central Province era Henry Muoria Mwanik. Pugliese explica que Muoria escribió párrafos como: “ Cuando la gente se va de excursión están los que guían y los que siguen… nosotros los Gikuyu debemos ser… valientes líderes así los otros negros nos reconocerán y después nos seguirán… Es responsabilidad de cada adulto Gikuyu predicar al resto de negros para que tengan la misma forma de pensar que la que tienen los Gikuyu” (101-102).

Estos libros reservaban una suerte de miedo étnico moribundo hacia una comunidad en particular. Una sección del Mau Mau puso en práctica lo que se había predicado. Bethwell Ogot (2003) escribe: “Incluso cuando un reputado líder de los Luo, Ambrose Michael Ofafa, quien fuera un hombre de negocios, tesorero del KAU [Kenia African Union] y miembro del ayuntamiento de Nairobi desde 1948, fue asesinado por activistas del Mau Mau el 21 de noviembre de 1953 en Kaloleni, Nairobi, los Luo se negaron a que los usaran para iniciar una guerra contra los Kikuyu, a pesar de la fuerte presión gubernamental” (21).

Yale desconoce el mito de los “uthamaki” (realeza) en el actual contexto keniano. Se trata del mito al que se hace alusión en libros como el de Jomo Kenyatta Facing Mount Kenya (1938), y tangencialmente en otros tomos de la literatura por autores más conocidos de Central Kenya. El mito sostiene que el poder político en el país es el derecho soberano y de origen divino de solo una comunidad. En ciertas novelas (1965), por ejemplo, los padres de los protagonistas los llevan a la cima de una montaña y les dicen: podrás gobernar sobre toda esta tierra, que es tuya.

Marshall Clough (2003) escribe después del mal trago, la Guerra Fría enfrentó al Presidente Jomo Kenyatta y a su Vicepresidente, Oginga Odinga en 1969 (cuando muchas personas de Luo fueron asesinadas en Kisumu), Kenyatta huyó a casa donde comenzó a celebrar rituales de juramento en Gatundu en Central Province, donde incluso los políticos de las comunidades Embu y Meru se unían al ritual para proteger el liderazgo político en Kenia de las perversas miradas de las otras comunidades kenianas.

El uthamaki se sitúa en el núcleo central de las políticas kenianas hoy día (especialmente ahora que los candidatos son los hijos de Kenyatta y Odinga). En 2007 se impuso – principalmente por la secta Mungiki que ahora llevan uniformes policiales – aunque Mwai Kibaki perdiera claramente. En la votación del 8 de agosto de 2017 para elegir al manager del ICT en la Comisión Nacional Independiente de Elecciones y Lindes (IEBC) podría ser asesinado misteriosamente unos días antes de las elecciones ( Daily Nation, 2 agosto 2017). La Corte Suprema de Kenia ya confirmó que se habían producido irregularidades en aquella votación. La “policía” asesinó a treinta y un seres humanos en el transcurso de una protesta pacífica. No es nuevo (Daily Nation, 10 de junio de 2016).

¿Es sobre la base del honor a las lenguas indígenas que ciertos escritores africanos se vuelven ciegos ante las horribles amenazas al nacionalismo, culpando a antiguos presidentes - cuyo mayor pecado probablemente sea no hablar la lengua nativa del escritor – y no a los actuales autócratas quienes en realidad las llevan a cabo? Si demostrar nostalgia por las lenguas maternas africanas en la Literatura africana consisten en esto, entonces todos los autores africanos deben negarse a ello.

YO ME NIEGO

La Universidad de Yale está demasiado lejos para saber qué ha estado ocurriendo últimamente en Kenia. Que actualmente es posible que los escritores africanos que hablan de “cultura nacional” no se den cuenta que prácticamente los asientos de las primeras filas de todos los teatros nacionales solo estén ocupados por una lengua (The Standard, 7 sept 2017). Que los escritores africanos con aires revolucionarios entran a la State House de Kenia y degustan vino (The Star, 8 junio 2015). Que cuando son otras lenguas las que ocupan la presidencia el escritor africano es un pajarillo volando de tejado en tejado, “¡Ah, Etnias! ¡Eh, Corrupción! ¡Ih, Dictadura! ¡Oh, Autocracia! ¡Uh, Etnias!” Pero cuando es nuestra propia lengua materna la que ocupa la State House, el escritor africano es un conspirador, una rana toro nostálgica oculta bajo una olla tribal en el periodo de sequía, la carne blanca de su mandíbula inferior bailando al ritmo de los tambores viscerales de la tribu.

Siempre hay razones “literarias” para explicar porqué muchos negros en África aun obedecen a mitos abstractos para asesinar a compatriotas simplemente basándose en la tribu sesenta años después de la independencia del continente. En Kenia una secta prohibida – que se alimenta de “literatura” – que viste el uniforme oficial de policía está decapitando en nombre de la ideología étnica más cerrada. Es una amarga, oscura y lamentable aberración.

Abenea Ndago

Fuente: African Writer

Notas:

[1] Personaje bíblico que aparece en el Génesis. Se convirtió en estatua de sal al mirar hacia tras, donde estaba Sodoma. Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Lot%27s_wife

[2] En el texto original aparece la palabra “actual” en cursiva.

Referencias:

Clough, M. S. 2003. “Mau Mau & the Contest for Memory.” In: Odhiambo, E. S. A. & Lonsdale, J. (eds) Mau Mau & Nationhood: Arms, Authority & Narration. Nairobi: EAEP.

Currey, J. 2008. Africa Writes Back. Oxford: James Currey.

Ekins, C. 2005. Britain’s Gulag: The Brutal End of Empire in Kenya. London: Jonathan Cape.

Kenyatta, J.1938. Facing Mount Kenya. London: Vintage.

Kiai, M. 2017.The Real Winner of the Recent Presidential Elections is Daniel Arap Moi, not Uhuru” – Prof. Ngugi wa Thiong’o says. KenyaToday.com. 22 Aug.

2016. When it comes to Luoland, police force converts itself into a militia. Daily Nation. 10 Jun.

Kimani, P. 2017. Ngugi sits among giants to receive doctorate from Yale. Daily Nation, 26 may.

Mukinda, M. and Menya, W. 2017. Detectives retrace Chris Msando’s final steps. Daily Nation, 2 Aug.

Ngugi wa Thiong’o. 2015. ‘Liberated’ Kenya National Theatre should fulfil our deferred dreams. The Standard, 7 Sep.

2006. Wizard of the Crow. New York: Pantheon Books.

1986. Decolonising the Mind: The Politics of Language in African Literature. London: James Currey.

1965. The River Between. Nairobi: Heinemann.

Njini, F. and Cohen, M. 2017. Fear Stalks Nairobi slum in ugly twist to Kenya vote impasse. Fin24, 8 Aug.

Ogot, B. A. 2003. “Mau Mau & Nationhood: The Untold Story.” In: Odhiambo, E. S. A. & Lonsdale, J. (eds) Mau Mau & Nationhood: Arms, Authority & Narration. Nairobi: EAEP.

Pugliese, C. 2003. “Complementary or Contending Nationhoods? Kikuyu Pamphlets and Songs, 1945-52. In: Odhiambo, E. S. A. & Lonsdale, J. (eds) Mau Mau & Nationhood: Arms, Authority & Narration. Nairobi: EAEP.

Star Reporter. 2015. Uhuru hosts Ngugi wa Thiong’o at State House, 38 years after being jailed by Jomo’s regime. The Star, 8 Jun.

[Traducción, Marta Sánchez Capel]

[Fundación Sur]


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