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No culpes de la pobreza al pobre
04/05/2017 -

Es muy difícil afrontar el papel que la suerte juega en nuestras vidas. La suerte no es algo sobre lo que tienes el control. La suerte se tiene o no. Nadie tiene derecho a la suerte. Nadie la merece. Los filósofos han escrito durante mucho tiempo y de mil hermosas maneras sobre los diferentes tipos de suerte que hay en el mundo.

Yo he tenido mucha suerte. No podría haber elegido mi suerte. Tengo un cociente intelectual por encima del promedio que me ha permitido hacerlo bien en la escuela y en la universidad. Tengo una capacidad para comprender los conceptos y su lógica rápidamente, lo que, con algún esfuerzo, ha ayudado a desarrollar algunas destrezas decentes, como mis habilidades para debatir y, cuando era niño, el poder jugar al ajedrez a nivel provincial. Estos son ejemplos de buena suerte.

También he tenido mala suerte. A pesar de dejarme el culo en el gimnasio, tengo problemas con mi peso. Tengo primos que corren maratones y juegan al rugby pero también luchan contra su peso. Hay un gen potente de obesidad en mi familia que es una amenaza irritante.

Yo también nací en una familia relativamente pobre o de clase trabajadora, depende de dónde ponga cada uno su línea de pobreza. Recuerdo cuando mi madre y mi padre me oyeron tocar el piano por primera vez, lo sorprendidos que estaban. Aunque yo ya había alcanzado el grado 12 y llevaba tocando ocho años, ellos nunca me habían oído tocar. No podíamos pagar un piano.

Estos son ejemplos de mala suerte genética, sobre la cual no tengo control, y mala suerte situacional: la de nacer en un barrio pobre de Grahamstown en una punta de África. ¿Quién sabe en qué más podría haber sobresalido si hubiera nacido en una familia diferente, en un barrio diferente o en otra parte del mundo?

¿Significa esto que no debería sentirme orgulloso por mis logros, que parecen ser bastante decentes, como los libros que he escrito o los títulos que he obtenido? Bueno, aquí es cuando la historia se complica.

El éxito va en un función de la suerte genética, la suerte situacional y el trabajo duro. Dos personas pueden tener los mismos genes y los mismos recursos y aun así terminar en diferentes posiciones en sus vidas. Por lo tanto, la idea de que alguien "merece" sus éxitos, en cierto sentido, no está totalmente injustificada. Aun así tienes que explotar tu potencial innato dentro de las limitaciones de recursos y oportunidades, por muchas que sean, que se han dado.

Debe quedar claro que la suerte juega un papel tan importante en la determinación del "éxito" que muchos de nosotros haríamos bien en ser menos arrogantes con respecto a lo que tenemos en nuestros curriculums, en lugar de comportarnos como si nuestros logros fueran total y únicamente consecuencia de nuestro esfuerzo monumental.

Algunos psicólogos y filósofos incluso nos llevan a pensar más en si los rasgos de la personalidad, incluyendo la propensión a trabajar duro, son rasgos que elegimos o rasgos que son cuestión de la suerte genética. Deberíamos demostrar cierta humildad acerca de nuestros rasgos de la personalidad y hábitos de trabajo.

Genética aparte, los ambientes en los que nos criamos también pueden determinar la probabilidad de que seamos adultos determinados y competitivos.

Estas cosas no son nuevas para los filósofos. Todo esto se me ocurrió cuando Vuyelwa tuvo la gran audacia la semana pasada de llamar y reprender a los trabajadores pobres de Virgin Active por quejarse de sus condiciones de trabajo. Vuyelwa insistió en que si alguien no quiere trabajar limpiando un gimnasio hasta las diez de la noche y caminar después a casa entre chabolas, a riesgo de ser asaltado o violado porque gana tan poco que no tiene para transporte, entonces lo que tiene que hacer, simplemente, es buscarse un mejor trabajo. No debería tener derecho a quejarse.

Vuyelwa no solamente era inhumana y carecía de empatía por aquellos cuyas vidas son muy diferentes a la suya. Estaba totalmente convencida de que la diferencia entre un pobre limpiador de gimnasios y un banquero de Sandton es que uno decidió ser pobre y el otro decidió ser banquero.

Hay todo un rechazo aquí a la hora de reconocer las formas en que los factores que no elegimos, como los genes con los que nacemos o las comunidades en las que nacemos, determinan nuestra parte del pastel en la vida. El efecto material que la pobreza ejerce sobre el bebé promedio no es algo en lo que Vuyelwa haya pensado demasiado.

Una posibilidad es que Vuyelwa simplemente no sea muy inteligente. Después de todo, ser clase media no te garantiza tener la capacidad de pensar adecuadamente.

Pero creo que la verdadera razón por la que Vuyelwa debe creer que los pobres tienen las mismas posibilidades que ella es que necesita mantener esa mentira para evitar humildemente reconocer que lo que ha tenido es mucha suerte.

Eusebius McKaiser

Fuente: Mail&Guardian

[Traducción y edición, Mario Villalba]

[Fundación Sur]


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