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La ayuda que necesitan las víctimas de Boko Haram es psicológica
03/05/2017 -

Bulus Apollos está sentado en el pequeño patio de un complejo en Gomari Gana, un área con cales polvorientas de Maiduguri, Nigeria. Sus manos, callosas de años cultivando cebollas, se agitan mientras se sube los pantalones, de un apagado amarillo, para revelar sus pies hinchados.

Secuestrado en 2015, junto con más de mil hombres más de su aldea, Karenuwa, cerca de la frontera de Camerún, Apollos, de 47 años, fue retenido en cautiverio durante más de un año por los combatientes de Boko Haram, los insurgentes islámicos que han llevado a cabo la sangrienta campaña de terror en el noreste de Nigeria durante siete años. Dice que sus pies todavía le duelen por estar encadenado aquellos 15 meses.

"Todos los viernes, a cada uno de nosotros se nos ponía frente a un tribunal especial que nos ordenaba convertirnos al Islam", explica Apollos, con una vena palpitándole en la sien derecha. "Nos negamos... y nos golpeaban y nos llevaban de vuelta".

Boko Haram hace cumplir su propia y radical versión del Islam, que prohíbe la educación occidental y busca destruir el estado secular nigeriano. Su campaña ha estado marcada por la violencia sexual contra niñas y mujeres, incluyendo violaciones y matrimonios forzados.

"Todavía tengo pesadillas con aquellos que murieron de hambre", dice Apollos. "Y con los que fueron decapitados".

No hay dinero para los servicios de salud mental

Rescatado del cautiverio por las fuerzas militares de Nigeria en octubre, Apollos no sabe si padece depresión o trastorno de estrés postraumático. No tiene dinero para buscar ayuda profesional y no le ha sido diagnosticada ninguna enfermedad mental. Él es una de las cientos de miles de personas que buscaron la relativa seguridad de Maiduguri, la capital del estado de Borno y lugar de nacimiento de Boko Haram, mientras esperan el fin del sangriento conflicto.

Más de 20.000 personas han muerto desde el inicio de la campaña de Boko Haram para establecer un califato, según datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas y, solamente en Nigeria, 1.8 millones de personas han huido de sus hogares.

Maiduguri, un centro regional de comercio, vio cómo se doblaba su población, de un millón a dos millones de personas con la afluencia de aldeanos de toda la zona desde 2009, cuando se destruyeron tierras de cultivo y aldeas enteras en las pobres y subdesarrolladas provincias del noreste de Nigeria.

Los 16 campamentos administrados por el gobierno para los desplazados simplemente no han sido capaces de dar cabida a tanta cantidad de ellos. Los refugiados y sus familias se han trasladado a escuelas y edificios gubernamentales a medio construir. Muchos de los residentes de Maiduguri han abierto sus hogares a los refugiados, Apollos encontró un santuario temporal cuando un miembro de su iglesia dejó que se quedara en ella, pero la ciudad está superpoblada y sufriendo para proporcionar siquiera servicios básicos. Se forman colas kilométricas en cuanto hay rumores o noticias de ayuda.

El Noreste de Nigeria tiene sólo un hospital de salud mental

En el Hospital Neuropsiquiátrico Federal de Maiduguri, la única instalación psiquiátrica en todo el noreste de Nigeria, no hay un solo asiento vacío en la sala de espera. Enfermos vestidos de rosa, enfermeras de blanco, van y vuelven a toda prisa. Los médicos estiman que han tratado al menos a 60.000 pacientes desde el inicio del conflicto. Abba Shuwa, un médico del hospital, dice que nadie ha escapado del trauma del conflicto: "Todo el mundo se ha visto afectado: las madres lactantes, las adolescentes, los ancianos".

Durante el año pasado, el presidente Muhammudu Buhari y los militares han reclamado repetidamente la victoria contra Boko Haram, ya que las fuerzas gubernamentales han hecho retroceder a los insurgentes. Aunque los soldados nigerianos han recuperado territorio y liberado a muchos cautivos como Apollos de los militantes, el ejército también fue acusado por los civiles de abusos y brutalidad. A medida que los atentados suicidas con bombas continúan, cada vez más, por parte de mujeres, e incluso niños, utilizados por los terroristas, aumenta el miedo de que haya partidarios de Boko Haram entre los refugiados.

"Si estás hambriento, tu salud mental se convierte en un problema secundario"

Una mujer recientemente traída al Hospital Neuropsicológico Federal estaba muda, dice Ibrahim Wakawa Absu, director médico jefe. "Ella era de Gulak, en el estado de Adamawa, pero fue rescatada por los soldados en una de sus operaciones aquí, dentro del estado de Borno. Pensaron que era una espía, una de las insurgentes". La mujer no respondió a nadie, pero sollozó cuando se quedó sola durante unos minutos. No entendieron el horror que había experimentado, pero le diagnosticaron síndrome de estrés postraumático. Pasaron semanas antes de que pudiera hablar, e incluso entonces sólo podía decir de dónde venía. Un miembro del personal ayudó a reunirla con su familia, pero no tenía dinero para pagar el tratamiento en curso.

La mayoría de los pacientes son llevados al hospital por organizaciones de ayuda como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), explica Shuwa. Con muchos de ellos luchando por sobrevivir, la enfermedad mental no es una de las prioridades. "La mayoría de ellos están luchando sólo por alimentarse a sí mismos, por lo que consideran su salud mental como una cuestión secundaria, hasta que se convierte en una amenaza para su vida. Es entonces que vienen al hospital", dice Shuwa.

La mayoría de los centros de salud han sido destruidos

Shuwa y los otros doctores han juntado dinero para ayudar a las víctimas. Hay escasez severa de alimentos en el noreste de Nigeria, ya que los agricultores han sido incapaces de regresar a sus campos por tercer año consecutivo. Los cultivos han sido destruidos y el ganado robado o sacrificado.

En Borno, el 75% de la infraestructura de saneamiento de agua ha sido dañada o destruida, según un comunicado del director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake. Desde el inicio del conflicto, el 72% de los centros de salud han sido dañados o destruidos en el estado de Yobe, y el 60% de ellos en Borno, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Con tales dificultades apremiantes en una región ya de por sí empobrecida, los psiquiatras del Hospital Neuropsiquiátrico Federal dicen que la crisis de salud mental va mucho más allá de lo que pueden controlar. El hospital no podía lidiar con su carga de trabajo normal antes de la insurgencia, explica Famtima Akilu, psicóloga y directora ejecutiva de la Fundación Neem. Este grupo sin ánimo de lucro ofrece asesoramiento para los traumas y apoyo psicológico a las víctimas de la insurgencia en el estado de Borno. "Los servicios de salud mental aquí son completamente inadecuados. Estamos hablando de decenas y decenas de miles de personas que necesitan ayuda", dice Akilu.

Un psiquiatra por cada millón de personas

Más de 2.7 millones de niños afectados por los conflictos, sólo en la región, necesitan ayuda psicosocial, informa Unicef. Pero sólo el 3’3% del presupuesto para Salud de Nigeria se destina a la salud mental, según un estudio publicado en BioMed Central en 2016. En toda Nigeria, con sus 180 millones de personas, hay menos de 200 psiquiatras. Uno por cada millón de personas, concluye dicho estudio.

Aunque no todos los que tengan problemas de salud mental necesitan ver a un psiquiatra, también hay carencia de otros profesionales: en el Hospital Neuropsicológico Federal sólo hay cuatro psicólogos. "Mi fundación tiene otros cuatro, lo que significa que hay solamente ocho psicólogos en todo el estado de Borno. Y necesitamos cientos y cientos", dice Akilu.

Apollos, como muchos otros aquí, se ha dirigido a la iglesia para la curación espiritual y mental. Su tratamiento aquí consiste en oración, ayuno y recibir consejo de los ancianos de la iglesia. "Las oraciones me han ayudado a dormir mejor", dice suavemente.

Creencias sobrenaturales

Muchos nigerianos todavía creen que hay causas sobrenaturales o preternaturales en las enfermedades mentales, tal como recogió un estudio de 2008 del African Journal of Psychiatry. A menudo recurren a los curanderos espirituales, que atribuyen la enfermedad mental a la brujería o al consumo de cannabis. Las maldiciones y el castigo divino también se citan como causas de enfermedad mental. El tratamiento puede implicar ayuno, beber agua bendita, orar, flagelarse, bañarse o hacer sacrificios, según dicho estudio.

La falta de comprensión de los problemas de salud mental ha dejado a los trabajadores humanitarios abrumados, dice Akilu. La OIM y Unicef han prestado apoyo psicosocial, pero muchas áreas siguen siendo innacesibles. "Necesitamos usar consejeros que sean profesionales. Es la única solución", dice.

La Fundación Neem ha abierto un centro de formación en psicología, donde los consejeros laicos se someten a un intensivo programa de capacitación de nueve meses. Esto cubre todos los aspectos del asesoramiento psicológico, explica Akilu, incluyendo la evaluación y el diagnóstico. Se especializan en tratar los traumas, trabajando con las víctimas de violencia de género, así como de traumas infantiles. Aquí los trabajadores sociales, los predicadores y los maestros también se capacitan para dar apoyo psicosocial a los niños, y la fundación ha abierto un centro dedicado únicamente al trauma infantil.

En junio del año pasado, Neem inició un proyecto llamado Consejería sobre Ruedas, para llevar el tratamiento de traumas directamente a las puertas de las víctimas de la violencia. Doce unidades móviles viajan en pequeños tuk-tuks de tres ruedas a diferentes lugares de Maiduguri. Visitan cuatro comunidades a la vez. "Hacemos evaluaciones individuales y luego clasificamos a las personas en grupos, haciendo terapia de grupos por cada uno, durante un mes", explica Akilu. Aquellos que necesitan mayor atención psicológica se tratan de manera individual.

"Cada mes vemos a 1.000 personas. Con las limitaciones que tenemos en cuanto a financiación, nuestro objetivo es llegar a 12.000 personas al año, proporcionando servicios psicológicos integrales". Akilu dice que la gente suele hacer cola durante más de ocho horas bajo el ardiente sol del norte para ver a los consejeros. "El impacto ha sido increíble. Para muchos, los síntomas han disminuido, y han desarrollado resiliencia. Tenemos informes de personas que han sido capaces de dormir por primera vez en meses".

Fuente: Bhekisisa.org

[Traducción y edición, Mario Villalba]

[Fundación Sur]


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