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Inicio > R+JPIC > Documentos >
Por una economía global justa.
21 de febrero de 2017

Son muchos los pensadores, como Hans Kung, Francesc Torralba, Thapelo Mohapi, Joan Carrero, Benjamín Forcano y otros, que piensan que solo una regeneración ética puede liberar a nuestra sociedad global de esta grave crisis humana, social y medioambiental.

El mismo papa Francisco nos confirma en esta convicción: “La inequidad es la raíz de los males sociales. La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica…Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia” (A.E. 203)

“La dificultad para tomar en serio este desafío tiene que ver con un deterioro ético y cultural, que acompaña al deterioro ecológico. El hombre y la mujer del mundo posmoderno corren el riesgo permanente de volverse profundamente individualistas y muchos problemas sociales se relacionan con el inmediatismo egoísta actual, con la crisis de los lazos familiares y sociales, con las dificultades para el reconocimiento del otro.” (“Laudato Si”, nº 162)

“La solución a estas crisis, incluida la ecológica, es ante todo una decisión ética, fundada en la solidaridad de todos los pueblos” (L.S. nº. 172)

“Prestar atención a las raíces éticas y espirituales de los problemas humanos, sociales y ambientales, que nos invitan a encontrar soluciones no solo en la técnica sino en un cambio del ser humano, porque de otro modo afrontaríamos solo los síntomas”(L.S. 9

El objetivo fundamental de nuestro compromiso ético debe ser por tanto: promover la dignidad de cada ser humano y el bien común.

Las referencias validas son: los valores y derechos humanos de una ética universal.

Los medios: el diálogo que fomenta la inclusión social (supera ideologías) y una política económica colaborativa que potencie un desarrollo integral y sostenible, implementados por una sociedad participativa y por líderes íntegros.

La realidad social actual muestra signos preocupantes y a la vez esperanzadores. Por un lado: el aumento del empobrecimiento severo, la creciente desigualdad, los marginados y refugiados, abuso de la mujer, desempleo escandaloso, destrucción de la naturaleza, mercados opresores, radicalización social y violencia. Por el otro lado: iniciativas de paz, política del bien común, economía colaborativa, comercio justo, movimientos sociales, banca ética, partidos ecológicos, movimientos feministas por la democracia y derechos humanos.

Lo que nadie puede predecir por ahora es el tipo de sociedad al que llegaremos. ¿Caminamos hacia una sociedad más democrática, integrada, justa y solidaria? O ¿nos dirigimos más bien hacia una sociedad globalizada en el miedo y las fronteras?
La “Escuela de la cultura y de la paz” registró en 2015 hasta 35 conflictos armados: 13 en África, 12 en Asia, 6 en Oriente Próximo, 3 en Europa y 1 en América. El centro mediático han sido sin duda: Irak y Siria.

Los datos son estremecedores: 60 millones de personas entre refugiados y desplazados, 83 escenarios de tensión a nivel global, y se siguen abriendo nuevos frentes. Cada año unas 170.000 personas mueren a causa de los conflictos armados.

Gran parte de los conflictos se deben al negocio cruel y al control de los recursos. Se requiere una auténtica revolución hacia la vida, el bien común y la paz. Pero existe un miedo real, en las instituciones civiles y eclesiásticas, hacia el dialogo, la pluralidad y la diversidad, y se da la añoranza del autoritarismo de corte absolutista.

Decía Camus que un país vale lo que vale la prensa, y hoy añadiríamos: la radio, la televisión y las redes sociales. Muchos medios de comunicación buscan morbo, confrontación y sangre. Las cadenas pagan a los nuevos gladiadores, sean políticos, deportistas, depredadores, actores de galaxias o artistas.

Un programa televisivo sin gritos e insultos resulta aburrido y de poco interés. La verdad es sustituida por el espectáculo y la mentira, la solidaridad por la confrontación, la integración por la exclusión, la generosidad por la codicia y la esperanza por el miedo. A pesar de todo creemos en la humanidad, porque es fundamentalmente buena y porque el bien finalmente prevalece sobre el mal, la solidaridad sobre el egoísmo, la acogida sobre la exclusión y la paz sobre la violencia.

¿Entonces, por qué en lugar de mejorar y avanzar hacia una mayor justicia, solidaridad y paz, a veces parece evolucionar hacia situaciones de mayor desigualdad, injusticia, hostilidad y guerra?

Según el Papa Francisco y otros pensadores como Max Weber y Zygmund Bauman, esto se produce porque todo se ha dirigido a liberar la actividad política y comercial de todo vínculo ético y de responsabilidad humana. Solo ha primado el dinero.

¿En qué consiste esta sociedad globalizada?

Nuestras instituciones nacionales y europeas son antidemocráticas y están sometidas al poder financiero. Los ciudadanos no debaten y por tanto se indignan por las imposiciones de las instituciones. Sin una democracia fuerte no habrá respeto de los derechos humanos ni regulación de los mercados y poderes financieros. Los políticos parecen operar como “marionetas” atrapados por el poder del sistema financiero

Hemos creado más riqueza y tecnología para unas minorías, pero hemos fracasado en fomentar relaciones humanas más solidarias.

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” Artículo 1º. (DUDH)

Desde la segunda guerra mundial, con M. Thatcher y otros mandatarios, se impuso la competencia por encima de la colaboración, la riqueza de unas minorías al bienestar social, la privatización al bien común.

El capitalismo neoliberal inventó la civilización del mecanismo impuesto del mercado. Esta ideología y tiranía del dinero-mercado no respeta la dignidad humana y supone un terrorismo contra la humanidad.

¿Es posible un proyecto de ética mundial?

El ser humano esta creado para vivir con otros seres humanos, en buenas relaciones.

En la actualidad, el hombre vive en un mercado globalizado. En esta cultura, tanto eres cuanto vales, vales cuanto tienes, y tienes cuanto atesoras. El acaparamiento y el consumismo desmesurado nos está deshumanizando y desconectando.

El sistema capitalista ciega la conciencia, desvincula a la comunidad, y hasta despoja a los demás. Así se crea la desigualdad y se hace imposible la justicia, la democracia y la paz. Es pues ante todo, una crisis de ética.

Muchos teólogos como Hans Kung han elaborado un proyecto de ética mundial basado en: “un consenso básico sobre una serie de valores vinculantes, criterios inamovibles y actitudes básicas personales. Sin semejante consenso ético de principio, toda comunidad se ve, tarde o temprano, amenazada por el caos o la dictadura, y los individuos por la angustia “.

Según todo el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, la dignidad humana es el fundamento de un proyecto ético universal.

Por tanto, un modelo de sociedad humana debe promover trabajo, techo y tierra (tres T) para que todos puedan vivir en dignidad. Lo primero de todo son las personas.

El capitalismo hace imposible una sociedad en dignidad y derechos humanos. Nuestra apuesta es ética, una ética personal y universal. La fraternidad es la genética constitutiva de la humanidad. Estamos creados para comportarnos como hermanas-os.

Mi patria universal es la dignidad de la persona. Mi lengua universal son los derechos humanos. Mi norma universal es el cuidarnos unos a otros. Las razas son relativas, las religiones son relativas, las lenguas son relativas, las patrias son relativas, las culturas son relativas. Lo absoluto es la dignidad de la persona humana, cuidarnos mutuamente, sin discriminar a nadie.

“Homo homini frater, non lupus”. (Los seres humanos son hermanos, no lobos).
Por eso no soporto la injusticia, la desigualdad, la discriminación, el engaño, la humillación, el maltrato, la soberbia, la dominación.

Hoy no bastan soluciones parciales. “La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de la familia humana”. Preámbulo de la DUDH.1948.

Pero los pueblos no han adoptado el compromiso de cumplir un mínimo ético básico, que diera lugar a un consenso básico. No estamos todavía convencidos de la unidad fundamental de la familia humana.

Todo ser humano debe recibir un trato humano. “Trata a los demás como deseas que te traten a ti”. Por tanto: Respeta la vida humana y la madre tierra.
Por tanto: practica la justicia, se horado y responsable, ama y respeta a los otros.

Si el “primer mundo” no resuelve ser humano, seguirá siendo esclavo de su egoísmo y esclavizando a otros mundos.

Casi sin darnos cuenta, la idolatría del mercado y del lucro o el egoísmo institucionalizado, nos sigue esclavizando, como lo demuestra el trato que damos a los refugiados y a las personas más vulnerables.

África también nos puede ayudar a regenerar nuestro humanismo y nuestra solidaridad universal.

Disponemos de la buena voluntad de la mayoría, de los recursos necesarios para todos, de la ciencia y tecnología, de la naturaleza y del potencial humano global.

Pero necesitamos discernir bien el objetivo y los medios para conseguirlo, así como acordar las referencias válidas y un compromiso común autentico, para construir un mundo digno de la familia humana.

Lázaro Bustince
Director de África Fundación Sur
21 febrero 2017


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