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Los piratas somalíes, vuelta al negocio
21/04/2017 -

Tras ser eliminada por la marina después de su apogeo en los 2000, la piratería ha regresado repentinamente al Cuerno de África. Durante el último mes se han producido seis incidentes sospechosos de estar relacionados con la piratería cerca de Somalia, cinco de ellos tuvieron éxitos. Para poner la cifra en perspectiva, basta compararla la de 2016, cuando no hubo un solo ataque exitoso en todo el año.

En la costa somalí de Galmudug se produjeron otros tres incidentes. Varios pesqueros ilegales tuvieron que pagar “multas” que, en realidad, pudieron ser rescates. Todo parece indicar que la piratería se está recuperando e incluso llegando a una escala aún mayor de la que se tenía constancia anteriormente.

“Ahora estas cosas pasan en el hogar original de la piratería. Una zona que creían limpia”, declaró John Steed, experto marítimo de la Oficina de Drogas y Delitos de las Naciones Unidas. Steed también manifestó la profunda decepción que esta situación le produce.

Este pico de la criminalidad en alta mar en el Cuerno de África es un revés a la batalla de décadas para acabar con la piratería en la zona y una horrible noticia para la industria naviera internacional, que cada año transporta mercancías por un valor de 700 millones de dólares por esta zona. También es un recordatorio de que uno de los principales factores que favorece la piratería, la pesca ilegal que agota las poblaciones locales de pescado y obliga a algunos pescadores a tomar las armas, sigue siendo un problema tan grande como siempre.

El sábado, varios piratas se embarcaron en un buque con bandera de Tuvalu, conocido como el OS35, que aparentemente viajaba a través del Golfo de Adén. El secuestro se produjo justo después de dos ataques similares el lunes pasado, el primero liderado por un jefe conocido como Bakeyle, o "Conejo", cuyos hombres se apoderaron de un buque de carga a aproximadamente 130 millas de la costa somalí y trazaron un rumbo hacia la ciudad costera de Hobyo, un notorio bastión de piratas en el estado de Galmudug, según informa Ben Lawellin, director del proyecto Cuerno de África para Oceans Beyond Piracy. El segundo ataque, reportado por la Operación de Comercio Marítimo de Gran Bretaña el mismo día, involucró a presuntos piratas que intentaron abordar otro buque al norte de Somalia cerca de la entrada al Mar Rojo, pero retrocedieron después de que los guardias armados a bordo del buque se enfrentaran a ellos.

Estos incidentes se producen tras el ataque del 2 de abril contra un buque de carga con bandera india cerca de la isla yemení de Socotra, a más de 125 millas de la costa somalí. Los secuestradores, encabezados por otro líder pirata llamado Afweyne Dhibic o “Boca Grande”, también pusieron rumbo a Hobyo con su presa. Según informa Oceans Beyond Piracy, los piratas de Galmudug ya han exigido rescate en ambos casos.

Anteriormente, a principios de marzo, se produjeron otros dos ataques contra sendos buques en Puntland, región semiautónoma de Somalia, al norte de Galmudug. Los piratas, a las órdenes de Jacfar Saciid Cabdulaahi capturaron el petrolero Aris 13, el primer gran buque mercante supuestamente secuestrado en aguas somalíes desde 2012. El otro buque, un buque pesquero, fue secuestrado para ser utilizado como "nave nodriza" con la que realizar nuevos ataques. Este segundo barco se envió a la ciudad de Eyl, en Puntland, famosa por su piratería gracias a la película de Hollywood “Capitán Philips”. Finalmente, tanto el barco como la tripulación fueron liberados.

El resurgir de la piratería en el Cuerno de África se está produciendo después de que, tanto las fuerzas antipiratería como las compañías navieras, bajaran la guardia ante la amenaza. La fuerza naval de la OTAN se retiró del Cuerno en diciembre, utilizando como argumento la disminución de los ataques piratas. Las fuerzas de la Unión Europea siguen, de momento, en la zona. Lawellin explica que muchos buques de carga también han dejado de tomar precauciones como contratar guardias armados o navegar a mayor velocidad cuando se ven forzados a hacerlo lejos de la costa.

“A medida que disminuyeron los casos de piratería, también lo hizo el uso de estas medidas de prevención”, se lamentaba Lawellin. “Los piratas todavía pueden secuestrar buques, y parece que algunos todavía tienen la capacidad y la determinación de salir a buscar objetivos”.

Los pescadores somalíes aseguran estar armándose para proteger las costas. Las armadas internacionales, que se desplegaron en la región durante la rápida escalada de piratería en el 2008, tienen autorización de la ONU para detener los secuestros, pero no están facultados para hacer lo mismo con las flotas pesqueras ilegales que contribuyen al problema económico subyacente.

“Necesitamos que se autorice a las fuerzas navales internacionales que vigilan la costa de Somalia para inspeccionar los buques pesqueros", dijo Jama, que hasta hace poco era el viceministro de Pesca de Somalia, en declaraciones a Foreign Policy. “Todavía estamos luchando para que la ONU tome esta decisión”.

La ley federal somalí prohíbe que los buques extranjeros pesquen a menos de 15 millas de la costa para garantizar la pesca a los pescadores a pequeña escala. La ley somalí también prohíbe métodos de pesca destructivos como el arrastre de fondo, donde los barcos arrastran redes u otros dispositivos a lo largo del fondo marino, recolectando todo lo que está en su camino y destruyendo los ecosistemas costeros.

Pero la ley no ha conseguido frenar estas prácticas en lugares como Puntland, donde el gobierno federal con sede en Mogadishu ejerce poco control. Jama explica que las tropas yemeníes e iraníes entran, con guardias armados, cortan rutinariamente las redes de los pequeños pescadores de la zona sin encontrarse ningún obstáculo en el proceso. Aún peor, algunos buques extranjeros practican la pesca de alta precisión, que consiste en quedarse sólo con las especies más rentables y arrojar el resto de la captura por la borda para ahorrar espacio de carga, incluso cuando el pueblo somalí se enfrenta a una dura hambruna por culpa de las sequías.

Mientras persista el problema de la pesca ilegal, lo hará el de la piratería, porque los pescadores que toman las armas y se convierten en piratas se consideran a sí mismos héroes defendiendo lo que es suyo, advertía Hassan Warsame, ministro de Pesca del estado de Galmudug.

En teoría, las autoridades somalíes deberían interceptar estos buques de pesca ilegales y llevarlos ante la justicia, pero en áreas como Galmudug, donde el problema está fuera de control, no hay autoridades marítimas. En su lugar, son los grupos armados locales los que, en ocasiones, cobran las pertinentes multas que en ocasiones se parecen sospechosamente a rescates. Tres de estos incidentes se han producido en Galmudug este año, todos ellos supuestamente involucrando a la Guardia Costera de Galmudug. Galmudug no tiene una guardia costera oficial, lo que plantea multitud de preguntas sobre quien secuestró los barcos y cobró el rescate realmente.

"Esa es la pregunta de los mil dólares. La gente sigue hablando de la Guardia Costera de Galmudug, pero eso no existe", dijo Steed. "A menudo los piratas multan a la gente, encuentran un barco de pesca y dicen que están pescando ilegalmente, no son guardacostas, son antiguos piratas”.

Los extranjeros no son los únicos culpables de la pesca ilegal que se cree que fomenta la piratería. Jama asegura que cuatro buques surcoreanos han recibido permisos de pesca indebidamente, lo que indica posible corrupción en el lado somalí del proceso. Varios barcos de arrastre también obtuvieron permisos de pesca del gobierno estatal de Puntland, lo que supone una violación directa de la ley somalí, que establece que sólo el gobierno federal puede emitir licencias comerciales de pesca. Aun así, el gobierno de Puntland concedió licencias de pesca por un valor de 10 millones de dólares a China a finales del año pasado. Jama también denuncia que se otorgaron licencias a siete a barcos de arrastre con bandera de Djibouti.

“El principal problema es que una parte importante de la comunidad costera no denuncia que el gobierno local está emitiendo estas licencias para barcos pesqueros ilegales” explica Abdirizak Mohamed Dirir, experto somalí en seguridad marítima y exdirector de la agencia de contra la piratería de Puntlandia.

La supuesta complicidad de los políticos de Puntland en las actividades pesqueras ilegales socava la popular narrativa a lo "Robin Hood" sobre los pescadores que toman las armas para defender sus aguas. Lo mismo ocurre con el hecho de que dos de los secuestros del mes pasado se produjeron a más de 100 millas de la costa, muy lejos de las zonas de pesca de los pescadores locales. Dirir asegura que el verdadero problema es el reducido alcance del Gobierno en algunas de las zonas costeras, lo que permite que tanto la pesca ilegal como la piratería florezcan. En un ambiente tan sin ley, las promesas de grandes rescates, más que el deseo de defender las aguas territoriales, atraen a los jóvenes al juego de los piratas.

“Detrás de esto, hay gente que busca hacer negocio”, asegura, “Cuando contratan soldados de infantería las únicas preguntas que les hacen es si saben manejar una AK-47 y si saben nadar”.

Pero si la piratería es un gran negocio, es uno de los que prospera en un mercado inundado de pescadores empobrecidos. Los pescadores desempleados se convierten en los principales reclutas de los piratas. Es también un negocio difícil de eliminar en medio de la corrupción, alimentada en parte por el problema de la pesca ilegal.

A corto plazo, la solución al problema de la piratería se parece muy probablemente a la que tanto la debilitó hace cinco años: aumentar el número de patrullas navales, y aplicar medidas de prevención en los buques comerciales. Pero si la pesca ilegal, la corrupción y la anarquía en tierra continúan siendo la norma, los piratas sólo tendrán que esperar para revivir sus empresas criminales. Mientras tanto, en Somalia, ya han vuelto al negocio.

Fuente: Kichuu

[Traducción y edición, Sarai de la Mata]

[Fundación Sur]


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