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Inicio > REVISTA > Cultura >

El Festival del Cine Africano lleva historias africanas al mundo entero
07/11/2016 -

El Festival del Cine Africano, organizado por la Real Sociedad Africana (Londres) es considerado como el acontecimiento cinematográfico global más importante para la divulgación de la cinematografía africana. Celebrado este año en Londres del 28 de octubre al 6 de noviembre, el Festival de Cine Africano ha presentado 52 producciones, cortometrajes y documentales de 22 países africanos.

La selección de las producciones cinematográficas africanas será completada con una serie de discusiones entre actores y productores, así como con exhibiciones de compañías productoras africanas. Talleres profesionales, acontecimientos musicales en vivo y talleres sobre la industria cinematográfica serán un valor añadido al cine, arte y cultura del continente y de la diáspora africana.

La biografía filmada del ídolo de la lucha Solomon Mahlangu, con el título de Kalushi , abrirá el festival. La película presenta la vida de Mahlangu durante la revuelta estudiantil de Soweto de 1976, como guerrillero de Umkhonto we Sizwe, y la influencia que tuvo en la lucha contra el apartheid. Una discusión entre el director Mandla Dube y la estrella Thabo Rametsi, después de la presentación de la película, hará resaltar su influencia en las protestas estudiantiles actuales, realizadas bajo lemas como Abajo las Matrículas (Fees Must Fall).

Sarafina , con las estrellas Leleti Khumalo y Whoopi Goldberg, será presentada junto con una pieza gemela, un nuevo documental llamado “Soweto: Tiempos de Rabia” (Soweto: Times of Wrath), que refleja la influencia actual de la generación de los jóvenes de Soweto de 1976. La proyección será seguida por un debate, entre los seis jóvenes cinematógrafos productores del documental, sobre la situación de los derechos humanos en la Sudáfrica del pos-apartheid, y sobre los medios usados por las comunidades para hacer oír su voz.

También está presente en el festival la producción del director británico Amma Asante Un Reino Unido (A United Kingdom), una película sobre el idilio amoroso entre el primer líder democrático de Botswana, Seretse Khama, y la empleada del British Office, Ruth Williams. La película es considerada en el mundillo del cine como una candidata de peso al Oscar 2017, gracias a la impresionante actuación de las estrellas David Oyelowo y Rosamund Pike, así como a la meticulosa cinematografía, que tan bien representa a África y a su gente.

Wúlu, una co-producción franco-maliense de marcado carácter político, encuadrada en el contexto de la rebelión política de 2012, combina muy acertadamente elementos de los cuentos tradicionales africanos con la rapidez de la narrativa moderna.

Las cuatro películas, que presentamos a continuación, merecen particular atención por estar siendo proyectadas estos días en el mencionado Festival de Cine Africano.

En los últimos días de la ciudad (In the Last Days of the City)

En un cierto momento, hacia el final de En los Últimos Días de la Ciudad, el protagonista –un productor de cine llamado Khalid (Khalid Abdalla) – se ve confrontado por su cada vez más frustrado editor. El proceso de montaje conjunto del documental se ha ido retardando, y su editor acusa a Khalid de no saber ni siquiera de que trata su maltrecha película.

Una crítica semejante podría hacerse sobre En los Últimos Días de la Ciudad. A lo largo de esta lenta película, la búsqueda inútil de Khalid de un nuevo apartamento se convierte en una aburrida historia perruna. El protagonista bagabundea alrededor de la ciudad de El Cairo, sin un objetivo claro en su mente. Y nunca se sabe hacia dónde va en la película que está filmando.

Sin embargo, por múltiples razones, sería totalmente erróneo considerar a Khalid como el protagonista principal. El verdadero corazón de la historia es El Cairo, una ciudad que ha dado a Khalid tanto como lo que Khalid ha recibido de ella, y que a través de la película, realizada en el cuadro de finales del año 2010, El Cairo pasa por situaciones del carácter más dramático imaginable.

Los signos más visibles de todo esto en la película son algunos indicios de protesta, que Khalid descubre en sus búsquedas sin rumbo, o sus discusiones filosóficas con sus amigos sobre cinematografía o sobre asuntos domésticos. Pero, por debajo de toda esta aburrida historia, hay una profunda ironía dramática, a medida que el espectador va descubriendo el inexorable lento cambio de escenario bajo los pies de Khalid, sin que él apenas se perciba de ello.

A través de unas imágenes asombrosas y de unos raros sonidos, esta primera producción de cine ficción de Tamer El Said capta un periodo nostálgico y doloroso del pasado perdido de El Cairo

Kalushi

La historia de un guerrillero, Kalushi, contiene todos los elementos de una historia épica de Hollywood. Anclada en el drama de una sala de audiencia, en la que el protagonista –Solomon Kalushi Mahlangu (Thabo Rametsi)- se juega su vida en el juicio, la narrativa avanza y retrocede a través de los momentos cruciales en el desarrollo de su conciencia frente al apartheid de Sudáfrica.

A través de unas lentes color sepia, con los tonos suaves de los nostálgicos años 70, descubrimos los años jóvenes de Solomon en el gran barrio suburbano de Mamelodi. Responde a una pregunta en una clase de Historia de Sudáfrica, compra un disco de Miles Davis, y vuelve de la escuela a casa con su amiga Brenda. Pero hay tensión en el aire. Se le enseña a Solomon que la historia de su país comenzó con la llegada de Jan van Riebeeck, en un sistema de baja calidad de educación Bantu. Su disco de Miles Davis es confiscado y utilizado para chantajearlo. Y la feliz relación con Brenda salta por el aire, a causa de su traumática experiencia en la protesta estudiantil de 1976 en Soweto, en la que es testigo del brutal asesinato de niños negros por la policía.

Como un puñetazo en el estómago, la violencia reinante conmueve a Solomon y provoca un cambio radical en su conciencia. Como testificará más tarde en el juicio: “Estaba cansado. Furioso”.

Junto con otros tres jóvenes, Solomon se exilia a Mozambique, y más tarde a Angola, donde se enlista en el ala armada del Consejo Nacional Africano (ANC), Umkhonto we Sizwe.

Como guerrillero, frente a un sistema judicial configurado contra él, la suerte de Solomon Mahlangu es una historia inspiradora de resistencia frente a la injusticia en el movimiento anti-apartheid. Es también un elemento inspirador en la conciencia de la protesta estudiantil actual. Si lo que se busca es una historia redentora de lucha y compromiso, en la línea de muchas películas históricas sudafricanas, eso no se encuentra en esta película. Con su salida al público en un momento muy oportuno, la proyección de la película de Mandla Dube (y las palabras finales de Mahlangu en la película) contienen un mensaje claro: “a luta continua”.

Kati Kati

En el discretamente inquieto universo, creado en la primera película de Mbithi Masya, kati kati, el cielo no es exactamente “un lugar en la tierra” (como una vez lo proclamaba un famoso cantor de los años 80), pero se le parece bastante. Concretamente, se parece a una casa de huéspedes de clase media, en una árida zona rural de Kenia.

Es en este remoto rincón del mundo donde la joven protagonista Kaleche (Nyokabi Gethaiga) se encuentra un buen día, inconsciente de dónde está, cómo llegó hasta allís, e incluso quién es. Se topa con un pequeño grupo de extranjeros, entretenidos en juegos infantiles, y – después de sentirse muerta durante un momento- comienza a volver a una vida normal en esta versión de hadas de la realidad, en la que una fuerza desconocida te impide aventurarte demasiado lejos, y eres capaz de conseguir lo que te apetezca con sólo escribirlo en una libreta.

Esta residencia tranquila tiene toda la placidez de una clínica de rehabilitación, pero también tiene la claustrofobia, así como el peso de un drama oculto. Seguramente que por buenas razones. Como Kaleche se entera, muchos de sus compañeros visitantes –desde la encantadora Thoma (Elsaphan Njora) hasta el descarado Mikey (Paul Ogola)- están todavía reconciliándose con sus vidas pasadas y muertes violentas, frecuentemente reproduciendo la oscura historia reciente de Kenia.

Bellamente y finamente filmada, la película Kati Kati juega con la forma, con el tema y con el estilo para crear un mundo (“futuro”) único, irritante del que difícilmente conseguimos deshacernos.

Zin’naariyâ! (‘El Anillo de Boda’)

Cuando la brillante joven Tiyaa (Magaajyia Silberfeld) regresa a su casa en el sultanado de Zinder (Niger), después de haber estudiado en el extranjero en la “tierra del hombre blanco”, algo no funciona bien. Se encuentra deprimida, duerme al aire libre sobre el techo de una casa, y no se cuida de su pelo ni se aplica aceite en sus manos. Pero mientras ella niega que haya nada anormal, la causa de sus males no es un misterio para nadie.

Como un místico (adivino) lo descubre rápidamente, cuando ella se ve obligada a consultarlo, Tiyaa está locamente enamorada. Lo que sigue, se desarrolla como una fábula sobre una princesa y su ausente príncipe en el desierto del Sahel. Un amigo recibe instrucciones del sabio “místico” sobre cómo curar la aflicción de Tiyaa, y ella decide conseguir los ingredientes necesarios (entre ellos un anillo de boda) y esperar al momento justo (la luna nueva).

Filmado con sencillez y descrito llanamente, en gran parte a través de las experiencias de los caracteres femeninos, Zin’naariya! explora las tradiciones del Sahel y lo que acontece cuando éstas chocan con las costumbres occidentales, un tema que se refleja tiernamente en la manera como el director Rahmatou Keita yustapone música clásica occidental con llamativas escenas del Sahel

Fuente: AllAfrica

[Traducción, Jesús Zubiría]

[Fundación Sur]


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