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Bidi Bidi, "el mejor lugar del mundo para los refugiados"
28/04/2017 -

A día de hoy, con los gobiernos de todo el mundo tratando de encontrar nuevas formas de limitar el ingreso de refugiados en sus países, Uganda destaca como una excepción.

Desde que estalló la guerra civil en Sudán del Sur en 2013, 1.6 millones de personas han huído del país. Y alrededor de la mitad de ellos han cruzado la frontera sur con Uganda, que ha sido descrita como "el mejor lugar del mundo" para los refugiados.

La historia de la cálida bienvenida es mayormente cierta. Las comunidades cercanas a la frontera a menudo tienen familiares en Sudán del Sur. Muchos también buscaron refugio en el sur de Sudán durante el conflicto de dos décadas en el norte de Uganda, y se sienten obligados a devolver la hospitalidad.

En lugar de ser apiñados en los campamentos, los sudaneses entrantes reciben pequeñas parcelas de tierra, que las familias locales y los jefes de los clanes ofrecen de manera gratuita. Al mismo tiempo, las agencias humanitarias proporcionan alimentos, agua, materiales de construcción, herramientas, clínicas, educación, alfabetización y formación profesional.

"Son nuestros hermanos", se suele oír entre los lugareños.

Sin embargo, esta generosidad no es fácil de sostener y cada vez es más complicado, a medida que los números crecen. Desde principios de 2017, un promedio de 3.000 nuevos refugiados llegan cada día.

También queda claro que ahora los anfitriones esperan mejores beneficios a cambio de ser tan abiertos. A finales de marzo, los lugareños bloquearon dos veces las puertas del asentamiento de refugiados de Mvepi, en el distrito de Arua, no permitiendo la entrada a la Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR) ni a docenas de contratistas de diversas ONG.

Según Peter Debele, Comisionario Residente del Distrito, la principal demanda de los que protestan eran empleos en la industria de la ayuda. "Nos estamos reuniendo con ellos, diciéndoles que sean pacientes y que todo se solucionará", dice.

Pero Pax Saygar, dirigente de la ONG local RICE-West Nile, insiste en que las quejas de los lugareños van más allá de esto. En una reunión "sumamente volátil" con los manifestantes, dijo que "la gente estaba diciendo que echáramos a los refugiados porque están agotando nuestra tierra".

Un alto funcionario gubernamental de la ciudad de Arua dice que en Adjumani, donde el número de refugiados es mayor que el de locales, la gente lleva agitada ya un tiempo. "Ahora vendrá hacia aquí", dice.

Él cree que la afluencia ha tensado al límite los servicios de salud y educación, inflado los precios de los alimentos en los mercados locales y causado una escasez de viviendas urbanas según las ONG van estableciendo oficinas y los refugiados más acomodados alquilan casas o compran tierras.

Yumbe aparece en el mapa

Tanto la tensión como la esperanza de beneficios son claramente evidentes en el distrito de Yumbe, en la frontera noroccidental de Uganda.

Antes de que estallara la guerra civil en Sudán del Sur en 2013, se trataba de un distrito pobre, alejado y abrumadoramente rural, sin carreteras asfaltadas y con escasa provisión social para atender a una población de alrededor de 500.000 habitantes. El centro administrativo, la ciudad de Yumbe, era poco más que algunas calles desiguales con apenas 25.000 residentes.

Pero hoy el distrito es el hogar de lo que se ha convertido en el asentamiento de refugiados más grande del mundo. Conocido como Bidi Bidi, el campamento se extiende por muchos kilómetros y alberga a más de 272.000 personas, con parcelas de cultivo de 30x30 metros para complementar los suministros de la ONU.

En respuesta a esta afluencia, la población de la ciudad de Yumbe se ha duplicado, según Albert Odongo, el oficial de planificación del distrito. Odongo dice que esto es el resultado de "oportunistas" buscando empleo, comercio y demás beneficios derivados del boom de refugiados.

Odongo explica que esto ha traído algunas desventajas, como la aparición de niños callejeros y trabajadores sexuales. "Nunca antes había visto esto en mis 13 años aquí", dice. Añade que "un estudio realizado la semana pasada por uno de nuestros centros de salud encontró en pruebas aleatorias que 8 de cada 10 pacientes eran positivos en VIH".

Pero Odongo también destaca el impulso a la economía local. Las casas de huéspedes y otros negocios están proliferando, dice, y el transporte público se ha cuadruplicado. El Comité Internacional de Rescate ha empleado a 72 personas sólo allí, y eso es un beneficio para todas sus familias, añade.

La oportunidad llama

La región también se beneficia de las actividades de las organizaciones de ayuda. Según una fórmula acordada por el ACNUR y Uganda, las agencias humanitarias que atienden a los refugiados también deben extender sus servicios a los locales, en una proporción de 70:30. Cada clínica que ayude a 700 refugiados también debe hacerlo con 300 lugareños.

Odongo ve esto como una oportunidad para desarrollar instalaciones en un distrito previamente subdesarrollado. También espera que los locales pronto aumenten en esa proporción, que se está negociando que quede en 50:50.

Así lo confirma el Comisario de Uganda para los Refugiados, David Kasungu. "Esto todavía se está considerando, pero si funciona, tanto mejor", dice. "Sabemos que un incremento de 200.000 personas en un distrito cambia la dinámica económica de esa zona. Por lo que estamos intentando que la comunidad internacional invierta en áreas que albergan refugiados. Cuando lleguen los agentes de mercado, habrá una transformación en ese distrito que antes no era tan activo".

Odongo habla con entusiasmo sobre el próximo proyecto de la Unión Europea, la Iniciativa de Desarrollo para el Norte de Uganda, que invertirá 150 millones de euros para mejorar la agricultura, las carreteras y la prestación de servicios locales para todo el norte.

Bran Ojock, subdirector administrativo de Yumbe, también ve un futuro lleno de oportunidades. Señala que muchas de las instalaciones temporales de Bidi Bidi serán pronto reemplazadas por estructuras permanentes. "Nuestra agenda ahora es sentarnos junto con todos los socios de la implementación de ACNUR y decir que podemos tener escuelas permanentes". Ojock prevé que tomará forma un nuevo centro urbano, y cree que la sede del distrito se trasladará allí cuando llegue el día.

También añade que la tierra de Bidi Bidi no es particularmente productiva. Pero describe un plan para arrendar terrenos de 50 acres de tierra de mayor calidad a grupos de diez familias de refugiados que puedan cultivarla comercialmente, y eventualmente convertirse en proveedores del Programa Mundial de Alimentos.

Él considera que estas familias mejorarán la tierra como una manera de dar las gracias por la hospitalidad local antes de que regresen a Sudán del Sur. "El hogar es el hogar y esta gente querrá volver. Después de tres o cuatro años, o tal vez de nuevo, simplemente se irán", dice.

Dada la situación actual de Sudán del Sur, sin embargo, esa es una previsión demasiado optimista. Como señala el comisario Kasungo, Uganda occidental sigue acogiendo a decenas de miles de refugiados ruandeses y congoleños, entre ellos a "algunos que han estado allí desde la década de 1960".

Lecciones del pasado

En comparación con el sur y el oeste de Uganda, la tierra del norte es menos escasa. Sin embargo, incluso en 2013, un consorcio sobre la sensibilización en los conflictos advirtió que el norte de Uganda se encontraba "en un estado de conflicto latente, con enfrentamientos cada vez más frecuentes entre las comunidades y el gobierno sobre las fronteras y los recursos".

Eso fue antes de que cientos de miles de personas que huían de Sudán del Sur llegaran. La mayoría de ellos se establecieron en la región del Nilo Occidental, pero el distrito de Lamwo, en la región Acholi, ha reservado ahora 80 km cuadrados para un nuevo asentamiento.

El presidente del distrito, John Ogwok, describe a Lamwo como extremadamente pobre, con un déficit crónico en educación y "problemas psicosociales" después de la insurgencia del Ejército de Resistencia del Señor. La gente también está pasando hambre, dice, porque "han compartido la poca comida que tienen con sus hermanos y hermanas" de Sudán del Sur.

Lamwo parece destinado a ser uno de los próximos distritos ugandeses en ser transformado por la llegada de los refugiados, pero Ogwok espera evitar los problemas que vio en una visita al Nilo Occidental. "Hay muchos médicos en los asentamientos de refugiados, pero el hospital regional de referencia de Arua sólo tiene dos", dice. "No queremos eso, necesitamos una gestión adecuada desde el principio". Al igual que sus homólogos en el Nilo Occidental, Ogwok también espera que el asentamiento catalice las inversiones humanitarias para beneficiar a la población local.

Sin embargo, no es la primera vez que esta zona ha albergado tales esperanzas. En 2012, Gulu, la principal ciudad de la región Acholi, estaba repleta de ONGs que operaban bajo el paraguas del Plan de Paz, Recuperación y Desarrollo (PRDP) y su financiación. Pero los donantes europeos suspendieron la ayuda cuando se descubrió que la Oficina del Primer Ministro estaba malversando gran parte de los fondos.

Hoy en día, Gulu no está prosperando. A menudo no funcionan las redes de agua y electricidad. La mayoría de las ONG han desaparecido. Lo mismo ocurre con una sucursal de la cadena de supermercados Nakumatt, de Kenia, que estuvo abierta brevemente, pero que, según un joven que trabajó allí como aprendiz, el único trabajo que ha tenido, pronto se cerró porque la demanda era demasiado pequeña como para sostenerla.

Las experiencias pasadas en la región Acholi sugieren que confiar en la atención repentina de las agencias humanitarias no es el camino ideal para el desarrollo. Pero a medida que miles de refugiados continúan cruzando las fronteras cada día, atrayendo a agencias internacionales y creando nuevas oportunidades (y nuevos riesgos), muchos son conscientes de que el norte de Uganda no es la peor opción de cuantas tienen.

Nick Young

Fuente: Africanarguments.org

[Traducción y edición, Mario Villalba]

[Fundación Sur]


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