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Inicio > Bitácora africana >
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Ramos Sierra, Leo

Leonildo (Leo) Ramos Sierra nación en la ciudad suiza de Lucerna en 1.972 .

Sacerdote diocesano de Salamanca destinado en Zimbabue como asociado del IEME, el Instituto Español de Misiones Extranjeras. Llegó a Zimbabue el 26 de julio de 2016 trabaja en la diócesis de Hwange. Vive en una población de unos 3.000-4.000 habitantes llamada Binga, junto al lago Kariba, a lo largo del cual se encuentran los tongas, pueblo bantú que también vive en el fue de Zambia y, en menor medida, en Mozambique

Se define como Buscador de preguntas y de respuestas. De vida y de plenitud. Buscador del hombre. Buscador de Dios. y tabién en su blog Mwapona.com

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A Jesús le gusta jugar al fútbol, por Leo Ramos Sierra

29 de septiembre de 2017.

Recién llegado a la nueva misión de Kariyangwe, había pensado en salir a dar una vuelta y visitar el colegio y el hospital, por eso de dejarme ver, encontrarme con la gente, conocer a unos y otros… Vamos, lo que podemos llamar “patear el terreno”, algo que solía hacer con mi amigo Poli cuando estuvimos en la sierra de Francia durante tres años. El objetivo era -y es- conocer, pasar el rato, pasear, estar con la gente, hacerse el encontradizo, o directamente ir a visitar a alguien. Y así, en la medida de lo posible mostrar un rostro de Dios cercano, amable, al tiempo que uno recuerda que hay que esforzarse por descubrirle a Él, a Dios mismo, en los acontecimientos de cada día.

Primeramente, fui al colegio, que depende de la misión. Habían vuelto
de las vacaciones y la mayoría de los niños no me conocían. Ya habían acabado las clases y aún estaban comiendo algunos. ¡Qué sensación más rara ser el centro de atención de tantos niños! “Mukwua, mukwua!” Así decían entre ellos cuando me veían pasar, pensando que no les entendía. “¡Un blanco, un blanco!” Yo les saludaba en tonga y les hacía alguna pregunta para establecer un contacto mínimo. O les decía: “¡Choca esos cinco!”. Les gastaba alguna broma. Y siempre sonriendo, porque creo que la sonrisa es signo de Dios, rompe el hielo entre las personas, acoge al otro y, bueno, sirve también para compensar mis torpes palabras en tonga. Algunos niños me seguían, otros se reían, incluso alguno sentía miedo. Otros, simplemente me miraban, como si fuera lo nunca visto. Es verdad que otros me llamaban “Father!”, “¡Padre!”, porque me habían visto en la misión y en la iglesia, y me conocían, pero eran los menos.

Y del colegio me dirigí al hospital, también dependiente de la misión. Lo mismo. Estuve viéndolo con calma; casi no había enfermos, y el personal era el mínimo. Saludé a algunos enfermeros; a médicos, no, porque no hay en el hospital. A las mujeres que estaban en maternidad esperando a dar a luz les pregunté a trompicones, pero me entendieron -con unas buenas risas-, que cuándo daban a luz, pero me respondieron que no sabían. Eso de salir de cuentas con tanta precisión como en España no se lleva en la zona rural de Zimbabue. En fin, después de mi escapada por Kariyangwe, me decidí a volver a casa, pensando que ya había tenido bastante baño de multitudes por esa tarde. Pensaba para mí mientras marchaba: “Leo, mucho tienes tú que mejorar tu tonga y muchas visitas tienes tú que hacer para conocer a la gente. Pero bueno, poco a poco.”

Estaba ya casi llegando a la verja de la misión y oigo a alguien detrás de mí. Me doy la vuelta y veo a un niño de unos doce años. Viene jugando con un balón que él mismo ha hecho a base de bolsas de basura. Continúo andando y oigo cómo el balón se le ha “escapado” en un intento de establecer una comunicación conmigo. Y claro, no me queda otra que responderle y devolverle la pelota, justo cuando ya voy con ganas de descansar, y encima, fútbol. Pues ahí me veis a mí, con chanclas de piscina, dando unas patadas al balón, para lo que soy un “negao” y me gusta menos que nada. Incluso improvisamos una portería en la verja de la misión. Y ahí estuvimos diez minutos Junior que es así como se llama, y Mwembe, una niña que resulta que llegó al poco de estar con Junior y que resulta que es su hermana; ambos estaban volviendo del colegio a casa.

¡Cómo son las cosas! Yo he salido a conocer gente y a hacerme el encontradizo y han sido estas dos criaturitas las que han salido a mi encuentro. ¡Qué manera más curiosa ha tenido Jesús de salir a mi encuentro! Jugando al fútbol. Yo lo buscaba y es Él el que me encuentra. El cazador cazado. La historia se repite: los discípulos de Emaús, Zaqueo, María Magdalena… Gente que busca a Jesús y es éste quien los encuentra. Gente que va de vuelta y que se ve sorprendida. Gente que busca a Jesús en el lugar equivocado o del modo incorrecto, cuando Jesús se disfraza de lo más insospechado, incluso de niño que juega al fútbol.

Original en : Testigo en Zimbabue

[Fundación Sur]



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